Tiempos muy recios

Callarse no es opción. El mandato obliga a hablar. En el espacio público. Aunque nadie les pregunte. Aunque no sea su tema. Si es posible gritar, mejor. Y si hace ruido, perfecto. Que se enteren todos. Sin frenos. Sin límites. Sin vergüenza. Que nadie quede indiferente. El prudente es cobardía. El moderado, pusilánime. El respetuoso, tibio. La incorrección, sinceridad. La intolerancia, pasión. La descalificación, valentía. Tiempos recios, titularía Vargas Llosa. Como si las palabras no hirieran. Como si la sensibilidad fuera vicio. Y la irracionalidad, virtud.

“Hay que desarmar las palabras”, dijo León XIV, consciente de su poder letal. Y de las víctimas que crecen. “El verbo se hizo carne”. También, misil. Los umbrales de lo decible no se corren ahora desde el llano. Ni desde los paravalanchas. Se rompen desde la cima. Presidentes, expresidentes, vicegobernadora, senadora. Barrabravas del poder. Ninguno se priva de correr fronteras. Que separan la convivencia de la barbarie. Ninguno se arrepiente. El problema es de los otros. Los que entienden mal. “El hecho al que me refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”, escribió Borges, sobre la guerra de Malvinas. Nada más apropiado para un día como hoy. Cuando pasan tantas cosas que no podemos creer.publicidad

Por Claudio Jacquelin

Fuente: La Nación

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