Los Caputo, entre la debilidad y la mutación

El elenco de Javier Milei se está debilitando en dos áreas estratégicas. La política económica y la jefatura de campaña electoral. Ambos frentes están unidos por una misma palabra: Caputo. Luis Caputo, el jefe del Palacio de Hacienda, se desvela anunciando medidas, semana tras semana, con un objetivo: “reactivar” la economía. Ayer presentó un programa para estimular el mercado de créditos hipotecarios. Santiago Caputo, el “Mago del Kremlin”, afronta una crisis que se va expandiendo en las distintas áreas que están bajo su responsabilidad. Esa ola corrosiva llegó a la Aduana, donde en el cuello del director, José Velis, comienza a dibujarse la marca de la decapitación.

Más allá de la renovación constante del anecdotario, las tribulaciones de los Caputo son la expresión de esa doble Nelson que atenaza al oficialismo: una economía mezquina, que retiene sus virtudes en el power point de los funcionarios, que se combina con una indigencia discursiva incapaz de relanzar expectativas frente a la demora de la prosperidad. La incertidumbre que genera ese panorama emite una señal inconfundible: la iracundia de Milei se va agravando.

Luis “Toto” Caputo presentó ayer una nueva iniciativa destinada a que la vida material se dinamice. Se licitarán entre los bancos recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses hasta llegar a 2 billones de pesos, para solventar préstamos hipotecarios con una tasa que no debe superar la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) más 7,5%. Lo primero que hay que celebrar en esta medida es su pragmatismo. Ya lo había elogiado el Presidente cuando dijo que, como es un trader y no un analista, “el tipo es un gigante, sabe tomar decisiones y no se enamora de ninguna pelotudez. Si funciona, bien; si no, tiro en la cabeza (al que se equivocó) y lo ejecuta. Eso es brillante”.

Ayer volvió a aparecer esta peculiaridad de Caputo. Ante la idea de orientar el crédito hacia un sector, fijando desde el Estado la tasa de interés, los maestros austríacos de Milei se revolverían en su tumba. Pero “’Toto’ no se enamora de ninguna pelotudez”. Por eso ayer presentó un plan inclinado hacia el desarrollismo financiero, para el cual el sector público de intervenir si se trata de corregir una falla del mercado.

Caputo se talibaniza ante su jefe cuando se trata de cuestiones institucionales o jurídicas. La última demostración fue la sugerencia de penalizar el trabajo de la prensa cuando comunica u opina con una orientación, para él, molesta o infundada. Por suerte Milei no es periodista. Sólo en las últimas semanas informó que Lula da Silva había contribuido con 1.000 millones de dólares a la campaña de Sergio Massa; celebró que la inflación se hubiera comportado como él vaticinó, es decir, ubicándose en algo más de 0% hacia julio, simulando que aquella profecía se refería a la variante mayorista, y no a la minorista, que superó 2%; también rechazó que el salario real se esté deteriorando durante su gestión, cuando según el INDEC ya cayó 8,9%. Con estos desaciertos, Milei debería estar, en el microcosmos de Caputo, tras las rejas destinadas a la prensa.

En el campo de la economía, “Toto” Caputo parece más independiente. Después de ingerir la “píldora de la empatía”, según la ocurrente y peyorativa definición de Milei, decidió indicar a qué tasa de interés debían cobrar los préstamos hipotecarios los bancos que quisieran acceder a los fondos de la Anses. El endeudamiento dejaría de ser una relación entre privados.

Los empáticos créditos regulados de Caputo salen al mercado en el momento en que la oposición busca acorralar al Poder Ejecutivo con proyectos que resuelvan de alguna manera el problema de la morosidad financiera. En el oficialismo se insinúa, con timidez, un debate al respecto. Otra vez la disonancia fue expuesta por Patricia Bullrich en una reunión de gabinete en la que sostuvo que las abultadas deudas de las familias reducen la capacidad de consumo y alejan todavía más el despegue de la economía. Astuta, Bullrich reclamó una salida tratando de demostrar que los intereses del Gobierno coinciden, en alguna medida, con los de los deudores.

Es posible que, como en la crisis del caso Adorni, la senadora esté adelantando, con cautela, que La Libertad Avanza se encamina hacia una nueva derrota en el Congreso. Un detalle que conviene no olvidar: Bullrich es hoy una de las dirigentes con mejor imagen del país y supera bastante la posición de Milei en las encuestas.

Con independencia de las normas que quieran impulsar los opositores para beneficiar a los deudores asfixiados, el problema del crédito aparece sobre la mesa por otra vía: la reforma de la Carta Orgánica del BCRA. Ayer quien levantó la bandera crítica fue el auditor general de la Nación, Juan Manuel Olmos. Líder del peronismo porteño, Olmos advirtió a través de la red X sobre varios aspectos del proyecto oficial. En especial sobre el permiso para que el BCRA destine sus reservas a garantizar créditos internacionales. Una autorización peligrosa cuando las reservas netas son negativas. Es decir, cuando su mayor parte está constituida por depósitos de los ahorristas. Hubo en el reclamo de Olmos un detalle que suele pasar inadvertido, pero que contradice la imagen de un oficialismo ortodoxo: la nueva versión de Carta Orgánica blinda desde el punto de vista penal a los directores del BCRA, a pesar de que están designados en comisión, es decir, sin acuerdo del Senado.

Para que no se lo confunda con un liberal instalado a la derecha del ministro Caputo, el auditor Olmos ofreció un cuadro tétrico de la situación socioeconómica: “A 32 meses de gobierno, el modelo acumula 329% de inflación (INDEC), provocó el cierre de más de 30.600 empresas y destruyó más de 337.000 empleos —entre asalariados privados, sector público y casas particulares. Al mismo tiempo, cayó el salario real y se contrajeron el consumo y la inversión”.

Ese párrafo de Olmos sintetiza el eje retórico con el que la oposición se encamina a las elecciones presidenciales de 2027. Caputo intenta con sus medidas dejar sin plataforma esa argumentación. Pero no consigue moderar al Presidente, quien sigue aferrado a criterios anarcocapitalistas. El ministro está atrapado en una contradicción. No puede contradecir a su jefe, para quien la política de ajuste ya está alcanzando éxitos que, contemplados desde el prolongado encierro de Olivos, son inocultables. Pero Caputo también habla de la necesidad de “reactivar” la economía. Cuando ayer Sofía Diamante, de LA NACION, le recordó esa pretensión, recitó el mantra del crecimiento récord en todos los rubros que puedan observarse. Es el mismo Caputo que conmina a las autoridades de ARCA a que expliquen por qué cae la recaudación de los impuestos relacionados con el consumo y las actividades productivas. ¿Cómo se explica el ministro que, disparado el crecimiento, como él sostiene, disminuyan los ingresos fiscaleas? ¿Tan sideral es la evasión?

Para el peronismo el aletargamiento es el resultado de la sacralización del mercado. Es decir, de la ausencia de un programa productivo. Es un enfoque prejuicioso. La administración libertaria lleva adelante una “política industrial”. Es la estrategia cambiaria, también intervencionista, y, sobre todo, el establecimiento del RIGI. Con esos instrumentos Milei y su equipo seleccionan, desde el Estado, a ganadores y perdedores. Los sectores de minería e hidrocarburos son los privilegiados. Se trata de negocios que generan poca mano de obra. Por lo tanto, animan muy poco el consumo. Según el INDEC, minería, petróleo, gas y agro explican alrededor de 1,5 millones de empleos. La construcción, la industria manufacturera y el comercio sostienen 8,5 millones de empleos.

El discurso oficial relativiza algunos datos con el argumento de que las nuevas tecnologías explican parte del cierre de comercios, pero no la caída del consumo. El razonamiento más habitual es que ahora se compran muchísimas mercaderías a través de plataformas digitales. Sin embargo, un economista con oficinas sobre la avenida San Juan observaba el martes a la noche: “En Chile, Perú o Colombia también creció el comercio electrónico; pero los shopping centers siguen repletos, mientras en Buenos Aires tienen cada vez más locales cerrados”.

El aliento que otorga el oficialismo a las actividades exportadoras, que ofrecen dólares, en detrimento de las ligadas al mercado interno, que por lo general consumen dólares, explica también la caída en la recaudación. Es un rasgo importante del plan de Milei y Caputo: tiene una orientación que, al cabo de un tiempo, empieza a amenazar el equilibrio fiscal por la caída de los ingresos del Tesoro.

El malestar social que genera el programa económico impacta en las encuestas y afecta a la imagen del Presidente y su gobierno. Es un daño muy inoportuno porque encuentra en crisis al responsable del marketing oficial: Santiago Caputo. El último percance del “Mago” se registra en uno de sus feudos, la Aduana, donde el titular, José Velis, pidió unas prolongadas vacaciones. No son las primeras. Algunos funcionarios del Gobierno aseguran que Velis se tomó varias semanas de descanso hace poco tiempo. Al parecer fue después de que un hijo suyo tuviera algún contratiempo ligado al comercio exterior en los Estados Unidos.

Velis está puesto bajo la lupa por mil versiones sobre el aumento del contrabando en el país. Un terreno de disputa con la ministra Alejandra Monteoliva y el rol de la Gendarmería en el combate de ese delito. Gendarmería es la fuerza del corazón de la ministra. Como se observó en este diario hace dos semanas, según la consultora Maplatam la Argentina ocupa el lugar número 120 en un ranking de 158 países sobre comercio ilícito. Este fenómeno alimenta la lucha interna permanente de la Aduana. Los enemigos de Santiago Caputo fantasean con un sistema semanal de recaudación multimillonario. Habladurías.

En un terreno mucho más verificable, Velis debe o debería afrontar las consecuencias del escándalo que se produjo por el ingreso de Laura Belén Arrieta con una cantidad de valijas que no fueron sometidas a control alguno. Ese privilegio se produjo gracias a una orden misteriosa que alguien impartió, por pedido de Arrieta, a la agente aduanera que debía monitorear el equipaje. El juez Pablo Yadarola está por abandonar su juzgado penal-económico para convertirse en camarista penal federal y todavía no pudo descubrir quién dio la orden. Se escuda en limitaciones para examinar el teléfono por el que se comunicaron Arrieta, la empleada de la Aduana y esa voz facilitadora. ¿Y si se lo preguntara a la agente que recibió la instrucción? Tal vez lo haga antes del ascenso. Yadarola es íntimo de Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia, enemistado a muerte con el “Mago” Caputo.

¿Qué tiene que ver Caputo con el episodio? Que Arrieta era la solitaria pasajera del Bombardier negro del empresario Leonardo Scatturice. Y Scatturice tiene una estrechísima relación con Caputo. Fue en áreas dominadas por el asesor presidencial que este audaz empresario realizó los principales negocios desde que Milei llegó al poder. Desde contratos en Transporte y Educ.ar, hasta acuerdos con la SIDE. Esta relación es otro dolor de cabeza para el “Mago”. Scatturice compró Flybondi y OCA. Dos operaciones que nadie del sector aeronáutico o del sector logístico podía entender si no fuera porque tenía algún beneficioso pacto con el Gobierno. O porque la plata la ponía, de alguna manera misteriosa, el Estado. Apenas pasó un año y las dos empresas están al borde de la quiebra.

Las desventuras de Caputo se extienden al PAMI. Envió allí a una interventora de factoFlorencia Zicavo, la síndica de la mutual. Y promovió la salida del director, Esteban Leguizamo, y del subdirector, Carlos Zamparolo. Pero Leguizamo y Zamparolo siguen en sus puestos. La explicación que dan en el submundo de la Salud: “Arreglaron con ‘Lule’”. “Lule” es Eduardo Menem, mano derecha de Karina Milei, que ejercería un control muy directo sobre la obra social de los jubilados. ¿”Lule” es también quien puso bajo la lupa a Scatturice y sus negocios?

Santiago Caputo mantiene su vínculo con el Presidente. Pero está cada vez más raleado del poder por Karina Milei. La disputa se volvió más áspera desde que el “Mago” pidió la renuncia de Sebastián Pareja a la conducción de la campaña proselitista del oficialismo después de la derrota bonaerense de septiembre del año pasado. La señorita Milei consiguió, después de una breve reunión a solas con su hermano, que Pareja siguiera en el comando electoral como miembro de un triunvirato. La última esgrima entre Karina Milei y Caputo se celebró anteayer en la Comisión Bicameral de Seguimiento de los Organismos de Seguridad e Inteligencia. Allí debió asistir Cristian Auguadra, jefe de la SIDE y antiguo contador de los Caputo, para rendir examen ante un equipo encabezado por Pareja, presidente de ese comité.

El desafío de “Toto”

La economía no tiene el desempeño esperado. Y la imagen del Presidente declina en las encuestas. Es el desafío de Luis Caputo. Frente a este inconveniente, La Libertad Avanza no logra formular un discurso aceptable. Coindice con la pérdida de poder de Santiago Caputo.

Un sector del oficialismo, que integra el propio “Mago”, pretende que Milei haga un reconocimiento tácito de las dificultades. Que, como en 2023, conecte con las víctimas. Que ahora son víctimas de su propia gestión. La advertencia fue lanzada desde la Fundación Faro por su director, Agustín Laje: “La gente no come batalla cultural”. “La libertad de mercados debe dar resultados, si no la gente no la valora”, le hicieron decir al Presidente el 17 de agosto.

Milei insiste en no tomar esa “pastilla”. Para él, con el ajuste se come, se cura y se educa. Se puede interpretar como dogmatismo. O como insensibilidad. Pero también existe otra lectura. Es posible que el Presidente tenga una preocupación obsesiva en la cabeza: conseguir financiación, que baje el riesgo país, que vengan dólares. Es una inquietud razonable si se calculan los vencimientos de deuda y se advierte la intranquilidad que domina a los mercados en un trance electoral. Milei tal vez entienda que el principal objetivo de la campaña es evitar una corrida como la de 2025 mientras él busca la reelección. Por eso habla sólo para los mercados. Echa incienso en el altar de Wall Street. Y los mercados, sobre todo los de los tenedores de títulos, todavía no le creen.

Caputo, “Toto”, no logra colocar un bono en el sistema internacional. Los traders como él, que un prestigioso economista llama “trogloditas”, no quieren empatía. Quieren motosierra. Por no decir crueldad. ¿Milei sigue esa lógica? El Polonio de Shakespeare observa a Hamlet, se pregunta si finge demencia, y afirma: “Está loco, pero hay un método detrás de su locura”.

Por Carlos Pagni

Fuente: La Nación

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