La última encuesta de Cristian Buttie, de CB Global Data, encendió una señal para el Gobierno en un momento en que la discusión económica y los problemas en el Congreso consolidaron su curso de colisión con la imagen de Javier Milei. En agosto, la valoración positiva del presidente cayó a 35,1%, frente al 36,8% de julio, mientras la negativa avanzó de 61,3% a 62,8%. El 2,1% restante corresponde a quienes no saben o no contestan.
El movimiento mensual confirma un deterioro respecto de los niveles que Milei mostraba un año atrás. En agosto de 2025, la positiva alcanzaba 46,1% y la negativa 51,5%. La serie tuvo oscilaciones durante los meses siguientes y llegó en diciembre a 48,3% de aprobación frente a 49,5% de valoración negativa. Desde entonces, la relación volvió a abrirse en contra del presidente.https://490c8e70238e7dd9d298398aad5ac469.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html
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El cambio se hizo más visible a partir de marzo. Ese mes, la positiva bajó a 42,3% y la negativa subió a 55,6%. En abril, los registros fueron 36,2% y 59,7%, respectivamente. Mayo llevó la positiva a 34,8% y la negativa a 63%. Hubo una recuperación parcial en junio, con 37,9% favorable y 59,6% desfavorable, pero julio y agosto volvieron a mostrar una pérdida de respaldo.
El movimiento que detecta Buttie se da justo en el mes en el que la campaña presidencial parece haber comenzado con toda la furia. Un comienzo tan temprano de la estrategia electoral para el 2027 también marca un estado de cosas que exige definiciones políticas rápidas.
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No es casual que al mismo tiempo se debatan otros lanzamientos presidenciales, por ejemplo de quienes buscan captar un voto flotante que se ubica en el centro del espectro electoral. Se trata de un universo que oscila en un 30% de los votos que comienza a definirse como quienes no aceptarían bajo ningún concepto votar un candidato que proponga algún regreso a los cuatro mandatos kirchneristas, pero que exige cambios, cordura y moderación a la oferta que propone hoy La Libertad Avanza.https://490c8e70238e7dd9d298398aad5ac469.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html
Ni Mauricio Macri, ni algún sector del peronismo no kirchnerista, parece por ahora captar parte de ese electorado. Y de ahí los interrogantes.
La curva de la imagen presidencial también impacta en la comparación latinoamericana que elabora CB Global Data. Javier Milei quedó en el puesto 15 entre 18 dirigentes incluidos en el relevamiento, con 35,1% de consideración positiva. En julio había registrado 36,8%. El presidente argentino aparece inclusive por debajo del dictador Daniel Ortega, que ocupa la posición 14 con 36% de positiva y 61,4% de negativa.
El dato contrasta con etapas anteriores señaladas en el material, cuando Javier Milei había ocupado durante un período prolongado el primer lugar de esa tabla. En agosto, los primeros puestos corresponden a Nayib Bukele, con 68,7% de positiva; Claudia Sheinbaum, con 66,5%; Keiko Fujimori, con 55%; Abelardo de la Espriella, con 52,4%; Lula da Silva, con 51,9%; y Rodrigo Paz, con 50,5%.
Los números no definen por sí solos una tendencia irreversible, pero reflejan el costo de una secuencia que combina economía y política. El Gobierno no modificó su propuesta ni su horizonte económico. El problema aparece en el tránsito hacia ese objetivo: el esfuerzo acumulado comenzó a mostrar señales en el bolsillo del argentino medio. El consumo y la caída de actividad golpearon los ingresos al inicio de agosto con una intensidad que, según el material, hasta ahora no se había registrado.

A ese frente se sumaron los efectos del caso Manuel Adorni y el fracaso sufrido por el oficialismo en el Senado. La realidad indica que parte de ese resultado se debe a errores al momento de dosificar las desregulaciones impulsadas por Federico Sturzenegger dentro de un escenario parlamentario en el que el Gobierno necesita administrar cada negociación. La combinación amplificó el costo político sobre la figura presidencial.
La Casa Rosada lanzó el martes pasado una estrategia de control de daños. La mesa política aparece como el primer instrumento de ese proceso, aunque sin siquiera una foto con el invitado del día y principal apuntado de la crisis, Federico Sturzenegger, y con tensiones que permanecen abiertas.
En Diputados, además, se dio el primer paso: el oficialismo suspendió una sesión y la Ley Hojarasca del desregulador Sturzenegger quedó sin definición. El cuadro y el impacto de los errores obliga al oficialismo a revisar estrategias.
La nueva hoja de ruta para el Congreso incluye una ley de mercados de capitales, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y una segunda etapa de Inocencia Fiscal. Nada de desregulaciones sin negociación ni chequeo previo.
En el caso de la Inocencia Fiscal el nuevo esquema contempla un blanqueo que ahora no beneficie a funcionarios ni a familiares como se pretendía. El Gobierno también negoció esa condición y aceptó eliminar ese posible privilegio. Es un comienzo, pero el camino es largo.
Fuente: Mendoza online

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