La marcha, Milei, el PRO y el dilema sobre qué significa ser liberal

El gobierno definió la marcha de ayer como política. Tiene razón: toda manifestación humana que tenga como fin modificar conductas, decisiones, estrategias o definiciones del poder debe considerarse política. No es ninguna novedad, pero de allí a considerar que la masividad de las marchas de ayer en defensa de diversidad y contra el mensaje que Javier Milei dio en la cumbre de Davos sobre los derechos del colectivo LGBTQ+ respondió a una convocatoria político-partidaria organizada hay un trecho importante que es interesante analizar.https://bbb509bfccce7fc3a097b175c342541e.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

Ninguna fuerza de oposición tiene hoy el poder convocatoria que ayer se vio en las calles de las principales ciudades argentinas y que tuvo alguna replica casi simbólica en el exterior. Milei “metió la pata” en su mensaje de Davos con una edición trumpista modificada de su interpretación sobre los derechos individuales y eligió para explicarlo no pedir disculpas y avanzar sobre el periodismo y el PRO, que había salido a criticarlo. Punto para Jorge Macri que quedó defendiendo una pelea que cruza claramente la identidad de la ciudad que gobierna. Y para el macrismo que tiene blasones que mostrar en este tema.

El desarrollo de esa discusión se vio ayer en las calles porteñas como en ninguna otra ciudad. La marcha tuvo impactos importantes en Córdoba, Mendoza y hasta en Mar del Plata, pero la pelea por el poder futuro en estos días se da especialmente en CABA.

El kichnerismo bajó ayer a todas sus figuras, obviamente no a Cristina Fernández de Kirchner, a marchar por Buenos Aires. No obstante, quedó claro que ni el peronismo en todas sus versiones, ni el kirchnerismo mas cerrado, ni la casi imperceptible izquierda, tienen hoy el poder de convocatoria en rechazo las declaraciones de Milei que se confirmó ayer en el centro de la ciudad.

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El debate no es menor. Muchos de los que ayer salió a caminar, marchar o hasta pasear por el centro porteño no comulgan con ninguno de los movimientos convocantes. Hubo adherentes al colectivo LGBTQ+, pero también familias con sus hijos pequeños, parejas hétero o librepensantes que en algunos casos fueron y quizás hasta volverán a ser votantes de Javier Milei en el futuro cercano.

La identificación argentina con el reconocimiento de derechos individuales es total, forma parte de una realidad que reivindica una esencia política liberal que avanzó inclusive con problemas, pero que finalmente fue aceptada.

Es una pelea que en algunos momentos de la historia inclusive llegó a poner a la población porteña en una posición soberbia intelectual frente al resto del país. En esa discusión, ser liberal (con acento en la i, como en EE.UU.) o ser conservador marca un límite absoluto. Y allí comienzan las diferencias que ayer se vieron con Javier Milei.

Lamentablemente, el liberalismo como lo conocimos en argentina tuvo expresiones económicas erradas en amplios momentos de la historia reciente. Sobre los ejemplos de supuestos liberales económicos que defendieron cualquier interés menos la libertad de los individuos.

Está claro, entonces, que en esta discusión sobre las libertades individuales el peronismo no tiene un lugar de privilegio sino todo lo contrario y mucho menos se le puede asignar haber aportado masividad a la marcha de ayer. Hubo, como siempre, un intento por apropiarse de la masividad con Máximo Kirchner y La Cámpora a la cabeza, más el aporte de sectores de la izquierda que siempre le fueron funcionales al kirchnerismo, aunque públicamente intenten decir lo contrario, y que tuvieron rentabilidad a cambio de esos servicios.

La ciudad de Buenos Aires presume de ser liberal (de nuevo con acento en la i), es decir, defensora en términos internacionales del progresismo real y la avanzada en materia de libertades individuales, ítems que incluyen desde la elección personal de vida hasta el desarrollo económico y cultural. Eso es, más o menos, ser liberal en el mundo.

Javier Milei lo encarnó así y fue acompañado (y las encuestas así lo siguen confirmando) en CABA y casi todo el país que responde a esos mismos principios; una población harta y desquiciada por el intervencionismo corrupto que sumió a la Argentina durante cuatro mandatos presidenciales. En Davos se vio un ejemplo del Milei conservador que rompe con esa línea y ahí vienen los problemas.

Milei ganó el año pasado porque, entre otras cosas, la población terminó dándose cuenta que mientras Cristina afirmaba en tribunas reconocer nuevos derechos todos los días, la realidad indicaba que ese ejercicio no era más que una pantomima de ofertas que en el bolsillo y la realidad no terminaban de cumplirse.

La ciudad que ayer cobijó la marcha viene votando a favor del PRO en la administración local desde hace dos décadas, un lugar que el radicalismo le dejó libre tras la debacle autodestructiva que sufrió ese partido, también en manos de supuestos progresistas muy parecidos en su vacío real al kichnerismo de estos días.

Jorge Macri encabezó esa discusión en estos días en un debate que pareció incluir solo cruces con el gobierno de Milei, y en especial Patricia Bullrich, pero que en el fondo apunta a una discusión precisa sobre cómo se entienden las libertades y los derechos individuales.

Bullrich intentó levantar la seguridad de la marcha de ayer como una reacción directa para bajar el involucramiento del gobierno en una protesta que nació tras Davos e inclusive presionó para que la ciudad se plegara a la misma estrategia. La realidad es que el gobierno porteño supervisó la evolución de la seguridad de la protesta, sin comprometer la calma en las calles y el resultado fue que no hubo crisis alguna. El orden, concepto esencial que no se contrapone al de libertad, estuvo presente y sin violentar derecho alguno.

Hay un dato de la historia que marca como el PRO, inclusive en ruptura interna con la concepción de alguno de sus miembros, avanzó entendiendo la identidad que se proponía la Ciudad de Buenos Aires aceptando y modificando estructuras sociales.

El primer matrimonio igualitario en forma completamente legal se dio en la República Argentina no fue gracias a una concesión majestuosa de los Kirchner, como el kirchnerismo quiso siempre mostrar al evocar el carácter fundacional de la ley sobre el tema que envió al Congreso, sino por una decisión política del PRO en CABA.

El 12 de febrero de 2009  la jueza Gabriela Seijas, a cargo del Juzgado de primera instancia en lo Contencioso Administrativo Nº15 de la Ciudad de Buenos Aires, declaró la inconstitucionalidad de los artículos 172 y 188 del Código Civil en la redacción vigente en ese momento. Ese artículo establecía en su redacción original que el consentimiento matrimonial solo podía ser otorgado por dos personas de sexo opuesto.
Así hizo lugar al amparo presentado por dos hombres y le ordenó al Registro Civil celebrar el matrimonio. El fallo tiene un considerando esencial para este tema: “partiendo del régimen constitucional de la Ciudad de Buenos Aires, es claro que no hay orientaciones sexuales o géneros buenos o malos: la opción sexual y el género son cuestiones extramorales”.

Mauricio Macri era el jefe de gobierno porteño en ese momento y, si bien hubo un planteo de apelación inicial, ordenó a la procuración de la Ciudad que no se apelara la decisión y que quedara habilitado el matrimonio.

Recién en julio del año siguiente el kirchnerismo, que venía apropiándose de la definición como el peronismo hizo en su historia con muchas reivindicaciones que le eran ajenas, hizo votar la Ley de Matrimonio Igualitario, momento que Néstor Kirchner aprovechó para aparecer en su banca de diputado por entonces, quizás la única vez que participó activamente de una sesión de la Cámara de Diputados.

Desde el 2009 al PRO le quedó claro que la identificación de la ciudad con los derechos individuales es total y ese el camino que se siguió y el que explica los eventos que se vivieron entre Nación y Ciudad en los últimos días, en un momento en el que La Libertad Avanza organiza su intento de desembarco electoral.

Fuente: Mendoza online

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