Categoría: Entrevistas

  • Fotomultas, emboscadas confiscatorias

    Fotomultas, emboscadas confiscatorias

    En reiteradas ocasiones hemos dedicado este espacio a destacar la importancia de promover la seguridad vial. Las cifras de esta tragedia tienen el rostro del dolor, que se asocia a la negligencia de conductores y peatones, a la desidia de un Estado que no invierte en rutas y caminos, y a la falta de educación y de controles.

    Resulta sumamente irritante comprobar que, por fuera de este nexo de múltiples causas y efectos, el interés por recaudar prevalece por sobre el trabajo en la prevención. Así lo demuestran las polémicas fotomultas, ardid recaudatorio que asegura jugosos ingresos, merced al cual las municipalidades del interior han sabido reemplazar a la Policía Caminera de antaño.

    Semanas atrás, el consultor Gonzalo Novillo Saravia analizaba sesudamente la cuestión desde nuestras páginas y destacaba que un implacable aparato administrativo no procura impartir justicia sino recaudar. Su definición fue tajante: “Un sistema de emboscadas montado con precisión quirúrgica para generar ingresos automáticos”. Con unos 10 millones de conductores habilitados en la provincia de Buenos Aires, y la multa más baja superando los 200.000 pesos, una cifra impagable para muchos, podemos darnos una idea de los montos que engordan esta enorme caja negra con múltiples actores robándose activamente los unos a los otros. Así lo confirmó la denuncia presentada por Secutrans, operadora de radares, cansada de perder parte del botín a manos de terceros a partir de un supuesto esquema de borrado de multas por intermediarios.

    El exministro de Transporte bonaerense Jorge D’Onofrio –hombre de Sergio Massa ya complicado en una causa por lavado de dinero– fue imputado por fraude en perjuicio de la administración pública, asociación ilícita y enriquecimiento ilícito tras un presunto negociado millonario con las fotomultas y la operatoria de la VTV que motorizó una demorada renuncia a la función en diciembre pasado. Los aportes de un arrepentido permitieron confirmar, por un lado, una red de gestores que ofrecían 50% de descuento para borrar las infracciones. Por el otro, la participación de jueces de faltas y funcionarios del referido ministerio a partir de la llegada de D’Onofrio en 2022, que increíblemente continúan en sus puestos con la investigación en curso.


    Las multas deben volver a ser una herramienta para que el infractor recapacite sobre sus acciones y priorice el cuidado de la vida, y no una confiscación disfrazada


    En 2024 se contabilizaron 1.700.000 fotomultas en no menos de 89 de los 135 municipios de la provincia de Buenos Aires que actualizaron los accesos al Sistema de Administración Centralizada de Infracciones de Tránsito. El reparto contempla el 20% para la provincia, el 30% para el municipio, el 30% para la UTN, que certifica los equipos, y el resto, para las empresas operadoras.

    Los ciudadanos rara vez recibían la notificación por las supuestas faltas cometidas, por lo cual se dispuso la constitución obligatoria de un domicilio vial electrónico y se habilitó un sistema de turnos online para facilitar la atención de los juzgados de faltas, generalmente desbordados e inaccesibles. Presentar un descargo obliga al multado a contratar un oneroso patrocinio letrado que supera muchas veces el valor de la multa. Los jueces generalmente son meros empleados municipales que rechazan sistemáticamente las defensas y bloquean las transferencias de automotores en una forma de coerción que termina imponiendo castigos automáticos.

    El ciudadano está obligado a pagar. Poco importa el estado de una ruta o de un cartel vetusto, cuando no tapado por un arbusto o simplemente inexistente, señalando una velocidad máxima imposible de respetar. Se trata de verdaderas trampas “cazabobos”, pues también la ubicación y el funcionamiento de muchos radares y cinemómetros inducen a infracciones difíciles de evitar. Como ejemplo, las fotomultas labradas entre marzo y julio de 2023 en la ruta 205, en jurisdicción de Cañuelas, debieron ser anuladas por problemas en la señalética.

    La progresiva digitalización y automatización de los procedimientos administrativos debería traer mayor transparencia y facilitar la operatoria. Las multas deben volver a ser una herramienta para que el infractor recapacite sobre sus acciones y priorice el cuidado de la vida, y no una confiscación disfrazada.

    Fuente: La Nación

  • Entre Ríos: las dos caras de la Justicia

    Entre Ríos: las dos caras de la Justicia

    En mayo 2022 y estando ya suspendida, la doctora Cecilia Goyeneche, procuradora adjunta y fiscal anticorrupción de Entre Ríos, era destituida de su cargo. Llevaba sobre sus espaldas la responsabilidad de coordinar la tarea del grupo de fiscales que investigó al exgobernador Sergio Urribarri, y a varios funcionarios, por contrataciones irregulares durante su gestión. Uno de los acusados había sido amigo del esposo de Goyeneche por lo que muchos entendieron que ella debió excusarse.

    Un polémico Jurado de Enjuiciamiento resolvió la destitución, por cinco votos contra dos, acusándola de haber incurrido en “conductas incompatibles con el ejercicio de su cargo y en mal desempeño de sus funciones”. La ley marcaba que el fiscal acusador debía ser miembro de la procuración entrerriana, pero, en cambio, en un irregular proceder, se nombró a un abogado ad hoc por temor a que sus pares fiscales no quisieran avanzar contra ella.

    Estaba claro que era el precio que se le cobraba por haber pretendido investigar el caso de corrupción del poder más sensible de la historia de Entre Ríos. En su descargo, Goyeneche concluía que el basamento de la acusación dejó a la vista “las complicidades de la Justicia y la política con la corrupción”.

    Cuando el Superior Tribunal provincial rechazó el recurso presentado por Goyeneche, ella acudió en queja al máximo tribunal de la Nación.

    En junio de 2023, Eduardo Casal, procurador general interino, dictaminó a favor de Goyeneche y se dirigió a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, expresando contundentemente que hubo una “grave violación a la garantía del debido proceso”. A fines de 2025, la Corte, por unanimidad, revocó la sentencia del órgano juzgador entrerriano que había confirmado la destitución. Asimismo, declaró nulo todo lo actuado –aclarando que no implicaba adentrarse en los hechos que motivaron su juicio político- por entender que se dieron por probadas las acusaciones sin considerar lo planteado por la enjuiciada.

    Dedicada este tiempo a la profesión y a la docencia universitaria, Goyeneche acaba de ser repuesta administrativamente en el Ministerio Público Fiscal por un fallo reciente del máximo tribunal. Hasta tanto se levante su suspensión, comenzará a cobrar parte de su salario. El Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos debe anular el jury que la destituyó y convocar a uno nuevo. Mientras tanto, Goyeneche se anotó para un concurso por una vacante en el Tribunal Oral en lo Criminal.

    Urribarri fue condenado en 2022 a ocho años de prisión efectiva e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, por los delitos de peculado y negociaciones incompatibles con la función pública por el desvío de fondos públicos. Detenido en la Unidad Penal N° 1 de Paraná desde noviembre 2024, en enero pasado tres vocales del Tribunal de Justicia provincial –el mismo que había rechazado el recurso de Goyeneche- dispusieron levantar la feria para tratar el reclamo de libertad ambulatoria presentado por la defensa del exgobernador al que el Ministerio Público Fiscal se había opuesto. Por considerarse que no estaba acreditado el riesgo de fuga, se revocó apresuradamente en pleno enero la prisión preventiva de Uribarri –apenas uno de más de una veintena de presos con preventiva en la provincia- y se dispuso su libertad hasta que la condena por corrupción quede firme en la Corte Suprema. Esta, respetuosa del federalismo, hizo su parte en el caso de la valiente fiscal dejando en evidencia las irregularidades en las que incurrió la justicia entrerriana. La liberación de Urribarri, dispuesta en plena feria judicial, volvió a sentar otro cuestionable precedente. Quienes hacen las cosas bien frente a los abusos de poder deben ser reconocidos y valorados. Los corruptos deben pagar por sus actos sin ningún tipo de prerrogativas. Hay que volver a poner las cosas en el lugar del que nunca debieran salirse.

    Fuente: La Nación

  • La paradoja de la estabilidad y la pobreza

    La paradoja de la estabilidad y la pobreza

    Paradoja, según su etimología, significa algo “más allá” (en griego, para) de la opinión general (doxa). Una afirmación que parece contradecir el sentido común, pero que encierra, “más allá” de su literalidad contradictoria, una explicación. Hoy el público se pregunta: cómo puede afirmarse que “la plata no alcanza” si más gente sale de la pobreza. ¿No es una contradicción que la pobreza se reduzca y los bolsillos no mejoren? Es un tema complejo, pero un rasgo de nuestra peculiar argentinidad puede darnos una pista. Al carecerse de moneda, por décadas de alta inflación, gran parte de la población se encuentra dolarizada, mientras otra parte, la más pobre, ha carecido de refugio y “pagado los platos rotos” de los desajustes.

    Carecer de moneda nacional no significa que el Estado haya resignado su facultad de acuñarla y darle curso legal, sino que solo se utiliza para pequeñas transacciones, usándose el dólar como verdadera referencia de precios (unidad de cuenta) y para acumular ahorros (reserva de valor). Al igual que en Venezuela, Sudán y Zimbabue, el selecto club al que pertenece la Argentina mientras su población no confíe en el peso.

    Como en el juego de las sillas, muchos argentinos han desarrollado habilidades para no pagar el impuesto inflacionario, pero alguien debe hacerlo. Alguno siempre se queda de pie cuando la música cesa. En nuestro caso, han sido los más pobres, incapaces de proteger sus ingresos y víctimas indefensas del impuesto más injusto. Dicho a la inversa, todos los desguarnecidos que se convirtieron en pobres durante el gobierno de Alberto Fernández hasta alcanzar al 50% de la población, a pesar de la cantinela kirchnerista que predica un modelo sin excluidos, donde nadie quede afuera, la mitad del país cayó en la miseria y otros que no cayeron, se fueron.

    Al eliminarse el déficit fiscal y frenarse la inflación, los ingresos de unos y otros se han reconfigurado con crudo realismo. Durante 2024 el peso se revaluó 40% y la Argentina se hizo cara para quienes piensan en dólares, tienen dólares o cobran en dólares. Antes de que la inflación cayera del 211% anual al 2% mensual, como ahora, los gastos en servicios personales (salud, educación, turismo, gastronomía, profesionales, entretenimiento) eran relativamente baratos en dólares, pues sus costos no tienen componentes importados y en gran parte eran “licuados” por la inflación. Las clases medias son demandantes habituales de esos servicios y por eso, al calcularlos en dólares, esos gastos otrora alcanzables les han descalabrado el presupuesto.


    Es caro vivir en un país cargado de ineficiencias cuando se acaba el impuesto inflacionario, los precios reflejan sus verdaderos costos y la economía no tiene la productividad necesaria para pagar salarios de primer mundo


    Por eso, durante los años dorados del “Estado presente” y dilapidador, muchos sectores pudieron vivir por encima de sus verdaderas posibilidades, aprovechando esas “baraturas” de papel, aunque simultáneamente fueran castigadas con la pérdida de empleos regulares, falta de crédito para la vivienda, inexistencia de cuotas para el consumo, angustias para estirar los ingresos, cortes de luz, piquetes, expansión del narcotráfico y violencia callejera. Como los turistas extranjeros, disfrutaban el lado atractivo de una distorsión que no sería sostenible con estabilidad.

    En contraposición, los sectores más vulnerables consumen pocos servicios personales y aquellos indispensables como el transporte, la energía, la educación o la salud han sido gratuitos o casi, salvo la garrafa de gas. Ello no los liberó de las colas en los hospitales, la inseguridad en las calles y la falta de saneamiento en las barriadas, pero la costumbre las hizo naturales. Tan eternas “como el agua y el aire” hubiera dicho Borges de ese Buenos Aires, sin fervor alguno. Su bolsillo está dedicado a satisfacer necesidades de la canasta básica, inalcanzable cuando hay aumentos de precios cotidianos. Al detenerse esa escalada, la pobreza bajó al 31%. La estabilidad les ha permitido superar esa línea y subsistir, aunque no se haya corregido la estructural.

    El sinceramiento de la economía, que incluyó la actualización de tarifas de energía, el precio de los combustibles, las cuotas de las prepagas, la liberación de los alquileres y el aumento de las expensas, implicó un encarecimiento (en dólares) del costo de vida de las clases medias. Para quienes no lograron recuperar ingresos para compensar esos incrementos, el ajuste los ha hecho darse contra una dura realidad: es caro vivir en un país cargado de ineficiencias cuando se acaba el impuesto inflacionario, los precios reflejan sus verdaderos costos y la economía no tiene la productividad necesaria para pagar salarios de primer mundo.

    Si esta situación fuese todo lo que se puede esperar del modelo económico liberal, bien podría decirse que “con la estabilidad no alcanza” y demandar alguna forma de reactivación ex officio para que la plata alcance. Es tan fuerte esa percepción, que hace ignorar una realidad: durante este año, la Argentina crecerá más del 5% a pesar de la actual contracción preelectoral y con un nivel de inversiones récord.


    Las grandes inversiones en energía y minería generarán frutos que se percibirán a partir de 2030. Pero ahora, para transmitir confianza, son indispensables las reformas estructurales que darán competitividad a la economía y aumentarán la riqueza colectiva


    Todos los ejemplos que puedan invocarse para “reactivar” y dar un respiro artificial a las clases medias provienen de hipótesis (o países) que tienen moneda. En la Argentina, luego de haber rozado la hiperinflación en 2023, cualquier manoseo del peso despreciado y cargado de ceros, implicaría un salto al vacío pues sin moneda no hay nación viable, ni subsistencia colectiva. En 1881, junto con la consolidación territorial, se creó el peso argentino cuya fortaleza fue base del desarrollo hasta 1946 cuando el Banco Central perdió su independencia. Este concepto debería enseñarse en las escuelas y no el inverso, que ha permeado 80 años de ignorancia cívica, luego reflejada en las urnas.

    Por falta de moneda propia, la reactivación solo puede ocurrir con flujos de moneda ajena, aquella que hemos elegido mediante tácito consenso: el dólar estadounidense, que la Argentina no puede emitir. Somos el país con más dólares billetes (per capita) del mundo y con 400.000 millones de dólares fuera del sistema. Solo bastaría que ingrese una fracción de esa inmensa cantidad, para gastar o invertir en campos, industrias, comercios o servicios. Pero ello solo ocurrirá cuando no haya dudas de que las reglas de juego –en particular, la estabilidad de precios– se mantendrán firmes. Las grandes inversiones en energía y minería generarán frutos que se percibirán a partir de 2030. Pero ahora, para transmitir confianza, son indispensables las reformas estructurales que darán competitividad a la economía y aumentarán la riqueza colectiva.

    Los temblores cambiarios y el aumento del riesgo país reflejan el temor a que la mayoría de la población, por convicción o ignorancia, mantenga las mismas creencias que gravitaron en la Argentina desde 1943. Esa es la causa última de la paradoja: aunque la pobreza disminuya, si no ingresan capitales para impulsar la economía de forma genuina, la plata no alcanzará y las clases medias continuarán preguntándose por qué la pobreza se reduce y los bolsillos no mejoran. Y, eventualmente, votando por volver al pasado, sin llegar a la ansiada respuesta.

    Fuente: La Nación

  • Antisemitismo y discriminación

    Antisemitismo y discriminación

    Desde hace décadas, nuestro país se ha caracterizado por cobijar a un crisol de razas, una formulación que hoy se cuestiona cuando se afirma que “las razas no existen” más que como rasgos genéticos o fenotípicos diferentes. Negar desde la ciencia la existencia de razas no sirve para desactivar nefastos comportamientos discriminatorios contrarios a nuestra tradición de convivencia multicultural y a una Constitución que garantiza también la libertad de culto.

    El 10 del mes último, alumnos de sexto año de la Escuela Humanos, del partido de Esteban Echeverría, en viaje de egresados a Bariloche, profirieron cánticos antisemitas en el ómnibus en que viajaban de la empresa Baxtter. Las imágenes registradas por los celulares de los propios adolescentes se viralizaron en redes sociales días después y encendieron lógicos rechazos. En ellas se observa no solo a los jóvenes, sino también a dos adultos que serían el padre de un alumno y el coordinador de la empresa organizadora, arengando a los menores. “Hoy quemamos judíos” vociferaban injuriosa y desaprensivamente los jóvenes, a edades fácilmente cooptadas por falsos y peligrosos ideales.

    Unos 150 alumnos del colegio ORT habían compartido hotel con 30 del colegio Humanos y, según relataron padres de los estudiantes agraviados, allí comenzaron a registrarse situaciones de violencia.

    La empresa manifestó su categórico rechazo por las intolerantes expresiones, anunció el despido del cuestionado coordinador y prometió reforzar la capacitación del personal para evitar futuros episodios. La escuela Humanos repudió enérgicamente el accionar de sus alumnos, de la empresa organizadora y del coordinador a cargo, reafirmando el compromiso de construir “una comunidad más humana e inclusiva”.

    La primera denuncia penal la radicó Jorge Monastersky, por actos discriminatorios y discursos de odio en el contexto de la ley 23.592. La imputabilidad corre a partir de los 16 años y, dado que la responsabilidad penal siempre es personal, será necesario identificar con precisión a quienes profirieron semejantes atrocidades.

    Empezando por el presidente Javier Milei, casi todo el arco político también manifestó su rechazo. El ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, denunció a los responsables por instigación a cometer delitos y discriminación, mientras

    que la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía imputó a la empresa Baxtter por “trato indigno y discriminatorio”.

    “La empresa ya fue notificada de la imputación realizada por la Subsecretaría de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial y tendrá cinco días para realizar su descargo. En caso de ser sancionada, se aplicarían las multas previstas en la ley de defensa del consumidor, de hasta 2100 millones de pesos”, informó la citada dependencia mediante un comunicado.

    Episodios como el que nos ocupa vuelven nuestra atención a la cuestión educativa, de manera extensa, tanto en lo institucional como en lo familiar. Muchos de los jóvenes que actúan de esa forma son producto de una sociedad en la que el respeto a la diversidad que tanto se declama sigue estando ausente. Además, suelen creer que los propios actos no conllevan consecuencias, amparados por una realidad que tiende a darles la razón. Deberán aprender que los delitos tienen consecuencias y que estas se pagan.

    A las sanciones penales para quienes corresponda hay que sumar un intenso trabajo escolar que sirva para erradicar las conductas discriminatorias, incluyendo cursos de concientización, talleres sobre el Holocausto y visitas al museo de la Shoa, entre otras posibles acciones, que promuevan la convivencia, el respeto y la inclusión para que hechos como los acaecidos no se repitan. Adentrarse desde las aulas, con mirada sensible, en episodios tan dolorosos como los ataques ocurridos el 7 de octubre 2023 en Israel debe servir también para sacudir la ignorancia y despertar las conciencias de jóvenes alumnos. El valor ejemplificador de las conductas adultas es indiscutido y ha sido particularmente preocupante la participación de dos mayores en este repudiable comportamiento.

    Fuente: La Nación

  • Qué hacer con los decretos de necesidad y urgencia

    Qué hacer con los decretos de necesidad y urgencia

    Nuestra Constitución nacional estipula que el Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso, bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo. Sin embargo, aclara que cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por la Constitución para la sanción de las leyes, podrá dictar decretos de necesidad y urgencia (DNU), mientras no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los partidos políticos. También determina que esos decretos deberán ser refrendados por los ministros y por el jefe de Gabinete, quien, dentro de los diez días, someterá la medida a consideración de la Comisión Bicameral Permanente, la cual elevará su despacho al plenario de cada una de las dos cámaras del Congreso para su expreso tratamiento.

    Una vieja discusión, a la hora de evaluar la constitucionalidad de los DNU, se relaciona con el significado de la expresión “circunstancias excepcionales”. Puede entenderse que esa condición se refiere a hechos extraordinarios que le impidan al presidente de la Nación esperar el trámite de la sanción de una ley. Si bien no hay dudas de que los desastres naturales o los hechos de guerra configurarían esas circunstancias de excepción, hay quienes sostienen que la urgencia por adoptar decisiones en el medio de una grave crisis económica y social también podría justificar un DNU.

    Se trata de un debate que nunca ha sido del todo resuelto. Sobre todo, si se tiene en cuenta que todos los presidentes que gobernaron la Argentina a partir de la sanción de la reforma constitucional de 1994 -desde Carlos Menem hasta Javier Milei, sin distinciones ideológicas- hicieron uso y abuso de los DNU, interpretando con enorme laxitud el alcance de las circunstancias excepcionales que habilitarían su dictado.


    Se le pretende negar al actual jefe del Estado una prerrogativa de la que gozaron todos sus antecesores en el cargo desde que, en la época que gobernaba Néstor Kirchner, se sancionó la ley sobre decretos de necesidad y urgencia


    Durante la presidencia de Néstor Kirchner, en 2006, el Congreso de la Nación dio sanción a la ley que reglamenta el trámite de los DNU, dando lugar a una exacerbación del presidencialismo y haciendo que legislar por decreto terminara siendo más fácil que sancionar una ley, anomalía que perdura hasta nuestros días. Esta norma, (la 26.122), que reconoce entre sus principales autores a la propia Cristina Kirchner, por entonces senadora nacional y primera dama, fija que para que un DNU pierda vigencia debe ser rechazado por las dos cámaras del Congreso, ya que no bastaría con que una sola de ellas lo repruebe. Y si el Congreso no se pronunciase, el decreto quedaría automáticamente convalidado.

    Luego de casi 19 años en los que, invariablemente, quienes ocuparon el Poder Ejecutivo se beneficiaron de esa norma reglamentaria, el propio kirchnerismo ha propuesto revisar aquella iniciativa que ideó e implantar un mecanismo que tornaría mucho más difícil la ratificación de los DNU. Concretamente, el proyecto de ley invierte el actual esquema, propiciando que ambas cámaras legislativas tengan un plazo de 90 días para ratificar un decreto y, si no lo hacen, este quede derogado de forma automática. Bastaría, incluso, con que una sola cámara lo rechace para que quede sin efecto. Asimismo, la iniciativa prohíbe los decretos ómnibus, como fue el caso del DNU 70/2023 sobre desregulación económica del gobierno de Milei, y obliga a que cada norma se limite a un único tema.


    Los kirchneristas que hoy abogan por la restricción legal de esos decretos nada dijeron acerca de los 178 DNU dictados por el presidente Alberto Fernández ni sobre los 236 suscriptos por Néstor Kirchner ni los 78 de Cristina Kirchner


    Este proyecto fue aprobado semanas atrás por el Senado, con 56 votos a favor, ocho en contra y dos abstenciones, merced al apoyo de casi todo el espectro opositor, y es analizado en estos días por la Cámara baja.

    Es indudable que quienes abogan por la modificación de la ley reglamentaria de los DNU procuran limitar el margen de maniobra de un gobierno que se halla en franca minoría parlamentaria como el de Milei. Podría incluso advertirse en muchos de los legisladores reformistas una importante dosis de hipocresía. Basta recordar que los kirchneristas que hoy abogan por la restricción legal de esos decretos nada dijeron acerca de los 178 DNU dictados por el presidente Alberto Fernández ni sobre los 236 suscriptos por Néstor Kirchner ni los 78 de Cristina Kirchner. Tampoco los legisladores de Pro que ahora pretenden revertir el esquema para la ratificación de los DNU impulsaron cambios cuando Mauricio Macri -quien suscribió 71 de estos instrumentos- era presidente.

    Podría concluirse, entonces, que se le pretende negar al actual jefe del Estado una prerrogativa de la que gozaron todos sus antecesores en el cargo desde que, en la época que gobernaba Néstor Kirchner, se sancionó la ley 26.122.

    No implica esta consideración una defensa del abuso de los decretos de necesidad y urgencia por parte de Milei ni de ningún otro presidente que lo haya antecedido. Es cierto que la reforma constitucional de 1994 habilitó la potestad legislativa del Poder Ejecutivo, pero con enormes limitaciones que no han sido debidamente interpretadas.

    El propio presidente Milei ha dictado 74 DNU en 21 meses de gestión, como informó LA NACIÓN días atrás, un número superior al doble de los 33 proyectos de ley que remitió al Congreso para su tratamiento. Del mismo modo, el Poder Legislativo ha derogado varios decretos del Ejecutivo, merced al rechazo de ellos por sus dos cámaras.

    Sería deseable, desde luego, una mayor vocación del oficialismo por el diálogo y la construcción de consensos, como el alcanzado a la hora de aprobar el megaproyecto de desregulación económica o el conseguido para la firma del llamado Pacto de Mayo por 18 gobernadores provinciales.

    No hay duda de que para cualquier fuerza gobernante es harto complicado imponer una agenda política cuando apenas se tiene el 10% de los senadores y el 15% de los diputados, y cuando en la vereda de enfrente hay sectores afines al kirchnerismo que no ocultan su vocación destituyente. Pero lo que no puede hacer el gobierno nacional es renunciar a la búsqueda de acuerdos parlamentarios con otros sectores de la oposición que han manifestado voluntad por el diálogo, del mismo modo que pretender obstaculizar la gestión gubernamental por la vía de cambios reglamentarios en el proceso de ratificación de los DNU puede resultar hoy tan inoportuno como inconveniente.

    Fuente: La Nación

  • Retenciones: la lección que dejan medidas precipitadas

    Retenciones: la lección que dejan medidas precipitadas

    En las aguas a menudo encrespadas de las transacciones comerciales internacionales hay gente preparada para fortalecerse con lo inesperado e inestable, gente con renombre para actuar con asombrosa eficiencia en medio de la velocidad fulminante que puedan alcanzar los negocios. Decía un funcionario público del área impositiva, la semana última, que después de haberse suspendido las retenciones por un período que concluiría el 31 de octubre, o antes, si se liquidaban 7000 millones de dólares por exportaciones, las órdenes se amontonaban los primeros días por millones de dólares cada treinta segundos.

    Así prevaleció el monto de lo recaudado por sobre el tiempo límite establecido de más de treinta días, y así los productores de los cereales y oleaginosas en juego, los creadores de esa riqueza generada a la intemperie, a cielo abierto, quedaron con la sensación de desconcierto, de “bronca” -como han dicho- y de una desilusión que ya se verá qué consecuencias políticas tiene.

    La perentoriedad de las liquidaciones de exportación por aquella suma de grandes dimensiones fue determinada a fines de la semana anterior por un gobierno que sentía el vahído del abismo. Sucedía esto en medio de la valorización irrefrenable del dólar por encima de las bandas establecidas y por una desconfianza pública que crecía hora tras hora, habiéndolo obligado a vender en dos jornadas más de mil millones de dólares de sus escasas reservas. No hay una razón debidamente verificable, a pesar de tantas presunciones en contrario, para que pueda afirmarse que en todo este asunto se haya roto una sola regla legal.

    Otra cosa sería observar que se llegó a la dramática situación de hace diez días por una suma de impericias políticas y financieras del Gobierno. Propelieron, una vez más, a que el país quedara atrapado en la sensación de asfixia por cuya repetición en decenas de casos tiene la mayor y dolorosa experiencia que cualquier país ajeno a las hecatombes de una guerra.

    Otra cosa sería decir que en la cuestión de las retenciones a las exportaciones agropecuarias sigue en el aire la promesa todavía incumplida, sin olvidar los avances habidos hasta aquí, de acabar con un impuesto que el propio presidente de la Nación calificó en tren de campaña, y reafirmó después de asumir, de inaceptable para el interés general.

    Otra cosa sería decir, en fin, que en el instante de decidirse a dejar en cero los derechos de exportación (DEX) hasta el 31 de octubre privó el instinto natural de un elenco gubernamental más experimentado y satisfecho con el ejercicio de las finanzas que en el del más lento planeamiento, y a más largo plazo, propio de quienes por vocación piensan y sienten en términos productivos.

    Fue verdaderamente lamentable que todo esto ocurriera. Poco importaba que algunos de los elementos disociadores de las instituciones establecidas por la Constitución Nacional se hubieran apresurado, al conocerse las medidas, a proponer un proyecto de ley para que los productores del agro paguen un “aporte extraordinario y devuelvan lo que ganaron con las retenciones”. Terminó pareciendo una broma de mal gusto.

    Ya sabíamos qué podía esperarse de esos candidatos, o del kirchnerismo en su conjunto, y hasta del desvarío doctrinario y demagógico en que puede caer alguno de sus mentores espirituales. Tienen más pasado por delante que futuro estas rémoras del tembladeral insurrecto y desde tanto tiempo anacrónico de los años sesenta y setenta.


    El Gobierno debe ahora examinar la forma de desarticular tensiones con el campo, nada menos que en un año electoral


    Lo que sí urge reparar es la desconfianza política y moral introducida por los hechos precipitados en medio de esta última crisis. Se han violentado expectativas. La confianza es una solidaridad compartida de principios. “Cuando esta se pierde, la Nación se desarticula”, decía Ortega y Gasset, y agregaba: “La confianza es la emoción en que se halla quien puede anticipar lo que verosímilmente ha de acontecer en una hora, mañana, pasado”. No era lo que se esperaba que siete grandes exportadores hicieran, en solo tres días, declaraciones juradas de ventas al exterior (DJVE) por 19,5 millones de toneladas. Acapararon de tal modo el 86% de las operaciones sobre las realizadas por un total de 36 exportadores.

    Por la fuerza de los hechos, y no necesariamente por la pulsión de las intenciones de otros, los productores percibieron en su ánimo que habían sido abandonados por el Gobierno en beneficio de un grupo de empresas que hará ganancias extraordinarias. Que los Grabois digan lo que les viene en gana, que ninguna novedad aportan; pero que se enrarezca de pronto, entre las diversas partes involucradas en una creencia común en la libertad de comercio, en la igualdad de oportunidades y en la no discriminación, una atmósfera que de ordinario es límpida y más competitiva de lo que resulta en algunos países vecinos, constituyó un golpe emocional que debería de algún modo morigerarse en sus efectos.

    Es inaceptable que pueda prosperar la idea de que haya dos capitalismos: un capitalismo sanamente liberal, por un lado, y un capitalismo depredador, por el otro. Hay un solo capitalismo, regido por las leyes del mercado, y enmarcado en el contexto jurídico que asegure no solo su existencia, sino también la confianza pública en sus previsiones y desenvolvimiento. Acaso el Gobierno disponga aún de tiempo para paliar algunos efectos inesperados del conflicto y hasta es posible pensar si no han tomado a esta altura discretas decisiones en ese sentido los principales beneficiarios.

    Las declaraciones juradas de ventas por 7000 millones de dólares se descomponen en tres partes: una, por mercaderías que ya estaban a disposición de los exportadores; otra, por mercadería que estos salieron a comprar (por algo más de 4000 millones de dólares) y, en último lugar, por mercaderías que deberán adquirir ahora. El primer día de los tres de compras frenéticas, los exportadores pagaron por la soja 60 dólares más por sobre el precio preexistente, cuando las retenciones en cero abrían un horizonte de mayores alzas. Duró poco: lo ocurrido en la Argentina hizo caer los precios en Chicago y motivó protestas a Washington de agricultores norteamericanos.

    El gobierno tiene ahora por delante, como decíamos, examinar la forma de desarticular tensiones con el campo, nada menos que en un año electoral, y a las entidades agropecuarias ver la forma de encarar conversaciones con sus colegas de los Estados Unidos a fin de superar las fricciones producidas. Aquí se ha abierto una lección de alcance generalizado.

    El campo protestó poco o nada cuando el gobierno de Mauricio Macri, en medio de la crisis de la primavera de 2018, se apoderó, por urgencias impostergables, de 4 pesos por dólar proveniente de productos primarios y de 3 pesos por dólar sobre productos industriales. En los últimos años, hubo otras situaciones más, en algo parecidas, pero nunca con este carácter de despojo presunto de lo que el campo se disponía a aprovechar, y se difuminó en un santiamén. Ahí ha radicado, en lo esencial, la “bronca” generada.

    No cabe esperar que prospere la invocación que algunas entidades han hecho de la llamada ley Martínez Raymonda, de 2007. No es aplicable a lo ocurrido en este caso, sino a aquellos otros en que hay una suba inesperada de precios con el consiguiente aluvión de declaraciones juradas de venta. Allí, sí, el exportador, requerido por el Estado, debe demostrar la tenencia anterior de la mercadería antes de su liquidación. Macri la aplicó en 2018 y desarticuló operaciones por tres millones de toneladas sospechadas de haber contado con inside information.

    El campo no ha perdido ninguna “beca” con la fugaz vigencia de las retenciones cero por agotamiento del cupo abierto, como se ha dicho de manera infeliz. Siente, sí, que en el vaivén de este fenómeno que comentamos el tipo de cambio haya bajado de 1500 pesos por dólar a menos de 1400, disminuyendo aún más el poder adquisitivo que deja en el límite de la rentabilidad al 65% de las tierras en cultivo, que son por arriendo.

    Esperemos que el campo sienta, por igual, en reflexión introspectiva, que no basta con hacer todo bien tranqueras para adentro. Las empresas modernas, en la hora de la tecnología digital, deben contar con la capacitación suficiente para entender y aprovechar el vértigo operativo de los mercados.

    Fuente: La Nación

  • Defensores de acuerdos truchos y no de la niñez

    Defensores de acuerdos truchos y no de la niñez

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    Un concurso simulado y plagado de opacos manejos; la selección espuria y por acomodo de una persona sin nivel profesional ni conocimiento de la temática; acuerdos por debajo de la mesa y una abierta burla a la sociedad civil convocada a participar. Lo que termina de ocurrir en una de las instancias de selección de la Defensora de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes constituye una penosa estafa a la ciudadanía y a los más elementales principios de transparencia y participación genuina.

    Se realizó un concurso que luego no fue respetado en su esencia, y se dejaron de lado elementales principios de idoneidad para ocupar tan importante tarea, preseleccionándose a una candidata sin ningún tipo de cualidades para conducir un lugar clave para las políticas sociales. Por tal motivo, el plenario del Congreso de la Nación no debería convalidar dicha decisión tomada a través de opacos procedimientos, so riesgo de que el tema se judicialice por sus más que notables vicios.

    Se trata de una cuestión de inusual gravedad. Proteger los derechos de los menores debería ser una prioridad, pero el cargo de Defensor de los de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, creado en septiembre de 2005, estuvo bochornosa e inexplicablemente vacante durante 14 años. Solo en 2020, seleccionada por la comisión bicameral y aprobada por ambas Cámaras del Congreso, la doctora Marisa Graham, especialista en derecho de familia surgida de un concurso, pasó a ocupar el cargo. En febrero pasado, una modificación al reglamento condujo a que Graham autoprorrogara su mandato ya vencido, pero en mayo fue finalmente desplazada, llevando a una acefalía que trajo infinidad de complicaciones.

    Tras iniciarse un nuevo concurso público de antecedentes y oposición en junio pasado, correspondía que se asegurara la plena participación de la sociedad civil para que el proceso fuera transparente e independiente, en concordancia con la relevancia del cargo. Las organizaciones de la sociedad civil participaron del concurso; si bien no integraron el jurado de evaluación, dieron su opinión respecto al perfil que debía tener quien ocupara el cargo, lo que constituye una forma de participación, aun cuando acotada.

    La nómina de 69 postulantes rebosaba de perfiles sumamente profesionales y experimentados en el campo de los derechos de niños y adolescentes. Todos ellos, luego de aprobar un examen escrito, habían participado semanas atrás de audiencias públicas.


    Nuestra clase política pretende imponer sus intereses por sobre los de los ciudadanos. Lo más deseable sería que ambas cámaras legislativas rechazaran dar su aval a una postulación nacida de cuestionables procedimientos y se llamara a un nuevo concurso


    El 22 de septiembre último, en una tensa sesión, luego de votar el orden de mérito final y la valoración de cada postulante que fija el reglamento, la Comisión Bicameral Permanente del Defensor de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes arribó a la elección de un candidato y dos adjuntos.

    La Comisión Bicameral propuso ternas de forma discrecional, sin tener en cuenta el orden de mérito previamente establecido. Los votos se computaron de manera individual, pero encasillaron a los postulantes dentro de una terna cerrada, lo que distorsionó el resultado del concurso.

    Para agregarle una irregularidad de mayor alcance, tampoco se publicaron las notas desagregadas por etapas, ni se comunicó a cada postulante su calificación individual, omisión que afecta gravemente la transparencia y el derecho a la información en un concurso público.

    El diputado Nicolás Mayoraz (LLA) marcó estos elementos frente a la presidenta de la comisión, Natalia Sarapura (UCR), cuestionando el procedimiento de calificación de los candidatos por diferencias en las puntuaciones por etapas. “¿Se estableció un promedio de acuerdo a las ponderaciones de los diez miembros que componemos la bicameral o se aplicó la mayoría simple sobre la diferencia?”, preguntó el legislador santafesino. El senador Daniel Bensusán (Frente de Todos) señaló que, como no hubo unanimidad, se realizó un promedio a partir de la puntuación de cada integrante de la comisión y que se requería una mayoría simple para su aprobación.

    Tampoco se atendieron los cuestionamientos ante la designación de dos adjuntos para el cargo, contraviniendo la ley, que establece que tal decisión corresponderá al Defensor elegido en función de su plan de trabajo. Fueron necesarias cinco votaciones para cosechar una aprobación de la cuestionada terna con siete de los diez votos. Además de Mayoraz, se opusieron también las senadoras Vilma Bedia (LLA) y Andrea Cristina (Pro).


    La jugosa caja de la Defensoría y una estructura que servirá de guarida para los amigos marcaron el ritmo de una selección tan dudosa como maloliente


    La candidata propuesta a considerar ahora por ambas cámaras del Congreso resultó la abogada María Paz Bertero, cercana al gobierno bonaerense, a quien se presentó como “especialista en cuestiones de género y abuso sexual infantil”, pese a que no califica como “especialista”, ya que para ser considerada como tal se requieren títulos académicos y experiencia técnica que no posee, tal cual se desprende de su pobre curriculum. Sí surge que se ha desempeñado desde 2019 como secretaria general de la presidencia de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, escenario de supuestos latrocinios e irregularidades resonantes con su personal, que actualmente están siendo investigados por la justicia penal. Completan la terna elevada por la comisión Eduardo Matías Robledo, como defensor adjunto, y Héctor Iván Vito, como segundo defensor adjunto.

    “Un proceso difícil en los consensos”, resumió María Sotolano (Pro), para justificar su apoyo a la nominación, mientras se hablaba de un acuerdo previo consolidado entre legisladores radicales y del peronismo. De nuevo, priorizando oscuras negociaciones por encima del escrutinio ciudadano, contraviniendo el requisito de idoneidad que fija la Constitución Nacional para el ejercicio de los cargos públicos.

    “Aquí faltó transparencia y hubo irregularidades”, denunció Mayoraz, quien no cesó en sus justificados cuestionamientos al procedimiento y a los exámenes: “No manoseen a la gente que participó… la resolución es claramente política”, sostuvo, y denunció que todo terminó siendo un “circo”. Incluso Martín Menem fue criticado por no evitar que el peronismo lograra imponer su candidata, dando lugar a hipótesis sobre acuerdos con la oposición para conservar la presidencia de la Cámara de Diputados.

    Una vez más, nuestra clase política pretende imponer sus intereses por sobre los de los ciudadanos. Lo más deseable sería que ambas cámaras legislativas rechazaran dar su aval a una postulación nacida de cuestionables procedimientos y se llamara a un nuevo concurso, como fija la ley. La jugosa caja de la Defensoría y una estructura que servirá de guarida para los amigos marcaron el ritmo de una selección tan dudosa como maloliente, que dejó fuera a excelentes candidatos.

    Nuestros niños no merecen estas trapisondas. El cargo demanda una persona no solo profesionalmente idónea, sino también íntegra, capacitada y comprometida en la defensa de todos los derechos de la infancia; renuente a convertirse en moneda de cambio de espurias componendas.

    Fuente: La Nación

  • Los desafíos de la próxima elección

    Los desafíos de la próxima elección

    El presidente Javier Milei triunfó en octubre de 2023 con tres banderas: la eliminación del déficit fiscal y de la inflación en el menor tiempo posible, y la descalificación generalizadora de lo que ha llamado “la casta política”.

    Viene alcanzando sus dos primeros objetivos. Impresiona que una inflación que había superado en los últimos tiempos de la era kirchnerista el 200% anual, hoy esté, por momentos, por debajo del 2% mensual. Desreguló, además, con el aparatoso símbolo de una motosierra, adiposidades que se habían acumulado en años de desidia y de responsabilidades compartidas en el funcionamiento de la estructura del Estado por sucesivos gobiernos. Lo hizo a veces con llamativa falta de tacto político y de provocación innecesaria sobre la delicada piel de la sensibilidad social.

    El restante propósito, vinculado con la llamada “casta”, fue menos original y auténtico. Ante la orfandad de cuadros y dirigentes probados en la defensa de cuestiones programáticas afines, el mileísmo reclutó en 2023 lo que encontró a mano. No vaciló en incorporar a oportunistas, veteranos de sucesivas etapas de cocción política, unas reñidas con otras. Actuaron con la desfachatez patentizada en grescas hasta entre ellos mismos, tiñéndose la personalidad de varios de entre ellos en las aguas servidas de esas reyertas. Degradaron, aun en mayor grado del ya conocido, la ilusoria majestad del Congreso.

    Milei ha sido un presidente distinto entre todos quienes gobernaron la Argentina. En términos personales, ha sido el de más desmedrada fibra emocional. Ha hecho gala de un amateurismo inconcebible en las cuestiones negociables de la política, cuando hubiera sido más fácil para él, y menos costoso para la serenidad y el orden institucional, no trenzarse en peleas ociosas.

    En el armado electoral de este año, la arrogancia de Karina Milei y su cohorte de seguidores han hecho un daño inocultable. Hay algunos signos de enmienda, como el relativo anuncio presidencial de bajar el tono de sus insultos, pero si su hermana es para él más que la mano derecha lo menos que puede pedírsele a esta es que lo ayude en la tarea.

    Si alguien no puede sentirse agraviado por los ataques a “la casta política” es el peronismo. Perseveró por años en la injuriante referencia a la “partidocracia política” e incluía en el desdén a toda una constelación política.

    El peronismo había sido proscripto desde fines de 1955 y logró, entre contradicciones previas de militares y civiles hostiles a legalizarlo, actuar al fin en el Congreso de la Nación y las legislaturas provinciales, sobre todo durante el gobierno del presidente radical Arturo Illia. Pudo volver a gobernar, y ya sabemos cómo lo hizo, desde mayo de 1973, sumiéndonos en la aceleración de la involución nacional que ha perdurado hasta estos días.

    Hoy nadie demandaría la proscripción de una fuerza política. Aquello fue una cuestión de época. El peronismo había sido la matriz de una dictadura constitucional, fuertemente apoyada en las urnas, es verdad. Al caer por una movilización cívico militar -y no solamente militar como incorrectamente suele decirse-, pesó sobre su suerte una retribución de “diente por diente”, por decirlo en términos bíblicos tan actualizados, como la que pagan aun hoy, por disposiciones constitucionales alentadas los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo en Italia, y el nacionalsocialismo en Alemania.


    No se trata de que “frente a cada necesidad hay un derecho”; se trata de que se cumpla con la norma de que “frente a cada gasto, deber haber una contrapartida de ingresos”


    Como quien se enamora de un juguete nuevo, Milei se enamoró de las redes sociales. Allí anidó la fuerza más contundente para explicar su irrupción exitosa, sorprendiendo con un estilo ajeno a cualquier modelo clásico. La aprovechó con la osadía que se experimenta en el anonimato de las redes y con un temperamento que no se arredra, como hubiera sido lógico, ante los límites naturales de cierta ignorancia orgánica que no compensa la gracia del conocimiento personal ceñido al dominio académico de la economía y las finanzas.

    Al cabo de varias experiencias del kirchnerismo, la expresión más perversa y corrupta del peronismo en sus ochenta años de existencia, la mayoría de los argentinos se entregaron, sabiendo los riesgos que corrían con Milei, al candidato que prometía cerrar un ciclo calamitoso para el interés del país. Si Milei primero descolocó al peronismo, después, con parecido tratamiento contribuyó a la disociación en la que se encuentran hoy otras fuerzas del arco político.

    El fenómeno del kirchnoperonismo, como un gran negocio clientelar asociado a lo peor del Estado, se ha manifestado con tan pocos escrúpulos que todavía anidan en funciones públicas personajes vinculados con Sergio Massa, aquel llamado por sus compadres “Ventajita”, por el estómago para medrar dónde sea y cómo sea. A él también alcanzan, y no solo a Axel Kicillof y Cristina Kirchner, los vientos de una consigna que seguramente en octubre hará suya, pero no necesariamente por amor a Milei, una buena parte de la sociedad: nunca, por nada del mundo, volver al 9 de diciembre de 2003. ¿Podrían declararse hechos en vano más de veinte meses de durísimos sacrificios?

    Admítase que aquel hilo de complicidades comunes ha sido útil al kirchnoperonismo para conservar, al menos hasta aquí, la unidad precaria, pero esencial, que le facilitó la victoria en Buenos Aires. Fue en lo fundamental una elección de intendentes que veremos si se mueven en octubre con igual intensidad que en septiembre. No pueden alardear de una ventaja como aquella, originada, es cierto, en tratos oscuros, las fuerzas de la oposición.

    El caso de “Chocolate”, en el Senado bonaerense, provocó en sus días la ira del ciudadano de a pie. A nada, sin embargo, se ha llegado hasta ahora como para que no quede sin remedio penal el cobro por una persona –sin duda comisionada de otras-, de sueldos de decenas de “noquis” del cuerpo. Si nada sucede de ejemplar, deberá entenderse que fue porque las mismas responsabilidades por ese caso, u otros parecidos, complicaban por igual al oficialismo bonaerense y a fuerzas de la oposición. Habrá habido así otra trapisonda de “la casta”, y lo peor es que ni siquiera el Gobierno puede alardear a esta altura de estar libre de todo pecado o de haber sido más pulcro en algunos asuntos.

    La oposición de cuño republicana merecerá ser tomada en cuenta en octubre si logra proyectarse como fuerza reparadora y de morigeración de las propuestas más delirantes de la política. Deberá transmitir rotundas evidencias de decencia, de razonabilidad en los planteamientos económicos y sociales, y de proyección de figuras que alienten la esperanza de una depuración política para el ciclo que se abra a fines de 2027. Quien quiera ser líder debe entender que no hay derechos adquiridos para quien se desentienda de que es una tarea de tiempo completo.

    La ciudadanía mal podría distraerse en el reclamo severo sobre nada de esto, que abarca el cumplimiento estricto de una regla de oro en cualquier hogar llevado adelante con mínimo criterio: no se trata de que “frente a cada necesidad hay un derecho”; se trata de que se cumpla con la norma de que “frente a cada gasto, deber haber una contrapartida de ingresos”. De lo contrario, el hogar, en un caso, y el país, en otro, se encaminarían a la destrucción.

    No pueden pasarse los presidentes y ministros de Economía dando vueltas por el mundo a fin de que, como contrapartida de una política exterior comprometida en favor de situaciones que en el futuro puedan tener no poco de aleatorias, se logre la tabla de salvación cuando el ay está en la boca. Basta con ver la desconcertante y críptica declaración del secretario del Tesoro norteamericano sobre las retenciones a la producción agropecuaria cuando su propio país no solo no las impone a sus productores, sino que, además, suele subsidiarlos.

    Fuente: La Nación

  • El desdén por nuestro riesgo país

    El desdén por nuestro riesgo país

    Si explicásemos que el dichoso índice de riesgo país -cuyos dígitos fluctuaron entre tres y cuatro en la última semana– incide sobre la vida cotidiana, pocos lo creerían. Nada parece más alejado del vulgar changuito que una sigla en inglés, como EMBI (Emerging Markets Bonds Index). Para peor, lo calcula un banco extranjero y no refleja la capacidad del ama de casa de pagar sus compras, sino de honrar deudas soberanas.

    El problema es que tampoco lo entiende la política, reticente a cualquier termómetro, tensiómetro o glucómetro que refleje una realidad contraria a sus discursos. Pues las agujas o líneas digitales provocarían tensiones, fiebres y desmayos. Es decir, quitarían votos por culpa de una abstracción financiera que se huele vendepatria.

    Ese indicador, atribuido con desdén al mundo de las finanzas, gravita en forma decisiva en el mundo de la realidad. Determina si “las doñas” podrán llegar a fin de mes y cuánto podrán cargar en su changuito. Se lo desdeña, no solo por ignorancia, sino también para evitar los cambios que su luz roja prescribe y sin los cuales, ni el carrito se llenará, ni la plata alcanzará. Refleja el incómodo presagio de que, a falta de cambios, nuestros problemas seguirán igual o empeorados con el tiempo.

    Como todos los países, la Argentina esta expuesta a demandas sociales cada vez más intensas que exigen, a su vez, grandes transformaciones para satisfacerlas. Desde la extensión de la vida, la menor tasa de natalidad, el mayor costo de la salud, la atención a las personas con discapacidad, la volatilidad de los empleos, la crisis de las industrias tradicionales, la falta de trabajadores formados (y la exclusión de quienes no lo están), la proliferación de derechos nuevos y el activismo judicial para efectivizarlos. Todo ello requiere dinero creciente y abundante. Pero no de una sola vez, como impuesto a los ricos, sino como flujo permanente sobre la base de una mayor productividad.

    Cuando el índice de riesgo país aumenta, no solamente cuesta más dinero al Estado, sino que también asusta a los mismísimos argentinos, quemados con leche mil veces. Desde 1901 se contabilizan 22 crisis, la mayoría por déficit fiscal. A pesar de los 400.000 millones de dólares fuera del sistema, cuando el riesgo aumenta nadie se atreve a ahorrar en bancos locales, ni a comprar inmuebles, ni a abrir comercios o expandir los que tienen. Ello traba las obras de infraestructura, saneamiento o viviendas y encarece los proyectos mineros, de hidrocarburos o de energía. El correlato social de esas reticencias inversoras es obvio: no crecerá el empleo regular, ni el nivel de ingresos, ni el ansiado consumo, ni los aportes previsionales, ni los recursos públicos, mientras no baje el riesgo país.


    Cuando el índice de riesgo país aumenta, no solamente cuesta más dinero al Estado, sino que también asusta a los mismísimos argentinos, quemados con leche mil veces


    El índice desdeñado, dicho en criollo, revela que esta gran nación de clases medias, con aspiración a casa propia y a educar hijos “para doctores”, se ha transformado en una timba de corto plazo. Cuando emula al de Bolivia y decuplica al de Uruguay, hay una distorsión grave que no se puede ignorar. Quien apuesta fondos en la Argentina exige una rentabilidad inusual porque teme de los argentinos y de su historia. En los países estables, les basta un recupero lento, pero seguro. Su cálculo financiero o DCF (“Discounted Cash Flow”) toma en cuenta el riesgo país. Cuanto más bajo, más atractivo para invertir. Cuanto más alto, más especulativo. No hay tutía.

    Luego de la derrota de Javier Milei en las elecciones bonaerenses y el rechazo a vetos de leyes que demandan gasto fiscal, el valor de las principales empresas argentinas cayó 7865 millones de dólares en un solo día. Como ante pirañas que huelen sangre en el Amazonas, el Banco Central debió vender 1100 millones de dólares en tres días para sostener al tipo de cambio en el techo de la banda. La corrida fue aventada con el auxilio del Tesoro estadounidense, con la promesa de un swap de 20.000 millones de dólares que cubriría los vencimientos de deuda soberana dolarizada (Globales, Bonares y Bopreal) y repos hasta abril de 2027 inclusive. Afortunadamente, el Central recuperó siete veces más lo perdido, gracias a la eliminación de las retenciones por solo tres días.

    Pero la crisis debe ser tomada como una lección. La Argentina carece de moneda y de reputación, esa es la principal diferencia con nuestros vecinos. Su fragilidad es tal, que ningún dirigente con gravitación pública debería decir cualquier cosa sin medir sus palabras y mucho menos ignorar el impacto de sus votos sobre el riesgo país. Hay mil razones para criticar a Milei y su entorno, pero nunca al costo de destruir empleos y multiplicar la pobreza como parte de un siniestro ajedrez político.


    La fragilidad de la Argentina es tal que ningún dirigente con gravitación pública debería decir cualquier cosa sin medir sus palabras y mucho menos ignorar el impacto de sus votos sobre ese tipo de riesgo


    Con la obvia excepción de quienes prefieren Cuba o Venezuela, es necesaria una entente cordiale para no impulsar medidas que lo aumenten, aunque parezcan meritorias de forma individual. Hay bancas, estrados, podios y tribunas para vocear vituperios contra el Presidente y su círculo de allegados. Pero al momento de votar, nunca un gesto que pueda hundir al país en el marasmo.

    El apoyo servirá para llegar a las elecciones de octubre sin nuevas crisis de confianza, pero una ayuda de corto plazo, puede ser un problema de largo plazo. Ese sufragio confirmará -o no- si el voto popular apoya las reformas sin las cuales la Argentina continuará siendo una rémora del FMI, del Tesoro de EE.UU. o de la República Popular China. Si la pax cambiaria apoltrona y quita el sentido de urgencia, quedaremos arrellanados en el sillón de la improductividad a esperar otra crisis y otro rescate.

    No hay alternativa posible. El riesgo país solo llenará el changuito cuando demos señales creíbles de que los cambios ocurrirán y serán sustentables. Además de eliminar la inflación, la Argentina debe ser más competitiva, reducir la presión fiscal, reformar el régimen laboral y reequilibrar precios relativos con apertura económica. En buen romance, sus empresas –aliviadas de pesos muertos- deberán agregar un valor reconocido en los mercados mundiales, generando más dólares de los que demandan.


    Además de eliminar la inflación, nuestro país debe ser más competitivo, reducir la presión fiscal, reformar el régimen laboral y reequilibrar precios relativos con apertura económica


    No está eso en manos del Gobierno sino de la sociedad en su conjunto: dirigentes políticos, jueces, empresarios, sindicalistas, profesionales y líderes de opinión, pues son las ideas y creencias colectivas las que nos han llevado a la actual catástrofe social. Esa es la certidumbre que provoca la incertidumbre, lo único cierto son años de desaciertos. El éxito dependerá de un fuerte aumento de las inversiones, ya que para crecer al 5% anual se necesita invertir el 25% del PBI: 15% para reponer el capital y 10% para aumentarlo. Y la inversión dependerá de la confianza en esa continuidad.

    Deben llamarse a silencio quienes aplaudieron el default en 2001, expropiaron las AFJP en 2008 y confiscaron YPF en 2012. Pues si continúan bloqueando las privatizaciones, la flexibilidad laboral, la eliminación de la personería gremial única, la desregulación de las obras sociales, el proteccionismo sectorial y defendiendo el largo inventario de privilegios corporativos, el riesgo país no descenderá más.


    Deben llamarse a silencio quienes aplaudieron el default en 2001, expropiaron las AFJP en 2008 y confiscaron YPF en 2012


    Es un desafío que nunca se ha encarado, ya que afecta intereses poderosos. Hay 1525 legisladores en todo el país, de los cuales 329 son nacionales y el resto provinciales, mientras 1196 concejales cobran dietas municipales. La increíble cantidad de 3 millones de empleados públicos provinciales son votos cautivos para gobernadores que no necesitan recaudar para abonarles los sueldos. En cada provincia hay un consejo profesional, una cámara empresaria, un sindicato alineado, madejas de poder para mantener privilegios bajo el paraguas de federalismo.

    No se puede continuar tirando la plata para mantener estructuras estatales redundantes, ni sectores que generan ganancias para sus miembros y costos intolerables para la población, gracias a subsidios o protecciones seculares.

    En el mundo actual, globalizado y volátil, la principal ventaja comparativa de una nación son sus instituciones. Estas reflejan, en definitiva, el grado de compromiso de un grupo humano con su futuro, con sus hijos, con los más débiles. Son fruto de su educación, de sus creencias colectivas, de sus valores compartidos. Sin instituciones, el riesgo país las condena a la miseria. No debe ser desdeñado.

    Fuente: La Nación

  • El histórico aval de Trump a la Argentina

    El histórico aval de Trump a la Argentina

    Las dos semanas previas al 22 de septiembre se vivieron con la creciente preocupación de estar frente a una corrida cambiaria. La decisión del Gobierno de disponer de la totalidad utilizable de las reservas para mantener la cotización del dólar en el límite de la banda se mostraba insostenible por la magnitud de las ventas requeridas diariamente. En la memoria de los argentinos esto llevaba a una devaluación y una crisis política.

    Esta circunstancia se producía en un marco macroeconómico que, visto en su conjunto, no parecía dar motivo a una crisis de confianza de tal magnitud. Sin embargo, algunas de sus debilidades se potenciaron cuando varios hechos políticos sembraron dudas sobre la gobernabilidad. El equilibrio fiscal, principal logro de la gestión de Javier Milei, fue puesto en riesgo por la sanción de varias leyes y el rechazo de los vetos con los que se intentó evitar su vigencia. A ello se sumó la derrota en las elecciones legislativas bonaerenses por un margen muy superior al esperado. Este evento electoral se nacionalizó a pesar de que solo alcanzaba a cargos provinciales. Lo cierto es que generó pesimismo en quienes esperaban un fuerte crecimiento de la representación parlamentaria oficial luego de las próximas elecciones.

    La corrida cambiaria alimentó los malos pronósticos que incluyeron vaticinios, algunos con indisimulable entusiasmo, de caída del gobierno. La expresidenta Cristina Kirchner, desde su prisión domiciliaria, difundió irresponsablemente por X una temeraria sentencia: “¡Che Milei, qué olor a default!”. Desde otros flancos, inclusive antikirchneristas, se intensificaron las críticas al Presidente, desvalorizando o ignorando sus logros y amplificando sus errores.

    Sin duda, Javier Milei aportó material para despertar esas críticas. Sus modos y su manejo político ahuyentaron apoyos, tal como se comprobó en los resultados electorales de las provincias de Corrientes y Buenos Aires. Sus ofensas gratuitas a personas e instituciones tuvieron un costo elevado en el distanciamiento de gobernadores y en las derrotas parlamentarias. Pero debe decirse que tanto en el voto de los legisladores de los partidos que le habían sido afines, como en los posteriores reordenamientos políticos, se privilegiaron intereses y sentimientos personales y de facción sobre las necesidades del país. A calificadas opiniones les faltó ponderación y una visión más comprehensiva y equilibrada. En ellas parecía no considerarse que este gobierno ha concretado logros muy importantes en el plano fiscal, el combate a la inflación, la caída de la pobreza, la desregulación y la seguridad.

    La corrida sobre las reservas solo podía ser detenida mediante un golpe de confianza. Este se logró mediante dos acciones de impacto inmediato. Se llevaron a cero las retenciones a las exportaciones de granos hasta que se acumularan 7000 millones de dólares -objetivo alcanzado en solo tres días- y las de carnes hasta el 31 de octubre. Obviamente, se cortó el drenaje y el Banco Central se pudo hacer de dólares, acrecentando las reservas y disminuyendo el riesgo de su agotamiento. Pero el impacto sobre la confianza se multiplicó cuando el gobierno de los Estados Unidos se comprometió a asistir al de la Argentina en sus necesidades de pagos y en la defensa de sus reservas. Este apoyo, que había sido informalmente prometido por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en una visita a nuestro país, fue rotundamente confirmado por el presidente Donald Trump el martes último en Nueva York, durante el encuentro que mantuvo con Milei y el ministro Luis Caputo.

    Los mercados reaccionaron positivamente y en forma inmediata. El riesgo país cayó más de 500 puntos básicos en correspondencia con la valorización de los bonos soberanos. Las acciones de compañías argentinas recuperaron los valores que habían perdido anteriormente. La cotización del dólar cayó a los niveles de dos meses atrás y las tasas de interés comenzaron a bajar. Volvió la calma y desaparecieron las presunciones de una crisis destructiva del Gobierno. El monto de la ayuda se estableció en 20.000 millones de dólares que estarán disponibles el 24 de octubre. El procedimiento por aplicar estará condicionado a que no se requiera aprobación parlamentaria y que se concilie con las normas de ambos países.

    La angustia se ha disipado y han desaparecido los pronósticos de una crisis política inminente. La oposición kirchnerista y la izquierda emergen con consignas del tipo “Patria sí, colonia no” o “Braden o Perón”. Otras voces más moderadas dejan ver su disgusto preguntando cuál será el costo de este favor. Lo cierto es que el apoyo del presidente Trump está en línea con el trato especial que ya le había dado a Milei en más de una oportunidad. Se trataría de una retribución por el acompañamiento que el presidente argentino le dio en los temas internacionales, incluyendo las votaciones en Naciones Unidas. La Argentina se presenta como un aliado de los Estados Unidos en una región en la que prácticamente el resto de los países están gobernados por críticos de su presidencia y de su política exterior. Más allá de las ideologías y los sentimientos, esta suerte de blindaje contra una crisis que podría haber producido un enorme daño a nuestro país, pasa al haber de Milei.

    Sin inminencias angustiantes, es hora de reflexión. El presidente Milei deberá enmendar su comportamiento asumiendo la responsabilidad y el deber del honor del cargo que ocupa. Este cambio debería comenzar por un pedido de perdón a todos los que fueron agraviados. Las denuncias de corrupción deben ser investigadas a fondo por la Justicia con pleno apoyo del Ejecutivo, cualquiera que sea el resultado. Sobre la base del Pacto de Mayo, debe recomponerse un acuerdo político entre las fuerzas democráticas y afines a las ideas de la libertad. Sobre esta base deberá asegurarse la ejecución de las reformas pendientes o aún incompletas. Esto requerirá de mayores esfuerzos en la construcción de consensos con las otras facciones políticas, entendiendo que estamos frente a una oportunidad cierta de transformación, Deberá evitarse la búsqueda de atajos al poder destruyendo al que lo ejerce. Similar exigencia patriótica cabe para los grupos corporativos que, por sostener o recuperar privilegios, pueden transformar en fracaso esta oportunidad. Debe primar la mesura junto con un espíritu constructivo que aleje cualquier nueva amenaza a la estabilidad.