El papa Francisco confirmó que el cura argentino José Gabriel Brocheroserá canonizado en el Vaticano el próximo 16 de octubre, en el marco del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. De esa manera, se convertirá en el primer santo nacido y muerto en el país.
El Sumo Pontífice, que presidirá la ceremonia, dio a conocer la fecha luego del Consistorio Ordinario Público que encabezó esta mañana en Roma junto a cardenales en el Vaticano. También se confirmó que la Madre Teresa de Calcuta será canonizada el 4 de septiembre.
Francisco autorizó en enero a la Congregación de las Causas de los Santos al publicar el decreto que aprueba el segundo milagro atribuido a Brochero: el caso de Camila Brusotti, una nena que se recuperó de lesiones que la habían dejado al borde de la muerte.
El sacerdote argentino, nacido el 16 de marzo de 1840 y fallecido el 26 de enero de 1914, fue beatificado en septiembre de 2013, en una celebración presidida por el cardenal Ángelo Amato de la que participaron unos 200.000 fieles, en el pueblo que lleva el nombre del sacerdote que había sido declarado «venerable» por Juan Pablo II en 2004.
El primer milagro certificado de Brochero fue el de Nicolás Flores, un chico de 11 meses que había quedado al borde de la muerte tras sufrir un severo accidente de tránsito. La criatura llegó a tener tres paros cardiorrespiratorios y recuperó en meses, sin intervención quirúrgica, su masa encéfalica. En septiembre del año pasado, una junta de siete médicos determinó que «no hay explicación científica» en el caso de la niña de San Juan, Camila Brusotti, recuperada de múltiples heridas que derivaron en un infarto masivo en el hemisferio cerebral derecho.
Por tal motivo, se determinó su segundo milagro y se dio por cumplido el primero de los cuatro pasos que se necesitan para que el cura Brochero sea declarado santo. En noviembre, el proceso de canonización del beato argentino fue analizado por una junta de teólogos que certificó la intercesión del religioso en el suceso, es decir, que el milagro alegado se realizó efectivamente mediante oraciones a él y no mediante oraciones simultáneas dirigidas a otro santo ya establecido.
El primer santo oficializado por el Vaticano y nacido en Argentina fue San Héctor Valdivielso Sáez, también conocido como San Benito de Jesús (1910-1934), que a los cuatro años fue llevado por sus padres a España donde fue ejecutado durante la Revolución de Asturias, previa a la Guerra Civil Española. Fue beatificado el 29 de abril de 1990 por el papa Juan Pablo II y canonizado el 21 de noviembre de 1999 por el mismo pontífice.
Fue una defensora implacable del uso correcto del idioma y un puente de comunicación entre LA NACION y sus lectores. Lucila Castro, que falleció ayer, a los 73 años, ejerció su vocación docente en todos los ámbitos en los que actuó.
Profesora en Letras, con orientación en lenguas y literatura clásicas, se formó en la Universidad de Buenos Aires. Lejos de defender posiciones estáticas en el empleo de la lengua española, estaba abierta a la incorporación de nuevos vocablos y expresiones sin perder rigor en el buen uso del idioma. Cuando, por ejemplo, la Real Academia Española promovió la supresión de tildes y la eliminación de las letras «ch» y «ll», consideró que no se trataba de cambios en la lengua, sino de simples modificaciones de ortografía.
Había nacido en Buenos Aires en 1943. Luego de trabajar en el diario La Opinión y en otros medios, se incorporó a LA NACION en 1977, como colaboradora en la revista dominical y, luego, en el suplemento Cultura. Fue subeditora de la página de Opinión y en 2004, tras la muerte de Octavio Hornos Paz, tomó a su cargo la columna «Diálogo semanal con los lectores», espacio que, como los informes que presentaba en las reuniones de editores para señalar errores idiomáticos, constituía un ateneo de formación para muchos periodistas. Esa columna fue premiada por la Academia Argentina de Letras por «la defensa de la corrección y la claridad de nuestra lengua».
Profesora de Latín y Griego en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en el Colegio Nacional de Buenos Aires, se desempeñó como investigadora del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas, centro muy reconocido de esa casa de estudios. Ejerció la docencia en todos los niveles de enseñanza e integró el equipo de lexicógrafos que redactó el Diccionario Kapelusz de la Lengua Española. Disfrutaba de los libros, los juegos de lógica y de los animales.
Su inteligencia le permitía combinar el humor y la ironía más fina. En cierta ocasión, al atender la queja de un lector por un error, publicó cómo debía escribirse el término y añadió: «Parece que los periodistas ahora se han dado por enterados».
Muchas cosas básicamente buenas, positivas y genuinas tienen su lado oscuro y ese lado oscuro suele hacerse notar montado en los excesos y abusos fundamentalistas en el peor sentido de la palabra. Uno de esos fenómenos sociales son los nacionalismos. El orgullo nacional, el asumir un origen étnico, racial, religioso y cultural que ostenta características propias, diferentes y distintivos, no tiene nada de malo ni de negativo pero si ese sentimiento colectivo se exacerba, se desbarranca por la pendiente de la soberbia y desemboca en la creencia de ser superior a otros colectivos, puede producir conflictos, guerras civiles, genocidios y demás desgracias.
La historia mundial está plagada de ejemplos siniestros de catástrofes sociales desatadas en nombre de religiones, colores, razas y castas presuntamente superiores y que despiertan en los poderosos el ansia de “soluciones finales” que incluyen el exterminio y la aniquilación total del enemigo. La ambición de poder de los pueblos cuando llegan a ser imperios hegemónicos es inconmensurable y crea la necesidad imperiosa de fabricar armamento lo más mortífero que sea posible y sobre todo so pretexto de defender la nacionalidad y los valores patrióticos del modo de vida de la potencia más poderosa (que siempre se supone que es la mejor sino la única) se crea la hipótesis del “eterno enemigo”, Lucifer, Satanás, el Yeti, el demonio de Tasmania, llámese sionismo, comunismo, capitalismo, agnosticismo, materialismo, anarquismo, islamismo, homosexualismo, poder negro, sexismo, feminismo, machismo o cualquier chivo expiatorio a elegir.
La raíz de todos los males es el miedo, el miedo irracional a ver en el otro el destructor de nuestros valores, de nuestro modo de vida. Y cuanto más minoritario es el enemigo peor será la represión, el castigo y el exterminio. Y siempre ondeará por sobre las batallas y el derramamiento de sangre la bandera, los símbolos religiosos y la invocación estentórea del nombre del dios elegido para ser el depositario del holocausto.
Divididos en bandos irreconciliables los seres humanos invadimos ó somos invadidos y tras guerrear y destruir, a veces siglos después, vienen los armisticios, los acuerdos, los pactos, la división generalmente arbitraria de territorios que al cabo de un tiempo ganarán o perderán valor estratégico según las necesidades de cada época. Donde había estériles arenales puede que brote petróleo, donde había selvas tupidas y buenas posibilidades de conservar especies, flora y fauna pueden aparecer caballeros cruzados armados de sierras eléctricas para proceder a talar árboles, matar animales cuyas pieles lucirán en forma de tapados y estolas en las vidrieras más exclusivas de todos los shopping del mundo y como si todo esto no bastará para que el negocio cierre mejor se producirán mezclas caóticas anulando fronteras, igualando artificialmente a países muy desiguales y se tratará de anular los nacionalismos que produjeron las contiendas metiendo en una sola comunidad territorios muy diferentes olvidando antiguos rencores sin saber que los daños colaterales de tanto revoltijo más temprano que tarde harán abrir las viejas heridas que fertilizarán los nuevos odios, los nuevos fundamentalismos y las viejas ansias de segregación racial y territorial.
En este movimiento pendular de extremos que van de la pequeña aldea a la aldea global, una con ideologías fuertemente retrógradas, la otra marcando el fin de las ideologías tirarán abajo muros berlineses para que cuando el festejo termine se vuelvan a levantar murallas contra las que se estrellarán las grandes víctimas de tanto horror; miles de personas buscando la única gloriosa nación que los seres humanos merecemos: la patria chica donde haya trabajo, techo, comida, educación y salud, esa tierra, ese lugar en el mundo que muchas veces no es el de origen sino el del corazón.
a particularidad define cualquier charla con Daniel Barenboim: no se puede dejar de hablar de música. Pero hacerlo trae consigo la posibilidad de hablar de algo que la trasciende: desde la política internacional hasta el poderío del silencio. La música es la matriz de su pensamiento, el campo de fuerzas a partir del cual mide el mundo.
Barenboim -a quien esperan aún tres conciertos en el Colón, dos con Martha Argerich y uno con el tenor Jonas Kaufmann- llegó a LA NACION con un puro en la mano. Su simple presencia pareció detener el tiempo. En su caso, el humo no interpone, como creía un poeta, una distancia con el mundo; más bien, sirve para concentrarlo. El maestro compromete al interlocutor, lo obliga a seguir el curso de su inteligencia en movimiento, a estar alerta.
De regreso una vez más en Buenos Aires, se siente en casa. «Argentina es el único lugar donde no soy extranjero».
Barenboim pertenece a una especie en extinción: la del músico pensador, la de aquel que completa el sentido de su arte en el territorio de la cultura. En lugar de hacer música como vive, Barenboim vive como hace música. Eso les corresponde a unos pocos.
-¿La causa de sus frecuentes visitas es sentimental?
-Fui viniendo a Buenos Aires un poco más a menudo porque me daba mucho placer y a través de los años me di cuenta de que debe haber algo relacionado con la edad. A medida que uno se aleja de la juventud, el pasado adquiere una importancia más grande. Uno se da cuenta de que tiene más ayer que mañana, y entonces el ayer tiene otra importancia. Además, estuve y estoy muy desilusionado por la situación en Medio Oriente. El único otro país en el mundo donde nunca fui un extranjero, y no soy extranjero, es Israel. Estoy muy feliz y agradecido de que me reciban muy bien en todas partes, pero soy extranjero en Berlín, fui extranjero en París y en Chicago. Pero en la Argentina no. Y en Israel tampoco, aunque estoy desilusionado por cómo van las cosas. Por eso, el sentimiento de querer estar ahí es mucho más débil.
-Pero la Argentina no es sólo el país de su pasado. Usted está bastante al tanto de lo que pasa políticamente. Incluso, se reunió hace unas semanas en Berlín con el presidente Macri y hablaron de algo que fue después muy discutido: la posibilidad de que el país reciba refugiados sirios.
-Sería muy arrogante de mi parte decir que conozco la política interna de la Argentina en detalle, pero sí tengo una idea de lo que me gustaría que el país representase en el mundo. Todas las personas de otros continentes que vienen a la Argentina dicen: «Buenos Aires es la ciudad más europea fuera de Europa». Eso no es sólo una cosa que tenga que ver con la arquitectura. La cultura… El número de librerías que hay es más grande que en cualquier otra ciudad. Eso es muy especial. Y en la cuestión de los refugiados sirios la Argentina tiene una posibilidad y un derecho de asumir una responsabilidad. El hecho de que en el país haya tres comunidades sirias, la musulmana, la cristiana y la judía, significa que hay una comunidad grande o tres comunidades más pequeñas que tienen algo que ver con el problema. Y el problema de Medio Oriente, y en particular de Siria, no es un problema sólo de Medio Oriente, ni siquiera de Europa. Alemania sola y Europa sola no pueden resolver el problema de los refugiados porque es global. El que no se ponga ahora a encontrar una solución para ese problema va a sufrir más tarde.
-¿Cuánto y cómo cree que influirá la escalada de atentados?
-Sería muy ingenuo decir «ya hicieron eso y ahora se va a parar todo». No hay una garantía. Vienen muchos refugiados, entre ellos gente muy bien, gente mucho menos bien y terroristas. Y la cuestión es la proporción. ¿Se quiere resolver el problema de los refugiados y hay que hacerlo? Ése es el peligro y tenemos que contar con eso. ¿Cerramos las puertas a todos? Entonces se vuelven todos enemigos.
-Varias veces usted insistió en que algunos compositores tenían piezas que eran un poco su diario personal. Es el caso de Mozart con los conciertos para piano y las óperas; el de Beethoven con las sonatas y los últimos cuartetos, y el de Schubert con los lieder, las canciones. ¿Cuáles son esas piezas en las que deberíamos buscarlo a usted?
-Cuando lo menciona así me siento cansado, pero cuando lo hago no? mejor así que al revés. Mire, yo sufro de un exceso de curiosidad. Mi papá, que fue mi maestro, siempre me dijo que la curiosidad es el principio del conocimiento. Sin curiosidad no se adelanta, no se progresa y no hay conocimiento. Y prefiero pecar por un exceso de curiosidad que por una falta de curiosidad. Por eso no tengo un diario íntimo, así, de repertorio. Tengo obras que me acompañan toda mi vida, como las sonatas de Beethoven. También obras de Debussy, Wagner y otras que me interesaron mucho en algún momento y las hice a menudo, y luego las dejé porque las prioridades iban por otra parte.
-¿Qué es lo que más le gusta de tocar con Martha Argerich?
-Adoro tocar con ella y la adoro a ella. Estoy muy contento de haber llegado a una edad en la que lo puedo decir abiertamente con el mundo tecnológico y que la gente no piense otra cosa. La quiero mucho desde hace muchos años; la conozco desde 1949. Es una de las artistas más grandes que hayan existido. Tiene una facilidad única, evidente incluso para un sordo. Y en los últimos años en los que tuve el placer de tocar más juntos he aprendido a admirarla aún más.
-Muchas veces usted se refirió a la importancia que tuvo en su vida la filosofía de Spinoza. Hablar del pensamiento de Spinoza es hablar también de la importancia de la razón y de cómo puede salvarnos. Recuerdo que en algún pasaje de su autobiografía usted dice que la razón puede salvarnos del suicidio. Pese a que vivimos en un mundo completamente racionalizado, sin embargo, parece que esa razón cada vez nos rige menos…
-Perdóneme, pero nuestro mundo no está tan racionalizado…
-Tecnificado, en todo caso.
-Tecnificado sí, pero racionalizado no. Porque lo racional de Spinoza está ligado al conocimiento, no al conocimiento de datos, a conocimientos técnicos. Cualquier niño de 4 años sabe cómo funciona Internet. Pero el porqué, no; el porqué necesita una reflexión. Spinoza habla muy claramente de los tres grados de conocimiento. Uno se levanta a la mañana y ve que el sol sube a las 5.17 de la mañana y cae a las 7.22 de la tarde. Lo sabe, pero eso no es conocimiento. Uno mira lo mismo todos los días ¿y qué pasa? Ve que el sol se levanta cada vez un poco más tarde y cae un poco más temprano. Eso ya es un grado más grande de conocimiento, pero el primero era información, esto es observación. ¿Es conocimiento eso? No. El verdadero conocimiento es cuando uno conoce y entiende la esencia. El cómo y el porqué. Nuestra vida, que está tan facilitada por tantos desarrollos extraordinarios de la tecnología sin los cuales yo no quisiera vivir, lleva a una tecnologización y a un automatismo que es contrario, justamente, al conocimiento.
-¿Qué es el silencio?
-Es probablemente lo más complejo que existe en la música, porque el silencio está en permanencia, está aun antes de empezar. Pero el silencio es como alguien que te persigue y hace con vos todo el camino. Porque si no mantenés una nota hasta el final, se te cae. ¿Y dónde se te cae? En el silencio. Hacés un crescendo enorme como en el último tiempo de la Novena sinfonía de Bruckner y la orquesta chilla, grita y uno no da más: cortás el acorde y el silencio es aún más fuerte. Hay mucha gente que no lo entiende. Piensa que el silencio es «antes», «después» y «de vez en cuando», o «entre», como si fuese una coma o un signo de exclamación. No. El silencio es parte integral de la música. El silencio es para el sonido como la ley de gravedad.
Una reverencia en la hora pico
Igual que en la calle, las seis de la tarde es la hora pico en la Redacción del diario. Justamente en ese momento llegó Barenboim. Por el set del ciclo Conversaciones pasan todos los días, todas las semanas, muchas figuras de la política, el espectáculo, el deporte y la cultura. Pero ninguna logró lo que la presencia del maestro argentino: suspender momentáneamente la preparación del diario para escucharlo con ánimo reverencial. No era sólo respeto, sino también una mezcla de admiración y cariño.
PLATA.- Tras 40 años de espera y de reclamos, comenzó a regir ayer el boleto estudiantil gratuito para alumnos primarios y secundarios de esta provincia. Los estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) deberán esperar a mediados de mes para acceder al beneficio.
La vigencia de este beneficio marca un hito en la lucha estudiantil, ya que el boleto gratuito motivó cientos de marchas e incluso el secuestro y la muerte de estudiantes durante la La Noche de los Lápices, hace cuatro décadas.
Ayer, el debut fue un tanto confuso para los usuarios: hubo pasajeros que pagaron sólo un tramo del trayecto. Otros pagaron el viaje entero y otros no abonaron ni un centavo. La falta de información de los padres de los alumnos y de los conductores de los colectivos fue uno de los escollos en la primera jornada. Aunque hubo satisfacción entre los beneficiarios que lograron «ahorrar» el valor del boleto.
La medida alcanza a casi 4 millones de jóvenes: 2,2 millones del nivel primario, 1,6 millones del secundario -de escuelas públicas y privadas- y 110.000 estudiantes de la (UNLP).
Para el gobierno provincial, la iniciativa significa una inversión de $ 143 millones porque subvenciona el boleto gratuito para 131 líneas provinciales. Las líneas locales prestarán el servicio gratuito en tanto y en cuanto los intendentes adhieran y asuman el costo.
El ministro de Infraestructura, Edgardo Cenzón, explicó a LA NACION cómo es el nuevo sistema: «En el caso de alumnos de nivel inicial y primario, en esta primera etapa viajan con guardapolvo o uniforme de la institución a la que asisten. En el caso de los secundarios, hasta hoy, los alumnos viajaban con un carnet que tramitaban en la línea que utilizan».
«En esta primera etapa con ese mismo carnet podrán obtener el beneficio. Quienes aún no hayan tramitado su pase pueden solicitarlo en la cabecera de la línea provincial con su DNI y su certificado de alumno regular», añadió el funcionario.
«Para mediados de este mes -cuando comiencen las clases universitarias- esperamos tener implementado el sistema. Los alumnos deberán ingresar con su usuario y contraseña en la Web de la universidad. Podrán registrarse y acceder al beneficio los alumnos regulares que hayan aprobado dos materias en el período anterior y que no posean sanciones ni título universitario previo», anticipó Cenzón.
Para los padres y alumnos, el sistema aún es confuso: Jésica, alumna universitaria y mamá de dos chicos en edad escolar -Álvaro y Kiara-, ayer estaba aturdida en la parada de colectivos de plaza San Martín, en el centro de esta ciudad. «A la mañana me cobraron el boleto de los nenes, pese a que tenían guardapolvo», contó ayer a LA NACION.
«A primera hora de la mañana pagué para venir desde el barrio San Carlos el valor previo a la gratuidad», añadió la mujer que lleva a sus hijos a la Escuela N° 1 de esta capital.
Al mediodía, LA NACION acompañó a la mujer y sus chicos al colectivo de la línea 307 para ir hasta 1 y 38. «Ojalá no me cobren?, no tengo más plata», dijo Jésica mientras subía la escalera del colectivo. El conductor avisó: «Escolares gratis». Álvaro y Kiara no pagaron. Jésica, que es alumna de la UNLP, sí abonó su viaje.
«Ayer me metí en la página de la facultad y no había nada para tener el boleto gratis», explicó la mujer, mientras sus chicos se acomodaban. Alberto Goya, conductor del colectivo, contó que la línea 307 le había dado instrucciones claras a los choferes: «Nos informaron que los chicos con guardapolvo no pagan. Los secundarios con carnet tampoco». Otros choferes tenían una versión distinta: Ezequiel, de la misma línea, no sabía que no debía cobrar el boleto a Bautista, un niño de 8 años que ayer se subió a otro 307 con su mamá. «Nos nos informaron nada», afirmó a LA NACION.
La línea 307 es una de las 131 empresas provinciales que están alcanzadas por el beneficio, según informó el Ministerio de Infraestructura. Hasta el momento, sólo las comunas de Berisso, La Plata y Pilar han manifestado su intención de adherir al sistema para que las líneas locales no cobren el boleto a sus usuarios.
El gobierno bonaerense aclaró, además, que «acceden al beneficio los alumnos de escuelas privadas con aporte del Estado. En esta etapa viajan con el uniforme de la institución a la que asisten».
Entre los usuarios la iniciativa es bienvenida: «No estaba enterada, pero es una buena noticia», dijo Valeria Fernández, madre de Milagros, que cursa 5° grado en la Escuela 32 de esta capital y viaja todos los días desde Arturo Seguí, a 20 kilómetros.
«Mañana (por hoy) voy a ir a hacer el trámite», anticipó Martina Coriogliano, alumna de nivel secundario del Colegio Centenario, que sabía que ayer comenzaba a regir el beneficio. «No siempre llego con la Sube. Es una buena noticia», manifestó Alita Fuma, mamá de Francisco y de otros cinco chicos que estudian en la Escuela N° 1. «Es bueno…, a veces mando solos a mis hijos porque no tengo ni para el micro», concluyó.
A quiénes beneficia este nuevo sistema
El boleto estudiantil rige para las líneas de colectivos provinciales. Los alumnos de jardín y primaria deben identificarse con el guardapolvo o el uniforme de la institución a la que asisten
Los estudiantes secundarios deben tramitar un pase en la cabecera de la línea provincial con su DNI y su certificado de alumno regular
Los alumnos de la UNLP deberán registrarse en la Web universitaria. Acceden al beneficio los alumnos regulares que hayan aprobado dos materias en el período anterior y que no posean sanciones ni título universitario previo
En Córdoba, el boleto educativo gratuito alcanza a los docentes y personal de apoyo de todos los niveles durante el ciclo lectivo. En la capital de Tucumán es sólo para alumnos de jardín, primaria y secundaria estatales.
«Todos caímos en la trampa de creer que con el fin del kirchnerismo, sobre todo del cristinismo con sus delirios y su prepotencia, gran parte de nuestra vida política estaba resuelta. Una versión moderna del muerto el perro se acabó la rabia. No somos ingenuos, sabíamos que iba a ser difícil, pero confiamos en que cruzar a la vereda de lo institucional y lo políticamente racional nos abriría las puertas al mundo. Quizás fue un primer paso, pero el mundo no necesitaba de la Argentina”.
La reflexión fue realizada por un hombre del Ministerio de Economía que vive el día a día de lo que allí está ocurriendo. La fuente se queja de la trascendencia que se le ha venido dando a las internas entre funcionarios del ala económica del Gobierno y asegura que son roces normales en una gestión que se ha venido complicando. “Tanto (Federico)Sturzenegger como (Alfonso) Prat-Gayestán haciendo lo que creen correcto y todos los que se quejan por la falta de resultados en la llegada de inversiones deberían recordar que se peleaban por el puesto de Alfonso, pero cuando el puntero se acercaba y las chances parecían reales miraban para otro lado. Prat-Gay es la persona más capacitada para el puesto, si hay demoras en los resultados, debimos habernos preguntado antes por qué creímos en forma acrítica que el mundo vendría a invertir su dinero en un país que, al menos en los últimos cuatro años, fue un circo y una catástrofe en materia de indicadores macroeconómicos. En eso sí nos dejamos llevar por el entusiasmo”.
En la vereda de enfrente hay de todo. Críticos y operadores, pero también gente valiosa que supo advertir con cierta anticipación que el rumbo no terminaba de cerrar por errores de cálculo inicial que impidieron hacer un mejor diagnóstico del estado de la economía argentina.
Veamos algunas de estas fallas en el diagnóstico: en primer lugar, el Gobierno subestimó la realidad. No tenía el pulso correcto de la dimensión de la catástrofe que heredó del kirchnerismo. Así, cuando se tomaron las primeras medidas y se decidió modificar el tipo de cambio, se asumió que toda la economía se estaba moviendo en base a un dólar que rondaba los $ 15 y se avanzó en ese sentido. Un industrial que conoce muy bien lo que ocurre en el interior del país recuerda haber advertido que “se debería haber utilizado un criterio más federal ya que un sector importante de la economía productiva aún giraba en torno a un dólar de $ 9”. El caso de los insumos importados es un buen ejemplo. Por eso el rebrote inflacionario fue inevitable.
En segundo lugar, el Gobierno creyó que con la salida del default comenzarían a llover los dólares. Sobre la base de esta ilusión se aventuró a utilizar todo su margen político para dar de entrada y todas juntas las malas noticias (ajuste, sinceramiento, tarifazo, etc.). Pero el colchón verde que hubiera permitido pasar el trago amargo con mejores perspectivas nunca llegó.
Los funcionarios no comprendieron que era un riesgo demasiado grande darle a la gente un baño de realidad tan brutal sin esperar a que la economía esté funcionando o, al menos, dando las primeras señales de recuperación.
En ese caso, otra hubiera sido la historia. Ese era el plan que, bajo la muletilla del bendito segundo semestre con que el Gobierno batió el parche durante la primera parte del año, finalmente nunca llegó.
En el acto de ayer en La Rural–que marcó la vuelta del jefe de Estado a ese ruedo visceralmente despreciado por el kirchnerismo–, Macri reafirmó su política de apoyo al campo.
Más allá de los aplausos que le prodigaron desde las tribunas, la realidad es que las economías regionales aún no repuntan ya que, por ejemplo, al productor de soja, al que por un lado se lo benefició con la devaluación y la baja de retenciones, se lo ahorcó con la inflación que impacta directa y fuertemente en el costo de los insumos.
En el medio de todo esto se produjo la novela entre Macri y Marcelo Tinelli. La trascendencia que la dirigencia política vernácula le viene otorgando desde hace casi dos décadas a las idas y vueltas camaleónicas que Tinelli ha hecho y hace de su popularidad y la de su uso político es algo turbador que califica –debería decirse mejor descalifica– a esa dirigencia.
Lamentablemente, el Presidente no ha escapado a ese escenario patético. Es triste y preocupante imaginar que desde las esferas del poder se esté pendiente de lo que pase en un programa de humor.
Los problemas de la Argentina de hoy en día son la pobreza, la inflación, la recesión económica, la pérdida de fuentes de trabajo, la falta de inversiones, la inseguridad, la mala calidad de la salud pública, los déficits de la educación, la falta de infraestructura, y una larga lista de etcéteras a la que no solucionará el armisticio Macri-Tinelli. Como decía Dario Fo: “La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos”.
Con Borges no se puede. Buscan enterrarlo y no hay caso. Ahora, a 30 años, Beatriz Sarlo recoge el testigo que Witold Gombrowicz arrojó desde el paquebote de su partida en 1969. Sus huérfanos escribas clamaban desde la dársena les tirara un último consejo y al áspero polaco no se le ocurrió mejor adiós que dejarlos turulatos:
–Maten a Borges.
Esta sentencia parricida inútil suele pulsar en los talleres literarios pero muere en su intento. Estos días el ojo polifemo de Beatriz Sarlo lo volvió a reanimar. Su notable instrumental social la deja siempre en la calle de enfrente. Ella confiesa que la poesía de Borges le resulta compleja y allí debe estar la madre del borrego. Visualizar Borges desde la sporca política de nuestro revisionismo es tarea fallida. ¿Ver de entrarle con cuchillo crítico para “matarlo” y dejar pasar a los retenidos por su genio? Suena a chiste. Nunca en otros mundos se propusieron matar a Shakespeare a Cervantes o a Tolstoi. La literatura de los pueblos se renueva sin envejecer. Que el autor del Quijote recaudara impuestos, Tolstoi tuviera siervos o el Big Willy fantasmal esté envuelto en maledicencias mil, no explican sus obras. Para la sociología dos mas dos son cuatro mientras la poesía mantiene su amor por el cinco.
Insistir en clavar la mariposa Borges en la pared del dogma social es tiempo ocioso. Las ideas últimas de Borges eran las de un ácrata sublimado que solo ponía bombas en sus frases y jamás urdió plan alguno para mejorar la realidad urbana. Lo suyo fue intentar tomar el Palacio de Invierno de la Mitología, o, al menos, vivaquear en el pasado para traernos traducidos los cuentos y leyendas de Occidente y de Oriente. En cuanto a “lo argentino” propuso un destino universal a una sociedad sin cultura precolombina indagando e interpolando como pocos en nuestras poéticas del campo (Ascasubi) y del barrio (Carriego) Su prosa entretejió temas de allá y de acá hasta replicar el asesinato de Julio César en la pampa y cerrarlo con un “Pero, che…”Lo cual sí supo ver claro Sarlo al apuntar que era “un escritor bifronte que fue al mismo tiempo cosmopolita y nacionalista”. Aunque al precio de una lagrimita: “Su reputación en el mundo lo ha purgado de nacionalidad”. (Dicho esto con mi amoroso respeto por la gran Sarlo, quien me descoloca cuando afirma no poder entrar en la poesía de Borges “porque me resulta compleja” y por otro lado valorar “la luz perfecta de sus textos”)
Pero bien. Borges está cumpliendo 116 años. El calendario fraguado insiste en contar que pasaron treinta años del día en que se ocultó tras obituario y lápida. No tomo en serio el dato, aunque acepté, por elegancia social, rizar el rizo de la fecha y recordar algunos momentos en que como cronista observé al monstruo y recogí tinos y desatinos que siguen mas a mano de mi memoria.
Quiero decir que si realmente Borges murió (asunto incierto) y si estamos a treinta años de esa presunción, darnos a recordarlo puede ser borgeanamente un toque de ironía. Eso pretendieron estas cinco notas. Servir en su efeméride un trago de Borges. Bebida espirituosa y espiritual que como ninguna otra fortifica la perplejidad, bifurca el sentido y promueve sanitaria suspensión del juicio. Efectos, los tres, que contribuyen a la mejora del alma. Más en ácidos tiempos de peste, como éste, en el que no es seguro que se sepa bien quienes somos ni quien fue ese planetario argentino que fraguó como domicilio virtual tres metros cuadrados de Ginebra. Para ello se preparó. Fundó una nueva imaginería, nos cautivó, nos engulló y luego hizo como que se murió. Esta decisión la tomó en aquel día aparente de 1986. Pasados 30 años sobran pruebas de que el almácigo contiguo al de Calvino es fraguado y que Borges no “sobremuere” en ese camposanto como el periodismo divulga y los turistas aceptan.
¿Matar a Borges? No se lo propusieron Antonio Di Benedetto ni Juan José Saer, que brillan con impecable salud literaria a prueba de infundios. A mí se me da por imaginar (animista y maniático que soy) que Borges hizo “la del tero” en Ginebra y se recicló en invisible ballena voladora y que como tal mamífero inusual ocupa a su antojo librerías y bibliotecas del mundo. Que la pasa disparando asombro como Kafka angustia o Beckett estupor. A diferencia de Pessoa, Borges no eligió replicarse sino ser persona sucesiva en otros. El primer Borges en el que trasbordó, fue, como es sabido, el Otro. A esos dos Borges, siguieron millones mas. Cada uno destinado al sueño de su singular biblioteca final. En la que pulsa creciente formación de rémoras, de lapas, de satélites, de escribas periféricos, que quedaron fijados al infinito catálogo de sus espejos deslumbrantes y que para nada se proponen matarlo pues habitan en su interior.
No hay modo de escapar. Todos somos Borges. Desde el iletrado más perfecto del campo o la ciudad, no hay manera de abandonar su área de influencia. La que disparó ese díscolo genial que fue Gombrowicz, en su minuto final de Argentina ante sofocados apóstoles quedó en la nada. Otras posteriores, igual. Es que ¿quien va y mata a quien llevaba de la mano a su propio niño intacto preservado hasta el mismo instante de aparentar morirse? Al niño que no quiso dejar de ser y supo preservar de normas, cursilería, banalidad y los acosos de la adulterada adultez?.
Insisto: nadie como él para eludir las trampas y escombros de la banal y mortal cotidianeidad. Lo supo pronto y por eso, extendió su prolífica infancia, a nueve décadas. Creció en talla, calzó pantalones largos, conoció mujer (tal vez hasta bíblicamente), llegaron a vaciársele la mirada y apergaminársele la piel, pero del castillo de su inocencia inicial (esto es, de la eternidad) no salió nunca. Rechazó toda su vida obtener pasaporte de adulto y consecuente con su tozudez no se adulteró. Distante de todo contacto con la mismidad, al grosero fluir de la historia lo cambió por un mundo atemporal. Dedicó su genial curriculum a jugar con las muñecas de las fábulas. Y decidió para sí (nada menos) que la Creación lo fuera a su imagen y semejanza. Solo alguien precoz hasta morir podría hacerlo. Y George lo hizo.
BARCELONA.- «Hay hombres a los que recuerdas aunque nunca los hayas visto», reza la primera frase del manuscrito. Y a quien no vio jamás Carlos Fuentes, más que en la prensa, fue a Carlos Pizarro Leongómez, popularmente conocido como el «Comandante Papito», por su atractivo y éxito con las mujeres. El máximo dirigente y fundador del movimiento guerrillero colombiano M-19, que, adelantado a su tiempo, trocó las armas por las urnas.
De hecho, cuando fue asesinado a balazos por un sicario el 26 de abril de 1990, en un vuelo de cabotaje Bogotá-Barranquilla, Carlos Pizarro era candidato a la presidencia de su país por la coalición de centroizquierda Alianza Democrática M-19. Tenía sólo 38 años. El sicario, menos aún, 21. Se llamaba Gerardo Gutiérrez. Ajusticiado en el acto, en pleno vuelo, por los guardaespaldas del ex guerrillero, en su zapato se encontró una nota en la que reclamaba el pago de 2000 dólares a su madre por el trabajo cumplido. A quién sigue siendo hoy un enigma, si al narcotráfico, a grupos paramilitares o a oscuros actores políticos en las sombras que sacaban partido de la violencia.
Más de dos décadas y media después, aquel abortado proceso de paz en Colombia todavía no se ha resuelto, aunque ya parece encontrarse en su recta final, con la posible firma en los próximos meses de un acuerdo con las guerrillas de las FARC. Y quien jamás olvidó a aquel hombre que nunca había visto fue Carlos Fuentes, porque dedicó sus últimos veinte años de vida a escribir y reescribir -ensayando todas las formas posibles, desde la crónica y la novela sin ficción hasta la biografía novelada- su historia. A tal punto que el premio Cervantes 1987 trabajaba la enésima versión del manuscrito cuando lo sorprendió la muerte, el 15 de mayo de 2012.
Se trata de Aquiles o El guerrillero y el asesino, la novela póstuma del mexicano, que llegará en agosto a las librerías argentinas publicada de manera conjunta por Alfaguara y Fondo de Cultura Económica, con edición a cargo del académico peruano Julio Ortega. Y las razones de dicha dilación exceden las dificultades formales con las que se topó el autor de La región más transparente (1958) para contar la vida de Carlos Pizarro.
Más bien tienen que ver con el postergado desenlace de la historia que la convulsa realidad colombiana reescribía cada día, al igual que el escritor, desde los titulares de los periódicos. «La actualidad me gana. Es lo malo de escribir una novela sobre una situación política real», decía autor, según recordó su viuda, la periodista Silvia Lemus, en el cuarto aniversario de su muerte. En todo caso, ese pulso mano a mano con la actualidad parecía superado con el proceso de paz iniciado por las FARC y el escritor se aprestaba a poner un punto un punto final a su postergada novela cuando lo puso la muerte en su lugar.
Esfuerzos ganados
Inconclusa o no, la novela póstuma, a cuyas pruebas de imprenta tuvo acceso LA NACION, revela una obra largamente meditada y en absoluto menor, a la altura de las mejores novelas del mexicano, pese a su brevedad (poco menos de 200 páginas). Si Fuentes jamás vio a Carlos Pizarro en la vida real, sí lo hace en la ficción. La historia comienza con el narrador ubicado en el mismo vuelo de Avianca en el que se cometió el asesinato. Un narrador que si bien no es el Fuentes de carne y hueso que entrevistó a la madre y los hermanos y colegas de armas del guerrillero, sí fue director de la Revista Mexicana de Literatura, amigo de Gabo, Álvaro Mutis o Botero y se le parece mucho.
La identificación de Pizarro con el héroe homérico es completa e incluso extensiva a sus compañeros de guerrilla (Ospina es Cástor; Batemán, Diomedes, y así), al extremo de proponerse explícitamente el narrador cantar la cólera del Aquiles colombiano. Lo cierto es que el recurso también le sirve a Fuentes para mantener cierta distancia que la empatía generada por el carismático líder guerrillero y la identificación con los ideales revolucionarios dinamitan continuamente. Al respecto resulta significativo el flagrante silencio con el que pasa por alto el narrador los episodios más controvertidos de la vida de Pizarro, como la cruenta toma del Palacio de Justicia en 1985, que se saldó con un centenar de muertes.
Como sea, el autor de Terra nostra (1975) sortea con pericia el panegírico o la ingenua épica revolucionaria, para trascender el marco colombiano y plantear un complejo retrato de la violencia latinoamericana. Un retrato que reflexiona sin demagogia tanto sobre la legitimidad de ciertas reivindicaciones armadas como sobre la irrupción del violento negocio de la droga, el desmantelamiento del tejido social y las posibilidades concretas de la vía democrática en buena parte del subcontinente.
Si bien Fuentes llegó a leer el capítulo introductorio de Aquiles o El guerrillero y el asesino en el Festival Internacional de Roma en 2004 e incluso se atrevió a leer otro fragmento del cuerpo de la obra en la FIL de Guadalajara de 2007, al morir, en 2012, la novela no estaba acabada ni mucho menos. Ni siquiera el último manuscrito integrador de las diferentes versiones anteriores iniciado en 2008. Sobre esa base mecanografiada sólo en sus 70 páginas iniciales, el crítico y académico Julio Ortega compuso la versión presentada ahora siguiendo las indicaciones manuscritas del propio Fuentes sobre dónde y cómo introducir fragmentos de anteriores versiones en la definitiva. Por supuesto, el académico debió tomar muchas decisiones en el proceso, de las que da cuenta y razones en un exhaustivo estudio preliminar.
Si estaría o no conforme con el resultado final el autor de La muerte de Artemio Cruz (1962), es una cuestión que hoy resulta ociosa e imposible de resolver. Pero de lo que no cabe duda es de que el esfuerzo de Ortega bien valió la pena.