Categoría: Entrevistas

  • El paso del tiempo, el mejor aliado de la corrupción

    El paso del tiempo, el mejor aliado de la corrupción

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    Hace ya 262 años, el jurista italiano Cesare Beccaria escribió un texto sabio breve e iluminador al que llamó “De los delitos y las penas”. Allí abordó los tiempos procesales. Sostuvo que la pena debía seguir al delito con rapidez y que los procesos debían ser lo más breves posible. Su idea central era que la justicia tardía pierde eficacia y se vuelve injusta. O, en sus propias palabras, “cuanto más pronta y cercana al delito sea la pena, tanto más justa y útil será”.

    ¿Qué opinaría el marqués si analizara los tiempos y comportamientos del Poder Judicial argentino? ¿Qué diría al conocer que demoró apenas 18 años en cerrar el caso Antonini Wilson con una condena? Ha transcurrido tanto tiempo que ni siquiera están vivos los máximos responsables políticos -y acaso más que políticos- de aquel entramado delictivo: Hugo Chávez y Néstor Kirchner. Estamos ante la consolidación de una impunidad biológica, donde el paso del tiempo actúa como el mejor abogado defensor de la corrupción.

    Tanto o más preocupante es que el caso Antonini Wilson no es la excepción que confirma la regla, sino un ejemplo cabal de cómo funciona el Poder Judicial cuando debe abordar investigaciones sensibles, complejas o que involucran a poderosos. El caso Siemens comenzó en 1998, al igual que el caso IBM, pero ambas causas siguen inconclusas en los tribunales, al igual que las referidas a Skanska y a YPF, ambas de 2006, a las que podemos sumar los expedientes Hotesur (2014), Odebrecht (2016), Correo Argentino (2017), Cuadernos (2018) y tantos más.

    Tan irresolutivos son la mayoría de los tribunales argentinos que experimentamos la paradoja de no registrar condenas en investigaciones en las que sus propios protagonistas han admitido delitos urbi et orbi. Durante las últimas tres décadas, multinacionales como Siemens, Odebrecht, IBM, Ferrostaal, Ralph Lauren, Stryker Corporation, Helmerich & Payne, Ball, Biomet, Dallas Airmotive y Sterycicle admitieron en Estados Unidos que pagaron sobornos en la Argentina, pero ninguna de ellas registra una condena –o siquiera una multa- en el país.

    La situación orilla con lo pornográfico. Siemens, por ejemplo, admitió en Alemania y en Estados Unidos sus irregularidades en la Argentina. En ambos países debió abonar multas y someterse a auditorías, además de acumular ejecutivos condenados en Munich. Pero no solo eso. El otrora jefe financiero de la empresa en la Argentina viajó a Nueva York y se declaró culpable allí por lo ocurrido aquí. Y aún así, en los tribunales argentinos sigue impune, al igual que todos los demás acusados, que van muriéndose. Entre ellos, el expresidente Carlos Menem.

    Ante semejante panorama, cabe también preguntarse si estamos ante “fallas” en el sistema de administración de justicia o si en realidad el sistema está montado para garantizar la impunidad a los peces grandes. Resulta inquietante, sin ir más lejos, que no dotemos a los fiscales de recursos legales y herramientas tecnológicas para desentrañar las rutas del dinero sucio.

    Las estadísticas, los ejemplos y los indicios están allí para quienes quieran verlos. Ante el cúmulo de evidencias incriminatorias que surgió alrededor del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio “Chiqui” Tapia, y sus acólitos durante los últimos meses, por ejemplo, el primer objetivo de los principales acusados fue lograr que ciertos “jueces benévolos con el delito” quedaran a cargo de los expedientes más complicados. Y celebraron a lo grande cuando lo lograron.

    Sería injusto, por supuesto, quedarnos solo con lo que ocurre con algunos tribunales federales de Comodoro Py, donde trabajan los jueces y fiscales con jurisdicción y competencia para investigar a funcionarios nacionales por delitos contra la administración pública. Hay allí y en todo el país muchos magistrados y magistradas dignos, probos y trabajadores. Tampoco podemos perder de vista la relevancia y sensibilidad de tantos otros fueros, como el contenciosoadministrativo federal o el comercial.

    Del mismo modo, no podemos soslayar que decenas de miles de litigios previsionales se acumulan en los tribunales, sin obtener una respuesta satisfactoria y definitiva durante años -a veces, décadas-, mientras que miles de expedientes más se suman cada año, con el consiguiente perjuicio para aquellos que solo reclaman un derecho humano insatisfecho: justicia. La percepción social se nutre de la parálisis sistémica.

    Ese reclamo de justicia es el que también sobrevuela sobre expedientes sensibles que siguen su lento transcurrir en los tribunales, como los antedichos “Cuadernos” u “Hotesur–Los Sauces”, a los que debemos sumar el del memorandum con Irán. Pero dado el presente de nuestros tribunales, cabe preguntarnos cuándo llegará la etapa de definiciones para los expedientes que afectan al actual Gobierno, como el caso Libra o el caso Andis. ¿Acaso cuando Javier Milei deje el poder?

    Allá por 1963, el gran referente de los derechos civiles en Estados Unidos Martin Luther King fue arrestado en Alabama. Tras las rejas redactó la célebre “Carta desde la cárcel de Birmingham”, en la que ahondó en los mismos preceptos que dos siglos antes había abordado Cesare de Beccaria. “La justicia demasiado tardía -remarcó King- es justicia denegada”.

    Ojalá aprendamos los argentinos de los gigantes que nos precedieron.

    Fuente: La Nación

  • La difícil tarea de reformar el Estado

    La difícil tarea de reformar el Estado

    El crecimiento del costo del Estado para los argentinos tiene su expresión concreta en la evolución histórica del gasto público en su relación con el PBI.

    Si se realiza una mirada histórica y se incluyen los tres niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal) se observa que esa relación se mantuvo entre el 10% y el 12% del PBI hasta principios de la década del cuarenta. A partir del primer gobierno peronista, el crecimiento del Estado tomó un impulso mayor al de la economía y la Argentina comenzó a conocer y vivir con déficit fiscal, desborde monetario, inflación y endeudamiento público. Así supo lo que es llegar al default y la hiperinflación. En las últimas décadas, la sociedad se acostumbró a aceptar explicaciones teñidas de populismo y estatismo que desestimaban el exceso de gasto como causa primigenia de la crisis y la decadencia. Los desastrosos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, partiendo de un Estado sobredimensionado que ya en 2003 había llevado el gasto público al 29,4% del PBI, lo catapultaron al 47,3% en 2015.


    La presión impositiva fue incrementada a niveles asfixiantes durante la gestión kirchnerista, creciendo desde el 21% al 33% del PBI


    A pesar de eso los servicios del Estado se deterioraron mientras el número de empleados públicos aumentó en un 55%. La presión impositiva fue incrementada a niveles asfixiantes durante la gestión kirchnerista, creciendo desde el 21% al 33% del PBI. No obstante, los recursos no alcanzaron el mayor crecimiento del gasto y el déficit fiscal alcanzó a 5,1 puntos del PBI, a lo que debería sumarse el déficit cuasifiscal originado en el Banco Central.

    Con algunas correcciones durante la gestión de Mauricio Macri, pero nuevos retrocesos en la de Alberto Fernández, ese fue el panorama que encontró el presidente Javier Milei a fines de 2023. El Gobierno no tenía acceso al crédito y se estaba prácticamente en hiperinflación. El gasto público no podía cubrirse de otra manera que con impuestos, los que a su vez debían imprescindiblemente reducirse. Por lo tanto, se hacía imperativa una disminución del gasto público. Esta realidad valía y sigue valiendo tanto para el gobierno nacional como para las provincias y los municipios. Solo la mitad del gasto público de la Argentina se origina en el gobierno nacional; el 43%, en las provincias, y el 7%, en los municipios. El camino para reducir el gasto es un imperativo en los tres niveles.


    Se redujo de 15 a 9 el número de ministerios y de 106 a 54 el de secretarías. Esto permitió disminuir gradualmente en un 23% el personal de la administración nacional


    Los principios y criterios fundamentales de una reforma integral del Estado comprenden distintos aspectos: 1) La limitación del Gobierno a sus funciones esenciales: la Justicia; el poder legislativo; la defensa; la seguridad; las relaciones exteriores; la atención de los servicios sociales esenciales con un criterio de subsidiariedad y la administración de las regulaciones que resulten imprescindibles. 2) La aplicación del principio de subsidiariedad en dos sentidos: que no realice el Estado lo que puede hacer el sector privado y no asumir a nivel nacional las funciones que puedan tomar las provincias e igualmente estas con sus municipios. 3) La desregulación, tercerización y privatización de servicios y empresas con procedimientos de competencia y auditoría. 4) El rediseño y simplificación de organigramas de gobierno, reduciendo el número de niveles administrativos, suprimiendo funciones no esenciales, y eliminando duplicaciones y superposiciones. 5) La digitalización e introducción de la inteligencia artificial. 6) La incorporación de procedimientos de evaluación y remuneración por resultados, como se hizo, por ejemplo, en Nueva Zelanda. 7) La revisión del concepto de carrera y la ampliación del procedimiento de contratación por concurso, por tiempo determinado, en cargos jerárquicos.

    El Decreto 70/23 y la Ley Bases abrieron los espacios para llevar adelante la reforma a nivel nacional poniendo luego la responsabilidad principal en su ejecución en el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. Desde su creación estuvo a cargo de Federico Sturzenegger, quien no partió de un plan orgánico e integral de reforma, sino de un proceso evolutivo centrado en las desregulaciones y en la racionalización de la administración de los organismos descentralizados. Se redujo de 15 a 9 el número de ministerios y de 106 a 54 el de secretarías. Esto permitió disminuir gradualmente en un 23% el personal de la administración nacional.

    Las privatizaciones han avanzado con más lentitud. Las más relevantes, incluyendo varias en proceso, comprenden la empresa electromecánica IMPSA, los Corredores Viales, las presas hidroeléctricas del Comahue, AYSA, y el ferrocarril Belgrano Cargas. La Hidrovía ha enfrentado dos intentos, el último de los cuales está en desarrollo y merece un análisis más profundo. Existe el riesgo de un nuevo fracaso por serias deficiencias en el pliego que fueron observadas oportunamente por LA NACION en un editorial publicado el 15 de diciembre último.


    Los gobiernos provinciales y municipales deben encarar reformas de manera de superar la falsa premisa de que el Estado debe dar empleo cuando el sector privado no lo genera


    La preocupación oficial por actuar prioritariamente sobre los 111 organismos descentralizados y desconcentrados tiene sus fundamentos. En casi todos ellos se observan notables sobredimensionamientos injustificados de sus plantas de personal. Este fenómeno resulta más notorio en los organismos que han gozado de autarquía financiera sustentada en impuestos con destino específico. El Poder Ejecutivo dispuso por decreto la disolución de la Dirección Nacional de Vialidad y la Agencia Nacional de Seguridad Vial, transfiriendo sus funciones a la Secretaría de Transporte del Ministerio de Economía. Asimismo, decretó la transformación del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Con el fin de facilitar el redimensionamiento, se estableció un mecanismo atractivo de retiros voluntarios para el personal permanente. Estas acciones generaron resistencias gremiales, sectoriales y políticas. Los casos de eliminación y transformación más relevantes fueron suspendidos mediante una ley emanada del Congreso que derogó los decretos respectivos, considerando que el Poder Ejecutivo carecía de atribuciones para dictarlos.

    El Pacto de Mayo se propuso reducir el gasto público del país a un 28% del PBI. Hay todavía un largo camino que recorrer. Los gobiernos provinciales y municipales deben encarar reformas de manera de superar la falsa premisa de que el Estado debe dar empleo cuando el sector privado no lo genera. Cuando ese empleo es improductivo, y se paga con impuestos o con inflación, estos recursos se detraen del circuito económico y alguien pierde un empleo productivo. La reforma del Estado debe apoyarse y llevarse adelante como pieza esencial para el desarrollo y la derrota de la inflación.

    Fuente: La Nación

  • De Massa y Zamora a Toviggino y Tapia, un hediondo lodazal

    De Massa y Zamora a Toviggino y Tapia, un hediondo lodazal

    En distintas ocasiones nos hemos referido al régimen patrimonialista de Santiago del Estero, subordinado por años a la voluntad del exgobernador y actual senador nacional Gerardo Zamora. Han merecido nuestra atención también las escandalosas usurpaciones de propiedades rurales a manos de una organización supuestamente campesina como el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), con la venia de funcionarios públicos y hasta del propio presidente del Superior Tribunal de Justicia de la provincia.

    Cuestionamos también el manejo discrecional de la obra pública en Santiago del Estero. Sobreprecios financiados por una generosa coparticipación federal, complementada con aportes adicionales como el programa de “reparación histórica”, anunciado por el expresidente Néstor Kirchner y controlado durante años por Julio de Vido, destinados a obras de escasa rentabilidad social como edificios para oficinas públicas o viaductos para un coche motor sin pasajeros.

    No menor es el problema del narcotráfico, que condujo a que un juez federal de Córdoba describiera acertadamente a la provincia como un portaaviones para el aterrizaje de aviones cargados de drogas.

    Con miedo a perder sus empleos, muchos hablan en voz baja para evitar represalias. Otros no se animan a presentarse a licitaciones que suelen ser amañadas. Mientras tanto, muchos de los que ejercen cargos públicos no pueden justificar su elevado nivel de vida, al igual que una cohorte de proveedores del Estado que se enriquece con compras sin concursos ni licitaciones.

    A esa red conformada para usufructuar el presupuesto provincial en provecho propio se vincula a Pablo Toviggino, de quien Sergio Massa solía decir “Es hombre mío”. En sus orígenes un simple vendedor ambulante llegado desde Rosario a un barrio marginal de la ciudad de Santiago del Estero, hábil para expandirse bajo el control político del exgobernador, con aceitadas relaciones con su hermano, Daniel Zamora, a la hora de construir también un holding de empresas

    Fue a través de Toviggino como el actual senador Zamora se vinculó con el mundo del fútbol y sus negociados, utilizando fondos provinciales para el pago de sueldos y alquileres de las casas de futbolistas traídos desde otras provincias. No lo ha negado el exgobernador, quien ha defendido lo que califica como una política de Estado para ayudar a los clubes de la provincia. Se trata de políticas que, a lo largo de 20 años, convirtieron a Santiago del Estero en una de las tres provincias con los peores índices educativos y con el menor acceso a servicios sanitarios básicos. Entre 2020 y 2024, Zamora habría derivado más de 1000 millones de fondos públicos a Central Córdoba, el club de Toviggino cuyo tesorero era Luis Fiad, subsecretario de Presupuesto y Hacienda del Ministerio de Economía santiagueño hasta que Zamora concluyó su mandato. Fiad pedía la plata y él mismo autorizaba las remesas. Otro escándalo.

    Son varios los clubes de las distintas divisiones subvencionados con fondos de la Nación. La necesidad de justificar el Estadio Único Madre de Ciudades, construido por la provincia a orillas del río Dulce, condujo a decisiones arbitrarias de quienes manejan la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), en el armado de importantes partidos que incluyeron a la selección nacional y a clubes del área metropolitana de Buenos Aires, cuyos simpatizantes debían trasladarse a casi 1200 kilómetros de distancia.

    Los escándalos de la AFA que vinculan a Toviggino, tesorero de la entidad y mano derecha del presidente, Claudio “Chiqui” Tapia, con las irregularidades e ilícitos que se suceden en la provincia santiagueña, solo son posibles debido al deterioro de la justicia federal y a una justicia provincial sumamente dependiente, con muchos de sus integrantes actuando por años como interinos. A todo esto, se suma el disparate de negociaciones entre los gobiernos nacional y provincial que, durante años, concedieron a los gobernadores vital influencia en el nombramiento de jueces y fiscales federales.

    Terminar con la cultura de la impunidad y recuperar en la ciudadanía la confianza en el imperio de la ley vuelve los ojos a la justicia federal, pues lo que ocurre en Santiago del Estero se repite en el país con personajes escandalosos como el exjuez Walter Bento, en Mendoza, o el juez Alberto Lugones, quien estando a cargo de la Cámara Federal de San Martín durante la feria judicial resolvió en soledad trasladar la causa judicial sobre la suntuosa quinta de Pilar atribuida a Toviggino y Tapia, desde el juzgado en lo penal económico, a cargo de Marcelo Aguinsky, al juzgado federal de Zárate-Campana, a cuyo frente está el cuestionado Adrián González Charvay. El pedido del cambio de juzgado había sido solicitado por Luciano Pantano y su madre, Ana Lucía Conte, sindicados como testaferros del tesorero de la AFA, seguramente en la suposición de que estará en manos de un magistrado proclive a la tolerancia con la corrupción.

    Insólitamente, el juez González Charvay les ha pedido a otros dos juzgados que investigan el posible desvío de fondos de la AFA a empresas del extranjero vinculadas a Toviggino que “se inhiban de seguir entendiendo en esos hechos y remitan las actuaciones correspondientes en forma urgente” a su juzgado.

    Son múltiples las presunciones de delitos vinculados con los desmanejos de dirigentes de la AFA. Van desde el desvío y la triangulación de fondos a sociedades fantasmas en paraísos fiscales o a testaferros, hasta la emisión de facturas truchas por servicios nunca prestados, la retención indebida de aportes previsionales y la evasión de impuestos. En este hediondo lodazal, se asocian dirigentes del fútbol, sectores de la política y de la Justicia.

    Fuente: La Nación

  • ¿Sueños o pesadillas compartidas?

    ¿Sueños o pesadillas compartidas?

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    En el enorme cúmulo de ilícitos ligados a la administración fraudulenta de fondos públicos a los que ha asistido nuestra sociedad, sobre todo durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, algunos casos son más resonantes que otros. Dado el tiempo transcurrido, muchos están cerca de la prescripción; esto es, de quedar en la nada.

    La maniobra en torno de la construcción de viviendas en distintas provincias y en los municipios bonaerenses de Almirante Brown, Tigre y Ezeiza, que se adjudicaron sin licitación previa y con un cúmulo de irregularidades a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, ocupa un lugar destacado. En la causa conocida como Sueños Compartidos, iniciada en 2011, la fiscalía denunció que más de un 23% de los fondos transferidos para la concreción de las obras, que involucraron un total de más de 748 millones de pesos, no llegaron a su destino específico.

    Sergio y Pablo Schoklender -quienes cobraron notoriedad por el asesinato de sus padres, en 1981-, el exministro de Planificación Federal Julio de Vido y el tristemente célebre exsecretario de Obras Públicas José López, están entre los nueve imputados. Se los acusa de haber formado parte de una estructura delictiva entre 2005 y 2011. Los Schoklender son considerados “partícipes necesarios”, mientras que De Vido, López y el exsubsecretario Abel Fatala son señalados como coautores de la defraudación.

    A comienzos de este mes tuvo lugar la primera audiencia convocada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°5, con De Vido conectado vía zoom desde la cárcel donde cumple condena, y se leyeron los requerimientos de elevación a juicio tanto de la fiscalía como de la querella, a cargo de la Unidad de Información Financiera (UIF). El 25 de septiembre próximo, transcurrida más de una década de investigación, vencerá el tiempo legal de 6 años desde la elevación a juicio, por lo cual el tribunal optó por desdoblar la causa, posponiendo el tramo referido a lavado de dinero y avanzando con el desvío de fondos.

    De la lectura de las acusaciones surgen irregularidades como la ausencia de controles, la debilidad de las inspecciones y la falta de planes de trabajo ajustados a calendario. Varios de los acusados no quisieron declarar; De Vido negó categóricamente los hechos, tal como había hecho en la instrucción. La hipótesis, que en opinión de muchos es claramente una certeza, contempla que el dinero desviado habría ido a compañías y bienes de los Schoklender.

    Giros millonarios a empresas agropecuarias y bursátiles, adquisición de bienes a través de la firma Meldorek SA, inmuebles en La Plata y en CABA, una embarcación y vehículos, terrenos en José C. Paz y Pilar, y gastos suntuarios en Bariloche integran la lista de los desvíos. Noventa y dos son los testigos citados por la fiscalía, mientras que la UIF propuso 17 y las defensas de los Schoklender ofrecieron más de 120. El 11 de marzo empezaron a declarar.

    La defensa de Schoklender pidió su absolución alegando violación del plazo razonable para ser juzgado, dado que la causa se inició en 2011. En su versión de los hechos, apuntó contra Hebe de Bonafini, fallecida en 2022: “Estaba cooptada por Cristina, Parrilli, Zannini y toda esa runfla”, aseguró. En 2016, esta había sido declarada en rebeldía por haberse negado a someterse a indagatoria y quedó a punto de ser detenida. Con el vergonzoso estilo y falta de modales que le conocimos, afirmó: “No voy a ir a declarar, que Martínez de Giorgi se meta la causa en el orto (sic), no creo en esta Justicia, no cometí ningún delito”, acusando a López y a Sergio Schoklender de traidores. A su muerte la acción penal iniciada se extinguió.

    No faltaron a lo largo de las dos horas de declaración numerosas referencias de Schoklender a los corruptos manejos en tiempos de kirchnerismo. Incluso definió como “un curro” a la obra pública –enumeró distintos proyectos pagados que nunca se terminaron de ejecutar- y rescató la labor de Sueños Compartidos destinada a “construir ciudadanía” y brindar un “abordaje social” en referencia a las ayudas a la gente del barrio. “Él (por Néstor) tenía una lógica: todos roban, él robaba, él hacía robar, pero tenía límites, no se metía con los guardapolvos ni los comedores ni la fundación. Después de que él se murió, se desmadró todo”, explicó.

    Es tiempo de castigar con todo el peso de la ley todos los desmadres sin más dilaciones. Resultan inexplicables tantas demoras. Cuando la Justicia es lenta, deja de ser justicia y los sueños compartidos se convierten en pesadillas compartidas.

    Fuente: La Nación

  • La erosión de la confianza

    La erosión de la confianza

    Acorralado por los cuestionamientos de la sociedad, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, admitió finalmente que haber llevado a su esposa en el avión presidencial a Nueva York fue “un error” y “una pésima decisión”, al tiempo que pidió disculpas. Si de honrar la función pública se trata, correspondía que Adorni presentara su renuncia en forma indeclinable y que esta fuera inmediatamente aceptada por el presidente de la Nación, quien se ha desprendido de otros funcionarios por cuestiones mucho menos relevantes.

    Desatado el escándalo por la inapropiada decisión de permitir que la esposa del jefe de Gabinete, que no ocupa cargo alguno en el Gobierno, subiera al Tango 01, se escucharon justificaciones inadmisibles desde el oficialismo. Una de ellas partió del propio presidente Javier Milei, quien señaló que la adición de una pasajera en una plaza del vuelo que de otro modo hubiese quedado vacía no generó un costo adicional al Estado. El primer mandatario intentó así fallidamente enmendar una grave falta ética con un razonamiento matemático.

    Ningún funcionario puede ignorar las obligaciones que le impone la tantas veces olvidada ley de ética en el ejercicio de la función pública. Concretamente, el inciso g) de su artículo 2° dispone que entre los deberes y pautas de comportamiento ético se encuentra “abstenerse de usar las instalaciones y servicios del Estado para su beneficio particular o para el de sus familiares, allegados o personas ajenas a la función oficial, a fin de avalar o promover algún producto, servicio o empresa”. Según explicó el propio funcionario, su mujer, Bettina Angeletti, debía viajar a Nueva York por razones profesionales. El mismo artículo podría aplicarse a la sospechosa difusión que, más de un año atrás, le dio el primer mandatario a la criptomoneda que desató el escándalo $LIBRA, que hoy sigue golpeando al Presidente.

    Del mismo modo, resulta equivocado sostener que situaciones como la de la esposa del jefe de Gabinete no le generan perjuicios económicos al Estado. Uno de los activos más importantes para la llegada de inversiones y el desarrollo económico de la Argentina es la confianza, y la acción de Adorni, sumada a las sospechas en torno de su viaje a Punta del Este en un costoso jet privado junto a su familia y un amigo contratado por la TV Pública, solo contribuyen a erosionarla.

    Si bien es probable que lo sucedido pueda resultar menor frente a los millonarios escándalos de corrupción a los cuales nos tenía acostumbrados el kirchnerismo, no estamos ante una cuestión irrelevante, como pretenderían hacernos creer los escuderos de la gestión de Milei. Mientras el propio presidente de la Nación no se cansa de repetir que está dispuesto a terminar con los privilegios de la casta y proclama la moral como política de Estado, además de hacer un culto de la austeridad, un hecho como el comentado aquí termina socavando la credibilidad del Gobierno.

    En agosto de 2024, durante una conferencia que brindó siendo vocero presidencial, Adorni había anunciado un decreto, actualmente vigente, que prohibía los viajes particulares en aeronaves públicas. Especificó, incluso, que de esa manera se terminaría el “privilegio” de llevar familiares en vuelos oficiales. Y, más recientemente, hacia fines de febrero último, el propio Adorni, ya como jefe de Gabinete, firmó una decisión administrativa que restringe las comitivas oficiales en viajes al exterior. La contradicción entre esas disposiciones y la posterior inclusión de la esposa del funcionario en el avión presidencial es flagrante. Más irritativa aún fue la explicación original sobre lo sucedido que dio Adorni: “Vine a deslomarme a Nueva York y quería que mi compañera de vida me acompañe”. Una fundamentación disparatada y una falta de respeto a todo argentino que vive de su trabajo sin los privilegios de los que gozan algunos funcionarios públicos.

    La Argentina Week, realizada durante la semana última en Nueva York, estaba llamada a representar el retorno del país a la escena internacional, como un destino atractivo para los capitales extranjeros. Sin dudas, el interés que despertaron las exposiciones de los funcionarios argentinos y los anuncios de inversiones concretados constituyen un paso muy positivo.

    Lamentablemente, estos importantes hechos fueron eclipsados por el affaire protagonizado por el jefe de Gabinete. También por la profundización del internismo en el seno de la fracción gobernante; en particular, por la lucha por espacios de poder entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor presidencial Santiago Caputo, que aún gravita fuertemente en la Secretaría de Inteligencia y en la ARCA. Del mismo modo, ha crecido la rivalidad entre la senadora Patricia Bullrich y el propio Adorni, en tanto ambos aparecen como potenciales contendientes por la jefatura del gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

    Alentar el anticipo de la agenda electoral de 2027 podría ser un grave error del oficialismo, especialmente en un contexto en el que crece la sensibilidad social por las dificultades para derrotar a la inflación y sectores de la oposición buscan evitar las necesarias transformaciones económicas tendientes a poner fin a los desequilibrios fiscales. Frente a un escenario tan exigente, las autoridades nacionales no pueden darse el lujo de cometer desatinos que terminen demoliendo una de las piedras basales en las que se sostuvo el importante respaldo electoral a Milei: la lucha contra los privilegios de la casta política.

    Fuente: La Nación

  • Cárceles sin privilegios

    Cárceles sin privilegios

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    Una escena que incluya cotillón, arco de globos dorados, coloridas luces, animada música y una torta de color rosa a tono con las paredes, además de velitas, remite, sin dudarlo, a un festejo cumpleañero. Las imágenes del vistoso “salón de fiestas”, grabadas desde una cárcel de mujeres, se hicieron virales bajo el título “¡Mi último cumpleaños en la cárcel!”.

    Paola “Malala” Galeano es una celebridad en las redes sociales. Con más de 200 mil seguidores en TikTok y otros 169 mil en Facebook, purga condena en la Unidad N° 40 del penal de Lomas de Zamora. Confiesa que encontró una forma de libertad comunicándose a través de plataformas digitales. Consigue canjes, hace publicidad, incluidos casinos, gana dinero legalmente, afirma, sin dañar a terceros. “Tengo que mantenerme sola”, explica. A juzgar por la producción que exhibe no le iría tan mal. Sus posteos incluyen transmisiones en vivo con sus compañeras dentro de la celda, en el patio y otros lugares del pabellón, recogiendo mensajes disímiles, de apoyo y de indignación por parte de sus seguidores, muchos de ellos reclamándole que los privilegios de los que goza en su encierro hablan de que vive mejor que muchos que salen a trabajar todos los días.

    El 31 de agosto próximo la influencer saldrá en libertad luego de cumplir una condena a 13 años y cuatro meses de prisión por haber sido partícipe necesaria de un homicidio en ocasión de robo, ocurrido en 2013. Carlos Gauna fue asesinado en el intento de robo de su camioneta; ni él ni su familia tienen nada que festejar.

    La presión social condujo a que el Servicio Penitenciario procediera a retirarle el celular a Paola luego de que las imágenes de la celebración se viralizaran. Debería estar llevándose adelante una investigación para sancionar a los responsables de autorizar tanto desatino, incluidas las autoridades del penal.

    Todos los días nos enteramos de distintos tipos de delitos digitados por presos desde sus celdas a partir del uso irrestricto de sus celulares, un inconcebible permiso aún vigente que se les otorgó en tiempos de pandemia y que, tras más de cinco años, aún no se revocó. Seguir argumentando que reducen conflictos y revueltas solo confirmaría la incapacidad de las fuerzas penitenciarias. La resocialización de los convictos para encontrar un camino distinto al delictivo, con educación y trabajo, de ninguna manera debería exceptuarlos de las condiciones propias de las condenas que pagan. Son los menos indicados para recibir cualquier tipo de privilegios.

    Fuente: La Nación

  • Impunidad selectiva

    Impunidad selectiva

    La confirmación de la condena a Ricardo Echegaray por parte de la Cámara Federal de Casación Penal vuelve a poner sobre la mesa una de las paradojas más obscenas del sistema judicial argentino: cuando la Justicia decide avanzar, puede hacerlo; pero cuando no quiere hacerlo, simplemente se queda inmóvil, generando impunidad.

    El fallo de la Sala I de Casación no deja demasiado margen para la discusión. Los jueces Daniel Petrone, Diego Barroetaveña y Javier Carbajo rechazaron el recurso de la defensa del exjefe de la AFIP y confirmaron la pena de cuatro años y ocho meses de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por administración fraudulenta agravada en perjuicio del Estado.

    De este modo, solo resta que la Corte Suprema de Justicia revise este fallo. Si queda firme, Echegaray deberá cumplir su pena en la cárcel. Esto implica que la Justicia acaba de dar veracidad jurídica a la investigación de Hugo Alconada Mon en LA NACION que reveló este fraude en perjuicio del Estado.

    La sentencia vuelve a recordar lo obvio: desde la jefatura de la AFIP, Echegaray autorizó planes de pago irregulares que permitieron a Oil Combustibles postergar el ingreso de impuestos por sumas millonarias, afectando la recaudación y el funcionamiento del sistema tributario. Los jueces destacaron la extensión del daño al erario público, el impacto institucional y el uso desviado de su autoridad funcional para justificar una pena severa. La Justicia entendió que Echegaray era el único culpable, por conceder estas ventajas, y no los empresarios Cristóbal López y Fabián De Sousa por solicitar esos beneficios impositivos.

    No es un detalle menor. La propia sentencia subraya que la maniobra no fue un error administrativo ni una interpretación dudosa de normas fiscales. Fue una decisión consciente, tomada desde la cúspide del organismo encargado de recaudar impuestos, que terminó beneficiando a un grupo empresario cercano al poder político de turno.

    Pero lo verdaderamente escandaloso no está solo en la condena. Está en lo que falta.

    Fabián de Sousa y Cristóbal López
    Fabián de Sousa y Cristóbal LópezLA NACION

    Porque mientras la Cámara Federal de Casación confirmó la responsabilidad penal del funcionario que habilitó el mecanismo, el sistema judicial sigue sin ofrecer una respuesta definitiva sobre quienes se beneficiaron de esa maniobra: López y De Sousa.

    El contraste es brutal. Por un lado, hay un funcionario condenado por haber permitido que se utilice el dinero de los impuestos como financiamiento privado. Por el otro, los empresarios que utilizaron ese dinero siguen beneficiados por una maraña de decisiones judiciales contradictorias, absoluciones polémicas, chicanas y recursos interminables.

    Vienen absueltos por el Tribunal Oral Federal 3 y por los jueces de la Cámara Federal de Casación Alejandro Slokar y Mariano Borinsky, con la disidencia del juez Guillermo Yacobucci. Dos veces los magistrados de Casación dispusieron estas absoluciones, a pesar de que la Corte las había anulado y les indicó que dicten un nuevo fallo. Ahora el asunto está otra vez en manos de la Corte.

    Es una escena que erosiona la confianza pública: un funcionario condenado por favorecer a empresarios que, judicialmente, parecen moverse en un territorio de impunidad.

    Hoy el expediente de Echegaray se acerca a su instancia final en la Corte Suprema. Si el máximo tribunal confirma la sentencia, el exjefe de la AFIP deberá cumplir una condena efectiva. Pero el verdadero problema institucional no se agota ahí. La Corte no puede limitarse a ratificar la caída de un funcionario; debería resolver el cuadro completo.

    Porque si la Justicia sostiene -como en este caso- que hubo una administración fraudulenta contra el Estado, resulta muy difícil explicar por qué el proceso contra quienes se beneficiaron de esa maniobra sigue atrapado en una lógica de idas y vueltas que, en los hechos, termina favoreciendo la impunidad.

    Si el funcionario que habilitó la maniobra va preso pero los beneficiarios siguen siendo absueltos o protegidos por interpretaciones judiciales amañadas y cambiantes, el mensaje que recibiría la sociedad sería devastador: en la Argentina, la responsabilidad penal puede ser selectiva.

    Fuente: La Nación

  • Aerolíneas Argentinas está mejor, pero no debe ser estatal

    Aerolíneas Argentinas está mejor, pero no debe ser estatal

    na buena administración de Aerolíneas Argentinas hizo posible revertir una crónica situación deficitaria logrando en los últimos dos años un superávit con fundamentos más sólidos. El balance de 2024 expuso un superávit operativo, antes de impuestos e intereses, de 57 millones de dólares. En 2025 aumentó a 113 millones, duplicando al del año anterior.

    Hasta 2023 la empresa aérea estatal había resultado sistemáticamente deficitaria. Mediante el artilugio de considerar un préstamo como ingreso corriente, se intentó mostrar un balance superavitario durante el último año de la presidencia de Alberto Fernández. No fue así. A fines de 2023, la empresa acumulaba un pasivo equivalente a 685 millones de dólares.

    La observación de la evolución de los resultados operativos pone en evidencia el efecto negativo de las administraciones populistas. Luego de su reestatización en septiembre de 2008, durante el resto de la presidencia de Cristina Kirchner, la pérdida anual promedió 433 millones de dólares. Durante el gobierno de Mauricio Macri se redujo a una media de 264 millones, elevándose nuevamente en el periodo 2020- 2023 a 460 millones. Entre 2008 y 2024, el Estado transfirió a Aerolíneas Argentinas el equivalente de 7500 millones de dólares. Es un monto que hubiera permitido construir 1000 escuelas o 30.000 unidades de vivienda, pero que debió destinarse al transporte aerocomercial que es utilizado principalmente por personas de altos ingresos.

    La reversión de las pérdidas tiene su explicación en una administración más ordenada y eficiente. En los últimos dos años se mejoraron los índices de calidad y así se logró aumentar la actividad de la empresa mientras se recuperaba el nivel real de las tarifas. Los ingresos aumentaron mientras los costos se redujeron. La planta de personal fue disminuida en un 16%. De 11.926 empleados en diciembre de 2023 se pasó a 10.027 en diciembre de 2025. La ocupación media en los vuelos de pasajeros se mantuvo en un nivel alto: 83%, y la fiabilidad de los vuelos en un 99,4%. Este desempeño es destacable si se tiene en cuenta que se logró en el contexto de un mercado más competitivo y desregulado. El DNU 70/2023 y el Decreto 599/2024 establecieron una política de cielos abiertos con modificaciones del Código Aeronáutico, permitiendo que empresas nacionales e internacionales presten servicios en competencia en tramos de cabotaje. Se suprimió la exclusividad de Aerolíneas Argentinas donde la hubiera.

    El proyecto de Ley Bases enviado al inicio de la gestión de Milei al Congreso incluía a Aerolíneas en la nómina de empresas estatales a privatizar, pero en su tratamiento legislativo se la excluyó de esa lista. Más tarde, el Gobierno dictó el Decreto 873/2024 disponiendo su privatización. Sin embargo, solo podrá concretarse si se ratifica mediante una ley y no será sencillo para el oficialismo alcanzar una mayoría parlamentaria para su sanción.

    Se sostiene, erróneamente, que el Estado debe disponer de una línea aérea de bandera como una cuestión de importancia estratégica. Además, ahora se esgrime que, al pasar a obtener ganancias, ya no correspondería postular la privatización de Aerolíneas Argentinas. Ninguna de estas dos razones tiene sustento. El concepto de línea de bandera como instrumento de gobierno ha quedado prácticamente en desuso en el mundo desarrollado. No es necesaria la propiedad estatal de una línea aérea para que un gobierno aplique políticas aerocomerciales coordinadas y compatibles con objetivos estratégicos. Tampoco la existencia circunstancial de ganancias puede justificar la propiedad estatal. Ya hemos visto que en la Argentina esto no ha sido usual sino excepcional y que no hay que dejar la oportunidad para que en el futuro vuelva a ocurrir.

    No es una función de gobierno dedicar atención a la explotación de una línea aérea. Aerolíneas Argentinas se propone incorporar 18 nuevas aeronaves, lo cual implicará comprometer garantías y asumir riesgos que bien podrían orientarse a otras actividades sociales o a modernizar la Justicia, entre otras funciones indelegables.

    El hecho de que actualmente la empresa muestre resultados positivos ayudará a una privatización mejor lograda. No deberán en este caso cometerse los errores experimentados en la venta realizada a principios de los años noventa, prácticamente sin interesados, en un marco mucho más crítico.

    Fuente: La Nación

  • Reforma laboral: hay ley pero aún queda mucho por hace

    Reforma laboral: hay ley pero aún queda mucho por hace

    La sanción y reciente promulgación de la ley de modernización laboral puede abrir una nueva etapa en las relaciones del trabajo en la Argentina. En efecto, se trata de una norma legal mucho más ambiciosa que otros intentos de reforma que quedaron en el camino, como los que tuvieron lugar durante las presidencias de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, pasando por la recordada ley de empleo sancionada durante la primera presidencia de Carlos Menem.

    El propósito de la ley es claro: reducir el costo y la incertidumbre a la hora de contratar trabajadores, atenuar o terminar con la industria del juicio laboral que ha llevado al cierre forzado de tantas empresas, brindar previsibilidad y seguridad jurídica, descentralizar la negociación colectiva y ofrecer beneficios fiscales para incentivar la inversión y la creación de fuentes de trabajo.

    Que un partido gobernante no proveniente de las fuerzas políticas tradicionales y con minoría en ambas cámaras del Congreso de la Nación haya podido sancionar esta ley puede ser considerado un hecho sorprendente. Pero esto no significa que haya ganado la partida ni que la Argentina pueda pasar a tener, de la noche a la mañana, un sistema de relaciones laborales acorde a las necesidades que impone este siglo XXI.

    Los intereses creados en torno de la fatídica industria del juicio, en la que convergen no solo sectores del sindicalismo, sino también profesionales del derecho, peritos y jueces, no cejarán en sus intentos por mantener un statu quo que no solo perjudica a empresas, especialmente pequeñas y medianas, sino también a muchos trabajadores que han venido viendo cada vez más dificultoso su acceso a una oportunidad laboral en el contexto de inseguridad jurídica e imprevisibilidad económica que ha dominado las últimas décadas.

    La nueva ley brinda interesantes herramientas contra ese flagelo. Pero su éxito, además de la instrumentación de las reglamentaciones que determine el Poder Ejecutivo Nacional, dependerá, en no pocos casos, de la actitud de los jueces y, en última instancia, de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La pugna que ha anticipado la CGT con sus débiles demandas de inconstitucionalidad o la lucha que estarán dispuestos a librar algunos magistrados para impedir el traspaso de la justicia laboral al distrito de la ciudad de Buenos Aires son solo algunos ejemplos.

    La iniciativa legal ofrece una gran oportunidad para que sean frenados en la Justicia los abusos en demandas por accidentes de trabajo, especialmente luego de que a lo largo de 2025 se haya alcanzado un nuevo récord de litigiosidad, con 134.000 nuevos casos en todo el país. El texto de la ley estipula que los peritos ya no cobrarán un porcentaje de la indemnización que ellos mismos fijan, al crear un esquema de honorarios, con mínimos no porcentuales, sujeto a determinación del juez según la tarea efectivamente realizada por el profesional. Asimismo, la norma impone la obligación de los jueces laborales de acatar la jurisprudencia de la Corte y ratifica la incorporación de parámetros técnicos vinculados a la cuerpos médicos forenses, para reducir discrecionalidades.

    Como lo hemos señalado oportunamente desde esta columna editorial, los métodos de actualización de las indemnizaciones laborales que, de manera arbitraria, aplicaron hasta ahora la mayor parte de los juzgados de primera instancia y las salas de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo ponían en peligro el mantenimiento de infinidad de fuentes laborales, ante la ausencia de una norma expresa que estableciera la modalidad de ajuste de los créditos reconocidos por los magistrados a favor del trabajador por el paso del tiempo que insumía el trámite judicial.

    En febrero de 2024, la Corte Suprema de Justicia rechazó la práctica de ajuste que venía aplicando la Cámara de Apelaciones del Trabajo y que, además de actualizar los montos de las sentencias con la tasa activa del Banco Nación, sumaba la capitalización con repetición anual de los intereses, mecanismo que hacía crecer exponencialmente las deudas de muchas empresas, a las que ponía al borde de la quiebra. Pero, desde entonces, las salas de la citada cámara, desoyendo al máximo tribunal, han aplicado hasta seis criterios diferentes de ajuste, igualmente confiscatorios.

    La ley de modernización laboral, tomando el antecedente de un proyecto de régimen de actualización de créditos laborales, que contaba con dos dictámenes favorables en sendas comisiones de la Cámara de Diputados, habilitó la actualización de las sentencias laborales a través del índice de precios al consumidor más el 3% anual para los expedientes surgidos desde la vigencia de la nueva norma legal, al tiempo que fijó el ajuste a través de tasas pasivas bancarias para los reclamos anteriores. Lamentablemente, conspira contra el objetivo de la norma un inciso según el cual el valor resultante de este último cálculo no podrá ser inferior al 67% de la pauta aplicable a esos casos. Algo que probablemente generará mayor litigiosidad. De allí la conveniencia de definir una tasa pasiva del Banco Central ajustada a valores razonables que no generen un enriquecimiento indebido para el acreedor.

    Una sola ley, por sí sola, no creará trabajo. Sin seguridad jurídica no habrá inversión productiva y sin empresas no habrá empleo.

    Fuente: La Nación

  • Un Poder Judicial al borde de la crisis

    Un Poder Judicial al borde de la crisis

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    La vacancia y falta de cobertura de cargos en el Poder Judicial argentino, que ya ronda el 36%, vienen poniendo en jaque desde hace demasiado tiempo al Estado de Derecho y al régimen republicano de gobierno. Al generar una crisis de operatividad, dilata los tiempos en la administración de justicia, afecta los derechos humanos y debilita el principio de independencia judicial, establecido por nuestra Constitución Nacional y por tratados internacionales con jerarquía constitucional, que consagran el derecho a la tutela judicial efectiva de los habitantes de la Nación.

    Los cargos judiciales vacantes en la Justicia Nacional y Federal ascienden actualmente a 364. A éstos se suma otro número importante de vacantes en el Ministerio Público Fiscal.

    El gobierno de Javier Milei acumula en sus manos 203 ternas de candidatos a cubrir vacantes en juzgados que le ha enviado el Consejo de la Magistratura. A lo largo de los 27 meses de su gestión, el actual Poder Ejecutivo no ha enviado ningún pliego de jueces inferiores al Senado de la Nación para su consideración. Esto es demostrativo de una clara inacción política. Se trata de una situación grave, en especial si se suma que, además, hay 161 concursos en trámite en el Consejo.

    Recientemente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación reiteró un pedido al Gobierno para que se cubran las vacantes en el Poder Judicial, que además de las mencionadas, podrían llegar a superar el 40% hacia fines de este año, ante la proximidad de un número significativo de jubilaciones.

    El hecho de que más de un tercio de los juzgados federales y nacionales se encuentren vacantes obliga a operar sin autoridades titulares, afectando incluso a las cámaras de apelaciones de los distintos fueros.


    A lo largo de los 27 meses de su gestión, el actual Poder Ejecutivo no ha enviado ningún pliego de jueces inferiores al Senado de la Nación para su consideración


    La falta de designación de jueces por parte del Poder Ejecutivo durante tanto tiempo erosiona la independencia del Poder Judicial dado que la vacancia prolongada y el frecuente uso de subrogancias generan una extrema gravedad institucional, limitando el acceso de los habitantes a la Justicia y a la pronta conclusión de causas, que en no pocas ocasiones se extienden por décadas.

    Para cubrir esas vacantes se recurre a la designación de jueces subrogantes, con el riesgo de que no conozcan en profundidad los expedientes, posean menor estabilidad e independencia y queden sujetos a posibles impugnaciones en su legitimidad, que multiplican los tiempos de tramitación o generan sospechas sobre el resultado de muchas causas. La ciudadanía queda así expuesta a decisiones judiciales más vulnerables; afectándose la seguridad jurídica, que es condición esencial para las inversiones y la actividad económica en general.

    Otro tema preocupante es la integración de la Corte Suprema de Justicia. El máximo tribunal tiene actualmente tres de sus cinco integrantes: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti, por lo que para dictar una sentencia debe haber unanimidad de criterio entre los tres jueces. En caso de disidencias, deben sortearse conjueces entre los presidentes de las cámaras federales de todo el país, para completar la mayoría de tres firmas, con el riesgo cierto de que se produzcan sentencias contradictorias en el seno del más alto tribunal.

    Cabe agregar, que desde hace tiempo los colegios de abogados, ONG especializadas en temas judiciales y asociaciones de magistrados vienen bregando para que se designen dos juezas en la Corte Suprema.

    Sería deseable que el reciente nombramiento de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia, en reemplazo de Mariano Cúneo Libarona, habilite una pronta solución a las dificultades que atraviesa el Poder Judicial. El flamante ministro ha expresado que “no es una prioridad” completar los dos cargos vacantes en la Corte Suprema y que sí es prioritario completar los juzgados inferiores, al tiempo que anticipó que, antes que nada, se enviarían al Senado las listas de conjueces para todo el país.

    Urge proceder a normalizar prontamente esas situaciones en defensa del Estado de Derecho mediante el correcto funcionamiento del Poder Judicial.

    Fuente: La Nación