Reforma laboral: Javier Milei contra la historia y un final de película en el Senado

Una vez más el Senado definirá. Es casi un sino de la historia argentina: las reformas laborales terminan siempre allí para bien o para mal. En la era democrática este es un tercer intento que, sin duda, llegó más lejos en el trámite político legislativo que cualquier otro.

Javier Milei está a punto, en algunos términos podríamos decir que ya lo logró, de anotarse un éxito en el cambio de las normas laborales que ningún otro presidente pudo desde 1983 hasta ahora.

Ahora solo resta que el Senado convalide el cambio que la Cámara de Diputados generó el ruido final en el debate la eliminación del artículo 44 que establecía un nuevo esquema de licencias médicas por enfermedad y accidentes que detonó amenazas por parte de los aliados con voto imprescindible para la ley.

El resto del proyecto salió como el gobierno lo acordó en el Senado incluyendo el Fondo de Asistencia Laboral que desde la sanción de la ley se hará cargo de atender indemnizaciones con aporte de los empleadores que se derivan al ANSES.

Con acusación a Luis Caputo incluida de querer utilizar ese fondo en el futuro para financiar al Tesoro, ese capítulo se sancionó igual. El razonamiento del kirchnerismo en ese sentido fue más un chantaje político que una realidad de las cuentas públicas: con el sistema previsional estallado, como sucede en Argentina, todo ayuda a financiar al Tesoro.

Eso lo saben muy bien Cristina Fernández de Kirchner y sus ministros de Economía que se la pasaron emitiendo en el Banco Central para financiar los déficit del Anses. ¿Y entonces quien puso y pone la diferencia que falta históricamente para pagar el déficit en el pago de jubilaciones? El Tesoro, obviamente. El déficit previsional siempre explicó una buena parte del déficit fiscal.

El número que consiguió el oficialismo también habla de un cambio de época. En la votación en particular hubo diferencias de mas de 20 votos a favor del proyecto, incluido el Título donde se eliminó el polémico artículo 44, un error de negociación política que podría haberse arreglado en el debate inicial en el Senado. Extraño para un momento de pragmatismo útil como el que vive el gobierno por estos tiempos.

Javier Milei debía ganar esta batalla sí o sí. La reforma laboral, más allá de la necesidad de modernizar de una vez por todas un sistema legal del trabajo que bloquea la contratación de personal en blanco, por lo tanto incentiva directamente la economía en negro que comprende al menos al 42 % del país, significa en Argentina una demostración de control político que el mercado y el mundo financiero en EE.UU., le pide al Gobierno.

La reforma laboral en cualquiera de las formas que se intentaron sin éxito hasta ahora en la era democrática, desde cambios en la Ley de Contratos de Trabajo hasta limitaciones al poder sindical que en Argentina tiene garantías de inmunidad como en pocos países en el mundo, implicó el final político de dos gobiernos.

Y no llama para nada la atención que fueran los dos únicos gobiernos no peronistas desde que regresó la democracia. Raúl Alfonsín intentó con la Ley Mucci poner un límite al poder sindical, el mismo que él había denunciado en la campaña electoral de 1983 el Pacto Militar-Sindical entre el PJ y la agónica dictadura saliente.

Ese intento, como se dice en el inicio de esta nota, murió en el Senado cuando el peronismo logró “convencer” al neuquino Elías Sapag de votar en contra de la Ley Mucci. Ese simple voto implicó la muerte de la reforma y una herida política en el gobierno que Raúl Alfonsín no pudo sanar en los años que le quedaban de mandato.

Fernando de la Rúa probó un veneno parecido. En medio de la reforma laboral del Senado apareció la denuncia por la utilización de la “Banelco”, para supuestamente pagar coimas para la votación. Ese escándalo terminó definitivamente con el gobierno del radicalismo y el Frepaso, detonado con la renuncia de Chacho Álvarez, que con eso le daba la razón a todos los movimientos del peronismo.

Esa reforma tenía elementos que avanzaban sobre el régimen que tenía el país: descentralización de convenios colectivos, baja en la contribuciones patronales, flexibilización de indemnizaciones y le daba un nuevo aire al período de prueba.

Finalmente esa reforma se cayó, aunque la historia judicial después dirá que todas acusaciones sobre supuestas coimas terminaron en un sobreseimiento de De la Rúa y su gobierno, pero el gobierno radical ya se había terminado.

Hoy Javier Milei está en una posición bien distinta. El PJ, con Cristina Fernández de Kirchner a la cabeza, está desarmado, cuestionado judicialmente por corrupción y sin herederos en el horizonte.

El sindicalismo, que negoció por abajo del mostrador con el gobierno y luego usó su bala de plata con un paro general que complicó la calle con el transporte, pero que nada pudo hacer para frenar la ley.

Milei quiere acelerar todo para entrar el 1 de marzo al Congreso con el triunfo de la reforma. Esa parece ser hoy la incógnita mayor de este debate: con artículo 44 o sin él, la reforma laboral será ley, esa es la realidad.

Es un momento histórico para el país que incluye, además, otro hito en este camino: se disuelve la Justicia Nacional del Trabajo y sus competencias pasan a la Justicia porteña. Es decir, se avanza también en la demorada autonomía plena de CABA

Junto con eso viene la limitación del derecho de huelga, el cambio en los convenios colectivos y todo el nuevo régimen de indemnizaciones. No es todo lo que hace falta en materia de modernización laboral, pero suficiente para sentarse a mirar un último round en el Senado que pasará a la historia.

Fuente: Mendoza online

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