El Gobierno acaba de generarse un conflicto que puede derivar en un problema de confianza, justo en el momento menos pensado.
La salida de Marco Lavagna del Indec pone sobre la mesa un tema que, para el mercado y los argentinos en general, siempre fue más que caliente: la confiabilidad en los índices que describen como marcha nuestra economía.
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El proceso que llevó a la salida del ahora ex jefe del Indec y su reemplazo por Ignacio Lines (hasta ahora director técnico de larga trayectoria y que sufrió las barbaridades que hizo Guillermo Moreno en el organismo) es claro. Lavagna venía elaborando desde hace tiempo en una nueva fórmula para medir la inflación, proceso que ya había sido oficializado en el informe de inflación de septiembre del año pasado.
Esa nueva fórmula incluía el rebalanceo en peso específico de cargas sobre la canasta de consumo de los argentinos que fueron cambiando y de una manera cierta y contundente durante los últimos años. El debut era inminente: se aplicaría desde enero y se anunciaría el 10 de febrero.
En cuanto a impacto algunas consultoras evaluaron que el cambio implicaría en los inmediato una suba interanual de 2 puntos en la medición, de 31,5 a 33,6%. El problema central no es ese, sino como puede variar en el futuro cuando el gobierno avance mas en la recomposición de tarifas que el kirchnerismo mantuvo planchadas y subsidiadas por demagogia pura.
Los rubros de comunicaciones y energía sufrieron en la vida diaria de los argentinos en las últimas décadas modificaciones que no es necesario extenderse demasiado para que sean entendidas. Todos sabemos que nuestras costumbres de gastos han cambiado y el índice que marca la evolución mensual de la inflación no los había reflejado de esa manera desde hace muchos años.
Un cambio en la fórmula del IPC, por lo tanto, era necesario y casi inevitable. El Gobierno de Javier Milei y de Luis Caputo, así lo entendió y por eso el proceso técnico adentro del Indec fue avanzando con la colaboración de todos los equipos del organismo.
Todo estaba listo, entonces, para el lanzamiento en este mes del nuevo índice, salvo por un inconveniente.
El proceso de desinflación que lleva delante el Gobierno es la bandera más importante que Javier Milei tiene para mostrar como éxito dentro de su gobierno en estos dos primeros años. Pero hay algo que es innegable: Economía viene avanzando y debe seguir aun mas en la racionalización de tarifas y precios relativos y el impacto en el nuevo índice era innegable.
La ponderación de esos precios en materia de energía, era uno de los rubros que cambiaba esencialmente con el nuevo IPC y con fuerza dentro del nuevo índice. La tensión con Marco Lavagna por ese impacto fue volviéndose insostenible.
Y aquí, entonces, comenzó a plantearse el problema político económico: el Gobierno comenzó a sostener que hasta que no se terminara el proceso de desinflación era imposible pensar en un cambio en el IPC que incluye esas ponderaciones más altas en la canasta de consumo de servicios, como electricidad y gas, justo los regulados que más van a subir este año. Más si se recuerda, por ejemplo, que se terminó de anunciar recién un aumento del Gas de 16% para el mes de febrero . Es sólo un ejemplo, pero es la muestra de la incidencia que tendría dentro del índice de inflación, calculan algunos si se toma la nueva medición y no se compara con la anterior
En segundo punto están las dudas que ya habían comenzado con relación incluso alguna acusación sobre no haber actualizado con los nuevos parámetros los índices anteriores. Desde el Indec se estaba pagando un costo político por esto y especialmente en cabeza de Lavagna.
Por lo tanto, ¿es ilógico pensar que el gobierno pretendiera, a diferencia de lo que quería Lavagna con su nuevo índice, continuar midiendo con el mismo termómetro la inflación hasta que terminara su anunciado proceso de desinflación y recién luego después saltar un esquema nuevo?
O mejor dicho, ¿alguien confiaría en comparar la inflación, tal como se midió hasta ahora con el nuevo esquema, si se cambia de termómetro en el medio del río?
En las dos preguntas está incluida algo de razón por parte del gobierno. Técnica y políticamente puede haber explicaciones a la necesidad de no realizar el cambio en este momento, algo que termino definiendo la salida de Marco Lavagna de su puesto.
Pero en el medio aparecen errores políticos, demasiado complicados por parte del gobierno tomando en cuenta que estamos hablando de algo que para el para el mercado es esencial y que tiene una nefasta historia detrás en Argentina: la confianza en la elaboración de los índices de inflación y el recuerdo de las manipulaciones por parte del kirchnerismo que aún irritan la epidermis de quienes confiaron en Argentina e invirtieron y fueron estafados, por ejemplo, con los intereses de bonos soberanos.
Es aquí donde el gobierno comete un error. En primer lugar, quizás debió haber pensado hace dos años que no era tan buena idea. dejar el Indec en manos de Marco Lavagna, que había sido diputado y dirigente del Frente Renovador de Sergio Massa. Justo allí es donde descansó la confianza de Javier Milei, en el tema más importante de todo su gobierno: medir su proceso de desinflación.
El cambio que ahora hace con un freno que puede ser técnicamente lógico, puede significar un tiro político en el pie y habrá que ver cómo mide el mercado, la confianza después de esta decisión. Aun no se ha visto reacción a la decisión que se tomó el lunes.
Los problemas que se podrían generar estaban a la vista, no había que pensar demasiado. El propio Banco Central había venido anticipando en algunos informes que debido a los cambios que se estaban implementando en el IPC había desafíos que debía enfrentar el proceso de desinflación y específicamente, se estaba refiriendo a la inclusión dentro de la canasta del índice con más ponderación y fuerza de elementos que hoy están en pleno plan de regulación, y específicamente con tarifas que están saliendo de la realidad, en la que la asumió el kirchnerismo durante años a un lógico proceso de racionalización.
El problema como siempre es cuando hacerlo y de qué manera se puede evitar mirar la confianza en un momento en el que país inicia un año clave y después de un verano de tranquilidad en el que parecía que sólo había buenas noticias económicas para el Gobierno.
Fuente: Mendoza online

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