“No se complicó. Simplemente está demorado por los análisis de la crisis internacional y el impacto sobre el país”. Así se explicaba este fin de semana desde Washington, el motivo porqué está retrasada la recomendación de aprobación del ejercicio 2025 que debería estar firmada hace 10 días y que el equipo del Fondo Monetario Internacional (FMI) comandando por el venezolano Luis Cubeddu que monitorea y lleva adelante el caso argentino por ahora no hizo pública.
Según la visión, en tiempos conflictivos, debe haber una revisión general de las recomendaciones hacia delante, antes que el “paper” llegue a la consideración del directorio del organismo, el que en definitiva debe votar su aprobación o rechazo. Se estima ahora que en 15 días (entre las últimas jornadas de marzo y la primera semana de abril), el trabajo del equipo de Cubeddu estará publicado, y finalmente el Board del organismo lo aprobará antes de la próxima reunión de Primavera del FMI, que se concretará en Washington entre el 13 y el 18 de abril en la sede del organismo. Según se dice, con máxima seguridad y sin eventos en salones fuera del edificio inteligente del Fondo. Para esa reunión viajarán a la capital de los Estados Unidos el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausilli, quienes deberían desfilar por las reuniones recibiendo más apoyos que miradas críticas. Pero antes, el directorio, debería avalar lo hecho en el 2025 por parte del quinto piso del Palacio de Hacienda, y así continuar en paz con la vigencia del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril del año pasado; y que, entre otras cuestiones, implica liberar unos U$S 1.003 millones para reforzar las reservas del Banco Central.
Las señales de alerta: Recaudación e inflación
Todo esto no implica que desde el equipo de Cubeddu no haya dudas. Y críticas. Fundamentalmente en una variable que desde el FMI siempre se considera clave, y viene en crisis desde hace siete meses. Los datos de la recaudación impositiva no dan lugar para el optimismo, y obligan al gobierno de Javier Milei a profundizar el ajuste fiscal, vía la baja del gasto público. Y alejan además la posibilidad de una reforma impositiva basada en una reducción de la presión tributaria. Y de la rama de las importantes. La primera, y más importante, la tenaz resistencia de la recaudación a superar la inflación. En enero se registró el sexto mes consecutivo de aumento de los ingresos tributarios por debajo del incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC); algo que, se sabe, irrita y mucho a los técnicos del organismo, que por manual interno siempre esperan que la recaudación sea positiva y real contra el alza de los precios. La variable se sostiene en un peligroso rojo de entre 5 y 9% desde noviembre del año pasado, resultado que parece continuará hasta, al menos, marzo; para luego comenzar a corregirse. O al menos eso es lo que se espera. En principio, el FMI fue prudente en tiempos difíciles para plantear el problema. Básicamente no se lo mencionó en el 2025, sobre todo en los primeros días de este año, cuando los números de ingresos tributarios correspondientes al ejercicio anterior manifestaban preocupación.https://168806c5955d1f818ba7e00b0a14b3bc.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html

El problema de esta realidad es que el FMI aprobará el 2025, pero pondrá condicionamientos más duros para la política fiscal del oficialismo en lo que tiene que ver con la recaudación. Algo que complicará la idea libertaria de avanzar este año en una reforma impositiva. A la baja en la presión tributaria. Todo esto más allá de la voluntad del gobierno de mostrar los datos finales de inflación (y antes recaudación) como un logro anual pese al desequilibrio temporario; el Gran Hermano no comprará esta versión. E insistirá con otra realidad. Más si se tiene en cuenta que, aparentemente y en términos inflacionarios, el 2026 comenzó igual que como terminó el 2025. Y ahí arranca el segundo problema que encontrará el Fondo. Los técnicos que vienen de Washington y que la semana que viene profundizarán las revisiones, quieren saber los motivos reales (y serios) por los cuales el gobierno decidió suspender la aplicación del nuevo método de medición del IPC. Más teniendo en cuenta que su puesta en funcionamiento desde enero del 2026 había sido avalada y coordinada por el propio Fondo. Incluso, se sabe, el FMI, había puesto el tema sobre la mesa a comienzos del 2025, reclamando que la medición nueva se ponga en marcha en el ejercicio pasado. Se aceptaron entonces las explicaciones oficiales y se avaló que comience el 2026. Pero, todo esto, quedó explícito en el documento que se firmó en la última revisión; papel que ahora queda en el vacío
Hay otros temas de conflicto potencial con el FMI. EL tipo de cambio no convence, la idea de mantener un nivel de actividad en crecimiento pero con distorsiones en la economía real preocupa y la marcha del nivel de compras de dólares por parte del Banco Central viene bien pero se comienza a dudar si efectivamente para este año la entidad que maneja Santiago Bausilli pueda conseguir la meta comprometida y sellada en piedra de unos U$S 10.000 millones en positivo.
Obviamente, se espera en Buenos Aires, no serán un temas que compliquen el tilde verde al resto de las variables más importantes ni que provoque que no se apruebe el 2025. En definitiva, el compromiso de un tercer año consecutivo de superávit fiscal primario y financiero y la prohibición total de emisión de pesos para expandir el gasto público corriente, deberían ser suficientes para convencer al FMI. Pero Luis “Toto” Caputo tendrá que dar explicaciones. En realidad será tarea de su número dos: José Luis Daza, una persona estrictamente técnica y profesional, que siempre hizo de la prolijidad una norma.
Fuente: Mendoza online

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