Grabois, titiritero de la pobreza

Días pasados, el gobierno porteño informaba sobre la recuperación de un predio ilegalmente ocupado por la Cooperativa El Amanecer de los Cartoneros, integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) que lidera Juan Grabois. Por la misma senda de la ministra de Capital HumanoSandra Pettovello, el jefe de Gobierno local entró también en un contrapunto con el irascible personaje en torno a la baja de 40 “comedores fantasmas” vinculados a su organización.

Grabois dice defender y representar causas de cartoneros, recicladores, talleres textiles y vendedores ambulantes, entre otros sectores que lo reconocen como su líder, mientras él solo manipula los hilos con la habilidad de un titiritero. Es así que algunos enardecidos militantes, comprobadamente ligados a él, llegaron la semana última al Congreso en ocasión del debate por la reforma laboral en el Senado con el propósito de arrojar bombas molotov y enfrentar a las fuerzas de seguridad. En respuesta a ello, el Gobierno confirmó que presentará una denuncia penal por terrorismo contra los acusados, pues no solo agredieron a los agentes, sino que fueron parte de una acción organizada para desestabilizar el orden constitucional. Incomprensiblemente, Grabois los felicitaba desde su banca e insultaba a sus pares dentro del recinto

Eso sí, al elevarse la temperatura del debate parlamentario y ser él el cuestionado, no trepidó en pedir que se reflotara un proyecto de su bloque para que altos funcionarios de los tres poderes del Estado sean sometidos a un narcotest, propuesta que fue bienvenida por el sector de La Libertad Avanza. No hay chicana sin contrachicana. Lamentablemente, ese interesante proyecto fue usufructuado para desviar la atención al introducirlo durante la sesión en la que se discutía la suba de la edad de imputabilidad penal.

El diputado piquetero opera, digita, da órdenes y enardece a sus huestes con su agresiva verba evitando asumir cualquier responsabilidad formal. No figura en los papeles de estas fundaciones, asociaciones civiles, cooperativas o federaciones ni siquiera como integrante, mucho menos como autoridad. Nunca se verá su firma, a pesar de ser abogado. Recoge beneficios y no asume riesgos ni paga costos.

Tanto es así que no asumió ningún cargo durante el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, como sí hicieron otros piqueteros, hoy obligados a dar explicaciones ante la Justicia por haberse ubicado a ambos lados de un rentable mostrador, favorecidos por un festival de dineros públicos discrecionalmente distribuidos desde el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU) entre personas jurídicas carentes de antecedentes que las avalaran, depositarias de miles de millones de pesos del erario público y en forma exprés.

El titiritero no es un improvisado jugándose una patriada en solitario, como le gusta decir y pretender hacer creer. Tiene un ejército de abogados, contadores y personas de su confianza que se encargan desde las sombras del seguimiento de las organizaciones que maneja; algunas de esos colaboradores fueron astutamente designados en el Estado, en lugares fuera del radar de los medios.

Es tan claro y burdo su juego que cuando arreciaron las críticas sobre el manejo de los fondos del FISU, manifestó que no tenía nada que ver, puesto que no había sido funcionario público. Cierto es que no cometió el error de ubicarse de los dos lados del mostrador. Le bastó con situarse por encima, manejando a sus marionetas y apelando a fueros para sí y para algunos acólitos desde su banca de diputado.

El padre de este acérrimo defensor del ideario que sostiene a las dictaduras de Cuba y Venezuela, Roberto “Pajarito” Grabois, fue un reconocido militante del Frente Estudiantil Nacional que, por orden de Juan Perón, se fusionó con Guardia de Hierro en lo que fue la Organización Única del Trasvasamiento Generacional (OUTG), una herramienta para oponerse a Montoneros y respaldar el verticalismo hacia Perón, primero, y hacia su viuda, después.

Padre e hijo comparten una vocación por alinearse con el poder de turno. El progenitor, que procedía de la izquierda, llegó a aliarse con la derecha peronista más recalcitrante por orden de Perón. Su hijo Juan, quien dijo que jamás votaría al “cagador” de Sergio Massa, no dudó al darle su voto respondiendo a la orden de la propia Cristina Kirchner.

La impostada verborragia y su violento histrionismo a la hora de defender la causa de los pobres le ha servido para engañar a quienes lo perciben como alguien dispuesto a ofrendar la vida en pos de su ideario. Basta rascar un poquito para que se salte la pintura, revelando la terrible cobardía de quien siempre evitará poner el cuerpo, moviendo los hilos para que se inmolen otros.

Fuente: La Nación

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