“Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada”. Esta frase inicial de “Ana Karenina”, la bellísima novela de Tolstói, impacta de lleno en la línea de flotación de cualquier vida a la deriva. Incluso de las que no lo están. Porque nada es más frágil y complejo que los lazos de la familia, que tanto han dado (y siguen dando) de sí a la literatura, el teatro, el cine, las artes en general.
La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.
La felicidad armoniosa en familia no existe. No hay estándares, porque no necesariamente una familia es feliz porque no tiene grandes conflictos o fluye, entre sus integrantes, una comunicación franca.
Valga esta aproximación para hablar sobre el cuento de Julio Cortázar, “La salud de los enfermos”, un oxímoron del escritor para radiografiar los complejos vínculos de una familia que crea una farsa para preservar la salud precaria de la madre. El enredo, basado en mentiras que se superponen, termina enredando a los personajes al punto de que los límites entre ficción y realidad se difuminan.https://8fad19a293acf3fec2cf9f7b857fa5fd.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html
Secretos de familia
El escritor Gabriel Bañez, autor de “Octubre amarillo”, una rara ficción sobre el caso Barreda (quien asesinó a toda su familia), decía que cada vez que un hombre muere, un secreto irresuelto se va con él.
En la familia, los secretos se multiplican. En esa joya teatral creada por Claudio Tolcachir hace 20 años, La omisión de la familia Coleman (la historia de una familia disfuncional), su autor y director no se propuso una indagación sobre la familia, pero eso resultó. Tolcachir quería hablar de los vínculos y las dificultades de comunicación que existen entre las personas en un mismo ámbito. Sobre todo en ese “tubo de ensayo maravilloso que es la familia, donde uno puede mezclar a la gente y ver sus comportamientos”, según el propio Tolcachir.
La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Gentileza.
La intención de Cortázar en “La salud de los enfermos”, tragicomedia que forma parte de su libro Todos los fuegos el fuego, publicado en 1966, fue la de regalarle a sus lectores ese artilugio narrativo mediante el cual, al borrarse la frontera entre la ficción y la realidad, es el lector quien elige con qué lado de la historia se queda. Es un recurso muy cortazariano.
Claro que el cuento va mucho más allá. Porque nos habla de la manipulación de los vínculos en la familia, los secretos que se instalan y cuesta luego desmadejar, las mentiras disfrazadas de piedad, la zona de confort en la que algunos de sus integrantes prefieren quedarse, antes que asumir la verdad.
Convertida en obra de teatro, con funciones los domingos a las 18 en el Teatro del Pueblo, con la dirección de Leandro Cóccaro y una puesta-instalación minimalista, la pieza se decanta por una dramaturgia más dramática que la propuesta de Cortázar, donde las pinceladas de humor sutil ayudan a sobrellevar una situación que de por sí es más trágica que cómica. A la madre se la engaña, pero la madre ¿también los engaña? ¿Acaso los manipula sin que los hijos se den cuenta?
Teatro del Pueblo
Al llegar al teatro, previo al estreno de la obra, que se demoró media hora, hubo una entretenida invitación a los espectadores. En una mesa había estampillas, diapositivas y hojas para escribir cartas “para no enviar”.
En un panel, el público dejaba luego sus cartas adheridas. Las instrucciones señalaban que “enviar una carta es, sin duda, una actividad que no requiere demasiadas explicaciones. Pero no enviar una carta cambia definitivamente el panorama”.
En las indicaciones también se explicaba la modalidad lúdica: buscar el escritorio con cosas inútiles, tomar una diapositiva y observarla, con el paisaje en mente tomar una estampilla y pegarla en el papel carta. Luego, escribir un texto con lo que al espectador se le ocurriera.
“Quizá en un futuro no tan lejano toda esta labor se transforme en un libro colectivo, anónimo e infinito”, finalizaba la invitación. La rareza en la mesa era una máquina de escribir como la que figura en el cuento de Cortázar.
Protagonizada por Gabriel Schapiro, Cecilia Cósero, Paula Thie, Edgardo Marchirori y Martha Sosa Quintana, la obra comienza con el accidente mortal de Alejandro, el hijo menor y preferido de “mamá”, que el resto de sus hijos decide ocultarle, dada la precariedad de su salud.
Para sostener la farsa, los hijos —con la colaboración de la tía Clelia, que también se muere en la obra (y cuyo desenlace también estos ocultarán)— inventan un trabajo prometedor para Alejandro en Brasil y, a partir de allí, tejen una urdimbre de cartas ficcionales, escritas por otro desde el vecino país, que le leen a “mamá”. La madre le escribe, a su vez, al hijo.
La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.
Hay pequeñas pistas que el narrador va dejando en el relato, y que la pieza teatral también recoge, que siembran preguntas para poner al espectador-lector en duda: ¿la madre sabe la verdad y se deja engañar porque niega una realidad que le resulta insostenible? ¿O ignora que Alejandro y Clelia han muerto? ¿Quiénes son los enfermos y quiénes los sanos en esta pieza?
Mentiras y silencios
Es interesante el debate entre los personajes que se hartan de la mentira y quieren contarle a “mamá” toda la verdad y los que se niegan para no darle un disgusto que acabe con su vida, la que, en definitiva, se le irá por su precarizada salud. El narrador nunca dice de qué enfermedad se trata y todo conduce a pensar que, en definitiva, la madre morirá de verdad luego de haber aceptado las mentiras.
Una dificultad que presenta la pieza teatral, que no se observa en el magnífico cuento de Cortázar, es que cada personaje habla en primera y en tercera persona. Interpretan, a la vez que narran su parte. Quienes no hayan leído el cuento tendrán dificultades para comprender ese doble rol de cada protagonista.
La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo. Foto: Clarín.
No obstante eso, lo atractivo tanto del cuento como de la obra teatral es asomarse a lo que podríamos considerar la construcción de una novela familiar. Hábitos, rutinas, secretos, mentiras, verdades, son muchos los factores que amalgaman a las familias.
Por rutinaria que sea la vida cotidiana familiar, cada familia podría escribir una novela de cuanto ocurre en su seno. Tanto para sostener los vínculos como para guardar secretos no solo hay que tener lucidez para mentir y no contradecirse, sino, sobre todo, una imaginación cuyas acciones resulten convincentes.
Cortázar rinde también en “La salud de los enfermos” un homenaje a ese género que, desde otras latitudes, se considera bien argentino. Pero las mentiras familiares son siempre universales.
La salud de los enfermos se puede ver los domingos de abril a las 18 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636).
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Fuente: Clarín.com

Susana Reinoso
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