Jean Seberg, la musa trágica de la ‘nouvelle vague’ que el cine y varios libros vuelven a mirar

“Todo lo que necesitas para hacer una película es una chica y una pistola» es una de las frases de Jean–Luc Godard al filmar Sin aliento y que ahora rescata otro gran director como Richard Linklater en el homenaje que rinde a uno de los artífices de la nouvelle vague. Justamente, su reciente película lleva ese título. Y si la pistola aparecerá en algún momento, la chica también: Jean Seberg.La actriz Jean Seberg en un fotograma de la película  ‘À bout de souffle’.  Archivo Clarín.La actriz Jean Seberg en un fotograma de la película ‘À bout de souffle’. Archivo Clarín.

Ella tenía 23 años cuando llegó a París, convocada por Godard para esa obra que –por su método de filmación, el genio del director, la irreverencia y el clima de época– marcaría un momento revolucionario en el cine. El momento liderado por el propio Godard (hasta entonces crítico en la influyente revista Cahiers du Cinéma), Chabrol o Truffaut. Un momento que ahora, a través de múltiples guiños, es recreado con maestría por Linklater.

Seberg se iba a convertir en una de las musas más reconocidas de la nouvelle vague, pero su vida tendría un final traumático. Además de sus múltiples complicaciones sentimentales, Seberg también fue precursora entre las artistas que apoyaban las causas por los derechos civiles y, todavía con la vigencia de la maquinaria macartista, sufrió el asedio de los servicios secretos de su país.https://e0f9343b5e5b1e778d3428067db86e54.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html

En el rodaje de Sin aliento –aquel que no tenía guion conocido ni un plan diario de filmaciones– Godard le indica a su actriz que anhela que la imagen final sea “la toma más triste de la historia del cine”, comparable a Verano con Monika, de Ingmar Bergman. Lo que nunca imaginaría era cuán triste sería el final de la propia Seberg casi dos décadas más tarde: apareció muerta dentro de su auto en el verano del 79, en una callejuela de Paris.

Vida, pasión y drama de Seberg fueron abordados en varios libros. Uno de ellos es la novela S. o la Esperanza de vida, publicada en la década pasada por su hijo, Alexandre Diego Gary, fruto del matrimonio con el también escritor (y diplomático) Romain Gary, dos veces ganador del premio Goncourt.Vida, pasión y drama de Jean Seberg fueron abordados en varios libros. Uno de ellos es la novela S. o la Esperanza de vida, publicada en la década pasada por su hijo, Alexandre Diego Gary.Vida, pasión y drama de Jean Seberg fueron abordados en varios libros. Uno de ellos es la novela S. o la Esperanza de vida, publicada en la década pasada por su hijo, Alexandre Diego Gary.

“He intentado exorcizar todo eso, pero en realidad sufrí más de veinte años de depresión. Mi madre era inmensamente bella y de una generosidad sin límites”, relató Gary. A los 17 años sufrió el suicidio de su madre. Y quince meses después, el de su padre, un exmiembro de la resistencia francesa.

Había sido justamente su padre Romain el primero en denunciar, al momento de la muerte de Jean, la persecución que ella sufrió por parte del FBI. “Espiaron, intimidaron, hostigaron y calumniaron a Jean durante una década, le destruyeron su confianza y le causaron brotes psicóticos”, dijo aquella vez, cuando pocos tomaron en cuenta su denuncia.

Gary, quien estudió Literatura en la Sorbona y se especializó en la obra de Kundera, vive en Barcelona. “Mi historia es la de un superviviente, de alguien que consiguió aferrarse a la vida. Y con este libro, quería ayudar a las personas que pasaron por experiencias traumáticas similares y decirles que existe una luz al final del túnel», sostuvo.

Gary también colaboró para una crónica gráfica que editó Gallimard en 2014. Allí se presentan fotografías y documentos. “Ella fue la estrella rebelde que luchó contra las servidumbres de la industria de Hollywood y que pagó un precio muy alto por su compromiso político”, señala esa obra con prólogo de Antoine de Baecque.

Carlos Fuentes –quien mantuvo un romance con la actriz– la ubica en su libro Diana o la cazadora solitaria. Y también Jean Seberg es abordada en las novelas de Alain Absire (cuestionada por su hijo) y Garry McGee. En Jean Seberg, retrato francés, la biografía de Maurice Guichard, este la describe como “un símbolo de la liberación femenina”.

Además, la actriz fue homenajeada en una película: Seberg, más allá del cine (2019), de Benedict Andrews, con Kristen Stewart como protagonista. Allí se repasan los años que estuvo en la mira del FBI: es la historia de cómo una red de intimidación y mentiras interesadas, armada por unas autoridades sin escrúpulos, puede destruir completamente a un artista.Carlos Fuentes –quien mantuvo un romance con la actriz Jean Seberg – la ubica en su libro Diana o la cazadora solitaria.Carlos Fuentes –quien mantuvo un romance con la actriz Jean Seberg – la ubica en su libro Diana o la cazadora solitaria.

Para el papel de Seberg en Nouvelle Vagueel director Linklater contó con Zoey Deutch, actriz californiana. Para ella, ya había imaginado ese rol una década antes, cuando empezó a pensar en este proyecto. “Uno de los mayores regalos que tienes como actriz es poder vivir otras vidas. Yo personalmente jamás me habría cortado el pelo como Jean, pero cuando lo haces para otra, porque estás desarrollando su historia, encuentras el valor para hacerlo”, aseguró Deutch.

“Vi Sin aliento más de 100 veces”, reconoce. Memorizó cada gesto y movimiento de Seberg, los hizo suyos. “Estudié francés durante más de un año y tenía que hablar el idioma con acento americano, como lo hacía Seberg”.

Deutch también comentó: “Empatizo mucho con lo que vivió Jean Seberg rodando Sin aliento, porque cuando yo tenía 19 o 20 años también me sentía una impostora. Cuando una empieza, el del cine es un mundo nuevo e intenso; quieres confiar en alguien, y no creo que Jean pudiera. Acabó diciendo que respetaba y agradecía lo que la película hizo por ella, aunque creía que Godard estaba interesado en lo que ella representaba, no en quién era realmente. Seberg era una fuerza de la naturaleza, increíble, tenía mucho que dar al mundo… Fue una lástima que las cosas sucedieran así”.En Jean Seberg, retrato francés, la biografía de Maurice Guichard, este la describe como “un símbolo de la liberación femenina”.En Jean Seberg, retrato francés, la biografía de Maurice Guichard, este la describe como “un símbolo de la liberación femenina”.

Seberg, vida y destino

El debut de Seberg en el cine sucedió en 1957. El director Otto Preminger buscaba a una desconocida para interpretar a Juana de Arco en Santa Juana. Seberg, una chica de 19 años procedente de Marshalltown, Iowa, hija de un farmacéutico y una maestra, fue elegida por los estudios Columbia entre más de 15 mil aspirantes.

Santa Juana fue un fracaso de crítica y público, pero Preminger volvió a apostar por Seberg y la eligió para interpretar a la hija de un playboy en Buenos días, tristeza. El libro de Françoise Sagan fue uno de los grandes éxitos editoriales de la posguerra. Mezcla de amoralidad y cinismo, el relato en primera persona de una joven burguesa escandalizó a los sectores más conservadores y sedujo a los adolescentes de todo el mundo.Esta imagen publicada por Netflix muestra a Zoey Deutch interpretando a Jean Seberg, en el centro, en una escena de «Nouvelle Vague». (Jean-Louis Fernandez/Netflix vía AP)Esta imagen publicada por Netflix muestra a Zoey Deutch interpretando a Jean Seberg, en el centro, en una escena de «Nouvelle Vague». (Jean-Louis Fernandez/Netflix vía AP)

En la película de Preminger, Seberg es Cécile, la heroína literaria que exhibe los abismos existenciales del alma adolescente transgrediendo, sin aparente sentimiento de culpa, las normas por las que se rige el mundo de los adultos.

La película resultó otro fiasco de la crítica, pero no en la opinión de Godard, que la consideró como “una de las mejores del año”. Y a Seberg, como la actriz ideal para el papel de Patricia Franchini en su film debut, Sin aliento, como coprotagonista de otro desconocido (hasta entonces): Jean-Paul Belmondo.

Godard tenía el apoyo de Truffaut, quien escribió que “cuando Jean Seberg está en la pantalla, cosa que ocurre casi todo el tiempo, solo tenemos ojos para ella, gracias a ese encanto que se encuentra en el menor de sus gestos, por esa forma de sex appeal que no habíamos visto hasta ahora”.

Seberg también arriesgaba al viajar a un terreno desconocido, con un director debutante. Pero se lanzó y aceptó lo que sería el lema de la nouvelle vague que le propuso Godard: “Si quieres hacer algo, simplemente te levantas y lo haces”.Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en ‘À bout de souffle’. Archivo Clarín.Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en ‘À bout de souffle’. Archivo Clarín.

Para la crítica y profesora María Adell, que dedicó su tesis doctoral a Jean Seberg, la actriz trajo a Estados Unidos un “nuevo arquetipo cinematográfico, el de la mujer moderna”. Pero lo hizo “demasiado pronto”, cuando el mundo no estaba aún preparado para recibirla.

Adell considera que en el Hollywood de los años 70 se hubieran entendido mucho mejor “su naturalidad, su modernidad y su economía de recursos expresivos” y hubiese podido tener una carrera “como las de Jane Fonda, Julie Christie o Faye Dunaway, de las que fue una notable antecesora”.

“Yo la veo como una actriz en tránsito –explica Adell–, atrapada entre Hollywood y las vanguardias modernas europeas, entre el clasicismo y la modernidad, entre dos maneras distintas de ser actriz y de ser mujer. De ahí su fracaso. Y de ahí también que su carrera, un tanto errática y hasta cierto punto fallida, resulte hoy tan estimulante y tan digna de recuerdo”.

Luego de Sin aliento –cuyo título original en francés es À bout de souffle– Godard continuó su carrera caótica, alternando momentos mediocres y hallazgos. Jean Seberg se insinuó como la actriz favorita para los realizadores de esa generación, pero su carrera se diluyó: alternó algunas obras de culto con películas comerciales de su último ciclo, como Aeropuerto.

Rodó junto a grandes estrellas como Sean Connery, Clint Eastwood, Burt Lancaster, Dean Martin y Kirk Douglas, entre otros. Tuvo más éxito en Europa que en Hollywood. Rebelde y apasionada, Seberg no logró adaptarse a las servidumbres de los grandes estudios de la meca del cine. Su carrera como actriz estuvo llena de altibajos, al igual que su vida personal: estuvo casada en tres ocasiones. Primero con el director de cine François Moreuil (1958–1960), luego con Gary y finalmente con el director y actor Dennis Berry (1972–1979).

“En el camino entre ser una chica de pueblo y una estrella de cine, ella acabó desviándose. Supongo que quería ser las dos cosas, pero nunca supo quién era”, dijo alguna vez Clint Eastwood: juntos filmaron La leyenda de la ciudad sin nombre.

Como su personaje en Lilith (de Robert Rossen, 1964), una de sus más completas y difíciles actuaciones, en los últimos años de su vida Seberg transitó entre la depresión y la locura.

Sospechas y un final dramático

El 30 de agosto de 1979 salió de su departamento en París y no se la volvió a ver por varios días. Recién se encontró su cuerpo sin vida, envuelto en una manta, el 8 de setiembre en un auto en el barrio de Passy, en París. “Diego, mi hijo querido, perdóname. No podía vivir más. Compréndeme. Sé que puedes hacerlo y sabes que te quiero. Sé fuerte. Tu mamá que te quiere», decía la nota de suicidio. La autopsia reveló que los barbitúricos le causaron la muerte, pero también que había rastros de alcohol en su sangre.La actriz Jean Seberg en un fotograma de la película ‘Buenos días tristeza’.   Archivo Clarín.La actriz Jean Seberg en un fotograma de la película ‘Buenos días tristeza’. Archivo Clarín.

A los pocos días, Romain Gary, sin cuestionar que se tratara de un suicidio, le apuntó a los servicios secretos de Estados Unidos: Seberg llevaba una década en la mira de la unidad de infiltración y espionaje del FBI, el siniestro Cointelpro.

Al principio se creyó que aquella denuncia era el delirio de un “viudo afligido” (aun cuando llevaban varios años separados). Pero investigaciones posteriores demostraron que Seberg fue objeto de escuchas telefónicas y de una campaña de desprestigio, con constantes rumores falsos sobre ella. Entre ellos, que tendría una hija negra (otro drama, una nena que murió dos días después de nacer…). Su vinculación con movimientos como los Panteras Negras la puso en la mira: enemigo público. Tras enterarse del trato despiadado que había recibido su hija, el padre de Jean dejó caer una frase dolorosa: “Yo siempre he tenido una bandera norteamericana en el patio de mi casa, pero no creo que vuelva a izarla nunca”.

El expediente confidencial dedicado a Seberg y sus actividades “antiamericanas” se inició en la primavera de 1969. Al principio incluía sobre todo fotografías y recortes de prensa sobre la “sospechosa” relación entre la actriz y los Black Panthers, pero muy pronto se instalaron micrófonos en su residencia en Los Ángeles y empezaron a espiarse sus comunicaciones de manera sistemática.

Belmondo, a esa altura una superestrella del cine, fue uno de quienes acompañó la ceremonia del final en el cementerio de Montparnasse. Hoy, allí, se ven flores, un olivo y una fotografía en blanco y negro de la actriz sonriente, con un sombrero, sacada de una de las escenas de Sin aliento.

Libros y películas nos vuelven a iluminar esa figura frágil y al mismo tiempo poderosa que guardó su eterna belleza juvenil.


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Luis VinkerLuis Vinker

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Fuente: Clarín.com

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