Con extrema facilidad, dos veces fue robado del Museo Histórico Nacional el sable corvo de José de San Martín, en Buenos Aires, en la década del 60: 1963 y 1965. Ahora que, por decreto presidencial de Javier Milei, el 7 de febrero, regresa a uno de los lugares donde antes también estuvo, el Regimiento de Granaderos a Caballo que lleva el nombre del Libertador, vuelven a recordarse no solo detalles de ambos hechos, sino también otros robos ocurridos en el mismo museo en tiempos recientes, como el robo del reloj de Manuel Belgrano (2007) (aún sin aparecer y bajo alerta de Interpol) y el de una colección de monedas (2020) –recuperada parcialmente– que fue traída al país por orden de Bernardino Rivadavia y Manuel Belgrano.
El sable corvo de San Martín se expone en el Museo Histórico Nacional. Foto Cecilia Profetico
También se recuerda el robo de la espada de Bolívar, en Colombia, que se dice fue inspirado por lo ocurrido en Argentina con el sable de San Martín. “Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente”, decía una nota del M19 colombiano el 14 de enero de 1974, dejada en la casa-museo, ubicada en el centro de Bogotá, que fue su residencia en la capital colombiana.
En 2022, el presidente Gustavo Petro (exmiembro del M-19, grupo que la robó en 1974) ordenó que la llevaran a su acto de asunción en el Palacio de Nariño. Réplicas de alta precisión de la espada de Bolívar han sido entregadas a la Argentina, en años anteriores, como símbolo de la unidad bolivariana y sanmartiniana
Una cápsula de vidrio blindado
El Museo Histórico Nacional tiene por sede la antigua Mansión Lezama, en la calle Defensa, en el barrio de San Telmo. Se cree que ese terreno es el sitio exacto donde Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires, en 1536.
Hoy, el arma permanece en la llamada “Sala del Sable de San Martín”, dentro de una cápsula de vidrio blindado, resistente a impactos de gran potencia, con sensores de movimiento y vibración y la custodia permanente de dos granaderos.
Cualquier intento de tocar o mover la vitrina sin aviso activará una alarma inmediata conectada con las fuerzas federales. Las medidas de seguridad se activaron por orden de la anterior presidenta Cristina Fernández cuando decidió que volviera al museo, tras muchos años en el Regimiento de Granaderos.
El sable corvo de San Martín se expone en el Museo Histórico Nacional. Foto: Andres D’Elia
La empuñadura es de ébano, su largo total es de 95 centímetros, tiene una curvatura de aproximadamente 12 grados y fue forjado en el Lejano Oriente. El sable lo compró San Martín en los primeros años de 1800, en Londres, poco antes de regresar a Buenos Aires, y lo acompañó en numerosas batallas.
Hasta ese entonces no era un arma usada por los ejércitos libertadores en América. Sus características permitían mejores movimientos, un mayor daño físico al enemigo y psicológico, pues al usarlo en combate producía un silbido agudo y prolongado. Al morir San Martín en su exilio en Francia, pidió que se lo entregaran a Juan Manuel de Rosas, en un hecho controvertido. Desde entonces Rosas lo usó y se lo llevó a su exilio en Inglaterra. Al morir este, sus herederos lo devolvieron a la Argentina.
Tanto San Martín como Rosas le dedicaron un exhaustivo cuidado al arma. Crónicas de la época señalan que el sable solo podía ser tocado por pocos elegidos. “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud”, dice de él en su testamento San Martín. Mantener el brillo de la “prenda de honor” se convirtió en una obsesión de Rosas durante su exilio, acción que realizaba personalmente.
Robar el sable corvo
El 12 de agosto de 1963, cuatro jóvenes, pertenecientes al Comando “Juventud Peronista”, una organización hasta entonces prácticamente desconocida, robaron el sable del Museo Histórico Nacional. Como en la mayoría de los casos, la ausencia de medidas de seguridad posibilitó el hecho. Un sereno fue reducido, la vitrina que guardaba el sable, rota, y el arma, robada. En el lugar dejaron un panfleto que exigía el regreso de Perón al país.https://www.instagram.com/p/C4lVDgcuw4E/embed/captioned/?cr=1&v=14&wp=858&rd=https%3A%2F%2Fwww.clarin.com&rp=%2Fcultura%2Fsable-libertador-increibles-robos-capsula-vidrio-blindado-protege-ahora_
Una de las reliquias históricas más significativas del país estuvo escondida, entre otros lugares, en el falso fondo de un piano, en armarios, bajo la cama y enterrada bajo tierra hasta que, ante una impiadosa persecución, apenas 16 días después, el 28 de agosto, negociaron la entrega.
El sable, envuelto en una frazada, fue devuelto con algunos daños y marcas producidas por la humedad. Un pequeño pedazo del cuero y metal de la vaina fue cortado por los ejecutores como muestra de que el robo había sido real y exitoso y enviado a Madrid, donde lo recibió Perón.
En agosto de 1965, dos días después del aniversario de la muerte de San Martín, otros miembros de la Juventud Peronista volvieron a robar el arma en un hecho casi idéntico: redujeron a los cuidadores y rompieron la vitrina.
También dejaron un panfleto en el que pedían, además del regreso de Perón, la ruptura con el FMI, aumento de salarios y mejores condiciones para los trabajadores y libertad para los presos políticos, entre los que se encontraban algunos ejecutores del primer robo. Al salir del museo fueron descubiertos. Mientras huían, se enfrentaron a los tiros con la policía. Pudieron escapar.
Tocar la hoja del arma, hecha en acero de Damasco, se convirtió en un ritual como parte del juramento de lealtad a la Patria y a Perón durante el año que el sable estuvo desaparecido en este segundo robo. Fue devuelto en junio de 1966. En la hoja tenía grabada una frase, “PV (Perón Vuelve)”, que desapareció, removida por restauradores. Se dice que el mismo Perón ordenó que lo devolvieran.
El sable corvo de San Martín se expone en el Museo Histórico Nacional. Foto: Andres D’Elia.
En 1967, la custodia del sable corvo fue dada al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín hasta 2015, cuando volvió al Museo Histórico Nacional. En este 2026 volverá al Regimiento de Granaderos.
Varios libros recogen ambos hechos, entre ellos El sable del General, escrito por Osvaldo Agosto, el cerebro detrás del robo en 1963; Sable. El arma de San Martín, de varios autores (Colección del Museo Histórico Nacional), y el thriller peronista El Sable, de Rodolfo Piovera.
El traslado de reliquias históricas, incluidas las armas, de un lugar a otro suele ser más común de lo que se piensa. Suelen hacerse por simbolismo político, protocolos de seguridad o estrategias de conservación. El robo, también, aunque en estos casos interviene la voracidad de ladrones de guantes blancos sin afiliaciones políticas.
Sobre la firma
Claribel Terré MorellBio completa
Fuente: Clarín.com

Sea el primero en comentar en "El sable del Libertador: dos increíbles robos y una cápsula de vidrio blindado que lo protege ahora"