No son días felices para los hinchas de River. Se les acaba de ir uno de sus mayores ídolos. Gallardo dijo basta. Se baja de un barco que no puede dominar sobre aguas tumultuosas. Honor y gloria al Muñeco feliz de Madrid y también al hombre que tomó la decisión dolorosa después de perder en Liniers.
Gallardo deja la gloria de su primera gestión y en esta fallida segunda etapa las hilachas de un equipo sin ton ni son que deambula en el Torneo Apertura y que no logró clasificarse a la Copa Libertadores y extenuó la tesorería del club con la recomposición del plantel. La historia lo juzgará. La vida no es una foto, se sabe. Es una película. Y ésta tuvo risas y lágrimas.
No debe haber persona mas apesadumbrada y dolida por la renuncia que el propio Gallardo que llegó a River desde su Merlo natal cuando tenía dientes de leche. Pero la cosa no daba para más. Gallardo llegó hasta el viejo hospital de los Muñecos malherido, pero no pudieron cambiarle el corazón de fantasía. Y a diferencia de Pinocho, no despertó.
Cometió errores evidentes en el armado y en la estrategia del equipo. Puede pasar. Los jugadores no estuvieron a la altura de su exigencia y no dieron la talla. Y eso también pasó. Ese combo letal acabó con el hombre de la estatua merecida y orgullosa que seguirá a las puertas del Monumental.
El River de Gallardo perdió el brillo de otras épocas. Foto: EFE
Cuando dejó River por primera vez, tuvo la ilusión de dirigir en Europa pero terminó en el fútbol de Arabia Saudita. Tampoco le fue bien en el Al Ittihad. Y volvió a buscar una revancha que no se dio y termina de forma dramática. Fracasó Gallardo. ¿Es mal técnico Gallardo? De ninguna manera. Las circunstancias, ciertas coyunturas y tal vez algunas cuestiones de su propia personalidad se confabularon para este final cargado de tristeza.
Todavía no hay profundidad en las razones que lo llevaron a dejar el club. Tal vez pueda comunicarlas en un tiempo, cuando haya más calma y pueda explicarles a los hinchas las razones que lo llevaron a tirar la toalla. Es una pena.
Deja un camino abierto a las especulaciones sobre su sucesión y un trabajo difícil para el gobierno de Di Carlo, que apenas lleva un puñado de meses sentado en el sillón presidencial. River no es para cualquiera. Gallardo no es un cualquiera y sin embargo… Así que quien llegue (a quien elijan) sabrá que una delgada línea divide el Paraíso del Infierno en River.
No se guardó nada el Muñeco. Eso se sabe. No se le puede reprochar dedicación ni haber dejado todo por hacer de River lo que River merece. Pero a veces todo se conjura en contra y la baraja viene mal.
¡Salud, Muñeco!
Sobre la firma
Daniel Lagares
Daniel Lagares
Editor de la sección Deportes
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Fuente: Clarín.com

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