Categoría: Entretenimiento

  • La historia detrás de «Oppenheimer», la biografía que llevó 25 años de trabajo y que inspiró el aclamado film

    Martin Sherwin no era el clásico escritor que sufría un bloqueo. Extrovertido, gracioso y atlético, quienes lo conocieron lo describen como lo opuesto a un neurótico.

    Pero a fines de la década de 1990, tuvo que reconocer que estaba estancado. Sherwin, profesor de historia y autor de un libro anterior, había accedido a escribir una biografía completa de J. Robert Oppenheimer dos décadas antes. Ahora se preguntaba si alguna vez la terminaría.

    Había realizado numerosas investigaciones –una cantidad extraordinaria en realidad–, y tenía acumuladas unas 50.000 páginas de entrevistas, transcripciones, cartas, diarios, documentos desclasificados y expedientes del FBI, almacenados en cajas aparentemente interminables en su sótano, su desván y su oficina. Pero apenas había escrito una palabra.Un retrato de 1963 de J. Robert Oppenheimer, el tema de la biografía “American Prometheus” y una nueva película basada en el libro.Crédito...Eddie Adams/ AP vía NYTUn retrato de 1963 de J. Robert Oppenheimer, el tema de la biografía “American Prometheus” y una nueva película basada en el libro.Crédito…Eddie Adams/ AP vía NYT

    Sherwin originalmente había tratado de rechazar el proyecto, recordó su esposa, y le dijo a su editor, Angus Cameron, que no creía que tuviera la experiencia suficiente para abordar un tema tan trascendental como Oppenheimer, el padre de la bomba atómica. Pero Cameron, que había publicado el primer libro de Sherwin en Knopf y que, como Oppenheimer, había sido víctima del macartismo, insistió.

    Entonces, el 13 de marzo de 1980, Sherwin firmó un contrato por 70.000 dólares con Knopf para el proyecto. Tras recibir la mitad de esa suma para empezar, esperaba terminarlo en cinco años.

    Al final, el libro le llevó 25 años de trabajo, y Sherwin no lo hizo solo.

    Con el estreno de la película de Christopher Nolan Oppenheimer, será la primera vez que muchos jóvenes estadounidenses conozcan la historia de J. Robert Oppenheimer. Pero esa película se basa en la exhaustiva y emocionante biografía de 721 páginas ganadora del Premio Pulitzer titulada American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer (Prometeo estadounidense: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer), coescrita por Sherwin y Kai Bird.

    Knopf publicó esta obra maestra en 2005. Pero fue sólo gracias a una poco frecuente colaboración entre dos escritores incansables –y una profunda amistad, construida en torno a una dedicación compartida al arte de la biografía como la obra de toda una vida– que American Prometheus pudo hacerse.

    Oppenheimer habría sido un tema desalentador para cualquier biógrafo.Publicado en 2005, el libro ganó el Premio Pulitzer de biografía. Foto Naum Kazhdan/The New York TimesPublicado en 2005, el libro ganó el Premio Pulitzer de biografía. Foto Naum Kazhdan/The New York Times

    Intelectual público con un don para lo dramático, dirigió el laboratorio de alto secreto de Los Álamos, Nuevo México, llevando la bomba atómica de una posibilidad teórica a una aterradora realidad en un lapso imposiblemente breve.

    ​Más tarde, se lo vio como una especie de rey filósofo de la era nuclear de la posguerra, cuando se opuso públicamente al desarrollo de la bomba de hidrógeno y se convirtió en un símbolo tanto del genio tecnológico estadounidense como de su conciencia.

    Esa postura convirtió a Oppenheimer en blanco de ataques en la era de McCarthy, lo que llevó a sus enemigos a pintarlo como simpatizante del comunismo. Fue despojado de su autorización de seguridad durante una audiencia de 1954 convocada por la Comisión de Energía Atómica. Vivió el resto de su vida menoscabado y murió a los 62 años en 1967, en Princeton, Nueva Jersey.

    Cuando Sherwin comenzó a entrevistar a personas que lo habían conocido allí, quedó desconcertado por la intensidad de sus sentimientos. Los físicos y las viudas de los físicos todavía estaban enojados por la despreocupada negligencia que Oppenheimer había mostrado a su familia.Cillian Murphy como el Dr. J. Robert Oppenheimer en una escena de "Oppenheimer", a la izquierda, y el físico Dr. J. Robert Oppenheimer en el campo de pruebas de la bomba atómica cerca de Alamogordo, Nuevo México, el 9 de septiembre de 1945. Fotos Universal Pictures vía AP, izquierda y APCillian Murphy como el Dr. J. Robert Oppenheimer en una escena de «Oppenheimer», a la izquierda, y el físico Dr. J. Robert Oppenheimer en el campo de pruebas de la bomba atómica cerca de Alamogordo, Nuevo México, el 9 de septiembre de 1945. Fotos Universal Pictures vía AP, izquierda y AP

    Sin embargo, después de que Sherwin se mudó con su familia a Boston para trabajar en la Universidad Tufts, él y su esposa Susan conocieron a científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts que reconocieron con vergüenza que los años en que habían trabajado con Oppenheimer en la bomba habían sido algunos de los más felices de su vida.

    Entre las decenas de personas que Sherwin también entrevistó estaban Haakon Chevalier, el otrora mejor amigo de Oppenheimer cuyos vínculos comunistas formaron parte de la base de la inquisición en su contra, y Edward Teller, cuyo testimonio en la audiencia de 1954 ayudó a poner fin a su carrera.

    El hijo de Oppenheimer, Peter, rechazó una entrevista formal, por lo que Sherwin llevó a su familia a Pecos Wilderness, cerca de Santa Fe, ensilló un caballo y cabalgó hasta la cabaña de los Oppenheimer, buscando la oportunidad de hablar con el hijo del científico mientras ambos construían una cerca. “Marty nunca pensó que fuera un gran entrevistador”, dijo Susan Sherwin, quien lo acompañó en muchos viajes de investigación y lo sobrevive. Pero tenía un don para conectarse con la gente.

    La fecha límite que tenía Sherwin para entregar el libro llegó y quedó atrás. Su editor se jubiló y el escritor hizo todo lo posible para evitar al nuevo. Siempre había otra persona que entrevistar u otro documento que leer.

    El libro inconcluso pasó a ser un chiste habitual en la casa de Sherwin.

    “Tuvimos una caricatura de The New Yorker en la puerta de la heladera durante toda mi infancia”, recordó su hijo Alex. “Es un tipo ante una máquina de escribir, rodeado de montones de papeles. Su esposa está en segundo plano, en el umbral de la puerta de su oficina. Y él dice: ‘¿Terminarlo? ¿Por qué querría terminarlo?’”.Escena del film "Oppenheimer".Escena del film «Oppenheimer».

    Aparece Bird

    Bird, ex editor asociado de The Nation, necesitaba un trabajo. Corría 1999 y, aunque Bird había escrito un par de biografías modestamente exitosas, como historiador de 48 años sin doctorado, no estaba calificado para un cargo universitario permanente y estaba sobrecalificado para casi todo lo demás. Su esposa, Susan Goldmark, que ocupaba un lucrativo puesto en el Banco Mundial, se estaba cansando de ser el principal sostén de la familia.

    Bird se había postulado sin éxito a varios empleos publicados en los diarios cuando se comunicó con él un viejo amigo. Sherwin invitó a Bird a cenar y sugirió que unieran fuerzas para lidiar con Oppenheimer.

    Se conocían desde hacía años y su amistad se había consolidado a mediados de la década de 1990, cuando Bird incluyó los ensayos de Sherwin en un volumen sobre la controversia en torno a una exposición planeada por el Smithsonian para exhibir al Enola Gay, el avión que lanzó la primera bomba atómica.

    Pero había una complicación. “Mi primer libro”, dijo Bird, “comenzó como una colaboración con mi mejor amigo”, el escritor Max Holland, “y ocho años después terminó en divorcio”. La relación se rompió, en parte, por desacuerdos sobre cuánta investigación era suficiente.

    El episodio había sido doloroso. Nunca más, le recordó su esposa.

    “Le dije a Marty, ‘No, no puedo. Te aprecio demasiado’”, contó Bird.Kai Bird, a la izquierda, y Martin J. Sherwin en 2006, mostrando una copia de su libro "American Prometheus".Crédito...Manuel Balce Cenata/ PA vía NYTKai Bird, a la izquierda, y Martin J. Sherwin en 2006, mostrando una copia de su libro «American Prometheus».Crédito…Manuel Balce Cenata/ PA vía NYT

    Así comenzó una campaña de seducción de un año para convencer a Bird, pero especialmente a Goldmark, de que esta vez las cosas serían distintas.

    “Los observaba atentamente, mirándolos interactuar y terminar las oraciones uno del otro como lo hacen a veces las parejas”, recordó Goldmark. «Los dos eran tan adorables».

    Finalmente, con todos a bordo, Gail Ross, la agente de Bird, negoció un nuevo contrato con Knopf, que acordó pagarles otros 290.000 dólares para que terminaran el libro.

    Sherwin le advirtió a Bird que había lagunas en su investigación. Pero pronto, «un número incalculable de cajas» comenzó a aparecer en la casa de Bird, según su esposa. Cuando Bird empezó a revisar todo, advirtió hasta qué punto la investigación de Sherwin era minuciosamente detallada y enormemente amplia. “No había lagunas”, recordó Bird.

    Era hora de escribir. Bird empezó por el principio.

    “Redacté un borrador de los primeros años de infancia”, dijo, “y Marty lo tomó y lo reescribió”. Sherwin le devolvió la revisión a Bird, quien quedó impresionado. “Él sabía exactamente lo que faltaba en las anécdotas”, dijo Bird.

    El proceso tomó forma: Bird estudiaría detenidamente la investigación, la sintetizaría y redactaría un borrador que enviaría a Sherwin, quien detectaría lo que faltaba, editaría y reescribiría, y le devolvería la copia a Bird. Pronto Sherwin también estaba redactando. “Escribimos furiosamente durante cuatro años”, dijo Bird.

    Sherwin siempre supo que la audiencia que despojó a Oppenheimer de su autorización sería el “epicentro” de la biografía, contó Bird. Discutieron sobre lo que podía indicar la evidencia, pero nunca sobre el estilo, el proceso o la forma del libro en sí. “Se convirtió”, dijo Susan Sherwin, “en algo casi mágico”.

    Para el otoño de 2004, casi 25 años después de que Knopf se comprometiera con el proyecto, el manuscrito estaba casi listo. La editora de Bird y Sherwin, Ann Close, vetó «Oppie», el título provisorio que aquellos habían elegido. Siguió una pelea, hasta que algo se le ocurrió a Goldmark a altas horas de la noche: “Prometeo… fuego… la bomba es fuego. Y podrías poner ‘estadounidense’ allí”.

    Bird descartó «American Prometheus» por considerarlo demasiado oscuro, hasta que Sherwin lo llamó a la mañana siguiente para decirle que un amigo, el biógrafo Ronald Steel, había sugerido el mismo título durante la cena la noche anterior. “Estoy metido en un gran problema”, dijo Bird. Su esposa se sintió reivindicada.

    El 5 de abril de 2005, se publicó, con gran éxito, American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer de Bird y Sherwin. The Boston Globe lo elogió diciendo que “se erige como un Everest entre las montañas de libros sobre el proyecto de la bomba y Oppenheimer, y es un logro que probablemente no será superado ni igualado”.

    Entre sus numerosos reconocimientos recibió el Premio Pulitzer de biografía. Bird siempre pensó que el libro tenía posibilidades de ganar ese galardón, pero Sherwin era escéptico. “Siempre me consideró un optimista incorregible. Así que estaba auténticamente asombrado”, diría Bird más tarde. “De hecho, estaba exultante”.

    Para cuando los colaboradores se enteraron en septiembre de 2021 de que Nolan planeaba convertir American Prometheus en una película, Sherwin se estaba muriendo de cáncer.

    Ambos habían leído varios proyectos de guiones basados en su libro a lo largo de los años, por lo que Sherwin dudaba de las posibilidades de la biografía en Hollywood. Estaba demasiado enfermo para reunirse, pero Bird y Goldmark conocieron a Nolan en un hotel boutique del Greenwich Village de Nueva York. Bird le informó a Sherwin en persona que, con Nolan como guionista y director, su trabajo estaba en buenas manos.

    “La historia de Oppenheimer es una de las más dramáticas y complejas con las que me he encontrado”, dijo Nolan hace poco. “Creo que jamás habría encarado esto sin el libro de Kai y Martin”. (La expectativa por la película ha puesto la biografía en la lista de libros de bolsillo de no ficción más vendidos del New York Times). El 6 de octubre de 2021, Bird recibió la noticia de que su amigo había muerto a la edad de 84 años.

    Sherwin «habría estado profundamente complacido» por la precisión de la película, dijo Bird después de verla por primera vez. “Creo que habría apreciado el logro artístico que es”.

    Recordó el día que él y su esposa pasaron unas horas en el set de la película en Los Álamos. El equipo estaba filmando en la cabina original de Oppenheimer, ahora minuciosamente restaurada. Bird vio a Cillian Murphy hacer toma tras toma en el papel de Oppenheimer, asombrado por el parecido del actor con el hombre al que había estudiado durante años.

    Finalmente, hubo una pausa en la filmación y Murphy quiso presentarse.

    Cuando el actor se acercó, vestido con el traje marrón holgado de la década de 1940 de Oppenheimer y una corbata ancha, Bird no pudo evitarlo.

    «¡Dr. Oppenheimer!”, gritó. “¡Llevo décadas esperando conocerlo!”. Bird dijo que Murphy sólo se rio. “Todos hemos leído su libro”, le dijo Murphy. “Es lectura obligatoria por aquí”.

    ©The New York Times

    Traducción: Elisa Carnelli

    Fuente: Clarín.com

  • Vargas Llosa, el Nobel incansable

    Mario Vargas Llosa hizo más que superar dos internaciones por Covid en menos de un año y gambetear paparazzis tras su separación de Isabel Preysler. En realidad, no hizo más que lo de siempre: escribir hasta el cansancio, que es lo que debe estar haciendo en este preciso momento. O en su defecto esté leyendo. Lo otro son detalles.

    Esta semana, se supo que el último gran exponente del Boom Latinoamericano publicará una nueva novela por el sello Alfaguara el próximo 26 de octubre en todo el territorio de habla hispana. El incansable Nobel aún tiene mucho por contar.

    Le dedico mi silencio está ambientada, cuándo no, en su Perú natal. El autor de obras maestras como Conversación en la Catedral relata la vida de un hombre que soñó un país unido por la música y que enloqueció queriendo escribir un libro perfecto que lo contara. El escritor cuenta la vida del experto en música criolla Toño Azpilcueta y su descubrimiento de un guitarrista virtuoso, Lalo Molfino."Le dedico mi silencio", de Mario Vargas Llosa (Alfaguara).«Le dedico mi silencio», de Mario Vargas Llosa (Alfaguara).

    «El vals, nacido en los callejones de Lima, integró al Perú. Aquí cuento esa historia, y con ella agradezco un secreto amor que me ha acompañado toda la vida: el que siento por la música criolla y, en especial, por el vals de mi país», declaró el escritor nacido en Arequipa hace 87 años. Mezcla de ensayo con ficción, el libro promete introducirnos literariamente en los valses, marineras, polcas y huaynos peruanos.

    Pero no únicamente. Porque sabemos que el Nobel acostumbra a introducir contexto social en sus historias. En su última ficción antes de esta, “Tiempos recios”, publicada hace cuatro años, incursionaba en el golpe de Estado de Guatemala en los años 50, lo que para él resultó de “inspiración” para el posterior armado de las guerrillas del continente.

    Su nuevo libro no será la excepción: el relato transcurrirá a comienzos de los 90 en plena ofensiva de Sendero Luminoso en un territorio asolado por la violencia. Fue la década en que Mario Vargas Llosa se candidateó para la presidencia de su país. Sendero Luminoso ya había aparecido en su novela Lituma en Los Andes.

    La música aparece entonces como elemento unificador: “Podría ser aquello que recuerde a todos los que conforman la sociedad que, por encima de cualquier otra cosa, son hermanos y compatriotas». Y como hipótesis resulta arriesgada. ¿Será así que la música de un país puede salvar la grieta ideológica?

    Fuente: Clarin.com

  • El boom de la cerámica: la argentina Delfina Collazo recrea el espíritu marítimo de Miami

    Un móvil de piezas blancas anudadas con sogas parece un llamador en la entrada a la galería Azur en Miami. Da la bienvenida a Solo Show, la primera muestra individual de la argentina Delfina Collazo en la ciudad, que reúne unas 15 piezas realizadas en cerámica: construyen una gran instalación en la sala inaugurada hace un año en Allappatah, la nueva meca de las galerías y espacios de arte contemporáneo, donde se encuentra una pequeña colección privada del coleccionista Jorge Pérez y abrió sus puertas hace pocos años Daniel Maman Fine Arts.https://0fa0b14c5cb6fa55ebc9c6b29e7fbc08.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

     «Hice esta obra especialmente para Miami, inspirada en la ciudad, su mar y su brisa», contó a Cultura la artista, que el día de la inauguración cumplió 30 años.

    La sala está poblada de obras en cerámica pegada sobre lienzo, son «pedacitos de mar» que remiten al lecho oceánico, con sus piedras, arena, incluso el movimiento del agua, aun siendo abstractas. Igual que las esculturas, cada pieza está realizada sin moldes,  a mano y casi sin herramientas, así la artista deja su huella en el gesto de moldear.A Blue Planet, pieza de cerámica pintada sobre lienzo, que evoca el lecho marino.A Blue Planet, pieza de cerámica pintada sobre lienzo, que evoca el lecho marino.

    La muestra de Collazo en Azur, galería dirigida por el argentino Lucas Kokogian, forma parte del programa Conexión Buenos Aires – Miami, organizado por el área de Cooperación Cultural del Ministerio de cultura porteño, a modo de impulso al talento local en la ciudad estadounidense. La artista reside en Buenos Aires.

    El festival porteño comenzó el 13 de julio con espectáculos teatrales invitados al 37° Festival Internacional de Teatro Hispano y se despliega en Miami hasta el 23, con visitas a estudios de artistas, residencias y proyecciones de cine argentino, de clásicos a inéditos del Bafici. Con el auspicio de la revista Ñ, la exposición del fotógrafo Alejandro Chaskielberg, en el Design District, es el evento central.  Delfina Collazo, el día de la apertura y de su cumpleaños 30, junto a los galeristas de Azur y María Victoria Alcaraz, del ministerio de cultura porteño.Delfina Collazo, el día de la apertura y de su cumpleaños 30, junto a los galeristas de Azur y María Victoria Alcaraz, del ministerio de cultura porteño.

    «Lo crucial es que se vea mi trabajo, la mano, el gesto y la textura que le dan mis dedos en cada momento, y en esa homegeneidad que surge en las distintas texturas se genera el lenguaje que me caracteriza»: así define su trabajo Collazo, formada en diseño industrial en Buenos Aires, y en Parsons en Nueva York, donde viajó para hacer un máster y volvió artista.

    «Comencé de manera autodidacta, hice taller de torno, que estaba de moda hace unos años; después me gustó tanto que quise aprender un poco más, hacerlo más experimental«, dijo sobre su primer contacto con la cerámica, soporte al que regresó cuando estudiaba en Estados Unidos. «Ahí me volvió a interesar, hacía todos los proyectos en cerámica, me iba de lo utilitario para hacer objetos bellos, de hecho mi tesis fue sobre la belleza y la materialidad. Estudié, busqué inventar técnicas nuevas y entonces decidí que no iba a ser diseñadora industrial».Fachada de la galería Azur en Allapattah, Miami.Fachada de la galería Azur en Allapattah, Miami.

    Las prácticas y la forma de pensar del diseño se combinan con la naturaleza orgánica del material, sometidos a un trabajo que deja amplios márgenes a lo aleatorio. Eso pasa con el coloreado de las piezas. «Hay esmaltes más pesados como el blanco, que cubre más, pero el azul es más traslúcido y deja ver mucho más la textura, y donde la intensidad se genera con la carga que tiene en el momento», reveló la artista sobre su modo de crear piezas tan únicas como evocativas.

    Al igual que el espectro de lo textil recobró fuerza en la salida del aislamiento, en un intento de recuperar los oficios y de exorcisar los vínculos digitales, la cerámica atraviesa un auténtico boom entre los artistas contemporáneos. «No me canso de decir lo maravillosa que es la cerámica, para mí el mejor material del mundo porque captura lo gestual: trabajo con los dedos y ves mi huella ahí», confirmó.

    «Si te ponés a pensar es barro: tierra, agua y fuego, elementos que tuvimos toda la vida y se trata de encontrar en esa sencillez algo muy expresivo», concluyó. «A través de la cerámica se puede decir mucho con muy poco y a la vez es tierra, que nos conecta con algo más rudimentario y corporal, tal vez ancestral».

    Miami. Enviada especial.  

    Fuente: Clarin.com

  • Sorpresas y sospechas en la lista para elegir al director del Museo de Bellas Artes

    ristán Bauer dejará el Ministerio de Cultura de la Nación a fin de año cuando se produzca el cambio de gobierno –gane quien gane- con acontecimientos inesperados para la nueva gestión. Y no solo por la sobredimensión de la planta permanente del área a su cargo, sino sobre todo por algo clave: las nuevas gestiones en varios museos nacionales.https://fcc48e42b2b16a741d17e0a8fded8e61.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

    El concurso más relevante, el Bellas Artes (MNBA), ya entró en su etapa final de elección de director. En la lista corta de admitidos –para este, uno de los más altos cargos de la función pública en las instituciones nacionales, y de gran prestigio– hubo sorpresas y más de una decepción. Los nombres de los actuales funcionarios Feda Baeza y María Isabel Baldasarre –ambas en cargos políticos activos– aparecen entre los finalistas. ¿Estamos ante una calesita de cargos? Es una interpretación. No estamos lejos del conflicto de intereses, un defecto de origen, el famoso «ser arte y parte». 

    Vayamos por partes, tan luego. Los requisitos de inscripción fueron laxos y los habilitados a postularse solo tenían un impedimento legal: no haberse dedicado profesionalmente –ni como modo principal o accesorio de vida– al comercio de obras de arte durante los cinco años previos a su inscripción. Vale decir: galeristas operativos, afuera. Pero ¿curadores y directores de museos sí? Los museos compran obras de arte para su propio acervo, si bien su función principal es la preservación del patrimonio.

    Los habilitados para inscribirse –en un proceso súper acelerado de 15 días, cuando en el concurso del MNBA venía demorado desde hace 4 años– eran “las ciudadanas y ciudadanos argentinos o extranjeros con residencia legal en el territorio, mayores de edad” que cumplieran con los requisitos para el cargo de Director Ejecutivo. Los requisitos vuelven a estar publicados en la web del Ministerio de Cultura.

    De todos los demás requisitos, dos señalaban que los postulantes debían acreditar “experiencia laboral acreditada en funciones afines y/o relacionadas al puesto por un término no inferior a los SEIS (6) años” y “experiencia laboral acreditada en dirección de equipos de trabajo por un término no inferior a los TRES (3) años”. Algunos de los elegidos que pasaron los filtros figuran como monotributistas.

    El jurado integrado Analía Solomonoff, curadora y directora del Museo de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez, de Santa Fe; Laura Malosetti Costa, decana de la Escuela de Arte y Patrimonio de la UNSAM y una brillante académica; el artista visual y gran dibujante Eduardo Stupía; Fernando Pérez Oyarzún, ex Director del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile y Cristina Cosaka, Directora Nacional de Empleo Púbico, ya expidió la nómina de admitidos y no admitidos para continuar el concurso.

    Entre los catorce candidatos que siguen en carrera están el actual director del MNBA (prorrogado cada seis meses desde que venció su concurso, en 2019) Andrés Duprat, y la actual coordinadora artística del mismo Museo Mariana Marchesi. Esta destacada curadora, con gran solidez académica, vivió una situación directamente alucinante en 2020, el año que vivimos encerrados. Elegida por concurso en 2017, Marchesi fue despojada de su cargo por la gestión actual. A sola firma, el ministro Bauer rebajó su puesto como Directora Artística y la nombró “coordinadora”, con lo que pasó a depender directamente de él y perdió su autonomía de decisión. Que se haya presentado al concurso para la Dirección tiene un perfume de revancha.Andrés Duprat, actual director del Bellas Artes, busca continuar su gestión al frente del museo. Foto Juan Manuel Foglia.Andrés Duprat, actual director del Bellas Artes, busca continuar su gestión al frente del museo. Foto Juan Manuel Foglia.

    Dos nombres merecen un renglón aparte; se trata de funcionarios de este período que siguen en sus cargos y buscan con ello levantar la apuesta . Son los postulantes admitidos Feda Baeza, directora del Palais de Glace, uno de los centro de artes visuales prácticamente sin gestión desde que asumió Bauer, María Isabel Baldasarre, actual Directora Nacional de Museos, con 25 instituciones a su cargo. Es decir, entre otras, el Museo Nacional de Bellas Artes. Lo que se dice estar en ambos lados del mostrador.

    ​Del itinerario de Baeza como funcionario se recordará aquel cuestionario fisgón en que se solicitaba a los participantes del concurso del Palais declararan si se consideraban trolas, putos o maricas –por recordar solo tres entre una docena de coloridos apelativos.

    Se agregan a la lista: Andrea Griselda Elías, directora de la Casa de Yrurtia (por lo menos hasta marzo de 2023, según la información oficial); Claudia Alejandra Lamas, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Salta; Facundo Valdez, director del Museo Histórico Municipal de Ituzaingó; la comunicadora social y gestora Alejandra Correa, ex periodista de Clarín y productora del seminario multidisciplinario «Cuerpearla» en Salta hace unos años; Guillermo Javier Salvador, de Funes, Santa Fe (no fue posible hallar datos ni en redes ni en internet, salvo su categoría de monotributista); la arqueóloga Maia del Rosario Rodríguez, ex becaria del Conicet y maestranda en Museología, con DNI que debe rondar la treintena y en Linkedin se presenta  como «Open to work», agitando pancarta el día que se recibió.

    También están la directora del Área Transdepartamental de Críticas de Artes de la UNA María Araceli Soto –es decir, docente en crítica, vinculada a lo académico y la semiótica–; María de las Mercedes Reitano, rectora de la Universidad del Este, de La Plata, y directora general del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (Macla) de la capital provincial; la gestora cultural y diseñadora de indumentaria María Florencia Quintana (además analista en BA Audiovisual, del ministerio de Cultura porteño), y la arquitecta y diseñadora Mariana Pilar Gávito.

    El MNBA ha tenido directores de reconocido mérito en estas 4 décadas democráticas, por ello llama la atención la escasa pertenencia a esta área profesional de los solicitantes aceptados. Es evidente que la convocatoria a las apuradas alentó a los aventureros y disuadió a los profesionales. ¿Pero y si fue hecho así de express porque el ganador ya está decidido? 

    Con todos y por todo

    No habiéndose previsto entre los requisitos otro impedimento que el de no estar vinculado al mercado del arte, según fuentes del Ministerio de Bauer, una funcionaria como “Baldasarre no tiene impedimento para presentarse al concurso. Está en la misma situación que Duprat y Marchesi que también se presentaron”.

    Es falso. No es la misma situación. Duprat y Marchesi fueron elegidos por concurso. Si el concurso se venció, no se renovó en término y en forma apresurada se convocó por 15 días en junio último, para anunciar el ganador o la ganadora en medio de las PASO, el 12 de agosto próximo), la situación de ambos sigue siendo la de dos concursados con mandato vencido.

    Baldasarre es una funcionaria política elegida por el ministro Bauer. Más aún, es quien supervisa los museos y tiene la potestad de apartar a los directores concursados de sus cargos ante algún hecho puntual. Eso hizo con el ex director Martín Marcos, en el Museo Nacional de Arte Decorativo. Lo apartó del cargo concursado durante una investigación. Al término de la misma lo repuso en una situación humillante, a tal punto que Marcos renunció. Es uno de los museos que tendrá que ser concursado pronto, otra vez con la supervisión de Baldasarre.

    Pero para que se comprenda bien todo el cuadro y no solo una parte, falta agregar un dato: quien va a elegir al próximo director del Bellas Artes es el propio ministro Bauer, a partir de una terna de tres candidatos, que postulará el Jurado antes mencionado. En esa lista bien puede estar Baldasarre, su actual Directora Nacional de Museos… Se desconoce si el jurado calificará por puntaje o por orden de mérito.El Palais de Glace se encuentra cerrado por obras desde hace más de cuatro años. Foto Maxi FaillaEl Palais de Glace se encuentra cerrado por obras desde hace más de cuatro años. Foto Maxi Failla

    Hemos dicho que, de los admitidos por el jurado, varios son actualmente funcionarios del área de Bauer. El caso de Baeza es el más curioso. No bien se hizo cargo del Palais de Glace, a pocos días de declararse el lock down, el ministro suspendió el contrato de remodelación que había dejado iniciado el anterior gobierno. No solo el contrato quedó cancelado y hubo que indemnizar a la empresa, y no se llamó a nueva licitación, sino que en el presupuesto nacional fallido de 2020 (no se consiguieron los votos necesarios para su aprobación) el Palais ni figuraba en el plan de obras. Ello fue porque Bauer decidió priorizar otra huella de su gestión, el  recobrado Centro Cultural Borges.

    Así las cosas, Baeza y su equipo se quedaron en la oficina de la Manzana de las Luces, con el acervo artístico del Palais incluido. Se desconoce el estado actual del patrimonio. La Manzana entrará en un segundo lote de concursos en breve.

    Una de las controversias por las que se recordará la gestión de Baeza en el Palais de Glace –a la vez difusa por sus acciones concretas y altisonante por su prédica en materia de géneros disidentes–, fue la convocatoria al 109 Salón Nacional de Artes Visuales en 2021. Para inscribirse se invitó a los artistas a través de un formulario a elegir una categoría relacionada con su orientación sexual. Para los artistas fue una extralimitación, al margen de la eventual vocación inclusiva de su promotora. Poco después, ante la polémica, Baeza dijo que había sido un error de comunicación. Ello, sin contar que hubo una edición que no se convocó en estos cuatro años. 

    En 2023, insistiendo en diferenciarse a la hora de seleccionar jurados, la dirección del Palais sometió a votación popular la elección de sus miembros para el 111° Salón Nacional de Artes Visuales, que incluye todas las expresiones artísticas. Se trata de un “jurado transdisciplinario”, no exento de polémica y que ha visto la renuncia anticipada de una jurado, la perodista María Paula Zacharías.

    Actualmente, el Palais de Glace (o Palacio Nacional de las Artes) está en refacción otra vez y lleva cinco años con las puertas cerradas. Con el paso del tiempo, el entorno se fue degradando y los artistas y vecinos han hecho abrazos simbólicos varias veces. 

    Fumata blanca para Bellas Artes

    En el listado final de los no admitidos al que llegó el comité de selección para el Bellas Artes quedaron Luciana Díaz Rondán, María Gabriela Figueroa, Mónica Vallejos Ortigoza y Sebastián Costa. No hay datos disponibles de cuántos postulantes se presentaron.

    Según el cronograma tentativo del ministerio de Cultura, con la admisión anunciada de los 14 aspirantes al Bellas Artes se cierra la etapa de evaluación de antecedentes curriculares y laborales. El 26 de julio será la evaluación técnica y, entre el 8 y el 10 de agosto, los que vayan quedando tendrán la entrevista final.

    El 13 de agosto son las PASO. Seguramente el 14 de agosto habrá humo blanco. A menos que el viernes 11 de agosto el jurado llegue a una terna unánime y eleve los tres nombres a Tristán Bauer, quien se pronunciará por el nombre del nuevo director o directora de la institución artística más relevante del país.

    Fuente: Clarin.com

  • Quién es Rosario Oyhanarte, la bestseller de San Isidro que ya va por su tercera novela

    “La vida de algunas personas es como un tren que avanza. Se ve con claridad por dónde pasaron, y la línea de las vías traza un curso certero indicando el destino. Así había sido Azul siempre: su idea del deber ser marcó un camino que no dejaba lugar para el desvío o el cambio. Ni siquiera a la imaginación. La carrera de ingeniería había sido un mandato heredado que no admitió un espacio para su vocación por el arte”, comienza Lo nuestro fue real (Vergara), la última novela de la escritora Rosario Oyhanarte, vecina de San Isidro. 

    Ambientada en París y en Buenos Aires, la novela recorre y bucea en las relaciones familiares, lo heredado, el amor, la búsqueda de la identidad y la propia voz y cuenta en dos registros temporales la historia de Azul, la protagonista y la de su tía abuela Isabel. 

    Como sus novelas anteriores, Mi marido y su mujer y El libro más lindo del mundo –con más de 30.000 ejemplares vendidos–, ésta es también un éxito de ventas.

    Casada con el polista Alejandro Novillo Astrada, ​Oyhanarte cuenta en esta entrevista con Clarín Cultura su relación con la escritura, sus pasiones en la vida y cómo se las arregla para combinar la literatura con la crianza de sus tres hijos pequeños."Lo nuestro fue real", de Rsario Oyhanarte (Vergara, $5.699 papel; $3.084 audiolibro; $1.200 ebook). ©Ale López/ PRH«Lo nuestro fue real», de Rsario Oyhanarte (Vergara, $5.699 papel; $3.084 audiolibro; $1.200 ebook). ©Ale López/ PRH

    –¿Considerás que ésta es tu novela más íntima?

    –Si bien todas mis novelas tratan las mismas temáticas: las relaciones, las relaciones de pareja, siempre hay dinámicas de familia, tal vez esta sea un poco más compleja en algún sentido o pretenda tener un poco más de madurez en algún punto y en ese sentido se ponen más en juego cosas de una.

    Me ví a mí misma indagando más profundamente en mi vida, en mis relaciones, en mi pasado, en todo el camino recorrido para escribir esta historia.

    –Además la protagonista recorre sus vínculos y el árbol familiar para poder sanar.

    –De hecho es algo que me es muy afín, yo hago ese trabajo en mi vida personal y lo he hecho hace años y un poco esa fue como la idea madre de la novela.

    Antes de tener a la protagonista o incluso a la pareja de los protagonistas, yo sabía que quería escribir alguna novela que tratara sobre las relaciones familiares, los legados que recibimos y cómo eso nos afecta más que el color de ojos o la estatura; se pueden heredar miedos, formas de relacionarse, traumas.

    Es algo que claramente no inventé yo sino que hoy está bastante de moda con las constelaciones familiares, pero es un trabajo que vengo haciendo en lo personal desde hace años, entonces me interesaba escribir sobre esto.

    –Quedan las dos historias, la de Azul, la protagonista y la de su tía abuela, entrelazadas.

    No era suficiente con que Azul relatara o parafraseara lo que se entera de Isabel sino que de algún modo la quise poner en primera persona y de hecho la historia de Isabel está en primera persona y la de Azul no.

    Yo leo mucho una autora que se llama Kate Morton que hace mucho esto de los juegos de la familia y del pasado y las historias de otras generaciones como en paralelo con el presente, entonces me inspiré un poco en ella. Todo este recurso de las cartas de los diarios me parecía que sumaba al texto, como para cambiar un poco las voces de las dos protagonistas.Rosario Oyhanarte junto a su marido Alejandro Novillo Astrada.Rosario Oyhanarte junto a su marido Alejandro Novillo Astrada.

    –El rol de la amiga también es muy importante, ¿no es cierto?

    –Sin dudas la protagonista necesita toda esta tribu de mujeres, desde la amiga hasta la abuela. Mujeres de diferentes generaciones que la van empujando a animarse a terminar de dar el cambio que ella sola empieza, pero que la incentivan a madurar.

    La amiga fue un personaje que la historia me fue reclamando. Necesitaba una amiga confidente, que la arengara. Creo que en la vida a todos nos viene bien una amiga así; de hecho le puse Esmeralda, que es un nombre de una amiga mía muy querida.

    –Y la pregunta del millón: ¿la historia continuará?

    –En este momento estoy con un bebito de tres meses, pero no lo descarto.

    –¿Cómo combinás la escritura con la maternidad?

    –Es desafiante, pero a la vez siento que me convertí en una persona mucho más eficiente desde que soy madre. Siempre fui bastante eficiente, debo admitir, porque soy muy organizada porque me gusta hacer muchas cosas y muchas a la vez. Entonces sin organización es imposible. Desde que soy madre es como que mi eficiencia fue creciendo porque son tan pocas las horas del día que tenés.

    –Además tenés un instagram y un blog, Rosie’s tips, ¿cuándo empezaste a escribir en ellos?

    –Es algo que a mí me encanta, lo empecé a hacer cuando me casé y tuve que dejar mi trabajo en relación de dependencia porque viajamos mucho por el trabajo de mi marido y nos mudamos cada tres meses, entonces yo no podía permanecer en la editorial en la que estaba trabajando y dije voy a empezar a escribir de lo que a mí me gusta y creo que lo que hice gustó porque es algo muy genuino y auténtico.

    Cuando arranqué lo pensé como si fuera una revista, los lunes recomendaba libros, los martes productos de belleza, los miércoles destinos de viaje, los jueves gastronomía y de a poco empecé a colar alguna reflexión y a contar historias de amor.Ambientada en París y en Buenos Aires, la última novela de Rosario Oyhanarte recorre y bucea en las relaciones familiares. ©Ale López/ PRHAmbientada en París y en Buenos Aires, la última novela de Rosario Oyhanarte recorre y bucea en las relaciones familiares. ©Ale López/ PRH

    –¿Ya de chiquita pensabas que querías ser escritora?

    –Desde chiquita. Tengo un tío abuelo que era escritor y ya hacía el ejercicio de escribir obras de teatro o cuentos. En el colegio siempre que había asignaturas para escribir era la primera en apuntarme a los concursos.

    Vengo de una familia de abogados y no se me ocurría que podía estudiar Letras y de pronto me vi sentada en la facultad escuchando a profesores hablar con tanta sabiduría sobre literatura inglesa, francesa, alemana y pensé qué placer que esto sea lo que estoy estudiando y qué lujo poder hacerlo.

    Y apareció esta frase medio cliché de que la pasión de verdad viene cuando podés hacer lo que amás y que eso es lo que va a traer el éxito.

    –Me recuerda a la historia de Azul en la novela.

    –Hubo un poco de autobiográfico, no literal, porque debo decir que en mi casa no les tembló el pulso cuando yo dejé Derecho.

    Yo pensé que a mi padre por ahí no le gustaba tanto porque soy la cuarta hija y los tres primeros son abogados. Yo rompí la traición y él me recontra bancó, me dio un montón de libertad.

    Oyhanarte Básico

    • Nació en 1986, es escritora y licenciada en Letras con orientación en medios de comunicación por la UCA (Universidad Católica Argentina).
    • Colaboró en los diarios La Nación y Perfil y en la revista OHLALÁ! Escribe sobre libros, historias de vida, arte, crianza, belleza, moda y viajes en su blog Rosie’s Tips y en sus redes, donde tiene miles de seguidores.
    • Un cuento suyo integró la antología Letras y músicas de Diego Paszkowski. Publicó la novela Mi marido y su mujer y la antología de historias de amor Rosie’s Blossoms.
    • Su novela El libro más lindo del mundo se convirtió rápidamente en best seller, con más de 30.000 ejemplares vendidos.
    • Fuente: Clarín.com
  • Jacarandá, libros y música: inauguran la casa natal de María Elena Walsh

    No nació en un hospital. De modo que no es solamente una forma de decir que María Elena Walsh nació en esta casa: su madre, Lucía Monsalvo, llamó a la comadrona la mañana del sábado 1° de febrero de 1930 y a las 8.05 de la mañana alumbró en una de las habitaciones a una niña llamada María Elena. Que con los años se convertiría en cantautora, compositora, poeta y escritora, en definitiva, en una artista total, creadora de la mejores canciones infantiles de todos los tiempos, tanto como lo son su literatura y su poesía. El lunes, la Casa Museo María Elena Walsh quedó oficialmente inaugurada después de doce meses de trabajos de restauración tras décadas de abandono.

    Por poco su fecha de nacimiento coincide con el nombre de la calle donde vino al mundo. En la casa de Tres de febrero 547, en Villa Sarmiento, partido de Morón, Walsh vivió hasta sus 13 años. En 1943, toda la familia -padre, madre, cuatro hermanos y una hermana- se mudó a un departamento cercano en la localidad de Ramos Mejía “y comenzó la época de vivir como en latas de sardinas”.La Casa Museo María Elena Walsh en Morón. Foto Constanza NiscovolosLa Casa Museo María Elena Walsh en Morón. Foto Constanza Niscovolos

    En la entrada de la actual Casa Museo, del lado de afuera, una escultura de una María Elena niña (que disparará más de un meme por su pobre parecido) espera sentadita en un banco alguna selfie de ocasión, como si fuera la Mafalda de Quino en San Telmo.

    Al ingreso, y al compás del Brujito de Gulubú, un mural didáctico ofrece datos biográficos sobre la vida de la artista con algunos juegos -ventanitas que se abren y cierran, contador ábaco, vehículos que se desplazan- para que grandes y chicos interactúen con la pared.La escultura de María Elena Walsh, de niña, en el ingreso a la Casa Museo. Foto Constanza NiscovolosLa escultura de María Elena Walsh, de niña, en el ingreso a la Casa Museo. Foto Constanza Niscovolos

    El mural está formado por decenas de circulitos de colores que encierran frases, fotos y recortes sobre María Elena, muchos expresados en primera persona, como si fuera ella misma la que nos cuenta su historia: “Mi papá compró esta casa den 1923”, “Me gustaba la revista Pif Paf y Billiken”, “Fui a la escuela N°21”, “Fui abanderada”, son algunas de las frases iniciales de este recorrido.

    También: “Vacié una alcancía en forma de libro y con mis ahorros publiqué mi primer libro, Otoño imperdonable”. Fue en 1947 y resultó distinguida con el Premio Municipal de Poesía. Luego estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Conoció a Pablo Neruda y viajó a los Estados Unidos invitada por Juan Ramón Jiménez, autor de Platero y yo. Su primer libro infantil fue Tutú Marambá.Foto familiar de los Walsh. Foto Constanza NiscovolosFoto familiar de los Walsh. Foto Constanza Niscovolos

    Su primer disco infantil, Canciones para mirar en 1963, que incluía canciones que son parte de la cultura argentina como El Reino del Revés y Doña Disparate y Bambuco. “En democracia mi canción En el país de Nomeacuerdo formó parte de la película ‘La historia oficial’, ganadora del Oscar”.

    Difícil imaginar que de la boca de la autora de Sepa por qué Ud. es machista, el manifiesto que María Elena, de ideas feministas en épocas en que el feminismo se movía por napas subterráneas, publicó en Revista Humor, haya salido la frase que le hacen decir en uno de los circulitos: “Me enamoré perdidamente muchas veces, pero nunca me casé ni tuve hijos”.Circulitos con vida y obra de Walsh. Foto Constanza NiscovolosCirculitos con vida y obra de Walsh. Foto Constanza Niscovolos

    A los 21 años se embarcó, junto a la folklorista Leda Valladares, rumbo a París, donde difundieron el folklore de tradición oral con gran reconocimiento del público, grabando varios discos que presentaron en su regreso a la Argentina en una extensa gira y presentaciones en Canal 7.

    En 1978 dejó las presentaciones teatrales acosada por la censura del gobierno militar. Se volcó al periodismo escrito destacándose el artículo que publicó en 1979 en el diario Clarín, titulado Desventuras en el País Jardín-de-Infantes.Un mapa de los recorridos de María Elena Walsh de chica. Foto Constanza NiscovolosUn mapa de los recorridos de María Elena Walsh de chica. Foto Constanza Niscovolos

    El mural de presentación también incluye fotos de ella con Joan Manuel Serrat, Julio Cortázar, Quino, Lito Vitale, Mercedes Sosa, María Herminia Avellaneda y la fotógrafa Sara Facio, su pareja y gran amor desde 1978 hasta su muerte en enero de 2011. Entre 1985 y 1989, fue designada por el presidente Raúl Alfonsín miembro del Consejo para la Consolidación de la Democracia.

    No faltará el circulito que destaque que “en 2008 fui recibida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner” y una foto del encuentro. Al fin y al cabo, la casa natal de María Elena se ubica en una intendencia kirchnerista y durante esta inauguración, en un año electoral y a poco de las PASO, el desfile de funcionarios y simpatizantes del Gobierno es incesante.Cigarras en el patio que ostena un jacarandá. Foto Constanza NiscovolosCigarras en el patio que ostena un jacarandá. Foto Constanza Niscovolos

    Por mencionar algunos que no se quisieron perder el corte de cinta: los cantautores León Gieco y Teresa Parodi, Tristán Bauer (ministro de Cultura nacional), Lucas Ghi (intendente de Morón), Valeria González (secretaria de Patrimonio), Victoria Onetto (subsecretaria de Políticas Culturales de la Provincia), Florencia Saintout (presidenta del Instituto Cultural), Pablo Zurro (intendente de Pehuajó), Martín Sabbatella (ex intendente de Morón).

    Y toda una troupe de asesores que entorpecieron un poco la recorrida inaugural dado que, pese a los 560 metros cuadrados de la vivienda (de los cuales se recuperaron y construyeron 450) las salas son pequeñas y los objetos, un tanto delicados para visitas masivas. El patio ostenta un jacarandá.

    Maribel García es la museóloga que tuvo a cargo el guion de esta muestra. En la primera sala se hace referencia al deseo de lectura voraz que tenía la poeta desde chica: leía desde papeles sucios hasta recetas.La familia de María Elena. Foto Constanza NiscovolosLa familia de María Elena. Foto Constanza Niscovolos

    Una biblioteca incluye ejemplares firmados por ella -en uno hasta hay un helechito que ella atesoró en sus páginas- y numerosas referencias al tren, dado que su padre, Enrique Walsh, de ascendencia inglesa, trabajaba en una estación y, siempre contó, el sonido de su infancia tenía el ferrocarril de fondo. Un palo en cuyo extremo superior tiene pegado una lata de membrillo oficiaba de micrófono para que la niña María Elena se imaginara cantando ya desde chica.

    En la sala siguiente, un changuito con una beba de muñeca nos permite imaginar a la artista de bebé con pañales de tela. Como su mamá era amante de las flores, la niña siempre aprovechaba los malvones para colorearse los labios de rosa. Y como a su papá lo mandaban mucho a Europa, ella decía que él solía traer aroma a romero, “olor a Europa”. De aquí en adelante, acompañan pegadas a las paredes numerosas cigarras. El tercer espacio propone una sala de teatro, la sala de una juglaresa, la juglaresa María Elena.El cuarto de María Elena Walsh. Foto Constanza NiscovolosEl cuarto de María Elena Walsh. Foto Constanza Niscovolos

    En el baño, la bañadera tiene una tortuga Manuelita: cuando la creó se acordó de la tortuga de su amiga Susana Rinaldi. Si uno toca el botón del dispenser de jabón, salen burbujas; si uno gira la canilla, en vez de agua, se activa la canción de Manuelita. “¡Es que el macrismo nos dejó sin agua!”, bromeará socarronamente el intendente de Pehuajó, buscando la risa fácil y cómplice de los invitados. Un chiste efectista en territorio K. Es prácticamente inevitable preguntarse qué pensaría María Elena Walsh de todo esto.Manuelita, en la bañadera. Foto Constanza NiscovolosManuelita, en la bañadera. Foto Constanza Niscovolos

    Vendrá luego la habitación donde nació la homenajeada, la que le da sentido a esta Casa Museo, cuya reconstrucción llevó una inversión de más de 151 millones de pesos, además de los 18 millones que costó la compra en 2021 de la propiedad por parte del Estado: intervinieron el Ministerio de Cultura de la Nación, la Provincia de Buenos Aires, a través del Instituto Cultural, y el Municipio de Morón.

    Lo último será la cocina, donde la mesa se erige como el lugar de reunión y un dispositivo visual permite leer textos de Walsh, entre ellos, el poema que le dedicó a Evita. Además, hay “frascos de dulce de María Elena”, una manera que tenía la compositora de recordar a su madre, habilidosa cocinera de mermeladas.La cocina y una propuesta feminista. Foto Constanza NiscovolosLa cocina y una propuesta feminista. Foto Constanza Niscovolos

    Ficha

    Casa Museo María Elena Walsh
    Dónde: Tres de Febrero 547, Villa Sarmiento, Morón.
    Cuándo: de miércoles a viernes, de 9 a 18; sábados, de 11 a 20; domingos, de 11 a 18.
    Entrada: gratis.

    Walsh Básico

    • En 1965 publicó Hecho a mano, su cuarto poemario para adultos y tres años después estrena el espectáculo Juguemos en el mundo dirigido al público adulto y que influiría fuertemente en la nueva canción popular argentina.
    • Tomando elementos del folklore, el tango, jazz y el rock compuso letras de alto contenido social convirtiéndose en un exponente de la canción de protesta latinoamericana de la época. El espectáculo teatral fue acompañado de un disco y en 1971 María Herminia Avellaneda dirigió la versión cinematográfica.
    • En 1981 enfermó de cáncer, pero la vuelta de la democracia en 1983 la encontró recuperada y participando en numerosos proyectos artístico-políticos en los ámbitos más diversos, siendo esencial su contribución en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC).
    • En 1991, publicó Novios de antaño, una novela autobiográfica sobre la niñez en época de la década infame. Entre 1997 y 2004 presentó los libros infantiles: Manuelita, ¿dónde vas?; Hotel Pioho’s Palace y ¡Cuánto cuento!
    • En 2008 apareció su último libro: Fantasmas en el parque, una autoficción en la que confiesa miedos, anhelos y secretos sin dejar de lado su estilo lúcido, irónico y honesto.
    • A lo largo de su vida recibió innumerables reconocimientos nacionales e internacionales: Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Premio Konex de Platino y de Honor en Letras; Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (Dinamarca), el Premio Honor del FNA; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, entre otros.
    • Fuente: Clarin.com
  • Fotografía: 40 años de democracia en la vereda

    Más de 50 fotografías de nueve reporteros gráficos reconocidos, y varios de ellos premiados a nivel internacional, integran la muestra Caminar por las veredas, título elegido por la curadora Laura Casanovas, a partir del libro Duermevela, de Eduardo Longoni, uno de los destacados de la exposición.

    El criterio curatorial de Casanovas no pudo ser más acertado, cuando se vuelve la vista atrás, al año 1983, y se piensa en el espacio público que la ciudadanía perdió con la dictadura en 1976 y que ganó en la “primavera” democrática que inauguró el presidente Raúl Alfonsín: las calles, las veredas, los rincones donde transcurren los hechos que nos cruzan como comunidad.

    La exhibición, abierta en la Sala La Rueca del Centro Creativo El Obrador, abre con una fotografía de Mariana Nedelcu –Festejo cerca del Obelisco por la Copa del Mundial de Qatar 2022– que Casanovas, que también escribe en Revista Ñ, define como “muy polisémica”, pues tanto puede ser la foto de un festejo o una protesta o una manifestación.Caravana de la Selección Argentina de fútbol luego de obtener el título de la Copa del Mundo. Bienvenida en Buenos Aires, el 20 de diciembre de 2022. ©Foto de Rodrigo AbdCaravana de la Selección Argentina de fútbol luego de obtener el título de la Copa del Mundo. Bienvenida en Buenos Aires, el 20 de diciembre de 2022. ©Foto de Rodrigo Abd

    “Es una imagen muy abierta, dice la curadora a Clarín Cultura, y la bandera puede tener muchas connotaciones”. Varias manos de personas a contraluz se alzan como echando la bandera argentina a volar o quizá sosteniéndola, lo que da como resultado una fotografía poderosa.

    En su texto de sala, la especialista dice que “la selección tuvo como decisión curatorial advertir lo acontecido en las veredas, en tanto lugar transitado cotidianamente por quienes son los protagonistas imbuidos del poder en toda democracia: el pueblo”.

    No solo es el espacio que recorremos como ciudadanos, sino que las veredas son también la metáfora del espacio público donde “se pueden iluminar y opacar libertades, se cercenan y se obtienen derechos, se tejen relatos felices, trágicos, fantásticos o dramáticos”.La gente se reúne frente al Congreso para el velatorio del ex presidente argentino Raúl Alfonsín, en Buenos Aires, el miércoles 1 de abril de 2009. ©Foto de Natacha PisarenkoLa gente se reúne frente al Congreso para el velatorio del ex presidente argentino Raúl Alfonsín, en Buenos Aires, el miércoles 1 de abril de 2009. ©Foto de Natacha Pisarenko

    Para Laura Casanovas tiene un significado muy íntimo y personal la curaduría de esta exposición. Consustanciada con las distintas expresiones que el arte puede adoptar en la vida contemporánea, seleccionar imágenes de estos cuarenta años de vida republicana es también un proceso de sanación.

    Hija de padres desaparecidos, su trasiego y evolución profesional ha estado siempre por fuera de las controversias más amargas y reaccionarias en relación con esa etapa trágica de la historia argentina.

    Si algo deja claro esta exposición en El Obrador es que el concepto de derechos humanos nos abarca a todos, en las alegrías y las tragedias, en las crisis y en la celebración.Mural en el barrio Ricciardelli, en el Bajo Flores, que recuerda a jóvenes muertos por la violencia de fuerzas de seguridad y narcotraficantes. Ciudad de Buenos Aires, 2023. ©Foto de Silvana ColomboMural en el barrio Ricciardelli, en el Bajo Flores, que recuerda a jóvenes muertos por la violencia de fuerzas de seguridad y narcotraficantes. Ciudad de Buenos Aires, 2023. ©Foto de Silvana Colombo

    Los nueve fotógrafos elegidos por Laura Casanovas –con algunos compartió redacción en su etapa como periodista– son un seleccionado como el que ganó la Copa de Fútbol en Qatar.

    Rodrigo Abd (fotógrafo de AP y Premios Pulitzer 2023, World Press Photo 2013, María Moors Cabot 2016 y Premio Gabo 2022); su colega de misma agencia Natacha Pisarenko (con destacadas coberturas internacionales); Rafael Calviño (Premio Rey de España), y Eduardo Longoni (excelente ensayista fotográfico y autor de la imagen del gol de Maradona, conocido como “La mano de Dios”).

    También están Daniel García (son muy relevantes sus trabajos sobre Malvinas y las Madres de Plaza de Mayo); Daniel Merle (Premio Pedro Joaquín Chamorro de la SIP e investigador); Mariana Nedelcu (fotógrafa documental para Reuters); Silvana Colombo (parte del grupo fundador de La Maga en 1991 y actual editora del portal de noticias El Editor y de varias portadas de libros), y Dante Cosenza (destacado editor fotográfico del diario La Nación, formado en Italia y Buenos Aires).

    Consultado por Clarín Cultura, Federico Recagno, director general de El Obrador, dice: «A las calles que no podíamos caminar, la democracia le puso veredas. Ahí están nuestros pasos, los de la historia, los del presente”.Manifestantes participan de la Marcha Nacional de los Pueblos Originarios que culminó en Plaza de Mayo reclamando por una Argentina “pluricultural”, en el marco del Bicentenario. 2010. ©Daniel GarcíaManifestantes participan de la Marcha Nacional de los Pueblos Originarios que culminó en Plaza de Mayo reclamando por una Argentina “pluricultural”, en el marco del Bicentenario. 2010. ©Daniel García

    Lo que cuentan las veredas

    En blanco y negro o en color, las calles de Laura Casanovas hablan de lo mucho que hemos vivido en estos 40 años. Allí está la recuperación de los derechos humanos, las mujeres que barren veredas, parejas que se abrazan, manifestaciones en favor de la ley del aborto legal, parejas de mismo sexo tomadas de la mano, la celebración de la ley de matrimonio igualitario, los pueblos originarios en marcha, los saqueos en la crisis de 2001/2002, el copamiento de La Tablada, el levantamiento carapintada en los albores de la democracia, el multitudinario sepelio de Alfonsín, los artistas populares, el festejo que, por una vez en diez años, anuló la grieta: la Copa del Mundial de Qatar 2022.

    No hay imágenes con carga ideológica, pero sí profundamente ciudadana y política. Las fotos de los bancos cerrados en 2002 cuando la gente exigía la restitución de sus ahorros o los reclamos por la ley del aborto son expresiones con una potente carga política, pero no ideologizada ni manipulada por la curaduría de la exhibición.José Alejandro Díaz, guerrillero del grupo MTP que copó el Regimiento de Infantería III de La Tablada, se rinde ante un comando del ejército. Su cuerpo nunca fue hallado. La fotografía fue prueba para condenar al General Arrillaga por su desaparición. Prov. de Buenos Aires, 1989. ©Foto de Eduardo LongoniJosé Alejandro Díaz, guerrillero del grupo MTP que copó el Regimiento de Infantería III de La Tablada, se rinde ante un comando del ejército. Su cuerpo nunca fue hallado. La fotografía fue prueba para condenar al General Arrillaga por su desaparición. Prov. de Buenos Aires, 1989. ©Foto de Eduardo Longoni

    La alternancia entre el blanco y negro y las fotografías en color confiere a la exposición una dinámica porque, como dice Casanovas, el color funciona como nexo y como ritmo. Las imágenes colgadas se completan con un video que muestra más fotografías.

    En el inicio de su texto curatorial, Casanovas pone en palabras el modo de aproximación a los trabajos de estos fotorreporteros que han sido testigos y protagonistas en varios momentos de estos 40 años ininterrumpidos de democracia: pensar, mirar y sentir. Los verbos indispensables para comprender el diálogo que el fotoperiodismo sostiene con el sistema político y el espacio público.

    Por eso la curadora destaca que, de las fotografías seleccionadas, se destaca “el compromiso de comunicar. Algunas se erigen en documentos insoslayables de justicias e injusticias. Oras, en valiosos testimonios de un día a día inadvertido en su aparente trivialidad”.

    Como escribió la investigadora Cora Gamarnik, citada por Casanovas, en cada una de las narraciones visuales que son las fotografías hay un encuentro entre las miradas particulares, las posibilidades y las experiencias de los fotógrafos y la dimensión histórica que atraviesan.

    Ficha

    Caminar por las veredas
    Dónde: Sala La Rueca de El Obrador, calle Bartolomé Mitre 1670.
    Cuándo: de lunes a viernes, de 11 a 19. Hasta el 26 de octubre.
    Entrada: gratis.

    Fuente: Clarin.com

  • Cuando de nada nos sirve rezar: el Malba y una propuesta sobre espiritualidad y arte

    En su libro El hombre en busca de sentido, el filósofo austríaco Viktor Frankl (sobreviviente de Auschwitz y Dachau) escribió que “la vida no es principalmente una búsqueda de placer, como creía Freud, o una búsqueda de poder, como enseñó Alfred Adler, sino una búsqueda de significado”. La trascendencia es parte de esa búsqueda de propósito.

    La muestra Luz y Fuerza, que el Malba inaugura este viernes hasta el 13 de noviembre en la planta baja del Museo, se conecta con esa búsqueda de trascendencia, de encuentro con el significado en un mundo donde las certezas se han derrumbado, el cambio climático está devastando regiones enteras del planeta, y las tensiones bélicas y amenazas prebélicas amenazan con reducirnos a cenizas.

    ¿Dónde acudir cuando de nada nos sirve rezar? ¿Dónde buscar respuestas? ¿Existe amparo posible? Allí aparece el arte para abrir caminos, aunque en el trayecto haya más preguntas.

    La exposición curada por Lara Marmor es ecléctica; su criterio es deliberadamente vasto y ha procurado ser inclusivo.La exposición gira en torno a la espiritualidad. Se trata de una exploración sobre la práctica artística en el nuevo milenio. Foto Juano TesoneLa exposición gira en torno a la espiritualidad. Se trata de una exploración sobre la práctica artística en el nuevo milenio. Foto Juano Tesone

    Para comenzar, Luz y Fuerza tiene en este país una connotación potente por el gremio que nuclea a los trabajadores de la energía eléctrica, que tuvo nombres fuertes en su historia. Basta recordar al sindicalista Agustín Tosco, uno de los actores del Cordobazo en 1968, y el de Oscar Smith de Villa Domínico, desaparecido en 1977.

    Marmor se anticipa al referirse al gremio en el inicio de su texto curatorial. Y describe luego la orientación de la exhibición: “Agrupa a artistas cuyos trabajos exploran el terreno de la espiritualidad en un escenario con pocas certezas. Síntomas de fenómenos más profundos o simplemente parte de una constelación que nos envuelve, la bioenergética y el coaching arrinconan al psicoanálisis, el tofu gana terreno sobre el bife de chorizo, y el yoga compite con la gimnasia localizada. En las listas de best sellers, los libros de autoayuda comparten espacio con enciclopedias sobre hongos y guías astrológicas de lo más sofisticadas”.

    A partir de esa convivencia heterodoxa entre seguidores de chamanes, gurúes e investigadores que rinden tributo tanto a la Pachamama como a Iemanjá, o exploradores del ayahuasca (medicina o droga tradicional andina) y de nuevas cosmogonías, aparecen materialidades artísticas contemporáneas que tanto dan cuenta del vacío del hombre en el mundo actual, como de las múltiples búsquedas de propósito.La pintura Aurora, de gran porte, de Nicolás Domínguez Nacif se adecua a una búsqueda de sentido metafísico. Foto Juano TesoneLa pintura Aurora, de gran porte, de Nicolás Domínguez Nacif se adecua a una búsqueda de sentido metafísico. Foto Juano Tesone

    La curadora se pregunta: “¿Cómo impacta y nos constituye la superposición de creencias, prácticas y saberes muchas veces ancestrales que conforman eso tan inasible que podríamos llamar espiritualidad contemporánea?

    La pregunta impulsa esta exploración sobre la práctica artística en el nuevo milenio, cuando, en una trama ecléctica y a veces contradictoria, conviven las antiguas cosmovisiones orientales y amerindias, la meditación, las terapias holísticas, los esoterismos, la homeopatía, el neochamanismo, la astrología o el budismo”.

    La biblia y el calefón, sin que esto suene despectivo ni irónico. Porque si es cierto que el arte puede y debe permitirse reunir obras de una diversidad contrastante, bajo el título de “nuevas espiritualidades”, no todo lo que se exhibe es literalmente de índole espiritual.

    La muestra concentra los trabajos de casi 20 artistas: Diego Bianchi, Paula Castro, Laura Códega, Roberta Di Paolo, Nicolás Dominguez Nacif, Bruno Dubner, Carlos Herrera, Daniel Leber, Martín Legón, Nicolás Mastracchio, Eduardo Navarro, Gastón Pérsico, Lucía Reissig y Bernando Zabalaga, Belén Romero Gunset, Marisa Rubio, Mariana Tellería, Ana Vogelfang y Ana Won."Vadaconasana", el tótem meditador de Diego Bianchi. Foto Juano Tesone«Vadaconasana», el tótem meditador de Diego Bianchi. Foto Juano Tesone

    Rituales, símbolos e interpretaciones

    En el inicio de la muestra unas aves gigantes reciben al visitante. Entre lo físico y lo espiritual, “Charly” Herrera revive sus esculturas hechas de plumas, flores secas, troncos, tejidos y explica que, desde hace años, trabaja el vínculo con la fe, con el cuerpo, con la sexualidad, con los objetos en desuso y cierto aire funerario que tienen sus creaciones escultóricas. Hijo de un floricultor, Herrera utilizó la técnica del ikebana para dar forma a las piezas ligadas a la pérdida física según la cosmovisión católica.

    Debajo de las aves hay una instalación con distintos pares de zapatos femeninos, de Ana Vogelfang, con la que la artista interpreta un sueño: si alguien viene a sacarle los zapatos a una persona viva, pronto la muerte se la llevará. “El Talmud, en una sección sobre la interpretación de los sueños, dice que soñar con una persona muerta que regresa a quitarnos los zapatos es una mala noticia: nos llegó la hora. Por las dudas no usemos los zapatos de algún muerto…”, dice y todos sonreímos discretamente. La artista comenzó trabajando sus obras con los zapatos de su abuela y luego avanzó en busca “del alma de esos objetos”.

    La pintura Aurora, de gran porte, de Nicolás Domínguez Nacif se adecua a una búsqueda de sentido metafísico. El artista se formó en astrología, antroposofía y en otros sistemas de saberes ancestrales y esotéricos. Es cierto que emerge de Aurora una atracción hipnótica y quizá ello se deba a que el artista ha trabajo pinturas con tintes de plantas de selvas y bosques, investiga las propiedades terapéuticas del color e interpreta símbolos ocultos por la narrativa occidental.

    La artista tucumana Ana Won presenta dos obras recientes, delicadas y sugerentes, producidas entre 2022 y 2023: Las novias y Pronuncia su nombre a la noche, en las que convergen distintas materialidades. Están cargadas de un simbolismo religioso, sin ser necesariamente monoteísta.

    Won entiende su práctica transformadora, lo que la acerca a la alquimia. Medita y luego da forma a entidades donde conviven su formación como católica y la cosmovisión de la cultura nativa del noroeste argentino donde vive.Los zapatos, instalación de Ana Vogelfang. En la pared, los cuadros de Belén Romero Gunset. Foto Juano TesoneLos zapatos, instalación de Ana Vogelfang. En la pared, los cuadros de Belén Romero Gunset. Foto Juano Tesone

    Dejamos atrás a Vadaconasana, el tótem meditador de Diego Bianchi, que el artista explica así: “Me gustaba la idea de contraponer algo material y algo espiritual, pensarlo como una clase de yoga en un contexto donde sucedía una catástrofe, con personajes luchando con sus cuerpos y su alrededor”. Al respecto se definió como propenso a creer y a descreer de muchas cosas.

    Al referirse a los artistas elegidos, la curadora subraya en su texto que en la Argentina, la new age dio sus primeros pasos de la mano de la contracultura, ganando presencia en los años 90 y expandiéndose en la siguiente década.

    “La incorporación de hábitos atravesados por discursos que celebran la autoconciencia, la vida sana y la positividad habilita una experiencia más libre del deseo y el placer, en las antípodas del peso que tienen la culpa, el pecado y el sacrificio en las religiones tradicionales de Occidente. La transformación personal y social, asunto que pivotea entre el individualismo neoliberal y el asociacionismo comunitario de los diversos activismos, cobra una presencia inusitada”.Suerte de altar que reúne pequeñas esculturas, pinturas y dibujos de Roberta Di Paolo, Laura Códega y Daniel Leber. Foto Juano TesoneSuerte de altar que reúne pequeñas esculturas, pinturas y dibujos de Roberta Di Paolo, Laura Códega y Daniel Leber. Foto Juano Tesone

    Los artistas nacidos entre los 70 y fines de los 80 protagonizan en gran medida esta exposición, dice Marmor. “Su niñez transcurre en el pasaje de la dictadura al fervor de la primavera alfonsinista. Hijos de la libertad, viven la burbuja de la convertibilidad durante el menemismo”.

    Lo positivo, en todo caso, es que una vez que la burbuja estalló, desde el arte comenzó una exploración hacia nuevos sentidos. En buena parte de las obras expuestas no figura la palabra Dios, pero sí está presente una conexión con algo que está más allá de la estrecha materia humana. Varios de los artistas son meditadores.

    Mandalas, artesanías y reproducciones, como técnica y como resultado, toda la muestra desemboca en dos trabajos artísticos para señalar: una suerte de altar que reúne pequeñas esculturas, pinturas y dibujos de Roberta Di Paolo, Laura Códega y Daniel Leber. Es una recopilación de saberes y formas de expresión en sintonía con la tradición de los santos populares pero también con el respeto a la naturaleza.

    El otro conjunto de piezas es de gran preciosismo. Pertenece a Mariana Tellería y ya es conocido. Una serie de ocho símbolos místicos de la serie Dios cree en mí, que proyectan un gesto de búsqueda de espiritualidad, un relato oculto en lo que vemos. Cuando se observan juntas las ocho piezas parecen transformar el significado de cada una en forma separada.

    Empezamos con Viktor Frankl y vale recordar al filósofo español Julián Marías, quien expone en La felicidad humana, que es necesario “pensarla de manera concreta, imaginativa para entender qué busca el ser humano cuando afirma que está buscando la felicidad”. Religioso como era, para Marías la búsqueda de la felicidad no se desentendía de la trascendencia.

    La búsqueda de sentido y de trascender al agobiante día a día es la mejor síntesis de Luz y Fuerza.

    Ficha

    Luz y Fuerza
    Dónde: Malba, avenida Figueroa Alcorta 3415.
    Cuándo: de jueves a lunes, de 12 a 20; miércoles, de 11 a 20. Martes, cerrado.
    Entrada: $1.600 (general).

    Fuente: Clarin.com

  • Murió Milan Kundera: el adiós al hombre de la ironía, que describió la vida cotidiana y real detrás de la cortina

    En 2014 reapareció el nombre de Milan Kundera. La publicación de “La fiesta de la insignificancia”, su primera novela en 14 años, marcaba esa vuelta, la de un escritor que se había convertido en uno de los más relevantes de su tiempo. En “La fiesta…”, ambientada en el París contemporáneo, en el cual cuatro amigos deambulan dejando sus reflexiones, Kundera recuperaba el estilo que marcó toda su obra. La fina, irónica, mirada sobre el régimen socialista -a esa altura ya se había desplomado- y también sus visiones históricas y filosóficas.

    Concretamente, en “La fiesta…” hasta se vuelve a tomar con cierto humor a personajes como Stalin. Le hace expresar a Calibán, uno de sus personajes: “Lo que me parece increíble en toda esa historia es que nadie entendiera que lo de Stalin era una broma”. Y dice Charles, su compañero “todos a su alrededor ya habían olvidado que es una broma”.

    No en vano se considerado en Kundera a un hombre que reunía las condiciones de literato, filósofo, historiador y político. Sin embargo, él siempre reivindicó su condición artística y estética, y no se vio a sí mismo -pese a la dureza del exilio- como un denunciante, o un militante más ferviente al estilo Solzhenitsyn en la ex URSS.

    “No me siento cómodo en el papel del disidente”, sostuvo alguna vez. “No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno la literatura de tesis. Y es algo que detesto. Lo que me interesa es el valor estético”. Las tramas de arte, política y filosofía que atraviesan sus escritos alcanzan la cumbre en la novela que le llevó a la fama (“La insoportable levedad del ser”), pero una síntesis podría aportarla Carlos Fuentes: “Los personajes de Kundera giran en torno a un dilema: ¿ser o no ser en el sistema de idilio total? Un idilio que no admite nada ni nadie que ponga en duda el derecho de todos a la felicidad”.

    Nacido el 1 de abril de 1929 en Brno, en la ex Checoslovaquia, Kundera sufrió de chico la invasión nazi y la Segunda Guerra Mundial. Hijo de un músico y con una sólida formación intelectual, estudió Literatura en la Universidad Carolina de Praga, pero dejó para completar sus estudios universitarios en la Facultad de Cine de la Academia de Praga, donde egresó en 1956.

    Tuvo una temprana militancia en el Partido Comunista, que tomó el poder luego de la Guerra como parte del bloque socialista, pero se desencantó pronto: en 1948 lo expulsaron por “actividades antipartidarias”. Aún así, volvió en 1956, pero volvieron a expulsarlo, definitivamente. Y se ganó la vida en oficios varios: pianista de jazz, empleado de oficina, redactor de astrología part-time.

    Ya había despuntado su vocación literaria, que se inició en la poesía («El hombre es mi jardín», en 1953, «Monólogos», en 1957) hasta desembocar en su primera novela, “La broma” (1965), que prefiguró toda su obra en el género. También le valió la prohibición y persecución del régimen, que desembocó en su exilio una década después.

    Kundera vivió de cerca los acontecimientos de La primavera de Praga, cuando el gobierno de Dubcek intentó reformas que resultaban demasiado “pro-occidentales” al gusto de Moscú y que terminaron con los tanques soviéticos en Checoslovaquia, en 1968. Algunas de las sensaciones de Kundera alrededor de la invasión soviética aparecen en una de sus obras de teatro, “Jacques y su amo” (1981), un homenaje a Diderot.

    También en su país escribió las novelas “El libro de los amores ridículos” (1970), “La vida está en otra parte” (1973) y “La despedida” (1975), estas últimas distinguidas con los premios Médicis en Francia y Mondello en Italia respectivamente. Pero el 75′ marca su alejamiento definitivo de una Checoslovaquia en sombras, para radicarse en Francia, donde se desempeñó como profesor de literatura en la Universidad de Rennes y en la Escuela de Altos Estudios de París.

    Cuando insistió en sus ironías sobre el régimen (con “El libro de la risa y el olvido”, 1981), le revocaron la nacionalidad checa, que recién le devolverían 25 años más tarde, con su país ya liberado. En cambio, Mitterrand le concedió la nacionalidad francesa, el mismo gesto que tuvo simultáneamente con Julio Cortázar. La publicación de “La insoportable levedad del ser” y su versión cinematográfica, lo hicieron famoso. Sus novelas siguientes («La lentitud», «La identidad», «La ignorancia» y la citada «La Fiesta…») ya fueron escritas en francés, lo mismo que varios ensayos.

    “El humor es esencial para Kundera. La ironía está en el centro de su vida, la idea de que uno no se puede tomar el mundo demasiado en serio”, comentó uno de sus grandes amigos parisinos, el escritor y periodista Jean Daniel. Kundera -entrevistado en 1980 por otro notable novelista como Philip Roth- contó que “aprendí a valorar el humor durante la época stalinista. Yo tenía veinte años. Y para identificar a alguien que no fuera stalinista, bastaba con fijarse en su sonrisa. De aquella época, me aterroriza la idea de que el mundo está perdiendo el sentido del humor”.

    Kundera también lamentaba la declinación de la cultura en su región. A principios del siglo XX, la cultura centroeuropea era el eje de la cultura europea. De allí provenían el psicoanálisis, el estructuralismo, la dodecafonía, el teatro del absurdo. Todo ello está a punto de terminar por un choque cultural, aún más fuerte que el político”.

    Y aunque no le concedieron el Nobel, Francia lo ubicó en una de las más codiciadas situaciones literarias, la edición de La Pléiade. Francois Ricard, de la Universidad de McGill de Montreal, se ocupó de la edición definitiva en La Pleiade y escribió: “Kundera puede ser de origen checo y puede haber adoptado la nacionalidad francesa, pero su obra no es francesa ni checa. Pertenece a otro territorio, a otra historia, a otro corpus que el de las lenguas en la que ha sido escrita, el espacio transnacional de la novela. Y hay muy pocos escritores contemporáneos de los que se pueda afirmar esto”.

    «La insoportable levedad del ser», la novela que lo consagró definitivamente

    Milan Kundera posa con su esposa Vera en Praga. Foto AFP.Milan Kundera posa con su esposa Vera en Praga. Foto AFP.

    Aunque Kundera ya había recibido premios relevantes durante la década del 70 (como el Médicis en Francia por “La vida está en otra parte” o el Mondello en Italia por “La despedida”) la obra que marcó su definitiva consagración fue “La insoportable levedad del ser”, editada en 1984.

    Allí no sólo denuncia el régimen totalitario de su país, sino que representa un ensayo filosófico sobre la naturaleza humana.

    Desde la política hasta la infidelidad, desde el abandono hasta las preguntas por el sentido de la existencia, desde el erotismo hasta las cuestiones cotidianas, aparecen en esta obra trazada por las relación entre Teresa y Tomás, Sabina y Franz.

    Tomás -acaso el alter ego del escritor- es un prestigioso cirujano, que se dedica a seducir mujeres, a través de quiénes descubre distintos aspectos de la vida. Finalmente se enamora y se casa con Teresa, pero ni aún así elude su rol de amante de Sabina. Cuando Tomás se encuentra con Teresa “su paso era más ligero, casi flotaba. Se hallaba en el campo mágico de Parménides: disfrutaba de la dulce levedad del ser”. Y Teresa es la que termina impresionando por su coraje.

    Teresa, una camarera, parece más frágil y etérea pero simboliza “la levedad” que quiere transmitir Kundera en su novela. Sabina, por otro lado, es una bohemia, apasionada por el arte, mujer independiente, relacionada con otro idealista, el académico Franz.

    La descripción de la Checoslovaquia bajo el régimen comunista está presente: “La evaluación y el examen de los ciudadanos es una actividad permanente, la principal de las actividades sociales en los países comunistas”, denuncia.

    Y hasta aparece un guiño a su afición musical -Kundera era hijo de un músico, él mismo estudió composición de joven y admiraba a Beethoven- cuando escribe: “Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida está aún en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos, como Tomás y Sabina. Pero cuando se encuentran y ya son mayores, sus composiciones musicales están más o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y otra”.

    “La insoportable…” logró el Premio Europa de Literatura y su popularidad creció poco después por la versión cinematográfica que dirigió Philip Kaufman, con actores excepcionales: Daniel Day-Lewis, Juliette Binoch, Lena Olin. Kundera era escéptico en cuánto a las posibilidades de trasladar su novela al cine, pero participó en el guión y se cuenta que su esposa, Vera, lloró al ver la película.

    El escritor británico Ian McEwan describió que esta novela de Kundera “puede sentarse cómodamente junto al arco iris de la verdad poética y el triunfo de una investigación sobre la metafísica del destino y dos historias de amor”.

    Se incluyen algunos elementos autobiográficos, pero lo relevante es el trasfondo de sus personajes: una Checoslovaquia que anhelaba su libertad y sufría la invasión de los 200 mil soldados y 5.000 tanques soviéticos (“La Primavera de Praga”), un líder como Alexander Dubcek que asoma como una posibilidad de libertad y que termina derribado.

    Este libro recién se publicó en checo dos décadas después, convirtiéndose nuevamente en un éxito de ventas y deparándole el Premio Nacional de Literatura. En realidad, hubo una pequeña edición anterior en ese idioma, pero publicada en Canadá para emigrantes y casi no se conservaban ejemplares.

    La nueva edición iba acompañada por una nota de Kundera, que precisaba su rigurosidad en el texto: “Fue necesario reconstruir el manuscrito, perdido parcialmente, compararlo con ediciones anteriores y, por encima de todo, con la traducción francesa en la que introduje muchos cambios pequeños a lo largo de veinte años”.

    A esa altura, Kundera prefirió que “La insoportable levedad del ser” se tratara de una lectura ceñida a la historia de amor, antes que de un libro político. O inclusive filosófico, pese a que comenzaba con reflexiones sobre la “teoría del eterno retorno”, de Nietzsche.

    Una conclusión de muchos hechos -y acaso de su propia vida- se insinúan en “La insoportable…”. Es cuando Kundera escribe: “Decimos que sobre la persona cae el peso de los acontecimientos. La persona soporta esa carga o no la soporta, cae bajo su peso, gana o pierde”.

    Fuente: Clarín.com

  • En una recuperación histórica, vuelve a mostrarse la obra de Florencio Molina Campos

    En un recuperación histórica, la obra del pintor Florencio Molina Campos vuelve a mostrarse en la Provincia. Se trata de una muestra doble de la obra del legendario artista que se exhibirá en simultáneo en el Teatro Argentino y el Museo de Bellas Artes de Moreno, a partir del inicio de un trabajo de recuperación patrimonial. La propuesta forma parte de la agenda de actividades del Instituto Cultural.

    El Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y la Municipalidad de Moreno presentan una exhibición doble de obras originales del emblemático pintor Florencio Molina Campos, en lo que consistirá un hecho de inéditas características.

    En ese marco, desde este martes se podrán ver las muestras Pintor de nuestra tierra, en el Museo Municipal de Bellas Artes Manuel Belgrano de Moreno, y Horizontes bonaerenses, en el Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata.

    Pintor de nuestra tierra será inaugurada el martes 11 de julio a las 17.30 en el Museo Municipal de Bellas Artes Manuel Belgrano de Moreno (Dr. Alberto Vera 249) y podrá visitarse hasta el 10 de agosto, de martes a domingo, de 10 a 18. El artista Florencio Molina Campos (1891-1959).El artista Florencio Molina Campos (1891-1959).

    Por su parte Horizontes bonaerenses abrirá sus puertas el domingo 18 de julio a las 18, en el hall del Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata (Av. 51 e/ 9 y 10).

    “La figura de Molina Campos está poderosamente arraigada al imaginario popular y a nuestra identidad. Es nuestra función poner en valor estas obras y que estén en el lugar al cual pertenecen. Es decir, al alcance de todos y todas las bonaerenses”, expresó Florencia Saintout, presidenta del Instituto Cultural.

    La recuperación de su obra surge del esfuerzo mancomunado de la Justicia, la intervención de la Fundación Florencio Molina Campos, el Instituto Cultural y el Municipio de Moreno, el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Pettoruti, de la familia del artista, y de actores culturales.

    “Después de un par de años de trabajo hemos logrado recuperar las obras de Molina Campos. Su destino era incierto, no sabíamos dónde estaba. Tuvimos que denunciar esta situación, logramos dar con estas obras que estaban en San Antonio de Areco”, destacó la intendenta de Moreno, Mariel Fernández.Florencio Molina Campos, en los almanaques de Alpargatas.Florencio Molina Campos, en los almanaques de Alpargatas.

    Se trata de un hecho histórico sin precedentes que reimagina el porvenir de este fundamental creador reconocido por todas y todos los y las bonaerenses como un artista del pueblo, uno de los pintores más reconocidos y recordados de nuestro país.

    Las representaciones más celebradas de nuestro campo, el humor y la ternura de sus paisanos y chinas, ombúes, caballos, llanos, pulperías, fiestas y canciones se rescatan en su pintura humorística y poética que cuenta sobre una visión única del territorio bonaerense y nacional.

    Florencio Molina Campos nació el 21 de agosto de 1891. De niño visitaba durante las vacaciones la estancia de sus padres en el pago del Tuyú, hoy General Madariaga, provincia de Buenos Aires. Allí vió por primera vez a los gauchos, los caballos y la inmensidad de nuestra Pampa, imágenes que se impregnaron en su memoria y que lo acompañarán durante el resto de su vida.

    A partir de la publicación de los legendarios almanaques de Alpargatas, su fama internacional como pintor, su estancia en Moreno y sus conocidas obras, las muestras ahondan en su vida, estilo y en la recuperación de su historia.

    Ficha

    Pintor de nuestra tierra, de Florencio Molina Campos
    Dónde: Museo Municipal de Bellas Artes Manuel Belgrano de Moreno, Dr. Alberto Vera 249.
    Cuándo: de martes a domingo, de 10 a 18. Se inaugura este martes 11 de julio a las 17.30. Podrá verse hasta el 10 de agosto.
    Entrada: gratis.

    Horizontes bonaerenses, de Florencio Molina Campos
    Dónde: en el hall del Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino de La Plata, Av. 51 entre 9 y 10.
    Cuándo: se inaugura el 18 de julio, a las 18. 
    Entrada: gratis.

    Fuente: Clarin.com