Categoría: Entretenimiento

  • Tamara Silva Bernaschina: baqueana literaria del misterioso paisaje rural uruguayo

    “Todo terminó o se murió y al volver solo queda reconstruir y buscar rastros de cosas que fueron”, escribe Tamara Silva Bernaschina en el cuento “No acampar ni abordar” y es un ejemplo de su estilo. En una sola frase conviven la jactancia, lo inquietante, la reverberación ominosa y cierto destilado de melancolía. Es uruguaya, oriunda de Minas, la capital del departamento de Lavallejas, una ciudad ubicada al sur del país donde viven alrededor de 39 mil habitantes. Sin embargo, le contó a Viva –desde Barcelona donde se encuentra presentando Larvas, su último libro de cuentos editado por Páginas de espuma– que su territorio está en el campo. En lo rural, las afueras. Animales, bichos, piojos y pequeñas irrupciones fantásticas pueblan estos ocho cuentos donde hay ternura pero, también, brutalidad.

    Su primer libro, Desastres naturales (2023) ganó dos Premios Bartolomé Hidalgo ( Narrativa y Revelación). También obtuvo el Premio Nacional de Literatura en la categoría Ópera prima. Un año después publicó su primera novela, Temporada de ballenas, que obtuvo una mención de honor en el concurso literario Juan Carlos Onetti. Quizás por eso, y por ser categoría 2000, muchos la empezaron a llamar “la joven promesa de las letras uruguayas”.

    Categoría la cual, revela, le hace un poco de ruido: “No entiendo muy bien cuando la cosa deja de ser una promesa. La promesa es como a futuro. Algo que todavía no está realizado. Siempre me pregunto qué pasaría si hubiera otra persona en mi lugar, si no tuviera 24 años, si no fuese mujer”.

    En esta charla analiza ciertos ejes de su último volumen de cuentos que, revela, expandió su horizonte de lectores y la incorporó en un catálogo que la honra: Se está leyendo en territorios a los que no había llegado antes, como España y Latinoamérica más allá de Uruguay y la Argentina. Eso es lo que más me emociona de todo esto. También formar parte de un catálogo que es maravilloso, me da orgullo”.

    –Estudiaste la Carrera de Letras y la Tecnicatura Universitaria en Corrección de Estilo. ¿Qué te aportó esto para escribir?

    –Escribo desde mucho antes de ir a un taller y obvio que antes de entrar a la universidad pero es cierto que la facultad y sobre todo la formación en Letras me dio un panorama literario no sólo de Latinoamérica sino del mundo y herramientas para leer de otras maneras que antes no tenía. Es cierto que la expansión de mi mirada lectora repercutió de manera directa en mi escritura. Todos los autores a los que llegué por la facultad y que no hubiese llegado tan fácilmente por mi cuenta son hallazgos increíbles. Hice muchos talleres literarios. Uno que nombro siempre, porque fue clave en el lanzamiento de Desastres naturales, fue el de Horacio Cavallo. Si bien el libro llevó su proceso y algunos textos los escribí por fuera, de allí surgió el impulso de publicar.

    –Ganaste varios premios ¿Qué significaron para vos?

    –Fue increíble. Se extendió la vida del libro en librerías y sobre todo en medios de prensa durante meses. Las entrevistas, las reseñas, las invitaciones a participar de mesas en Feria del libro, ferias internacionales incluso –Buenos Aires, Guadalajara–. Hay algo ahí que es fantástico y es cuando los premios contribuyen a que la gente conozca más el libro. Después hay una dimensión monetaria de un premio que tiene plata y que recontra sirve. También algo más interior, una suerte de… no sé. Ese era mi primer primer libro, fue mi primer libro, que le hayan dado estos premios significó casi como una legitimación, aunque es media rara esa palabra y usarla en este contexto también porque los premios son un mundo extraño.

    –¿Cómo surgieron los relatos de Larvas?

    –Es un libro de relatos que pensé desde el principio. Hice algo que no había hecho con el anterior –donde tenía muchos textos, seleccioné y se fue formando el libro–. Acá la idea estaba desde antes ya sabiendo que se iba a publicar en Páginas de espuma, no teniendo todavía una dirección muy clara. Pero sí estaba algo del tono, de elementos que quería que estuviesen en esos cuentos. Cuando Juan Casamayor me contactó porque le había gustado mucho Desastres naturales, no tenía todavía un proyecto de libro de cuentos. Cuando lo tuve se lo se lo compartí. Pero hay algo del proceso de escritura de Larvas que es muy distinto al de los libros anteriores. Por una noción de lector que ya no era solo un lector uruguayo y posiblemente argentino sino de Latinoamérica y España y también algo mucho más concentrado a nivel de proceso. Pensar un libro de cuentos desde cero, ver qué tienen en común, qué quiero contar, hacia dónde. Fue muy interesante. Sobre todo el ritmo de escritura de este libro que fueron varios meses de trabajo con mucha intensidad, escribir un cuento detrás de otro con una sensación de encabalgamiento poético muy interesante.La joven Tamara Silva Bernaschina, considerada una de las voces más importantes de la nueva literatura uruguaya. Foto: gentileza Páginas de Espuma.La joven Tamara Silva Bernaschina, considerada una de las voces más importantes de la nueva literatura uruguaya. Foto: gentileza Páginas de Espuma.

    –Tu libro abre con una cita del músico argentino Dillom, un cuento transcurre en Iruya, pueblo argentino de la provincia de Jujuy. ¿Cómo es tu relación con la cultura argentina?

    –Mucha de la literatura que leo y me encanta es argentina. Creo que la tradición literaria, sobre todo del Río de la Plata, está muy influenciada y es muy móvil. Autoras como Gabriela Cabezón Cámara, Samanta Schweblin. Hay algo increíble ahí que disfruto mucho. Aparece Dillom, la música, el cine, Lucrecia Martel, que me parece un faro en muchas cosas. La cultura argentina está muy presente en mi.

    –En varias notas se te presenta como una «joven promesa». Naciste en el 2000. ¿Te molesta o incomoda esta etiqueta?

    –Hay algo que me da gracia. Otra parte no la entiendo y cuando es usada de cierta forma también me incomoda un poco. Hay algo de esto de la promesa que está desde Desastres naturales, este es mi tercer libro. Hay algo de esas dos palabras juntas que me hace un poco de ruido. Aunque entiendo a qué se refieren y hacia dónde van direccionadas generalmente.

    –Esto se desprende de la pregunta anterior: la juventud aparece como una potencia en los relatos de Larvas. ¿Lo ves así? ¿Te inspira esto para imaginar historias?

    –Hay algo de las voces infantiles y juveniles que para mí está lleno de de potencia y de posibilidad. Es un momento para cambiar de foco, ver cómo se ve el mundo, cómo se ve algo que ya conocemos y que nos aburre desde una perspectiva infantil. ¿Qué juego le da? ¿Qué cambio de forma puede tener eso que está siendo observado. Eso me gusta mucho y también como a nivel de lenguaje pensar cómo hablaría un niño también me parece riquísimo, cómo entra a jugar lo mágico de una manera mucho más orgánica. Después pensando en la adolescencia, es como un estado de deformidad total, en el buen sentido. Eso me interesa, ese tránsito, ese pasaje.

    –También hay como una puerta abierta hacia lo fantástico, casi como un realismo mágico por momentos. ¿Lo observás?

    –Fue otra de las cosas que estaba desde antes de que existieran los textos. Había imágenes, cosas que sabía que no pertenecían a una representación mimética de la realidad y me interesaba que fueran irrupciones de lo fantástico, aunque fuesen muy pequeñas o aparentemente simbólicas. Me cuesta mucho pensar en el terreno de lo simbólico.La joven Tamara Silva Bernaschina, considerada una de las voces más importantes de la nueva literatura uruguaya. Foto: gentileza Páginas de Espuma.La joven Tamara Silva Bernaschina, considerada una de las voces más importantes de la nueva literatura uruguaya. Foto: gentileza Páginas de Espuma.

    –¿Por qué?

    –Creo que todo lo que pasa en un texto de ficción pasa. A menos que estés leyendo algo muy alegórico. Por ejemplo, en la escritura cuando pongo a una yegua que vuelve de la muerte, estoy hablando de una yegua que vuelve de la muerte . Me interesó jugar con eso.

    –También hay una exploración por territorios más allá de lo urbano, rurales, montañosos, cerca del río. ¿De dónde nace esto?

    –Los territorios que están más allá de lo urbano que son mi territorio. Esto que dicen y es verdad (si abrís a la gente hay paisajes) mi paisaje sería el campo uruguayo. Nací en Minas, una ciudad del interior, pero viví en un barrio en las afueras. Después me mudé al campo y ahí viví hasta que me mudé a Montevideo para estudiar. Hay algo de ese territorio muy metido dentro mío, forma parte de quién soy, de cómo me muevo, de lo que pienso y siento. Esos son los territorios de mi literatura en los tres libros que escribí.

    –Otro tópico que emerge es la sexualidad y el universo femenino, sobre todo desde la exploración, la curiosidad y el autodescubrimiento sin prejuicios. ¿Cómo te atraviesa esto?

    –Pienso que lo que está detrás de todos estos relatos y todos estos temas es el deseo. La búsqueda del deseo y sobre todo seguirlo. Esa fue una de las direcciones del libro, que tuviese que ver con el cuerpo y sobre todo con ese algo que late y va hacia adelante. Eso me interpela como persona. Cuando un relato está atravesado por el deseo pasan cosas buenas.

    Tamara Silva Bernaschina básico

    • Nació en Minas,Uruguay, en 2000. Vive en Montevideo.
    • Es autora de Desastres naturales (2023), su primer libro de cuentos, galardonado en 2023 con dos Premios Bartolomé Hidalgo: el de Narrativa y el Revelación.
    • Al año siguiente, recibió el Premio Nacional de Literatura en la categoría Ópera Prima.
    • Su novela Temporada de ballenas (2024) recibió una mención de honor en el concurso literario Juan Carlos Onetti.

    Larvas, de Tamara Silva Bernaschina (Páginas de espuma).


    Sobre la firma

    Pablo Díaz MarenghiBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • La muestra ‘Pinacoteca Migrante’ denuncia en España el eurocentrismo de los museos

    El Ministerio de Cultura español inauguró Pinacoteca Migrante, una muestra de la artista hispano-peruana Sandra Gamarra, que se basa en los «museos eurocentristas» para invertir el relato y centrarse en el de los pueblos originarios y su explotación.

    La exposición es la adaptación del proyecto de Gamarra para el Pabellón de España en la Bienal de Venecia del año pasado y en el que critica los museos como institución hegemónica occidental.

    A lo largo de seis salas, Gamarra interviene en cuadros del siglo XVIII y del XIX y láminas botánicas para narrar la historia desde el punto de vista de los «migrantes, tanto humanos, como no humanos: personas, plantas y materias primas que, a menudo, hicieron a la fuerza el viaje de ida y vuelta».

    Seis salas y un jardín

    La Biblioteca Nacional de España se convierte con este proyecto en un museo cuya primera sala, titulada ‘Tierra Virgen’, sobre las pinturas de paisajes españoles y de antiguas colonias de América Latina, Filipinas y el norte de África, que aparecen relacionados con los ecocidios actuales.Imagen de la exposición 'Pinacoteca migrante' en la Biblioteca Nacional.  Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.Imagen de la exposición ‘Pinacoteca migrante’ en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.

    Le sigue ‘Gabinete de la extinción’, que vincula el colonialismo con el extractivismo al mostrar los “tesoros” de las expediciones botánicas europeas durante los siglos XVIII y XIX. Por otra parte, ‘Gabinete del Racismo Ilustrado’ relata el modo en que la antropología y la ciencia fueron utilizadas como herramientas de discriminación racial.

    El espacio titulado ‘Máscaras Mestizas’ se adentra en las prácticas coloniales del retrato que inmortalizan normas políticas y sociales. Cada obra expone las maneras en que las sociedades aceptan o marginan a sus sujetos.

    La última sala, ‘Retablo de la Naturaleza Moribunda’, relaciona el bodegón con la construcción de la opulencia y los tesoros. Y, por último, en el centro del recorrido, y simulando un espacio al aire libre, se presenta el ‘Jardín Migrante’, habitado por copias pintadas de monumentos, así como representaciones de plantas alóctonas o invasoras, junto a lecturas de carácter decolonial que acompañan a estos invitados.

    La muestra, con gran repercusión en la Bienal de Venecia de 2024, ha viajado a la Biblioteca Nacional con una adaptación al espacio, por lo que no se incluyen la totalidad de obras, si bien mantiene toda su esencia y discurso crítico.

    El punto de vista de los migrantes

    Gamarrai nterviene el cuadro ‘Grupo familiar ante un paisaje’, de Franz Hals, en el que se ve a una familia neerlandesa que posa con un chico africano, al que se ha identificado como un huérfano de Ghana llevado como sirviente.Imagen de la exposición 'Pinacoteca migrante' en la Biblioteca Nacional.  Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.Imagen de la exposición ‘Pinacoteca migrante’ en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.

    En la versión de Gamarra, el cuadro se titula ‘Retrato de niño y familia de fondo’, y destaca la cara y mano del niño africano. La obra se completa arropada por una tela tradicional de Ghana.

    Pero la visión hegemónica occidental no se circunscribe a la época del imperio y la Ilustración, sino que perdura hasta nuestros días, como denuncia una vitrina con las tradicionales huchas con cabezas de indios, negros o chinos con las que el Domund recaudaba fondos «para los chinos o los africanos en los años 50 y 60» del siglo pasado, subrayó el comisario de la muestra, Agustín Pérez-Rubio.Imagen de la exposición 'Pinacoteca migrante' en la Biblioteca Nacional.  Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.Imagen de la exposición ‘Pinacoteca migrante’ en la Biblioteca Nacional. Foto: gentileza Ministerio de Cultura de España.

    Las huchas «son una forma de jerarquizar a los seres humanos y sus comunidades, y la artista las muestra de espaldas para no perpetuar el maltrato«, explicó.

    La muestra podrá visitarse hasta el 14 de septiembre en la Biblioteca Nacional de Madrid.

    Con información de EFE.

    Fuente: Claarín.com

  • “Icónicos”: La exposición que reúne obras inéditas de Quinquela Martín, Berni y Xul Solar

    Obras que no se veían hace décadas, piezas recuperadas tras largos periplos internacionales y nombres clave de la historia del arte argentino conviven en Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. El recorrido, en la galería sobre Avenida del Libertador, traza un arco temporal que abarca desde fines del siglo XIX hasta la década de 1970, con una selección que permite rastrear los grandes momentos, giros estéticos y debates de la modernidad local.

    Apenas ingresar a la galería, el público se encontrará con uno de los puntos más destacados del recorrido: el regreso a la Argentina de una pintura de Benito Quinquela Martín que no se mostraba desde hace más de un siglo. «Escena de trabajo», pintada en 1923 y adquirida por la realeza española (la compró el duque de Almenara Alta durante una exposición en Madrid), fue recuperada para esta muestra tras un largo periplo internacional.

    «Esta obra tuvo una entrada triunfal, llegó el mismo día de la inauguración, por la tarde, y fue como instalar una joya en el corazón de la muestra», dice la curadora Patricia Pacino en diálogo con Clarín.Sala de abajo: Detalle de Luis Wells en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Sala de abajo: Detalle de Luis Wells en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    La pintura de Quinquela revela el impulso de un país pujante representado por el puerto boquense. En 1920, Quinquela viajó a Europa ya no a aprender de las vanguardias, sino a llevar su propia impronta.

    Así conquistó Madrid, donde expuso en los Salones del Círculo de Bellas Artes en 1923. Vendió 18 telas –de las 20 que había llevado– entre las cuales dos compró el Museo de Arte Moderno de Madrid (hoy el Reina Sofia) y las otras, la realeza y aristocracia española, incluida la «Escena de trabajo» que aquí se exhibe.Guttero Alfredo (1882 – 1932) El Elixir D’Amore (Escenografía Actos 1º y 2º) Referencia_ Arte Lírico en el Teatro Colón.  Témpera sobre papel  42 x 64 cm en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Guttero Alfredo (1882 – 1932) El Elixir D’Amore (Escenografía Actos 1º y 2º) Referencia_ Arte Lírico en el Teatro Colón. Témpera sobre papel 42 x 64 cm en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    Planta alta para empezar

    Es posible –y hasta conveniente– comenzar el recorrido de esta exposición por la planta alta de la galería, una sala de mucho menor extensión que la de planta baja, pero a la vez más íntima, en donde se despliegan algunos de los nombres imprescindibles de la historiografía local, como en un sucinto museo.

    Allí se puede ver la obra de Prilidiano Pueyrredón, «Retrato de familia» que se exhibió en 2023 en el Museo Pueyrredón de San Isidro, para la muestra Celebramos Prilidiano, dedicada a los 200 años del retratista preferido de la burguesía en el siglo XIX.

    También está Ángel Della Valle, con una exquisita naturaleza muerta que evidencia su paso por Florencia y que poco remite a su imaginario más conocido («La vuelta del malón»). O «Los lanceros de Urquiza», acuarela que alguna vez perteneció al coleccionista Antonio Santamarina, donante destacado del Museo Nacional de Bellas Artes. «El recorte fue arbitrario pero significativo», explica Pacino.Sala de abajo: Detalle de Luis Wells en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Sala de abajo: Detalle de Luis Wells en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    «Elegí obras que no se veían hace tiempo, que habían estado fuera del país o que fueron adquiridas recientemente», relata.

    En esta misma sala, el recorrido avanza con figuras como Cesáreo Bernaldo de Quirós y sus interiores costumbristas, pero incluye también nombres como el de Alejandro Xul Solar, artista, astrólogo, filólogo, visionario, alquimista e inventor, a través de un trabajo que remite a la panlengua (su sueño de un lenguaje universal), poniendo así a dialogar grandes nombres de diferentes períodos.

    El trayecto visual de aquellos artistas que viajaron a Europa en las primeras décadas del siglo XX, para formarse, se evidencia en obras como la de Antonio Berni, cuyos paisajes metafísicos de los años 20 y 30 marcan un momento poco conocido de su producción.

    «Me interesa mucho cómo Berni interpreta el paisaje como algo afectivo, emocional y también social», destaca Pacino.Vista de Sala de arriba de la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Vista de Sala de arriba de la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    También se exhiben dos acuarelas escenográficas de Alfredo Guttero para el Teatro Colón, para la ópera El Elixir D’Amore, y algunas vistas de La Vuelta de Rocha desde la mirada del pintor boquense Víctor Cúnsolo. Aquí destaca también el surrealismo singular del pionero Juan Battle Planas y de Miguel Caride.

    Bisagra entre salas

    Otra vez en la planta baja de la galería, la inmensa pintura de Quinquela oficia como bisagra entre ambas salas que buscan narrar una posible historia del arte argentino: un recorrido que condensa más de un siglo de arte a través de piezas que dialogan entre sí como capas superpuestas de una misma identidad cultural.

    Enseguida se puede ver «Chianti» de Emilio Pettoruti, una obra de la serie «Soles», donde la luz se vuelve un elemento plástico autónomo. «Es una pieza maravillosa, en excelente estado de conservación, y que estuvo expuesta por primera vez en 1948«, señala la curadora.Benito Quinquela Martín (1890-1977) Escena de trabajo en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Benito Quinquela Martín (1890-1977) Escena de trabajo en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    Otra obra que había estado largamente ausente de los canales expositivos es «La muñeca y el mono» (1967) del multifacético artista Libero Badii: una serie de 22 collages que fueron expuestos en el Museo de Bellas Artes en 1972, para luego itinerar por Canadá.

    La exposición también pone en diálogo a artistas como Sarah Grilo, Raúl Lozza y José Antonio Fernández Muro, trazando una genealogía de la abstracción local desde los años 40 hasta los 60. En esa misma línea aparecen Martha Boto y Gregorio Vardanega, figuras del cinetismo que desarrollaron su carrera en París, y Alejandro Puente, con sus investigaciones sobre el color desde una perspectiva conceptual.Benito Quinquela Martín (1890-1977) Escena de trabajo - 1923  Óleo sobre tela - 119  x 173 cm Excolección Duque Almenara Alta, Madrid en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Benito Quinquela Martín (1890-1977) Escena de trabajo – 1923 Óleo sobre tela – 119 x 173 cm Excolección Duque Almenara Alta, Madrid en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    El realismo existencialista del grupo Otra Figuración también tiene su espacio con obras de Rómulo Macció, «Yuyo» Noé y Ernesto Deira, al igual que el arte informalista de Luis Wells y Alberto Greco.

    «Greco era un provocador. No hay que olvidarse que su práctica era totalmente transgresoras para la época», dice Pacino. «Y fue también pionero en las acciones callejeras en la Argentina«, añade la curadora mientras señala los registros de su primera acción en la calle Corrientes, en 1961, en tomas fotográficas realizadas por Sammer Makarius.Detalle-Alfredo Hlito & Emilio Pettoruti en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.Detalle-Alfredo Hlito & Emilio Pettoruti en la muestra Icónicos, la exposición que abrió sus puertas en la galería Maman Fine Art, con curaduría de Patricia Pacino. Foto: gentileza.

    En el cierre, el recorrido escultórico plantea una crítica a la idea de monumento, con grandes piezas de Alberto Heredia y Aldo Paparella realizadas con materiales precarios, objetos descartados y estructuras frágiles.

    «Los dos trabajaron sobre la misma idea: desacralizar la idea de monumento. Es una forma de confrontar no solo con el canon clásico, sino también con el poder de turno», concluye la curadora, sobre estas piezas de los años 70.

    La exposición Icónicos. Obras y artistas emblemáticos de la colección Maman se podrá visitar hasta el 31 de agosto, de lunes a viernes de 11 a 19, en galería Maman (Avenida del Libertador 2475).


    Sobre la firma

    Mercedes EzquiagaBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • Sotheby’s subasta el esqueleto de Ceratosaurus: El único ejemplar juvenil conocido

    Sotheby’s subasta el esqueleto de Ceratosaurus: El único ejemplar juvenil conocido

    Sotheby’s subastará en julio en su sede de Nueva York un joven Ceratosaurus, único ejemplar juvenil conocido de esta especie de dinosaurio carnívoro que habitaba la Tierra hace unos 154–149 millones de años aproximadamente.

    Según la casa de subastas, este esqueleto de casi dos metros de alto y tres de largo podría alcanzar en subasta un valor de entre cuatro a seis millones de dólares.

    Se trata de un ejemplar poco común y excepcionalmente bien conservado puesto que, aunque existen cuatro esqueletos de Ceratosaurus, es el único «juvenil» ya que pertenece a una etapa de la vida temprana de este depredador considerado «uno de los más temibles del mundo».

    El comunicado indica que es «uno de los ejemplos más finos y completos de su género jamás encontrado», compuesto por 139 elementos óseos fósiles originales, entre los que destacan un cráneo «notablemente completo y totalmente articulado».Radiografía del cráneo del espécimen. Foto: Sotheby'sRadiografía del cráneo del espécimen. Foto: Sotheby’s

    El Ceratosaurus se distinguía por «su cuerno nasal único y distintivo, sus dientes alargados y una hilera de armadura ósea que recorría su espalda y cola». Era así un depredador veloz y ágil, pero a la vez robusto y poderoso, similar a su primo lejano, el Tiranosaurio rex, al que precedió por unos 100 millones de años.

    Mineralización exquisita

    Según el comunicado, los huesos del fósil presentan «una mineralización exquisita, un intenso color gris negruzco y un detalle excepcional».

    El ejemplar del período Jurásico tardío fue descubierto en 1996 en la cantera Bone Cabin (Wyoming), famosa por sus extensas expediciones y excavaciones. Anteriormente, fue expuesto sin montar en el Museo de la Vida Antigua en Utah, siendo esta es la primera vez que se muestra de esta forma, revelando así su escala y estructura completa.

    «Este Ceratosaurus juvenil es una maravilla de la preservación prehistórica: un ejemplar extraordinario que aúna la rareza científica con la belleza natural», aseguró la vicepresidenta de Ciencia e Historia Natural en Sotheby’s, Cassandra Hatton.Un espécimen juvenil de Ceratosaurus nasicornis, uno de los cuatro esqueletos de Ceratosaurus que se sabe que existen, se exhibirá en una exposición de Sotheby's a partir de julio. Foto: Matthew Sherman/Sotheby'sUn espécimen juvenil de Ceratosaurus nasicornis, uno de los cuatro esqueletos de Ceratosaurus que se sabe que existen, se exhibirá en una exposición de Sotheby’s a partir de julio. Foto: Matthew Sherman/Sotheby’s

    El dinosaurio formará parte de la subasta de Historia Natural de Sotheby’s, a la venta el 16 de julio, aunque estará disponible al público a partir del 8 de julio.

    Se trata de la última adquisición de esta colección, que comenzó en 1997 con la subasta de ‘Sue el T. Rex’ (ahora una pieza central del Museo Field de Chicago), y más recientemente la venta histórica de ‘Apex’ en 2024, que alcanzó el récord mundial de los 45 millones de dólares y se encuentra como préstamo en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

    Con información de EFE.

    Fuente: Clarín.com

  • El Nobel Jon Fosse y esas escenas mínimas de una obra descomunal

    El Nobel Jon Fosse y esas escenas mínimas de una obra descomunal

    La escritura del noruego Jon Fosse se parece a desenterrar tesoros, que pese al paso del tiempo, laten vivos entre sus frases. Difíciles de etiquetar, sus narraciones se leen con el asombro de no poder anticipar hacia dónde van, ni cómo van a terminar. Y precisamente esa originalidad lo volvió candidato al Premio Nobel, que finalmente obtuvo en 2023 “por sus innovadoras obras de teatro y su prosa que dan voz a lo inefable”.

    El reconocimiento logró que fuera traducido a más cuarenta idiomas, y al fin, resulta posible acceder en nuestro país a muchos de sus títulos. Entre ellos Escenas de una infancia (Random House), su más reciente antología de relatos que se vuelve una puerta abierta de par en par para conocer una obra singular, de un encanto tan austero como cautivante.

    La colección contiene una serie de textos breves que Fosse escribió durante más de treinta años. Muchos de ellos ahondan en la memoria de la infancia, con historias autobiográficas como “El pelo de Line”, en el que un nene observa a su padre, y explora el vínculo entre los dos, en un ir y venir cotidiano, que reitera rutinas simples.El dramaturgo noruego Jon Fosse posa para una foto cerca de Frekhaug, al norte de Bergen, en Noruega(Foto de EIRIK HAGESAETER / Bergensavisen / AFP) / El dramaturgo noruego Jon Fosse posa para una foto cerca de Frekhaug, al norte de Bergen, en Noruega(Foto de EIRIK HAGESAETER / Bergensavisen / AFP) /

    En acciones y diálogos que parecen ser siempre iguales aparece, casi imperceptible, el despertar del deseo y el tránsito de la infancia a la adolescencia. O bien, “Escenas de una infancia” con una serie de relatos muy breves unidos por el hilo de unas frases muy precisas y sintéticos, a veces apenas unas oraciones. El recorrido es contiene una fuerza suficiente para captar la profunda identidad que ya daba forma al escritor.

    Narraciones breves

    Es probable que la potencia de estas narraciones breves, en general, no esté en las tramas, sino en el mapa que arman sobre el crecimiento, los traumas, las incertidumbres de quiénes son en verdad los que conforman una familia. Y así la vida diaria aparece en las tardes después del colegio, una mañana en la playa, las primeras decepciones, la muerte de los abuelos, el primer amor, un viaje a Alemania, el rasgueo de una guitarra, que encarnan los eslabones ineludibles de la vida.

    En su conjunto, la antología deja ver el estilo minimalista del noruego, ese avanzar sinuoso que desconcierta, y al mismo tiempo, atrapa con una imaginación capaz de detenerse en las variaciones más sutiles de lo cotidiano, y en el fondo contienen todo eso que la vida contemporánea es incapaz de percibir por su velocidad, por su afán de estridencia. Por el contrario, la cadencia es siempre mansa en las narraciones del autor noruego, con palabras simples que se reiteran innumerables veces.

    En ese sentido, resulta hermoso encontrarse con el primer relato del libro, que al mismo tiempo es la primera publicación del autor; “Él” muestra la vida de un hombre, está sentado en un sillón, y oscila entre la primera y la tercera persona en un ir y venir de voces que conforman un retrato multifacético y entrañable.

    Claro que este estilo original fue depurándose a lo largo de los años. En especial, desde que Fosse dejó de lado la escritura de dramaturgia en el 2012 -luego de escribir alrededor de treinta obras de teatro- para dedicarse a la narrativa. Una curiosidad, es que ese mismo año el noruego abandonó el alcohol y se convirtió al catolicismo. Como sea, a partir de ese momento sus narraciones aparecen en una serie numerada de obras que lo consagraron como uno de los autores esenciales de la nuestros tiempos.El dramaturgo noruego Jon Fosse posa para una foto cerca de Frekhaug, al norte de Bergen, en Noruega. (Foto de EIRIK HAGESAETER / Bergensavisen / AFP)El dramaturgo noruego Jon Fosse posa para una foto cerca de Frekhaug, al norte de Bergen, en Noruega. (Foto de EIRIK HAGESAETER / Bergensavisen / AFP)

    De hecho, la escritura mantiene ciertas características en común, por un lado se desarrollan en prosas largas que desembocan en finales nada evidentes, por otro, impulsan a prestar atención a un lenguaje parco. Como sucede, entre otras, en Trilogía, una de sus novelas más aclamadas en el mundo.

    Tres historias enlazadas

    Es una obra que enlaza tres historias, de ahí su título. La primera sigue el vínculo entre Asle y Alida, una pareja joven de indigentes que viven de manera precaria en un entorno pobre y agreste, que evoca la escena bíblica de María y José en Belén; le sigue una segunda historia de la misma pareja con su hijo recién nacido. No solo tienen nombres falsos, sino que ya no mantienen las ilusiones de juventud, y por el contrario, se los ve distanciados. En esta trama, un hecho va a determinar de manera radical el futuro familiar. El libro cierra con la tercera narración en la que Alida ya anciana vive con su segunda hija, Ales. Los destinos de ambas se entrelazan, entre el paisaje y el mar.

    Más allá de lo exquisita que resulta esa novela, todos consideran Septología como su obra cumbre. Empezó a escribirla cuando vivía en el castillo de Paul Claudel en el sur de Francia, al que había sido invitado por la familia del poeta francés, demoró cinco años, y finalmente la terminó en un pueblo austríaco en las afueras de Viena.

    Las siete partes que la integran fueron publicadas en cuatro volúmenes en español. Narran la historia de dos hombres, Asle, el pintor asceta, Asle, el artista alcohólico. Se trata, por supuesto, de una obra desafiante, con una narración caudalosa que desafía al lector y despliega interrogantes sobre los asuntos mínimos de la vida cotidiana, y al mismo tiempo, aborda las grandes preguntas sobre arte y su naturaleza.El premio Nobel de Literatura Jon Fosse posa tras recibir el Premio Nobel de Literatura 2023 en Suecia, el 10 de diciembre de 2023. (Foto de Jonathan NACKSTRAND / AFP)El premio Nobel de Literatura Jon Fosse posa tras recibir el Premio Nobel de Literatura 2023 en Suecia, el 10 de diciembre de 2023. (Foto de Jonathan NACKSTRAND / AFP)

    De ese modo, la bruma nórdica, las conversaciones rítmicas, el mundo cotidiano concentran en sus escenas la mística del autor.

    Una novela breve

    Y hay más aún, por ejemplo, en 2007 el escritor noruego obtuvo el Premio Alemán de Literatura Juvenil por la novela breve Hermana, recientemente traducida al español. Un nene de 4 años vive con su hermana y sus padres en una zona rural, cerca del mar. Él explora junto a su hermana el mundo, con una mirada simple que captura cuestiones esenciales de la existencia.

    Las escenas vívidas, la mirada desde la infancia y la belleza del lenguaje tienen algo en común con los relatos de Escenas de una infancia. Quizás por eso resultan una obra que permite descubrir su escritura de modo amigable.

    De hecho, las historias capturan el halo de la memoria, en recuerdos de infancia que dejan a la vista cuestionamientos profundos, van y vienen en el tiempo y también en voces narrativas que saltan de manera sutil para exhibir los puntos de vista múltiples que conforman un momento de la vida. El efecto en la lectura se parece a un hechizo, la musicalidad de las frases y la repetición abren los sentidos al silencio, exigen la observación cautelosa de aquello que existe entre imagen e imagen.

    En ese vaivén anida el estilo original del autor sueco destinado a convertirse en un clásico de la literatura contemporánea.

    Escenas de una infancia, de Jon Fosse (Random House).


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    Verónica BoixBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • Derek Walcott: reeditan “Omeros”, la obra maestra del Nobel de Literatura caribeño

    Derek Walcott: reeditan “Omeros”, la obra maestra del Nobel de Literatura caribeño

    “Pienso en mí mismo como en un carpintero, como alguien que hace estructuras”, dijo Derek Walcott a propósito de su trabajo como poeta. Omeros, el poema narrativo que precedió a la obtención del Premio Nobel de Literatura, es el ejemplo más elocuente al respecto, y también de una poética caracterizada por la fusión de influencias asiáticas, africanas y europeas y por la presencia constante del paisaje y la historia del Caribe. Un ensamblaje de engañosa sencillez, “donde la estructura se vuelve más importante que el carpintero” según el autor.

    Walcott nació en 1930 en Santa Lucía, una de las Antillas Menores. Educado en inglés y en una escuela metodista, creció en un medio donde también se hablaba francés y dialecto criollo y donde la religión coexistía con una fuerte presencia de rituales africanos. “Proviene de una Babel genética”, dijo el gran escritor ruso Joseph Brodsky.

    Ese legado se enriqueció con las propias creaciones. Walcott estudió en Jamaica, publicó su primer libro a los 18 años con dinero prestado y en 1953 se mudó a Trinidad, donde trabajó como crítico de teatro y consolidó su obra en torno a la indagación de la identidad y el paisaje caribeño y de la responsabilidad del poeta en la transición del orden colonial a la independencia de los países de la región.

    Un escritor caribeño

    “Soy primordial y absolutamente un escritor caribeño”, declaró Walcott en una entrevista con la prestigiosa revista The Paris Review. Pero esa identificación hizo que fuera menospreciado y considerado una especie de poeta regional.

    El Premio Nobel de Literatura que recibió en 1992, y previamente los elogios de Brodsky y Seamus Heaney, resolvieron la cuestión. Dos años antes Walcott había publicado Omeros, la obra que Editorial Anagrama vuelve a poner en circulación en edición bilingüe y con traducción del poeta mexicano José Luis Rivas.

    “El intento de reducir a este hombre a un escritor regional quizá puede explicarse por el rechazo de la crítica profesional a aceptar que el gran poeta de la lengua inglesa es un negro”, escribió Brodsky, quien destacó a Walcott como “el hombre gracias al cual vive el idioma inglés”.

    Omeros es un poema compuesto por siete libros y setenta y cuatro capítulos. Los versos están escritos en una variante de la llamada terza rima, estrofas de tres versos con rimas entrelazadas. La forma fue popularizada por Dante Alighieri en la Divina Comedia.Fotografía de archivo fechada el 22 de agosto de 2012 que muestra al escritor Derek Walcott en San José (Costa Rica).  EFE/Jeffrey ArguedasFotografía de archivo fechada el 22 de agosto de 2012 que muestra al escritor Derek Walcott en San José (Costa Rica). EFE/Jeffrey Arguedas

    Sin embargo, la principal referencia de Walcott es la de Homero, el poeta de existencia incierta al que se atribuyen la Ilíada y la Odisea, evocado ya en el título con su nombre en jónico. Aquiles y Héctor, los protagonistas del poema clásico, retornan convertidos en pescadores antillanos y en lugar de la guerra de Troya el poema construye un friso de la historia caribeña que comprende el exterminio de la población aborigen, el tráfico de esclavos, la prolongada disputa entre Francia y Gran Bretaña por la ocupación del territorio y los conflictos del siglo XX.

    Un mulato que amaba el mar

    Walcott aclaró en más de una ocasión que el concepto de épica le resultaba ampuloso para su obra y que los nombres homéricos son referencias y no representaciones de los personajes clásicos. También está Helena, el icono de la belleza en la mitología griega, que ahora es una criada embarazada sin saber de quién; y el nombre alude al mismo tiempo a Santa Lucía, llamada la Helena de las Indias Occidentales por los atractivos de su paisaje.

    Pero la belleza del paisaje es ante todo un problema. Walcott deplora la imagen estereotipada del Caribe y la mirada turística restringida a las playas, la música típica y la gastronomía local. El deber del escritor consiste en su opinión en romper los lugares comunes y atender al “Caribe real” que se encuentra en el pasado y en la integración de diferentes culturas.

    En los primeros versos de Omeros, un personaje sonríe así para unos turistas que “intentan robarle el alma” con una cámara de fotos. La cultura antillana emerge en el poema como un desprendimiento de la cultura occidental interferido por las raíces africanas que trajeron los esclavos y se funda según Walcott en la pérdida de un lenguaje, el de los arahuacos, la población originaria de las islas desplazada por la colonización europea.El escritor Derek Walcott. Archivo Clarín.El escritor Derek Walcott. Archivo Clarín.

    Ese lenguaje, dijo Walcott, persistió en el habla “con un ritmo ancestral y extático en la sangre que no puede ser sometido por la esclavitud ni por el contrato de servidumbre”. El autor de Omeros encontró en ese proceso de recreación una imagen del propio trabajo como poeta: “Soy solo un negro mulato que ama el mar,/ poseo una buena educación colonial,/ llevo en mí un holandés, un negro, un inglés”, escribió con ironía.

    “El arte antillano es esta restauración de nuestras historias destrozadas, nuestros fragmentos de vocabulario, nuestro archipiélago convertido en sinónimo de piezas desprendidas del continente original –dijo Walcott en el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura-. Y éste es el proceso exacto de la creación de la poesía, o lo que debería llamarse no su creación sino su reconstrucción”.

    El narrador de Omeros afirma que “la vía para robustecer el carácter/ pasaba por el lenguaje y la observación”, y es precisamente ese lenguaje que asocia tradiciones múltiples lo que constituye la identidad caribeña.

    En “Recuperar a Derek Walcott”, el ensayo que llamó la atención sobre el poeta caribeño, Brodsky advirtió: “Lo que libra a las civilizaciones de su desintegración no son los ejércitos sino el lenguaje. Fue el caso de Roma y, antes, de la Grecia helénica. La tarea de conservar el centro en tales épocas es, con frecuencia, acometida por los hombres de las provincias, de los confines”. Ese habría sido el espacio de Walcott, con la aclaración de que “los confines no están donde el mundo termina, sino precisamente donde comienza a extenderse”.El escritor Derek Walcott. Archivo Clarín.El escritor Derek Walcott. Archivo Clarín.

    Walcott tuvo también una destacada trayectoria como dramaturgo y profesor universitario en Estados Unidos y Gran Bretaña. Murió en Santa Lucía en 2017. “Para todo poeta siempre es de mañana en el mundo –dijo al recibir el Premio Nobel-. La Historia y el asombro elemental son siempre nuestro comienzo temprano, porque el destino de la poesía es enamorarse del mundo, a pesar de la Historia”. Omeros es el testimonio deslumbrante de esa convicción.

    Omeros, de Derek Walcott (Anagrama).


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    Osvaldo AguirreBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • “El misterio del último Stradivarius”: una novela que explora el arte, la crueldad y la redención

    “El misterio del último Stradivarius”: una novela que explora el arte, la crueldad y la redención

    La nueva novela de Alejandro G. Roemmers está llena de sorpresas y de pistas que desconciertan, empezando por su título. El misterio del último Stradivarius parecería aludir a un policial construido desde el esquema “Whodunnit?”: “¿Quién lo hizo?” Sin embargo, la misma palabra “misterio” debería ponernos en guardia contra esa lectura. Hay una sutil diferencia entre “misterio” y “enigma”. Aunque la palabra se use en policiales de enigma, “misterio” no es, como “enigma”, un problema intrincado pero que puede ser resuelto con los instrumentos de la razón. Por el contrario, resiste a la explicación racional, remite a un plano que la trasciende.

    El “misterio del último Stradivarius”, ¡atención spoilers!, no se refiere al esclarecimiento del doble asesinato que desencadena la acción; en realidad ese hecho puntual nunca se resuelve, y finalmente tampoco importa. El misterio radica en el violín mismo, en el encantamiento revelador que ejerce ese objeto prodigioso.

    Esto no lo convierte en un amuleto. Aunque parezca que alarga la vida de sus portadores, en realidad no pocos de ellos encuentran un final violento, o mueren atormentados. Tampoco es mágico, en el sentido de que pueda cambiar la voluntad de quienes lo interpretan o lo poseen. Ellas y ellos siguen siendo libres de tomar decisiones y elegir, para bien o para mal, su propio camino.

    Una lengua divina

    Lo que distingue al último Stradivarius es otra cosa: habla una lengua divina, pone a sus oyentes en contacto directo con una dimensión sobrenatural.

    La novela, por su parte, no se propone encajar en un estatuto de género determinado. Tiene un marco de policial de enigma, pero no se reduce a él. Tiene una dimensión histórica muy trabajada, pero no se detiene allí. Es realista, respeta un contrato narrativo de verosimilitud, pero, como acabo de señalar, se abre, a través del violín, hacia un nivel sobrehumano.El empresario Alejandro Roemmers. EFE/Concha Barrigós El empresario Alejandro Roemmers. EFE/Concha Barrigós

    Pero además este libro es un intenso relato de aventuras, donde no faltan el amor en sus diversas modalidades, la amistad perdurable, la fe, la compasión, la abnegación, y tampoco la crueldad extrema y la tragedia.

    Si el punto de partida de la acción tiene lugar el 22 de octubre de 2021 en la ciudad de Areguá, Paraguay, donde el anticuario Johann von Bulow y su hija adolescente aparecen asesinados, la historia del violín empieza casi tres siglos atrás en la ciudad de Cremona.

    El plano temporal del relato primero (el presente de la acción) se extiende desde el 2021 a la casi actualidad y se va alternando en la novela con flashbacks que nos llevan hasta los orígenes del inigualable instrumento, que, según la ficción novelesca, habría firmado el lutier Antonio Stradivari en 1737. De aquí en más veremos cómo va pasando de mano de mano por distintos lugares de Europa, hasta caer en las garras de Julius Heiden, funcionario nazi y jefe de un campo de concentración, que concluye sus días en Paraguay.

    El caso se les encarga a dos policías locales: el comisario Alejandro Tobosa y el sargento Gutiérrez, cuya relación de algún modo evoca la de don Quijote (Tobosa) y Sancho Panza (el sargento). Pronto se verá que la tosquedad de Gutiérrez no está compensada, como en Sancho, por una disposición leal y bondadosa.

    Un objeto falta

    A poco de avanzar el relato, emerge el vínculo entre el sanguinario crimen y el violín Stradivarius que se nos ha presentado a los lectores en el segundo capítulo: es el único objeto que falta en el tesoro del anticuario.

    Pese al desinterés de su comandante, ya que nadie pregunta por los muertos ni reclama su herencia, Tobosa continúa tenazmente la investigación. Tiene motivaciones personales que van más allá de una vocación y una curiosidad detectivesca genuinas. Podríamos decir que ha caído bajo el hechizo de la belleza. Los objetos de arte que representan la alta cultura europea y que abarrotan los depósitos de von Bulow lo deslumbran y hacen surgir en él emociones desconocidas que llegarán a su ápice cuando descubra que el criminal no ha podido encontrar el Stradivarius, oculto aún en la casa.

    Decide entonces convertirse en su salvador y custodio, aunque su vida esté amenazada por el sargento y por el comandante, que pretenden venderlo al mejor postor. Aun sabiendo que lo arriesga todo (desde su trabajo hasta su propia vida) buscará cómo hacerlo llegar a las mejores manos.

    Mientras tanto, la alternancia de tiempos y espacios nos lleva a las peripecias previas del último Stradivarius en tierras europeas. Este es el segundo plano de la novela, fascinante por la variedad de escenarios, de lenguas, de ambientes, de culturas y de momentos que evoca y, sobre todo, por los efectos que el violín provoca en sus oyentes.

    Cada época y cada lugar están recreados con la mezcla justa de información y de emoción, de intimidad y ambiente, de personajes históricos en contacto con personajes ficticios, todos complicados en la intriga multisecular de la que el instrumento es eje.El escritor y empresario Alejandro Roemmers presentó en la Feria del Libro El misterio del último Stradivarius, su reciente novela publicada por Editorial Planeta. Foto: gentileza Fundación El Libro.El escritor y empresario Alejandro Roemmers presentó en la Feria del Libro El misterio del último Stradivarius, su reciente novela publicada por Editorial Planeta. Foto: gentileza Fundación El Libro.

    Desde este relato ingresamos en el terrible ámbito de la llamada “literatura concentracionaria”, también “literatura del Holocausto” que, a partir del testimonio directo de las víctimas, o la ficcionalización verosímil, evoca la supervivencia en los campos de exterminio.

    Sin embargo, hay dos factores peculiares que marcan la diferencia con respecto a mucha narrativa del género: por un lado (en contraste con otras narraciones que describen cómo los presos llegan a ser despiadados con los demás para sobrevivir –empezando por el célebre Primo Levi– ), aquí la historia se teje sobre el lazo de solidaridad inquebrantable que se establece entre dos reclusos: el violinista Stefanoni y el más joven Ernst Bechstein, miembro de una familia de fabricantes de pianos. Este lazo durará mucho más allá de la muerte de Stefanoni, y será decisivo para que una descendiente de Bechstein se comprometa en la empresa de rescatar el violín, no ya para su familia, sino para la salvación de la humanidad.

    Por otra parte, si bien no son raros los relatos en que ciertos presos logran subsistir un tiempo en mejores condiciones, gracias a un tratamiento especial por parte de alguno de sus captores, en esta novela la excepción se debe a un objeto portentoso: el último Stradivarius.

    Ser su intérprete le permite a Michele acceder a la protección del melómano Heiden, que preserva la vida del músico y la hace más tolerable en algunos aspectos, aunque también lo convierte en su esclavo sexual y en objeto de todo tipo de humillaciones. La última tarea impuesta a Stefanoni es la de enseñarle a su torturador y retorcido benefactor a tocar el violín.Alejandro Roemmers. GentilezaAlejandro Roemmers. Gentileza

    Volvamos a Alejandro Tobosa, el que se ha desprendido del violín en el gesto de donación más puro, pese a todos los riesgos. Degradado y exonerado de la policía, condenado a un trabajo ínfimo, arrastra una existencia miserable, temeroso de que sus enemigos lo encuentren y tomen venganza. Ha perdido “su talante positivo, su fe ciega en el género humano”.

    Algo parecido a un “final feliz”

    ¿Nos dejará aquí el novelista, acompañando a Tobosa en su desesperanza? ¿No habrá algo parecido a un “final feliz” para él y para el último Stradivarius? Lo hay, y seguramente asombrará a los lectores.

    Pero todo el recorrido previo del violín nos ha mostrado que ningún happy end puede considerarse definitivo cuando de seres humanos se trata. Nada garantiza que el instrumento maravilloso, capaz de transportar a los oyentes más allá de su condición falible y mortal, no vuelva a ser robado, traficado y enajenado por los agentes de un mal que siempre retorna.

    Por otra parte, si el violín no pierde su magia, aunque su intérprete sea un verdadero monstruo moral, como Heiden, también es cierto que no altera, por sí mismo, la condición de sus portadores. Si el instrumento transmite una llamada divina que llega al corazón de todos los seres, no todos quieren asentir a ella. Heiden podrá transmitir el mensaje a otros, pero no lo acepta. Por su propia decisión, morirá irredento, solo y odiado.

    En el tortuoso camino de la Historia, pese a las fallas o delitos aberrantes de sus eventuales intérpretes, la música del Stradivarius abre puentes místicos hacia la comunión con el absoluto, donde todo parece encontrar sentido, aun la oscuridad, aun lo que no podemos comprender desde nuestra humanidad limitada.

    Quizá por eso, la mejor manera de cerrar sean las palabras de San Agustín que el otro Alejandro, Roemmers, pone en boca de Sor Felicitas: “Porque así como una pintura, colocado en su respectivo lugar el color negro, es hermosa, así el mundo, si uno lo pudiese ver, aun con los mismos pecadores, es hermoso”.

    Así, el arte humano, el del lutier, el de la música y el del intérprete, pueden alinearse en una iluminación deslumbrante que, cuando es acatada, conduce al misterio del Ser, consuela y salva.

    El misterio del último Stradivarius, de Alejandro Roemmers (Planeta).


    Sobre la firma

    María Rosa LojoMaría Rosa Lojo

    Escritora e investigadora argentina, autora, entre otros libros, de Los ‘gallegos’ en el imaginario argentino y Todos éramos hijos.Bio completa

    Fuente: Clarín.com

  • El Met de Nueva York exhibe 1.800 obras de África, América y Oceanía en una renovada ala

    El Met de Nueva York exhibe 1.800 obras de África, América y Oceanía en una renovada ala

    El Museo Metropolitano (Met) de Nueva York reabrió las nuevas galerías dedicadas a las artes de África, la América antigua y Oceanía –que contienen más de 1.800 obras– tras una millonaria renovación del ala que lleva el nombre de Michael C. Rockefeller.

    Los visitantes pueden apreciar, en los 3.700 metros cuadrados de este espacio remodelado desde los altos tótems ancestrales de Papúa Occidental tallados en árboles de manglar, las múltiples figuras de oro y plata de distintos países de Sudamérica y las variadas máscaras de madera de procedencia africana, entre muchas otras obras.

    La luz del Central Park
    Todo ello con el Central Park de fondo gracias a una nueva pared de vidrio inclinada en la fachada sur. La pared de vidrio anterior no protegía las obras de arte de los rayos ultravioleta del sol que llegaban del icónico parque, por lo que antes el museo tenía que mantener las persianas abajo y usar luz artificial más directa.

    Fotografía de objetos expuestos en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (Met) este miércoles, en Nueva York (Estados Unidos).Fotografía de objetos expuestos en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (Met) este miércoles, en Nueva York (Estados Unidos).
    «Queríamos alejarnos de esta iluminación casi cinematográfica, oscura y teatral, para acercarnos a un espacio al aire libre más inmaculado, hermoso y lleno de luz», anotó el director ejecutivo del museo, Max Hollein, en un pase privado para la prensa.

    El director del Met señaló que esta nueva luz ayuda a que las obras se representen de una manera más «auténtica» y da a los objetos «mayor integridad», ya que muchas de las piezas que se exhiben fueron creadas para estar al aire libre.

    Idea con la que coincide Laura Filloy Nadal, curadora de las Artes de la antigua América, quien explicó que muchas obras del arte Maya que hay en el ala estaban en plazas o en edificios públicos o privados «bañados por la luz solar y con vegetación detrás».

    «Esta oportunidad de tener el Central Park (detrás) nos permite ver cómo cambian los objetos durante el día y a lo largo de las horas», matizó la curadora mexicana.

    Protagonismo para los artistas y artesanos
    La colección, del filántropo Nelson A. Rockefeller, fue donada al Met en 1969 como un nuevo departamento y ala. Se inauguró a principio de los ochenta y el ala fue bautizada como Michael C. Rockefeller, en honor a su hijo que desapareció a los 23 años durante una expedición de recolección entre los asmat –el mismo grupo étnico del suroeste de Nueva Guinea cuyos imponentes tótems se exponen hoy–.

    Fotografía de objetos expuestos como parte de la exposición ‘Artes de África, las Américas Antiguas y Oceanía’ este miércoles, en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (MET), en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Ángel ColmenaresFotografía de objetos expuestos como parte de la exposición ‘Artes de África, las Américas Antiguas y Oceanía’ este miércoles, en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (MET), en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Ángel Colmenares
    Esta sección del museo se cerró en 2021 y tras la renovación diseñada por WHY Architecture y Beyer Blinder Belle Architects ahora presenta las tres áreas diferenciadas: África, Oceanía y Latinoamérica, en lugar de agrupadas bajo la denominación de «primitivas», como ocurría antes.

    El museo se ha esforzado por mostrar no solo el recorrido de la pieza, sino el origen e historia de su creador.

    Como es el caso de una puerta de un palacio yoruba –cultura de África Occidental– tallada en 1904 por el maestro escultor Olowe of Ise que relata una reunión entre el rey y una delegación de funcionarios coloniales británicos.

    «El hecho de que tengamos todo ese rico conocimiento sobre esa obra es algo que desearíamos para todas estas piezas. Al destacar ese tipo de información, señalamos que el contexto para comprender estas obras es importante, la especificidad es importante, y nuestro papel como historiadores del arte es descubrir todo eso», dijo la curadora de arte africano y comisaria a cargo del ala Michael C. Rockefeller.

    Renovación de 80 millones de dólares
    Hollein describió este proyecto como «ambicioso» y dijo que el museo ha invertido unos 80 millones de dólares en renovar y reinstalar las galerías.

    Fotografía de objetos expuestos en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (Met) este miércoles, en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Ángel ColmenaresFotografía de objetos expuestos en la sala Michael Rockefeller del Museo Metropolitano de Arte (Met) este miércoles, en Nueva York (Estados Unidos). EFE/ Ángel Colmenares
    La ciudad de Nueva York participó con 14 millones y el resto del dinero vino de donaciones privadas provenientes de todos los rincones del mundo.

    «La gran mayoría (de dinero para la renovación) proviene de fondos privados de donantes que quieren asegurar que el Met siga siendo lo que es y que siga prosperando e invirtiendo en sus galerías. No nos estamos expandiendo, sino que nos aseguramos de mostrar el arte que tenemos aquí, que tenemos bajo nuestra custodia, de la mejor manera posible, y de seguir invirtiendo no solo en becas o en la colección, sino también en la mejor manera de mostrarlo», detalló Hollein.

    Con información de EFE.

    Fuente: Clarín.com

  • María Teresa Andruetto inaugurará la Feria del Libro Infantil y Juvenil

    María Teresa Andruetto inaugurará la Feria del Libro Infantil y Juvenil

    La 33.ª edición de la Feria del Libro Infantil y Juvenil ya tiene dos protagonistas: la escritora María Teresa Andruetto, encargada del discurso inaugural, y el joven ilustrador bahiense Nehuén Costa, flamante ganador del concurso de personajes del evento.

    Organizada por la Fundación El Libro, la feria se llevará a cabo del miércoles 16 de julio al domingo 3 de agosto, con entrada libre y gratuita, en el Palacio Libertad, exCCK (Sarmiento 151, CABA).https://339818ef5450bdb0e3565988e6f94773.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html

    Tercera oradora

    Será la tercera vez que la feria elige a un autor para inaugurar el encuentro. Esta vez, el discurso de apertura estará a cargo de María Teresa Andruetto, figura de la literatura argentina contemporánea, reconocida por su labor en la promoción de la lectura y su obra orientada tanto al público adulto como infantil.Feria del Libro Infantil y Juvenil. Foto: archivo Clarín.Feria del Libro Infantil y Juvenil. Foto: archivo Clarín.

    El acto se realizará el viernes 18 de julio a las 18 en el Salón de Honor del Palacio. Andruetto ha sido distinguida con premios nacionales e internacionales –como el Hans Christian Andersen, el Premio Iberoamericano SM, el Konex de Platino y el Premio Trayectoria en Letras– y es doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Además, cada semana comparte relatos breves en el programa radial Nada del otro mundo.

    Entre sus libros más recientes figuran Una lectora de provincia (Ampersand, 2023), Como si fuesen fábulas (2025) y El arte de narrar (Fondo de Cultura Económica, 2025). Andruetto también co-dirige una colección de rescate de narradoras argentinas en la editorial EDUVIM, reforzando su compromiso con la visibilidad de voces literarias locales.

    Ilustraciones bahienses

    El ilustrador Nehuén Costa, de 23 años, fue elegido entre más de 90 participantes como el ganador del concurso para crear a los personajes oficiales de la feria.

    El jurado estuvo integrado por el artista Poly Bernatene, la presidenta del comité organizador Gabriela Pérez y el director de la Fundación El Libro, Ezequiel Martínez.Feria del Libro Infantil y Juvenil. Foto: archivo Clarín.Feria del Libro Infantil y Juvenil. Foto: archivo Clarín.

    Costa nació en San Juan y vive desde pequeño en Bahía Blanca, donde se formó como dibujante y acuarelista. Egresó en 2024 de la Tecnicatura en Ilustración de la Escuela de Artes Visuales «Lino Enea Spilimbergo» y forma parte de la Asociación de Dibujantes de Argentina.

    Sus creaciones, inspiradas en la fauna autóctona y la geografía argentina, buscarán establecer un nuevo vínculo visual entre la feria y su público más joven.

    Fuente: Clarín.com

  • ‘La carpintería de un poema’, crónica de un taller de escritura con Luis Chaves

    ‘La carpintería de un poema’, crónica de un taller de escritura con Luis Chaves

    Luis Chaves nació en San José, Costa Rica, pero también es un poco porteño. Habla de tu, y a veces de vos. Eso le pasa más que nada cuando hace alguna pregunta, o responde, a alguien de Buenos Aires. Por momentos, el cantito rioplatense le aparece porque sí. Por ejemplo: “Me tranquiliza que estén acá un sábado tan temprano, porque yo solo no podría hacer esto”, dice apenas llega a la clase «Carpintería de un poema». Está en la mitad de sus cinco semanas en la Ciudad, y esta es una de las múltiples actividades que lo tuvieron como protagonista en el marco de la Residencia de Escritores Malba 2025, que lo trajo al país.

    El poeta, docente, narrador y traductor es el primero de los participantes seleccionados este año por el comité honorario integrado por el Nobel de Literatura John M. Coetzee, el multifacético autor talo-mexicano Fabio Morábito, el editor Gustavo Guerrero y la directora de Malba Literatura María Soledad Costantini. En los próximos meses vendrán el chileno Alberto Fuguet, el alemán Timo Berger, la española Rosa Berbel y la italiana Veronica Raimo. ¿El premio? Tiempo. Para ampliar su desarrollo artístico y profesional, y sobre todo escribir dentro de la escena cultural local. Pero ahora, este sábado, recibe a los 15 participantes presenciales del taller con calidez. Y chistes.

    Entre otras actividades, curriculares y no tanto, antes y después de «Carpintería de un poema», Chaves fue al teatro Colón a ver Turandot, la última obra de Giacomo Puccini; lo entrevistó públicamente en la biblioteca del museo la escritora y periodista Mercedes Halfon; leyó un texto inédito escrito especialmente para la ocasión en la sede porteña de la editorial Ampersand, merendó con amigas y amigos, salió a caminar en “jogging de señor” y compartió con el público una selección de sus poemas y textos en la sala de la exposición Kuitca 86, en diálogo con las obras y el espacio, acompañado por la editora Ana Wajszczuk.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Foto: Emmanuel Fernández.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Foto: Emmanuel Fernández.

    Un poco intimidado

    Pero ahora todavía está en la biblioteca de Malba y le confiesa a los participantes del taller de un día que se siente “un poco intimidado” por el “concepto master class”. Después, pronto, va a desmentir ese temor con su soltura, amabilidad y dinamismo. Antes, hace una semana, cuando caía una lluvia torrencial sobre la ciudad, Chaves estaba con Wajszczuk, una de sus amigas porteñas más cercanas, pensando que tal vez no iba a ir nadie a la lectura de poesía que habían organizado. También estuvo equivocado, porque se llenó de gente.

    Los Amigos de lo ajeno fue una revista que hicieron los amigos entre 1998 y 2004. Durante 11 números publicaron a muchos poetas entonces emergentes, como Gabriela Bejerman, Fabián Casas, Laura Wittner, Washington Cucurto, Daniel Durand y Santiago Llach. Los convocaron 20 años después a la librería Naesqui para leer viejos y nuevos poemas. “Fue hermoso, como antes”, contará más tarde. Pero ahora todavía está en la biblioteca de Malba y ya está enfrascado en la clase, que coordina y conduce con entusiasmo y calma; enorme conocimiento del tema y sincera humildad.

    La obra de Chaves incluye poesía, narrativa y crónica. Siempre, en cualquiera de los géneros y formatos, los temas en los que pone el ojo son cotidianos, aparentemente mínimos, y los ataca con un estilo de escritura despojada, sin artificios. En 1997 ganó el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz con su segundo libro, Los animales que imaginamos. Por La máquina de hacer niebla, en 2012, le dieron el Premio Nacional de Poesía de Costa Rica. Entre otras novelas y nouvelles, es autor de Salvapantallas (Seix Barral, 2015 / Los tres editores, 2024), La marea de Noirmoutier y O.W. (ambas en 2020). Obtuvo la prestigiosa beca DAAD, que lo llevó a vivir un año en Berlín, en 2015, y de esa experiencia surgió el libro de crónicas Vamos a tocar el agua (Los tres editores, 2017 / Seix Barral, 2020).

    Chavez vive en Zapote, uno de los suburbios más importantes de la capital costarricense. Su barrio porteño es Villa Crespo, ahí estuvo instalado tres años, tanto y tan involucrado, que hasta se hizo hincha de Atlanta. En aquella estadía, que fue de 2003 a 2006, publicó su cuarto libro, Chan Marshall, con el que ganó el III Premio de Poesía Fray Luis de León y lo ubicó en un podio merecido, el de una de las voces más destacadas de la poesía latinoamericana contemporánea. Así que es el tipo de invitado a Buenos Aires que juega de local. Es más: es uno más del círculo local de poetas de la generación del 90.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó.
Foto: Emmanuel Fernández.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó. Foto: Emmanuel Fernández.

    “Costa Rica tiene un espíritu afín a ‘el que pelea pierde? y yo no. Soy peleón. Mi costumbre más porteña es discutir”, dirá en charla con Clarín más tarde. Pero ahora, todavía está en la biblioteca de Malba, son las diez y media de la mañana y se dispone a desmontar, examinar las partes y rearmar de nuevo el poema «Santa», de Anne Sexton, y «Visitantes del extranjero», de Louise Glück. Se para frente a una pantalla, en donde están proyectados los textos, que además cada cual tiene impresos en unas hojas que recibieron al entrar a la sala.

    Entre los participantes está Noelia Torres, traductora de El libro de la locura, de Sexton, que publicó Caleta Olivia en 2020 y ya va por su sexta edición. “Seguro que sabés más que yo de la autora y del poema”, dice Chaves y le cuenta al resto quién es la experta. También están entre los concurrentes la escritora Julieta Correa; la guionista, productora cultural y editora Javiera Pérez Salerno, psicoanalistas, fotógrafos, lectores de todos los géneros, socios y socias de Malba y un etcétera que podría resumirse así: un grupo variopinto con un interés común, la poesía. Y un bonus: la curiosidad básica de cómo está hecha.

    El poema «G.W. en la esquina del palace», de Chaves, dice: “Visto desde la ventana de un autobús en movimiento,/ es el adulto en que los universitarios temen convertirse”. Es la totalidad, en sólo dos versos contundentes captura una imagen que es más que visual. Mucho después de haberlo escrito y publicado, él dirá que entre las cosas que le gustan de Buenos Aires, una muy importante es que no hay dos mundos, el de los amigos por un lado y el de la escritura por otro. “Está todo unido. En esta ciudad todo se mezcla, en el buen sentido. No existe esa idea del intelectual que va por separado de lo cotidiano, que es una cosa vieja, además. Un ejemplo mundano, acá tengo más pares que en Costa Rica”, dirá en un aparte, después de terminar el taller.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó.
Foto: Emmanuel Fernández.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó. Foto: Emmanuel Fernández.

    La forma, ese andamiaje

    Pero ahora, mientras avanza la mañana de sábado en torno a los dos poemas, Chaves desmenuza detenidamente la forma, el andamiaje que tributa o completa el fondo de cada texto, y a la vez invita, con carisma y amabilidad, a que los asistentes participen. “¿Qué más?”, va diciendo cada tanto y luego hace una pausa, a la que le suma la apertura con “¿Ustedes que piensan?”.

    Al principio, la gente está tímida, habla poco. En menos de media hora ya no existe la sensación de museo ni de master class. De amplia experiencia docente —coordina hace más de dos décadas el Taller de Escritura Artesanal y el Taller de Escritura Artificial—, el escritor conduce a pura simpatía ese devenir de tertulia.

    “Hay una ingeniería, más allá de si es deliberada o no, sobre la que se sostiene la escritura de cierta vertiente de poesía. Una estructura que generalmente se niega al protagonismo, se invisibiliza detrás del fondo”, explica. Y habla también, por supuesto, de música, de ritmos y de escenas. Como buen engranaje de la generación del 90, hace y aprecia el objetivismo, esa poesía de las cosas. Observa lo narrativo del poema y elogia, a la vez, lo no dicho.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó.
Foto: Emmanuel Fernández.El poeta y traductor costarricense pasó un mes en Buenos Aires como residente del Malba. Y entre varias actividades, ofreció un taller de escritura al que Clarín se sumó. Foto: Emmanuel Fernández.

    “No espero entender”, comenta, en referencia a su búsqueda al leer poesía. Cuenta que llega a la experiencia sin otra expectativa que la de descubrir ese momento. “Esto que hacemos acá no es mi forma habitual de leer poesía”, aclara y se dispone a desarmar todo. Con paciencia y dejando que surja el asombro, va guiando en la charla distintas formas de identificar estructuras, para ver esa carpintería, la construcción del objeto estético que pone en la mesa de trabajo.

    “¿Cómo leen ustedes?”, pregunta. “¿Leen poesía que no escribirían?”, quiere saber. “Hay que meterse a donde no irían”, sugiere, “avanzar queriendo saber ¿qué hay aquí?”. Entonces propone: “Lean todo”. Cuenta que él está ahora interesado en filósofos alemanes. Dice que le cuesta, pero sigue. Hace chistes. Habla de Samuel Becket (que “escribió un montón sobre que hay que callarse”); de Wittner (cita de memoria el final del poema Epigrama: “Como en la infancia,/fuimos felices por error”); del clima (“vengo del trópico”); recomienda El kimono, del peruano José Watanabe; se enreda cada vez que intenta decir “auricular” y se ríe de eso.

    Y más. A cada rato dice algo genial, pero con naturalidad, como al paso. Algunas, sin orden ni rango: “La poesía, al contrario que la narrativa, está hecha para leerse muchas veces”, “Sin verbos no hay acción”, “Ya no se puede usar la palabra motosierra, menos acá”, “¿Quién era yo antes de nacer?, oh, ahora me voy a sentir mal un rato por haber dicho o pensado en eso”, “Lo que está bien escrito parece fácil, pero no es fácil”.

    Dice, también: “No hay nada gratuito en un poema, cada palabra fue pensada, está ahí para algo”, Y lo muestra, resaltado en colores, en la pantalla donde están «Santa», primero, y luego «Visitantes del extranjero». Llega el mediodía. Hace una pausa para sonreír. “¿Qué más decimos?”, invita a hablar. Escucha. Termina el encuentro. Pero Chaves no tiene apuro. Se queda un rato más. Agradece a cada uno por haber participado. Se saca fotos. Firma libros. Al día siguiente, 25 de mayo, pasará la jornada patria comiendo locro en la feria de Mataderos. Pero ahora, en la biblioteca de Malba, el escritor está inmerso aún en una energía que recorre el lugar, mezcla chismes de talleres literarios con recomendaciones de libros y risas.


    Sobre la firma

    Daniela Pasik

    Especial para ClarínBio completa

    Fuente: Clarín.com