Los periodistas tienen algunas obligaciones en su función. Una de ellas es la obligación de dudar de la palabra oficial. La otra, simplemente, es preguntar. Todo lo demás tiene que ver con cuestiones simples como la observación y el conocimiento previo de las personas o situaciones sobre las que se deberá redactar o hablar.
“Este es un Gobierno en el que ni los mozos están habilitados a hablar con tranquilidad. Sienten que los están vigilando porque pusieron cámaras en todos lados” expresó el periodista acreditado en la Casa Rosada Alejandro Gobel durante el primer Congreso de Periodismo Federal organizado por la Asociación de Periodistas de la República Argentina (A
“Con este gobierno pasó algo inédito. Cerraron completamente la Sala de Prensa y no dejaron ingresar a ningún medio. Primero privaron de trabajar a algunos colegas, pero luego fuimos todos”, inició su relato Gobel, quien “claramente no nos quieren a los
Para el acreditado en Casa Rosada desde hace más de una década, “los gobiernos siempre empiezan a enojarse con la prensa al final de sus mandatos, nunca en esta etapa. Ahora nos persiguen por todos lados, nos obligan a ingresar por donde lo hacen los proveedores y no nos permiten ni pisar el Patio de las Palmeras ni deambular por los balcones. Entonces, empezamos a ver a través de una puerta que cerraron y clausuraron pero, al otro día, nos pusieron un contact para impedir que viéramos a
Emiliano Russo, uno de los primeros afectados por la extrema desconfianza de Karina Milei y Javier Milei contra la prensa, adelantó que “todo lo que viene puede ser peor. Tenemos un gobierno que no se cansa de insultarnos… Creo que algunos tienen mucha paciencia o intereses para no oponerse con más fuerza con estas cosas, porque ni quiero imaginarme qué hubiera pasado si esto mismo lo hacían otros gobiernos de otro signo político. El escándalo hubiera sido mucho mayor”.https://dc036eda9d5d35c09a09f5efb9855d6f.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-45/html/container.html
Otra observación aguda la brindó Fabián Quintás, periodista especializado en materia económico, indicó que “siempre hubo algún tipo de malestar con los periodistas, pero son los propios protagonistas los que suelen arbitrar estas tensiones. En la época de Mauricio Macri, no era lo mismo hablar con Federico Sturzenegger o su sucesor Guido Sandleris”.
Tras acentuar que hasta la llegada de los gobiernos kirchneristas “la relación con los periodistas era mucho mejor”, Quintás reconoce que “lo peor es que hoy no tenemos posibilidad de un diálogo directo ni que te contesten una pregunta”. Claramente, si en conferencias abiertas no hay respuestas, queda en claro que cada vez que un funcionario brinda una entrevista la misma está arreglada o acordada con anterioridad, cualquiera sea el periodista que la haya realizado.
Mariano Obarrio, fue al núcleo de lo que Quintás explicaba y recordó que en la última conferencia de prensa, en la que estuvieron Manuel Adorni, Luis Caputo y Alejandra Monteoliva, el colega de Cadena 3, Andrés Rodríguez, preguntó si en el gobierno se cobraban sobresueldos. Ninguno quiso contestar porque “no está dentro de los temas de los que debemos hablar hoy”, le respondieron.
“Más te encierran, más te maniatan, pero nada impide que la verdad se cuele. Y la verdad tiene que ver con la libertad, esa a la que este gobierno, justamente, no le gusta. Y fue justamente este viernes cuando los funcionarios no dijeron ni si ni no. Entonces es sí. Porque si no cobrarían hubieran sido muy taxativos al respecto, pero prefirieron divagar, decir que la conferencia no fue citada para eso y cosas así”.
Irónico, Obarrio describió que “la libertad de prensa se escurre como el agua, esa que sale de dos cañitos que se transforman en cascada… Se podría decir que donde hay un chorro o dos también hay uno o dos ladrones”.

Periodistas que trabajaron y trabajan en la Casa Rosada se quejan del «peor momento» en la relación con un gobierno democrático.
Para Hernán Dibello, periodista y también prensa institucional de diferentes organismos públicos, se preguntó para qué sirven las Salas de Prensa. “No es simplemente para ocupar un espacio. Sirven para que los periodistas hagan su trabajo, salgan en sus medios luego de recorrer diferentes oficinas, ver quienes ingresan a la Casa Rosada, observar el humor que tienen. El pasilleo es fundamental para nuestra tarea y si nos impiden esa tarea, todo se hace mucho más opaco”.
Este medio que tienen los funcionarios de hablar con los periodistas va creciendo. Por eso Patricia Bullrich sintió vergüenza por los funcionarios que estaban con ella el viernes pasado en la última reunión de gabinete cuando fue la única que expuso, a viva voz, el malestar que todos manifiestan en privado por la continuidad de Manuel Adorni como jefe de Gabinete.
Es que ella es la única que puede decir algo. Sabe que si la echan, esa decisión causará mucho más ruido que la que provocó cuando sacaron del Gabinete a Guillermo Francos, el antecesor de Adorni. Cuando Francos y Lisandro Catalán se fueron de la jefatura y el ministerio del Interior, respectivamente, el Gobierno solo llevaba una semana de haber ganado en todo el país.
Seis meses después, todo cambió. Ni siquiera otros funcionarios experimentados y que conocen la importancia de mantener las relaciones porque la política es un “electrocardiograma, un día estás arriba y el otro abajo”, pueden hacer lo que hace Bullrich, quien se diferencia, por las dudas. Un caso complejo lo tiene Diego Santilli, quien no puede apartarse un milímetro de lo que quiere Karina Milei. Su única bala es la de llegar como candidato único a gobernador de una oposición unida y para eso debe abrir las piernas para seguir manteniendo un pie en cada bote, el libertario y el del PRO.
El ministro del Interior tiene menos derechos que los primos Menem o Sebastián Pareja, quienes por ser libertarios originarios, pueden hablar y decir lo mismo que a veces desliza Bullrich pero sin quedar a tiro de una mirada de disconformidad por aparecer como posible traidor.
Milei sigue aferrado a otro mástil. El de la honestidad de Manuel Adorni, alguien a quien nadie respeta desde el momento mismo que se calzó el título de jefe de Gabinete. Como candidato o vocero, zafaba porque la decisión estaba en otro lado. Ahora también, pero los hermanos lo imponen como responsable a cargo y eso desbalancea el desarrollo natural de las cosas.
Fuente: Mendoza online

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