uis Caputo vuela mañana martes 14 de abril a Washington junto con el viceministro de Economía, José Luis Daza, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili. El equipo económico participará de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial, que se desarrollarán del 13 al 18 de abril en los Estados Unidos, donde se esperan las nuevas proyecciones de crecimiento del mundo en el contexto de la guerra de Medio Oriente, además de las previsiones para los distintos países miembros.
La escala no será solo protocolar para Caputo y compañía. El equipo económico llegaría con el objetivo concreto de destrabar la segunda revisión del programa con el Fondo, que sigue sin el visto bueno final y de la que depende un nuevo desembolso.
La revisión ya debería haber quedado cerrada. El programa aprobado por el FMI en abril de 2025 preveía una segunda revisión hacia fines de ese año, con un desembolso asociado de US$ 1.000 millones. Sin embargo, esa instancia se demoró y todavía no hubo comunicación oficial del organismo sobre su cierre. Vale recordar que el acuerdo por US$20.000 millones firmado en abril del año pasado cumplió un año este fin de semana.
El centro de la discusión, que se extiende desde febrero, es la recalibración de las metas macroeconómicas, un paso administrativo y político determinante para asegurar los futuros desembolsos del organismo. Fuentes del equipo económico confirmaron a PERFIL que las reuniones virtuales continuaron durante esta semana y que las conversaciones se trasladarán al modo presencial entre el 13 y el 15 de abril.
El jefe del Palacio de Hacienda viajará escoltado por el viceministro de Economía, José Luis Daza, y el presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili. En el Ministerio de Economía no descartan una cumbre con la titular del Fondo, Kristalina Georgieva, una vez que la agenda se confirme formalmente.

En febrero pasado el FMI volvió a remarcar que la acumulación de divisas sigue siendo “esencial” para que la Argentina recupere acceso duradero al financiamiento privado. Esa variable es central porque mide la capacidad del Banco Central para enfrentar pagos, contener episodios de tensión cambiaria y sostener el programa. De todos modos, el BCRA viene comprando diariamente dólares desde hace 63 ruedas con lo cual suma compras por US$ 5.421 millones desde que comenzó el año, en tanto en lo que va del mes, acumula compras por US$ 1.039 millones.
En el balance, las reservas internacionales brutas aumentaron y llegaron a los US$ 45.431 millones el pasado 10 de abril, con lo cual volvió al terreno positivo de reservas netas, llegando a US$ 323 millones.
Sin embargo, comprar no es lo mismo que atesorar. Por caso, la consultora Invecq señala en un informe reciente que, si bien el Banco Central compró más de US$5400 millones en lo que va de 2026, las reservas brutas crecieron apenas US$2326 millones en ese período y las reservas netas incluso retrocedieron, afectadas por pagos de deuda y transferencias al Tesoro, con lo cual, gran parte de esos dólares que se compraron debieron aplicarse al pago de compromisos financieros.
El recorte que viene y que no pidió Luis Caputo
La discusión en Washington, entonces, no pasa solo por el desembolso. También pasa por el mensaje político y financiero que el Gobierno quiere llevar a la mesa: que, aun con una revisión demorada, el ancla fiscal sigue intacta. Ahí aparece la otra novedad de las últimas horas. El domingo por la noche, Luis Majul afirmó en LN+ que, antes de viajar, Caputo le habría pedido a los ministerios que ajusten sus presupuestos en un 20%, con foco en los llamados “gastos burocráticos”. La versión fue, sin embargo, refutada por el mismo Majul, quien este lunes 13 de abril posteó a primera hora de la mañana que había sido un error adjudicarle la decisión al titular de Hacienda.
«Me equivoqué», señaló el periodista. Y aseguró que la decisión fue del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. «La información correcta es que Manuel Adorni pidió a los ministros un plan de ajuste del 2% del gasto corriente y del 20% del gasto de capital. Lo deberían tener listo para el 30 de abril. El ajuste en su totalidad ascendería, entonces, a casi el 2.5 % del gasto corriente», aseguró en sus redes Majul.

Más allá de que el dato no ha sido formalizado por fuentes oficiales, encaja con la lógica de la negociación con el organismo multilateral. En un programa con el FMI, el frente fiscal funciona como señal de credibilidad: cuanto más pueda mostrar el Gobierno que preserva el superávit y contiene el gasto, más margen busca ganar para compensar la fragilidad del lado externo.
El Fondo ya dio muestras de flexibilidad con la Argentina. En la primera revisión del acuerdo, completada a fines de julio de 2025, el Directorio aprobó un desembolso de alrededor de US$ 2.000 millones y destacó el compromiso oficial de resguardar el ancla fiscal, mejorar el marco monetario y reconstruir reservas. Más tarde, además, el organismo redujo las metas de acumulación de reservas para 2026 y eliminó una revisión prevista antes de las elecciones legislativas del año pasado, una señal de que aceptó recalibrar el sendero sin romper el programa.
De todos modos, esa elasticidad no equivale a un cheque en blanco. El propio FMI advirtió en diciembre que la Argentina necesitaba políticas “más ambiciosas” de acumulación de reservas para construir colchones adecuados y facilitar el regreso al mercado internacional. Ese punto sigue siendo el núcleo de la conversación actual: el Gobierno puede exhibir ajuste fiscal, pero necesita demostrar también de dónde saldrán los dólares para sostener el esquema de pagos y la estabilidad cambiaria.
Una guerra que presiona el contexto
Otro punto a tener en consideración es que el contexto global tampoco ayuda. Las Reuniones de Primavera estarán atravesadas por el conflicto en Medio Oriente y por la preocupación del FMI sobre su impacto en energía, inflación y estabilidad financiera. En un contexto externo más volátil, la exigencia sobre economías frágiles se vuelve mayor: más reservas, más prudencia fiscal y mayor capacidad para absorber shocks. Para la Argentina, eso significa que el viaje de Caputo ocurre en un momento en que el margen de error se achica.
La semana anterior, Kristalina Georgieva dio su discurso de apertura de las reuniones de Primavera y señaló un panorama complejo para el mundo atravesado por esta crisis geopolítica. La economista definió el escenario actual como un “choque de oferta grande, global y asimétrico” y explicó que el conflicto redujo los envíos de petróleo y GNL, elevó los precios de la energía y perturbó las cadenas de suministro en todo el mundo. En esa línea, remarcó que más del 80% de los países son importadores netos de petróleo, por lo que el impacto golpeó con especial fuerza a las economías más vulnerables.
INDEC publica la inflación de marzo y se encamina a ser el dato del IPC más alto del año
Georgieva señaló que el FMI esperó una demanda de préstamos de entre u$s20.000 millones y u$s50.000 millones por parte de los países afectados por el actual shock económico, en un contexto atravesado por nuevas tensiones geopolíticas.
Si bien la Argentina se encuentra entre los países que son productores de petróleo, también se enfrenta a un mundo con inflación en aumento por el contexto de la guerra y el aumento global del precio de la energía.
Fuente: Perfil.com

Sea el primero en comentar en "Luis Caputo viaja a Washington con la revisión del FMI todavía abierta y pide más ajuste puertas adentro"