Turbinas de esperanza

Cuántos quisiéramos gritar “¡basta ya de pálidas!” cuando la realidad golpea fuerte y los ánimos transitan muchas veces al borde del precipicio.

Las malas noticias sobre tantos focos de violencia en el mundo, pobreza o inseguridad son solo algunos de los motivos para estar con espíritus destemplados y a la baja. Difícilmente alguien pueda mantenerse al margen del ecosistema informativo que nos satura a una velocidad inusitada a raíz de la multiplicación diaria de hechos de aquella naturaleza.

Con inusitada frecuencia debemos restregar los ojos, en esta época sacudida por noticias sobre tantas amenazas bélicas y hechos que hacen peligrar, en verdadera locura, los entendimientos tácitos de una cultura con tantos puntos en común en Occidente que parecía asegurada como nunca desde el fin de la segunda guerra mundial. Debemos luchar por nuestras libertades, por un orden común que garantice la paz al menos entre quienes comparten historia y cultura comunes, pero debemos hacer también un lugar activo en nuestros espíritus para exaltar y proteger con vigor todo lo que queda en pie, y es mucho, de un mundo solidario, generoso, creativo que ha hecho del planeta un espacio más vivible que el de ayer.

Los medios de comunicación somos a veces responsables de no recompensar debidamente en su difusión las formas de equilibrio, nobleza y desarrollo que expresan por igual el genio humano, al punto que mucha gente supone que el rédito material para los medios solo deviene de la trasmisión de aquello que más golpea, por debajo de la cintura, con sensacionalismo. Se perciben así verdaderas turbinas de malestar, que erosionan la confianza en las instituciones en actitudes propias de la enajenación política a la que demuestran ser propensos los populismos de izquierda y derecha. El esfuerzo por dar cabida a noticias edificantes que balanceen el cuadro que por otras razones nos abruma nunca será suficiente. Es importante nuestro al equilibrio entre verdades descarnadas y duras, y la esperanza por un mundo mejor.

En 2019, el periódico británico de ideas socialistas The Guardian lanzó una campaña comercial bajo el slogan “La esperanza es poder”. Proponía no conformarse con criticar el statu quo, sino explorar nuevas ideas que pudieran desplazarlo.

El futuro luce más prometedor cuando las sociedades son conscientes de su capacidad para generar cambios mediante compromisos conjuntos. Reconocer también como valor diferencial del buen periodismo la habilidad para gestionar no solo la información o la opinión, sino las emociones de las audiencias, proponiendo el llamado periodismo de soluciones, que es clave en la contemporaneidad.

Siempre hay espacios para la alegría cuando entrenamos la mirada y afinamos el registro. Todos podemos contribuir a que no nos tape el pesimismo. En tiempos de nuevas fake news -porque siempre la hubo, como lo demuestra el gran historiador Robert Darnton en su estudio de los cuarenta años previos a la revolución francesa-, reenviar o retuitear cualquier novedad catastrófica se ha vuelto un deporte practicado livianamente por muchos. ¿Por qué será que no tienen la misma performance las buenas noticias? ¿Qué costado se activa en muchos con lo malo, lo tremebundo, lo depresivo? ¿Cómo contrarrestar tanta oscuridad?

Nada mejor, pues, para el avance de los malos que el silencio y la inacción de los buenos, reza en palabras parecidas alguna sabia reflexión. Nos vaciamos de espacio emocional cuando la realidad golpea y no sabemos alimentar nuestra esperanza y capacidad de ver tantos vasos medio llenos, en lugar de medio vacíos. La búsqueda en internet se dispara cuando abundan los sitios ávidos de guiños que desactiven congojas. A muchos nos encanta leer sobre actos de generosidad, héroes anónimos, recuperaciones impensadas, novedades edificantes.

Pocos médicos recetarán sonrisas por escrito. Hay que aprender a abrevar en los lugares correctos. Cuando las comisuras de los labios descienden, es momento de inyectarse dosis de optimismo, altamente indicadas para elevar las defensas propias y las de quienes nos rodean. Siempre dependerá del cristal con que se mire.

Complete la siguiente lista, busque con qué mirada se encuentra más identificado y súmese como seguidor o visitador frecuente de estos oasis en las redes. Elija activarse como caja de resonancia para que muchos más se aprovechen de algo tan sencillo como compartir buenas noticias locales o extranjeras. Todas bienvenidas. Noticias a la medida de lo humano.

Abracemos la causa, ventilemos la mala onda, dibujemos sonrisas y corramos la voz: entre todos podemos lograr que las buenas noticias sean más contagiosas de lo que hoy logran ser.

Fuente: La Nación

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