La inflación de febrero de 2026 se publica este jueves 12 de marzo a las 16 y llega con una doble tensión para el Gobierno de Javier Milei. Por un lado, la necesidad política de mostrar que el proceso de desinflación sigue en pie; por otro, la dificultad creciente para quebrar el piso del 3% mensual en un contexto donde tarifas, servicios y alimentos continúan empujando. En ese tablero, el dato que difunde hoy el INDEC se convierte en una prueba clave para medir si febrero fue apenas una pausa o el inicio de una nueva desaceleración.
La previa no muestra un panorama lineal. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central ubicó la inflación de febrero en 2,7%, con una suba de 0,6 punto respecto de la encuesta anterior, una señal de que las consultoras corrigieron al alza sus proyecciones para el segundo mes del año. Ese mismo REM mantuvo para 2026 una inflación anual de 26,1%, todavía muy por encima del objetivo político de llevar el índice mensual a niveles cercanos al 1% antes de fin de año.
En la Ciudad de Buenos Aires, el termómetro más inmediato dio una señal algo más benigna, aunque lejos de despejar las dudas. El IPC porteño de febrero fue de 2,6%, por debajo del 3,1% de enero, con una variación interanual de 32,4%.
El problema para la Casa Rosada es que la desaceleración no vino de un alivio generalizado, sino de una composición todavía incómoda: vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 5,9%; alimentos y bebidas no alcohólicas, 2,9%; salud, 3%; e información y comunicación, 2,4%. Además, el informe porteño remarcó que el principal impulso en alimentos volvió a venir de carnes y derivados, con un salto de 7,3%.

Ese dato de CABA aporta una pista relevante para leer el IPC nacional: la inflación no parece estar desbordándose, pero tampoco encuentra todavía un sendero firme de baja. Lo que se ve es una economía donde los bienes muestran menor velocidad, ayudados por un dólar financiero más tranquilo y por el abaratamiento relativo de algunos rubros, mientras los servicios regulados y semiregulados, junto con alquileres, prepagas y gastronomía, siguen tomando protagonismo en la canasta.
Este es, en rigor, el corazón del cambio de precios relativos que vienen marcando varias consultoras: menos presión en indumentaria y durables, más peso de tarifas y consumos cotidianos. Esa dinámica también se reflejó en CABA, donde los bienes subieron 1,9% y los servicios 3% en febrero.
Qué espera el gobierno de la inflación de febrero
En el Gobierno se aferran a la idea de que febrero debería mostrar una mejora respecto de enero. Luis Caputo sostuvo a comienzos de marzo que el IPC del mes pasado sería menor al 2,9% de enero y defendió que, con disciplina fiscal y monetaria, la inflación mensual incluso podría “empezar con 0” este año.
Además, frente al deterioro del contexto internacional, el funcionario insistió en que “el mejor escudo contra un shock externo es tener la casa en orden”. El mensaje oficial busca instalar que, aun con ruido global, el ancla fiscal y monetaria alcanza para evitar un nuevo rebrote inflacionario.
Sin embargo, el frente externo empezó a complicarse justo cuando el Gobierno necesita consolidar expectativas.
La guerra en Medio Oriente volvió a disparar los precios de la energía: este jueves el Brent llegó a tocar los USD 100 por barril y luego se movió cerca de USD 98, en medio de ataques sobre infraestructura petrolera y de transporte y con el tránsito por el estrecho de Ormuz todavía interrumpido. La Agencia Internacional de Energía calificó el episodio como la mayor disrupción de oferta petrolera de la historia del mercado y anunció una liberación récord de 400 millones de barriles de reservas estratégicas para intentar contener la escalada.
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El impacto global de ese shock energético ya empezó a discutirse en términos inflacionarios.
El FMI advirtió esta semana que, si el conflicto se prolonga, tiene un potencial “claro y obvio” para afectar crecimiento e inflación, mientras Kristalina Georgieva señaló que una suba persistente del 10% en el petróleo durante la mayor parte del año podría agregar 0,4 punto porcentual a la inflación global. Goldman Sachs, por su parte, estimó que un barril en torno de USD 100 podría sumar 0,7 punto a la inflación mundial.

Para la Argentina, la transmisión no es automática, pero tampoco inocua. Un petróleo más caro puede filtrarse por varias vías: combustibles, costos logísticos, presión sobre precios regulados y mayores tensiones en expectativas.
En el corto plazo, el traslado al surtidor podría ser más gradual. En el mercado local ya hubo ajustes recientes en naftas de hasta un 6% en algunos casos, mientras Horacio Marín, presidente de YPF, buscó bajar el tono al asegurar que no habrá “cimbronazos” inmediatos y que la empresa trabaja con una política de promedios, sin trasladar de forma instantánea cada pico del barril.
De todos modos, 24 horas después el mismo Marin dijo en tono más coloquial: «Vamos a ser honestos: si tenés que cargar nafta mañana, cargá hoy».
Por lo que se está viendo en los mercados, si el crudo se estabiliza en valores altos, la presión sobre los combustibles y sobre el resto de la estructura de costos aparece como un riesgo concreto.
En línea generales los analistas internacionales explican que mucho de lo que suceda tendrá que ver con la extensión del conflicto. Si termina en corto tiempo, los precios del petróleo tenderían a tranquilizarse. Pero Irán parece decidido a meter más presión. En las últimas horas comenzaron a aparecer noticias de incidentes específicos sobre buques petroleros en el estrecho de Ormuz. Se habla de, al menos dos incidentes en menos de una semana que revelan el uso de embarcaciones explosivas no tripuladas contra buques comerciales en una de las rutas energéticas más críticas del mundo, e Irán aparece como principal señalado por analistas y empresas de seguridad marítima.
Entre todo este contexto internacional, el dato de febrero puede quedar rápidamente viejo en términos políticos.
Si el INDEC confirma una inflación apenas por debajo de enero, el Gobierno podrá mostrar que la desinflación no se interrumpió. Pero si el índice vuelve a acercarse al 3% o queda por encima de las previsiones del REM, el mercado empezará a poner más atención no solo al resultado puntual, sino a marzo y abril, meses en los que el arrastre de tarifas, alimentos y energía puede sentirse con más fuerza.
Así, la pregunta ya no es solo si la inflación sube o baja en febrero, sino si la economía argentina logró construir defensas suficientes para que un shock global del petróleo no vuelva a correrle el arco.
Fuente: Perfil.com

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