Los artífices del consenso: quiénes son los diputados que superaron la grieta y convirtieron al Congreso en un problema para Milei

Son pocos, pero hacen ruido. En las sombras de un Congreso atomizado, un puñado de diputados trazó puentes, acercó posiciones y le dio forma a algo inesperado: una mayoría parlamentaria dispuesta a incomodar al Presidente. No gritan ni se viralizan, su rol es otro. Tejen los acuerdos que transformaron al parlamento en un dolor de cabeza para Javier Milei.

Se trata de los operadores políticos de los principales bloques de la oposición: Paula Penacca, de Unión por la Patria; Oscar Agost Carreño, de Encuentro Federal; Carla Carrizo, referente de los radicales de Democracia; Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica; y Christian Castillo, de la izquierda. Su trabajo es sigiloso y se ejerce allí donde las cámaras no llegan. Se complementa con la estridencia de sus jefes de bloque, los frontman que copan las redes y libran la pelea en el recinto.

En total, sus espacios reúnen 135 diputados, seis más que el quorum para abrir debates e imponer condiciones sin pedir permiso.

Menos Castillo, representante de un partido de conducción horizontal, los demás comparten una misma función: son secretarios parlamentarios. Su texto sagrado es el reglamento de la Cámara de Diputados, el insumo principal a partir del que delinean estrategias y mueven sus fichas.

Hacia adentro, cuentan voluntades: en favor, en contra, dudosos, ausentes. Llevan el registro y hacen la aritmética. Hacia afuera, tejen puentes. Marcan límites, imponen condiciones, promueven su agenda y piden acompañamiento. Nadie puede sin los otros, un limitante hecho virtud una vez superada la grieta.

No se declaran aliados. Tampoco enemigos. Con paciencia, hilvanaron negociaciones entre bloques que suman más diferencias que coincidencias, y activaron mecanismos institucionales que el oficialismo prefería dormidos. Con número y reglamento, modificaron el tablero. Convirtieron la rosca en resistencia.

Lo hicieron después de ser burlados. Con menos de 40 bancas, el Gobierno rompió sus bloques, les arrebató dirigentes y vetó las dos leyes que habían logrado sancionar: una reforma jubilatoria y el presupuesto universitario. Aprendieron rápido: si querían que el Congreso funcione, el camino era el consenso. Y lo tomaron.

Los articuladores del consensoPaula PenaccaPaula PenaccaUnión por la Patria

Es una pieza central en la oposición: articula a 98 diputados y busca traducir sus demandas en la mesa de negociación con los demás bloques. Conoce al detalle el ritmo de la Cámara y trabaja en sintonía con Germán Martínez y Cecilia Moreau para sostener la cohesión del espacio.Oscar Agost CarreñoOscar Agost CarreñoEncuentro Federal

Cultiva el diálogo como método: habla con todos y tiende puentes. Representa al bloque comandado por Miguel Picheto, de 15 integrantes. En el recinto, impone orden cuando el debate se vuelve áspero. Junto a Penacca, repasa una y otra vez el reglamento en busca de la mejor jugada.Carla CarrizoCarla CarrizoDemocracia

Conoce los pliegues del sistema y es un engranaje determinante para acercar posiciones. Integra el grupo de 12 radicales díscolos que decidió tomar distancia de la conducción de Rodrigo de Loredo.Maximiliano FerraroMaximiliano FerraroCoalición Cívica

Es un experimentado legislador que escucha y trabaja en equipo. Junto a Agost, representa la mesura dentro de la oposición. Es parte de los seis referentes de la CC en Diputados, conducida por Juan Manuel López.Christian CastilloChristian CastilloFrente de Izquierda

Tiene una larga trayectoria parlamentaria, que hace pesar en cada conversación con otros bloques. Es el principal interlocutor en un espacio sin jerarquías rígidas, donde las negociaciones se reparten según el tema en discusión.

El diálogo se aceitó del todo cuando Milei dejó claro que no tendría reparos en gobernar a fuerza de decretos de necesidad y urgencia (DNU) para sortear al Congreso. En la oposición florecieron los proyectos para reformar el sistema de validación de esos decretos, incluso en Unión por la Patria, pese a que fue el kirchnerismo -con Cristina Kirchner a la cabeza- quien impulsó en 2006 la reglamentación vigente.

El objetivo común era evitar que a cualquier presidente le resulte más fácil imponer un DNU que aprobar una ley. Pero había que coordinar, limar diferencias, unificar textos. Sobre la mesa había 16 proyectos. Comenzaron a hablar. Redujeron la dispersión a cuatro dictámenes y pidieron una sesión especial que terminó frustrada por falta de quorumPerdieron la pulseada, pero no el vínculo. El diálogo, lejos de desmoronarse, se consolidó.

Su primer éxito llegó con el caso $LIBRA, la criptomoneda promocionada por Milei que hoy es investigada como la herramienta de una presunta estafa. También el grupo de WhatsApp en común, donde actualmente calibran sus jugadas en tiempo real.

Frente a un Gobierno remiso a dar explicaciones, activaron su función de control. Motorizaron interpelaciones y crearon una comisión investigadora, que el oficialismo se resiste a poner en marcha. En la última reunión para destrabar su funcionamiento, Nicolás Massot, de Encuentro Federal, anticipó al Gobierno y aliados que harán valer su número en el recinto: “Los que representamos esta postura tuvimos más de 140 voluntades. Ustedes no llegan a 120”.

Fue temerario. La Casa Rosada sabe cómo torcer voluntades y hará lo imposible para frenarlos.

Pero la oposición no piensa retroceder. Exigirá la presencia de los ministros que se rehusaron a ser interpelados –Mariano Cúneo Libarona (Justicia) y Luis Caputo (Economía)- e impulsará una sesión con temas sensibles para el Gobierno, tanto por su impacto social como por su costo político. Tienen en carpeta la discusión de una nueva moratoria previsional, el presupuesto universitario y la declaración de la emergencia en discapacidad. El Congreso es, además, su mejor vidriera de campaña y una valiosa prenda de negociación electoral.

En la vereda opuesta, son otras dos secretarias parlamentarias las que trabajan para el oficialismo. Silvana Giudici, de Pro, y Nadia Márquez, de La Libertad Avanza. Cuentan, repasan, ordenan y actúan. Alzan la voz en ocasiones puntuales: su labor suele pasar desapercibida.

Silvana Giudici, de Pro
Silvana Giudici, de ProHernán Zenteno

Fue Márquez la que convocó a un reunión con los bloques amigos para garantizar el bloqueo de la comisión investigadora. De esa cumbre no participaron los radicales Lisandro Nieri y Soledad Carrizo, decididos a hacer valer el voto que luego cedieron a los libertarios. También fue ella quien intentó encauzar a Marcela Pagano, la diputada díscola que incomoda al propio oficialismo.

Nadia Márquez, de La Libertad Avanza
Nadia Márquez, de La Libertad AvanzaMarcos Brindicci

Pero su rol encuentra un límite en los más duros. Cuando el vínculo con la oposición se vuelve inevitable, el que se sienta a la mesa es Martín Menem, presidente de la Cámara, quien no logra sostener un diálogo estable. El resultado salta a la vista: un Congreso fortalecido, con bloques que armonizaron sus diferencias en un frente de resistencia al Presidente.

Por Delfina Celichini

Fuente: La Nación

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