Categoría: Entretenimiento

  • Intriga y costumbrismo entre los canales del Delta en una novela de Carolina Stegmayer

    “Todos viajaban en silencio de ida a Tigre por la mañana, cada uno envuelto en su campera y encapuchado. Los viajes de regreso a la isla siempre eran más animados, todos traían la excitación del continente para compartir en la lancha”. En Peso muerto (Blatt & Ríos), la primera novela de Carolina Stegmayer, abundan las descripciones de la vida cotidiana en el Tigre, la forma en que se traslada la gente, su vínculo con el entorno y los diferentes climas.

    Existe un Delta del Tigre turístico, del “Qué saber antes de ir”, “Dónde comer”, o “Qué tener en cuenta para buscar alojamiento” y disfrutar de una estadía en contacto con la naturaleza exuberante, los verdes salvajes y el río marrón.https://1584b2df0a144a6a371f4daf8eb82c44.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-41/html/container.html

    También existe otro, el Tigre del revés de la trama, el de los habitantes de las islas ubicadas en una región dedicada históricamente al cultivo de frutos, la producción de mimbre y la forestación. El de los trabajadores que viven ahí sin que se sepa bien del todo cómo fue que llegaron ni por qué se quedaron, pero que en todo caso ya forman parte del paisaje, y el paisaje es parte de su identidad. En dos de ellos pone especialmente la lupa Stegmayer.

    De Don Giorgio, uno de los personajes principales de Peso muerto, sí se sabe que llegó de joven desde Italia, después de la guerra, y que fue quien crió a Agustín, su nieto postizo, desde los diez años y por sugerencia de su madre. Ahora Agustín ya es mayor de edad y gana su propio sustento trabajando duro para distintos propietarios de viviendas en la isla.

    Como buena parte de los isleños trabajadores dependen para movilizarse al continente y para la provisión de alimentos de las distintas lanchas –la colectiva, la escolar y la lancha almacén- que realizan a diario recorridos fijos a través del río Caracoles, llamado así porque “iba y venía, daba vueltas como la casita de un caracol”.

    Entre la isla y la ciudad

    La novela arranca con una explosión que deja abierto un interrogante a develarse cerca del final. Mientras tanto se despliegan las historias de los personajes principales y secundarios a través de las interacciones entre ellos, algunos diálogos y, en especial sus recuerdos y pensamientos a los que el lector accede por medio del discurso indirecto del narrador en tercera persona.

    Así es como se descubre la vida urbana de personajes que frecuentan la isla durante los fines de semana –sin luz, gas, agua potable, corriente eléctrica ni calles– y se los ve en acción conviviendo con nuevos vecinos en un edificio de departamentos y hasta presenciando la usurpación de uno de ellos; realizando compras diarias en comercios barriales de cercanía y consultando información en internet, durante la primera era en la que esta revolución tecnológica tuvo alcance a las viviendas de las personas de a pie. Son testigos del amor que llega a la vida de Don Giorgio en forma inesperada pero contundente como un rayo.Peso muerto, de Carolina Stegmayer (Blatt & Ríos).Peso muerto, de Carolina Stegmayer (Blatt & Ríos).

    El Tigre de Walsh, Conti y Lugones

    En la tradición literaria del Tigre se destaca la figura de Rodolfo Walsh, quien vivió junto a Lilia Ferreyra en una casa a la que llamaron “Liberación”. Su primera estadía en el lugar fue a mediados de la década del 60, cuando se publicaba su libro de cuentos Los oficios terrestres y la segunda entre 1971 y 1976, antes de ser secuestrado por la dictadura militar y pasar a integrar la lista de desaparecidos en manos del terrorismo de Estado.

    En la casa, ubicada sobre el Río Carapachay, una placa lo recuerda: “En esta isla Rodolfo Walsh practicó el peligroso oficio de escribir junto a su compañera Lilia Ferreyra”.

    El Tigre fue escenario además de circunstancias trágicas y otras que no lo fueron para la familia Lugones –el suicidio de Leopoldo Lugones y el del hijo de su bisnieto, hijo de la también escritora Piri, el vínculo de esta última con Walsh– y en la actualidad se conserva como casa museo la vivienda de Haroldo Conti, otro escritor desaparecido que la habitó desde 1955, y fue el lugar en el que escribió dos de sus libros más reconocidos: Sudeste (1962) y La balada del álamo carolina (1975).

    Un thriller costumbrista

    “Intriga, romance e historia familiar enhebran una novela única en su género, un thriller constumbrista que toma lo mejor de las dos maneras de narrar y construye escenarios, personajes y paisajes de una infrecuente profundidad”, dice la editorial de la novela, que transcurre en otra de las etapas de la historia argentina reciente, esta vez en democracia, que a quien le tocó vivirla o estudiarla logrará reconocer de inmediato: aquella en la que se produjo el surgimiento de Puerto Madero, los inicios del casino flotante, grandes cantidades de dinero en efectivo que se trasladan de un punto geográfico hacia otro. Stegmayer se detiene en aspectos de ese momento particular del país, a los que observa y analiza con la agudeza propia de alguien a quien las circunstancias sociopolíticas del lugar en el que vive no le pasan desapercibidas.

    Lo mismo sucede con los personajes, que construye con minuciosidad, como si fuesen personas de carne y hueso con las que convive a pocos metros de distancia, a las que ve interactuar entre ellos y con la naturaleza, cada uno con sus propias herramientas, literales y metafóricas, avanzando por la línea de tiempo de la vida a partir de las decisiones que toman o dejan de tomar, basados en lo que fueron, en lo que son, o en lo que quisieran llegar a ser.

    Peso muerto, de Carolina Stegmayer (Blatt & Ríos).


    Sobre la firma

    Dalia BerBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • De Ciudad de México al Met: El veloz camino de Frida Escobedo a la fama

    A veces resulta difícil oír lo que dice Frida Escobedo. Es reservada, moderada, se define como introvertida.Escobedo y Max Hollein, director del Museo Metropolitano de Arte, observan la maqueta que el equipo de Escobedo realizó para el Ala Tang. Foto: Vincent Tullo para The New York TimesEscobedo y Max Hollein, director del Museo Metropolitano de Arte, observan la maqueta que el equipo de Escobedo realizó para el Ala Tang. Foto: Vincent Tullo para The New York Times

    Pero esa aura tranquila no debe confundirse con timidez o sumisión. A pesar de la responsabilidad de ser la primera mujer que diseña un ala en los 154 años de historia del Museo Metropolitano de Arte – y, a sus 45 años, relativamente joven para un proyecto arquitectónico de tal envergadura -, Escobedo ha aportado una convicción audaz a su visión de las nuevas galerías de arte moderno y contemporáneo del museo, presentadas el mes pasado.

    “Tengo una personalidad mansa”, dijo Escobedo en una entrevista reciente en su estudio de diseño del West Village. “Pero puedo ser muy persistente”.https://7f6411776c6804c63589d6f6478c8bac.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

    Esa fortaleza callada parece haber permitido a Escobedo desenvolverse en un proyecto que podría intimidar incluso a los arquitectos más experimentados, dada la abrumadora variedad de partes interesadas con opiniones firmes, desde los fideicomisarios y curadores del Met hasta los funcionarios del gobierno municipal (el museo ocupa terrenos públicos) y los protectores de Central Park, en el que se adentra el ala.

    “Es muy considerada, pero también muy segura de sus propuestas”, dijo David Breslin, curador responsable del departamento de arte moderno y contemporáneo del Met. “Es una idea ilustrada de lo que significa el liderazgo”.

    En un reciente día invernal, Escobedo, oriunda de Ciudad de México, le mostró a un periodista las paredes de su estudio, donde cuelgan diseños y tableros de imágenes. Habló de sus proyectos actuales: una nueva sede para el National Black Theater de Harlem con Handel Architects de Nueva York; una importante reforma del Centro Pompidou de París con el estudio francés Moreau Kusunoki; un proyecto residencial en el barrio de Boerum Hill, en Brooklyn.Ampliación diseñada por Escobedo de La Tallera Siqueiros, museo, taller y residencia de artistas en Cuernavaca, México. El arquitecto abrió el patio del museo a la plaza girando los murales de David Alfaro Siqueiros de su posición original, convirtiéndolos en parte de la fachada. Foto: via Frida Escobedo Studio; Photo by Rafael GamoAmpliación diseñada por Escobedo de La Tallera Siqueiros, museo, taller y residencia de artistas en Cuernavaca, México. El arquitecto abrió el patio del museo a la plaza girando los murales de David Alfaro Siqueiros de su posición original, convirtiéndolos en parte de la fachada. Foto: via Frida Escobedo Studio; Photo by Rafael Gamo

    La oficina, donde los quince empleados de Nueva York trabajan con sus computadoras, está limpia, despejada y tranquila. Escobedo transmite una sensación de orden y concentración singular al describir la escasa delimitación entre trabajo y ocio.

    “Resulta muy placentero, uno siente que no está trabajando, y tengo un equipo increíble de personas que casi son mi familia porque paso mucho tiempo con ellas”, dijo. “En cierto modo, mi estudio es mi casa”.

    La presencia de Escobedo tiene un poder inconfundible, en parte por su llamativa belleza a lo Frida Kahlo (cejas pronunciadas), aunque ella dijo no llevar el nombre de la artista. Pasa la mitad del tiempo en Ciudad de México y señaló que la influencia del lugar está profundamente arraigada, junto con el espíritu de independencia que la llevó a abrir un estudio de arquitectura en Ciudad de México con sólo 23 años.

    “Nunca trabajé para otro estudio”, destacó. “Empecé mi estudio cuando era muy joven y, por supuesto, había muy poco dinero para desarrollar los proyectos que trataba de hacer. Siempre estaba presente la idea de intentar hacer más con menos y de cómo lograrlo con materiales sencillos en lugar de depender de detalles supersofisticados o acabados ricos y complicados”.

    Jugar con la luz

    “Se trataba más del gran gesto”, continuó. “¿Qué dice éste? ¿Cómo se puede jugar con la luz y otros medios más sencillos para obtener algo interesante y atractivo?”

    Escobedo no era muy conocida cuando en 2022 fue elegida para diseñar la nueva ala del Met, que había pasado por varios intentos fallidos antes de cobrar impulso.

    Su obra había consistido principalmente en estructuras temporales, como las de la Trienal de Arquitectura de Lisboa, la Bienal de Arquitectura de Chicago y el Victoria and Albert Museum de Londres. Su experiencia en Estados Unidos era limitada.

    Pero tras una búsqueda internacional, el Met eligió a Escobedo entre otras cuatro empresas: Ensamble Studio, Lacaton & Vassal, SO-IL y David Chipperfield, cuyo anterior diseño para el ala había llevado el costo hasta los 800 millones de dólares (se prevé que el de ella costará 550 millones).

    Max Hollein, director del museo, dijo: “Tiene un profundo conocimiento del arte y también del museo como espacio público”, y añadió que “no es alguien cuyo lenguaje arquitectónico abrume”.

    “Cuando hacemos exposiciones, cuando encargamos obras a artistas, confiamos en la voz de la gente… proyectándonos hacia el futuro”, prosiguió Hollein, cuyo padre, Hans Hollein, fue un arquitecto galardonado con el Premio Pritzker. “Me di cuenta de que era la arquitecta adecuada para hacer esto”.Vista desde su esquina suroeste, la interpretación de Frida Escobedo del ala Tang del Museo Metropolitano de Arte, que alberga obras modernas y contemporáneas.  Foto: Filippo Bolognese Images; via Frida Escobedo StudioVista desde su esquina suroeste, la interpretación de Frida Escobedo del ala Tang del Museo Metropolitano de Arte, que alberga obras modernas y contemporáneas. Foto: Filippo Bolognese Images; via Frida Escobedo Studio

    El proyecto del Met es un paso importante para Escobedo, sobre todo teniendo en cuenta los obstáculos del sexismo y el escepticismo que ha tenido que superar repetidas veces en su país de origen.

    “Es muy agotador. Es todo un reto”, dijo. “La gente no confía en igual medida en una mujer joven que, por ejemplo, en un hombre mayor. Así que es difícil que nos pidan proyectos”.

    Sin embargo, en lugar de dejarse acobardar por los escépticos, Escobedo se ha propuesto desafiarlos constantemente. “Les demostraré que se equivocan; puedo hacerlo”, aseguró. “Necesitaba decir algo y hacer algo”.

    Nacida en 1979 en Ciudad de México, de padre médico y madre socióloga, la joven Frida siempre trabajaba con las manos – dibujando o armando maquetas -, pero no confiaba en poder convertirse en artista.

    “Expresarte a ti misma y a tus emociones y transformarlas en algo que quieres presentar a alguien, siempre me ha parecido un poco intimidante”, confesó. “Así que el diseño y el arte me parecieron un terreno más seguro”.

    Escobedo estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México antes de cursar un máster en arte, diseño y dominio público en la Escuela de Graduados de Diseño de la Universidad de Harvard.

    El programa de Harvard, en el que estuvo rodeada de artistas, científicos y diseñadores, “me cambió la vida”, dijo Escobedo.

    “Me demostró que era verdad: la arquitectura no consistía sólo en construir viviendas, vender servicios, hacer hotelería o cosas muy tradicionales”, explicó. “Podía ser algo más. Puedes hacer una instalación, hacer muebles, escribir sobre ello o hacer una performance. Todo eso hablaba del espacio”.

    Esa sensibilidad multidisciplinaria alimenta el enfoque que Escobedo da al diseño. “Es increíble hablar con un arquitecto que también es artista”, dijo Petrit Halilaj, el artista kosovar que el año pasado realizó el proyecto de la terraza del Met. “Se puede hablar de espacio, de color o de amor”. Halilaj conoció a Escobedo en la Trienal de Arquitectura de Lisboa 2013, donde había diseñado un escenario circular inclinado que elevaba al artista a medida que crecía el público.Escobedo pasa la mitad de su tiempo en Ciudad de México y dice que sus influencias están profundamente arraigadas, junto con el espíritu de independencia que la llevó a establecer un estudio de arquitectura con sólo 23 años. Foto: Vincent Tullo para The New York TimesEscobedo pasa la mitad de su tiempo en Ciudad de México y dice que sus influencias están profundamente arraigadas, junto con el espíritu de independencia que la llevó a establecer un estudio de arquitectura con sólo 23 años. Foto: Vincent Tullo para The New York Times

    Al principio Escobedo trabajó principalmente en México, en proyectos como la ampliación de La Tallera Siqueiros, un museo, taller y residencia de artistas de Cuernavaca; la remodelación del Hotel Boca Chica de Acapulco, que en los años 50 fue destino de celebridades; y el Pabellón El Eco para el Museo Experimental El Eco de Ciudad de México, una instalación específica para el lugar.

    Prestigioso proyecto anual

    El momento decisivo llegó para Escobedo en 2018 cuando, a los 38 años, se convirtió en la arquitecta más joven del momento en diseñar el Serpentine Pavilion de Londres, un prestigioso proyecto anual.

    Su diseño incluía un patio parcialmente cerrado que enmarcaba una piscina triangular, con paredes conformadas por una celosía hecha de tejas de hormigón gris y un dosel curvo con espejos. El eje del pabellón de Escobedo hacía referencia al Primer Meridiano, el marcador mundial de tiempo y distancia instalado en 1851 en Greenwich (Inglaterra).

    “Básicamente, crea esculturas que sólo están completas cuando están ocupadas”, declaró Hans Ulrich Obrist, director artístico de la Serpentine, agregando que los diseños de Escobedo establecen “un vínculo entre lo local y lo global, una especie de equilibrio… Estábamos seguros de que llegaría a hacer grandes cosas”.

    A partir de ahí, la atención que recibía empezó a crecer. En 2019, Escobedo fue distinguida como International Fellow del Royal Institute of British Architects, y su estudio fue incluido en la lista de los “100+ Best Architecture Firms” del mundo por la revista de arquitectura Domus. Posteriormente dio clases en las universidades de Columbia, Harvard, Rice y Yale.

    En 2021, Escobedo fue elegida para colaborar en un proyecto del National Black Theater y el desarrollador Ray, llamado Ray Harlem, que incluye espacios residenciales, comerciales y de actuación. “Era como si se comunicara tanto con el futuro como con el pasado”, dijo Sade Lythcott, CEO del teatro, “y comprendiera la importancia del espacio construido para reunir a la comunidad y amplificar el espíritu y el alma de un pueblo”.

    “Me ponía nerviosa elegir a la arquitecta que tenía menos experiencia en Estados Unidos y era la más joven por lejos”, añadió Lythcott, cuya madre, Barbara Ann Teer, fundó la compañía en 1968. “Pero mi instinto me decía que este edificio tenía que ser el proyecto insignia de Frida aquí”.

    El Met ha elevado rápidamente su perfil, aunque al parecer no su ego. “Ella no es como esos arquitectos estrella”, dijo sobre Escobedo Laurent Le Bon, presidente del Pompidou. “Quiere conocer la historia del edificio”.

    El diseño de Escobedo para el Ala Oscar L. Tang y H.M. Agnes Hsu-Tang – que lleva el nombre de sus principales donantes – conecta las galerías con el resto del museo, crea aberturas a la ciudad y al parque por medio de nuevas ventanas y envuelve el edificio con una celosía de piedra caliza.

    Entre las influencias de la arquitecta figuran la artista textil de la Bauhaus Anni Albers, la antigua pirámide Huaca Pucllana de Perú y la ciudad peruana precolombina de Chan Chan.Representación de la reforma del Centro Pompidou de París (Moreau Kusunoki es el arquitecto principal, en colaboración con Escobedo, el codiseñador).Foto; Moreau Kusunoki and Frida Escobedo Studio; via Frida Escobedo StudioRepresentación de la reforma del Centro Pompidou de París (Moreau Kusunoki es el arquitecto principal, en colaboración con Escobedo, el codiseñador).Foto; Moreau Kusunoki and Frida Escobedo Studio; via Frida Escobedo Studio

    “Me interesa la idea de la materialidad y de cómo puede reflejar cambios específicos o estratos geológicos o de cómo puede absorber el tiempo y adquirir la pátina del tiempo”, dijo Escobedo. “Materiales que envejecen bien o que expresan cambios sutiles”.

    La arquitecta empezó a trabajar en el proyecto del Met instalándose en el museo durante un año para conocer la institución, las obras de arte y al personal. Aunque recibió con agrado los aportes, Escobedo también defendió sus decisiones de diseño, como las diferentes alturas de las galerías. Y ha sabido moverse en el límite entre honrar cuidadosamente la historia del Met y replantearse con valentía su enfoque del arte de nuestro tiempo.

    “Saber escuchar en una institución de esta envergadura la ha ayudado mucho”, dijo Breslin, curadora del Met que está reorganizando la colección que llenará los 6.500 metros cuadrados de galerías (el proyecto incluye también unos 1.700 metros cuadrados de terrazas, así como una confitería y nuevas escaleras). “Hay un aplomo y una ecuanimidad que también se perciben en el rigor de su arquitectura. Lo que ella hace es ayudar a crear orden, calma y equilibrio en una serie de espacios en los que la idea será crear ruptura”.

    “Tiene una confianza tranquila”, agregó. “Una confianza que es discreta, pero está muy presente”.Renderizado del proyecto de uso mixto del National Black Theater, Ray Harlem, que incluye espacios residenciales, comerciales y de representación. El proyecto cuenta con la colaboración de Handel Architects. Foto: via Frida Escobedo StudioRenderizado del proyecto de uso mixto del National Black Theater, Ray Harlem, que incluye espacios residenciales, comerciales y de representación. El proyecto cuenta con la colaboración de Handel Architects. Foto: via Frida Escobedo Studio

    Al igual que su personalidad, el diseño de Escobedo para la nueva ala no busca llamar la atención ni es ruidoso. Por el contrario, parece abordar el proyecto como un amable proceso de evolución más que como una revisión radical.

    “Una de las cosas que me interesan es la idea de que la arquitectura es algo vivo, que cambia constantemente, que necesita adaptarse y que no es fija”, explicó. “Es una condición de todos los aspectos de la vida: nada es permanente”.

    © The New York Times / Traducción: Elisa Carnelli


    Sobre la firma

    Robin PogrebinBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • David Uclés: el resplandor de un realismo mágico a la española

    De David Uclés, que acaba de cumplir 35 años, se dijo enseguida que era el nuevo Gabriel García Márquez. Su novela La península de las casas vacías, que salió en 2024 en España, publicada por Siruela, lleva ya trece ediciones de buena tirada y ha revolucionado las estanterías.

    La novela, de setecientas páginas, es reflejo de una guerra, la Guerra Civil española, que jamás se había contado de este modo. Uclés es de Úbeda, en Andalucía. Esa no es la única sede de su relato, que recorre todo el país en las épocas más duras y escalofriantes de una historia que jamás ha cesado de conmover al mundo.

    Minucioso y hondo, como si él hubiera estado donde ocurre la tragedia. Fue enseguida captado por la lectura apresurada con el tópico contemporáneo más habitual, que su estilo, su narración, proviene de lo que fue más deslumbrante en Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez: el estilo.

    A esta entrevista él llega con la alegría asustada de alguien que, casi un adolescente, con diecinueve años, venía escribiendo este libro y jamás pensó que su culminación le trajera tal éxito como el que lo tiene viajando por toda España para contar las historias que ahora son letra impresa y antes fueron la raíz de su propio asombro: la guerra de España.

    Le dije, para empezar, que recomendé su libro al cliente de una librería y éste me dijo: “¿Es de la Guerra Civil? ¿Es esa novela que se parece a García Márquez?”. Le dije que no, y el propio Uclés, que parece un chiquillo que estrena asombros, me dijo que le leyera su propio párrafo. Así que esto le leí de su propia cosecha literaria:

    «Llovía en toda la península, tanto que el servicio estatal de meteorología de Iberia intervino en el Gabinete de Gobierno para aplicar la ley queda hasta que amainara, es decir, se detenía oficialmente el conteo de los días y hasta pasada la tromba no retornarían al calendario. Lo harían por el mismo día en que lo habían detenido. Esta es la razón por la que en los libros aparece que aquel aguacero se dio únicamente en la madrugada del 14 de julio, desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la tarde, cuando en realidad duró 28 días exactos».

    Dice Uclés sobre las semejanzas posibles con el diluvio en Macondo: «Empecé a leer Cien años de soledad cuando tenía 19 años y vi claro que quería hacer algo parecido. Dejé la lectura en la página 30, no leí nada más porque no quería tener una contaminación positiva y me dije a mí mismo que lo haría cuando publicara el libro. Lo hice en marzo y lo leí el pasado verano. O sea, no había leído a García Márquez, sólo Crónica de una muerte anunciada en el colegio. Quería hacer una genealogía, contar la estructura de una familia, crear un Macondo que desde lo individual acercara el lector a lo universal; que en el mismo pueblo ya pudiera ver el lector toda la idiosincrasia del pueblo íbero, y eso me lo transmitió García Márquez con las primeras páginas de Cien años de soledad. Así que detuve la lectura. En cambio, me influyeron muy directamente otros escritores, como Günter Grass con El tambor de hojalata o Salman Rushdie y sus Hijos de la medianoche. Me maravilló también Un lugar llamado antaño, de la premio Nobel Olga Tokarczuk. Estos son ejemplos contemporáneos que cuentan una herida reciente bajo cierto halo onírico. Pero Gabo no me influyó tanto, lo que pasa es que si alguien de prensa me dice que soy el nuevo Gabo, yo asiento y digo: «Vale, si usted lo ve así…» ¡Saramago sí que fue un modelo a seguir!, el escritor a quien más leí. No nos parecemos, pero es quizá mi maestro literario.

    –Pero cuando se escribe, uno se parece a sí mismo. La consecuencia de la lectura eres tú mismo.

    –Sí, exactamente. Al final estamos todos hechos de lo que hemos leído anteriormente, aunque no seamos conscientes. Lo que más me gusta del éxito del libro es que mucha gente me dice que ve una voz propia en el narrador, por salirse de la norma. Yo le digo que no he inventado la rueda, que en el Tristram Shandy, de Laurence Sterne, ya se jugaba con la narratología, y también lo hacían Cervantes y Unamuno, y muchos más. Pero como rompo la cuarta pared tantas veces como narrador y hago lo que se me antoja, parece que eso ha causado cierto revuelvo y lo ven como algo innovador.

    –¿Y qué llegó de ti con Günter Grass?

    –El tambor de hojalata me fascinó porque yo quería leer sobre la guerra, pero no desde el realismo. Tengo una tesis, y es que las imágenes oníricas coloridas, o que deconstruyes y se las vuelve a entregar ensambladas de otra forma al lector, les tocan de otra manera. Las reconocen, pero les chocan. Estas imágenes surrealistas se quedan más en la retina que una descripción meramente realista. A mí me cuentas la Segunda Guerra bajo un realismo puro y me desagrada, pero si me lo cuentas con esa luz que tenían Magritte o el último Goya, de una manera más impresionista, quizá me angustie menos, pero se me quedará mejor grabada en la retina. Por eso se me quedó en la memoria el horror del nazismo que describe El tambor de hojalata: esa inocencia rota de Oskar, el protagonista, cuando decide dejar de crecer. Son metáforas con las que puedes comprender cómo el pueblo alemán llegó a esa atrocidad, y yo quería hacer algo parecido con nuestra guerra. Mi intención inicial partía de hacer un Macondo íbero, sin presencia bélica. Pero con el pasar de los años decidí que no solo contaría toda la guerra, sino que intentaría plasmar en el libro el carácter de los diferentes pueblos que hay en la península ibérica, que cuando el lector terminara de leer el libro tuviera la sensación de haber viajado por la península, que se pudiera hacer una idea de la idiosincrasia del ser español y entender por qué hemos llegado a ciertos problemas. Esa era mi ambición, casi más antropológica que literaria.

    –Hay un solo autor, pero ¿cuántos lectores de ese libro hay en ti?

    –Pues tiene muchas lecturas. Yo todavía no lo he podido leer en papel porque no me ha dado tiempo, pero me hace ilusión. Incluso yo descubriría cosas nuevas. Puedes leer el libro y quedarte con lo bélico, o con el realismo mágico o el iberismo, o con la parte costumbrista y antropológica, ¡o con la extraña forma de narrar! He hecho más de cien presentaciones en menos de un año y no he aborrecido el libro porque en cada presentación comentamos un tema diferente. Quizás sea un poco pretencioso que yo lo diga, pero creo que se trata de una novela total porque quiere encerrar un mundo en un solo tomo. La Península es como una cebolla. Que haya tardado 15 años es la causa de haber añadido capas y capas. A los 25 años estudié muy bien la Guerra Civil; a los 28 me fui a los Alpes, me aislé y solo leí obras del realismo mágico; a los 30, gracias a la beca Leonardo, fui a todos los lugares donde han estado mis personajes, para pintar así las páginas con una pátina de verosimilitud… Badajoz, Cáceres, Málaga, Gernika… ¡Ha sido una locura! No sé ni cómo me metí en esta empresa. En mi cabeza solo existía el libro. Una locura muy quijotesca. No siento que haya sido un tiempo malgastado, pero nadie me aseguraba el éxito. Con decirte que hasta hace un año mi padre no me hablaba…

    –Trataba de imaginarte de niño, después de adolescente mirando lo que pasaba alrededor, lo que había en tu pueblo, y luego escribiendo lo que viste a solas, cuando todavía no sabías que ibas a ser un escritor.

    –Eso es bonito. Cuando leí Luciérnagas se me quedó grabada una reflexión de Ana María Matute: todos nos quedamos en cuanto a personalidad en los ocho o nueve años. Somos niños envueltos en capas, pero en la vejez volvemos a esos niños. Yo intento mantener el niño que fui y recuerdo mis días de infancia jugando en el campo. Me crie en un olivar. Mi padre fue guardia civil, no porque tuviera una ideología muy patriótica, sino porque había que traer dinero a casa y aquello le daba un sueldo fijo, además de los olivos. Toda mi familia es olivarera. Recuerdo a mi padre llevándome al olivar desde chico a recoger aceitunas. Me decía: «si no estudias y te sacas un provecho, esto es lo que te espera». Viví en una familia muy austera, un poco al estilo de Bernarda Alba. No se celebraban muchas cosas por no tentar la suerte. Por ejemplo, si llegaba un día a casa del instituto con una matrícula de honor, no se celebraba —o me daban 5 euros y a volar—. «¡Cuidado, que se pueden torcer las cosas!», decía mi padre, y suele decirlo todavía hoy. Me he criado en una familia que expresa el cariño de otra manera; te lo da, pero no lo verbaliza.

    –¿El campo te hacía feliz?

    –Sí pero no todo fueron rosas. Los críos de mi edad me hacían mucho bullying. En el campo me tiraban piedras y me daban con palos por tener pluma. Yo me defendía, no lo traumaticé. El arte era mi vía de escape. Para más inri, también guiñaba los ojos, los ponía bizcos, tenía siempre mucha tos y era un niño muy nervioso; muy sociable, con mucha imaginación, pero muy nervioso.

    –Acaso la actitud de tu padre era que la guerra siguió y siguió. Esa guerra no se ha terminado nunca.

    –La guerra continúa, la herida no está cerrada. Pero no se hablaba mucho de política en mi casa.

    –A lo mejor el miedo a la guerra hacía que no se hablara de política.

    –¡Claro! Pero no solo en mi familia, sino en todo el país. En las familias no se ha hablado de la guerra. Eso es lo que he comprobado este año de intensa promoción, al hablar con miles y miles de personas sobre este tema. A nadie le han hablado de la guerra. Excepción en Cataluña, en algún pueblo de izquierdas, donde contaban la guerra desde la parte republicana. Pero, en general, en el país no se ha contado, ni en las familias ni en las aulas. Solo el silencio.

    –El libro es también una lección de estilo, de lenguaje, de humor… Un libro que hace que el tiempo, los hechos, la paciencia, la guerra y la aliteración sean instrumentos para contar qué pasó por parte de un chico que no había nacido.

    –Que muchos de estos elementos narrativos sean verosímiles hoy, ¿tiene que ver con tu propia imaginación o con lo que tú deduces que podría estar pasando y todavía no ha pasado?

    –En efecto, uso esas herramientas para emocionar y hacer que el lector viva esa época que ni yo viví ni él tampoco, pero esa es la función del escritor y del historiador. No hemos vivido una época, pero tenemos el derecho, incluso la obligación, de contar lo que sucedió. El pasado se cuenta mejor con la perspectiva de la distancia temporal. El tiempo, esa distancia inmaterial, facilita la creación, la representación más veraz y completa de un hecho histórico.

    –¿Y en el futuro cercano?

    –Tengo la impresión de que, desde hace un par de años, todo va muy acelerado. Veo que vamos encaminados de nuevo hacia el barranco o, como decía Francisco Ayala, hacia el tajo. Espero que no surjan dos Españas que se vayan a volver a enfrentar, pero la democracia se está desgastando a nivel mundial, sobre todo en Europa, y creo que vamos encaminados de nuevo hacia dictaduras contemporáneas. En la primera entrevista que me hicieron en El País pusieron de titular: «No me extrañaría una futura Guerra Civil de nuevo en España». Me chocó entonces, pero hoy, casi un año después, no veo demasiada exageración. No atisbo una Guerra Civil, pero sí un conflicto civil, o un conflicto contra la democracia.

    –¿Qué nombres propios tiene ese peligro? Quiero decir, ahora hay nombres propios muy notorios tratando de explicarle a la gente que ellos sí pueden arreglar esto, que es lo que hizo Franco: “Yo sí puedo arreglarlo”.

    –El motor de esas gentes es el ansia de poder. Creo, por ejemplo, que Santiago Abascal (el líder del ultraderechista Vox) sabe que lo que él promueve no es bueno para los ciudadanos, que ciertas cosas no caben dentro de los derechos humanos. Pero sabe que, si el país entra en quiebra, su política populista ganará adeptos y acabará gobernando. Yo creo que él es consciente, porque me parece un hombre inteligente y creo que cierta empatía puede tener, pero le pueden sus ganas de poder —signo de una inteligencia emocional nula—. A esta gente ávida de poder le da igual que su posición se mantenga a cambio de que el pueblo vuelva a sufrir, de que vuelva a matarse. Creo que Santiago Abascal es un ejemplo de todo esto.

    –Nuestra conversación se publicará en Argentina, donde hay otro ejemplo. Ahora todos los países parecen hermanos con el mismo mal. ¿Y lo que te llega de América Latina, de Europa, de Oriente Medio, de Norteamérica? A los 35 años, estás en un mundo en el que mucha gente fue a la guerra con esa edad. ¿Cómo ves estas guerras?

    –Vivimos en una sociedad de lo instantáneo, citando a Zygmunt Bauman, la sociedad líquida en la que lo instantáneo y el estímulo rápido es lo que determina nuestra forma de interactuar. En lugar de cultivar un espíritu crítico y dedicar tiempo a la lectura, ir a los bares y compartir con los amigos lo que hemos leído, debatir la situación del país, manifestarnos…, nos aislamos cada vez más. Nos informamos en las redes y nos desahogamos allí mismo, sin pisar el mundo real. Y los populismos se alimentan de esto, tanto de izquierda como de derecha.

    –¿Cómo se soluciona esto?

    –Apostando por una educación más fuerte. Pero claro, requiere mucho tiempo, y a la élite tampoco le interesa que el pueblo piense. Es complejo. No soy optimista. Me parece que todo va cuesta abajo y que no hay solución, aunque podemos ralentizar la caída.

    –La consecuencia, y la que tú exhibes aquí como escritor acerca de aquella época, es el dolor y el miedo.

    –Y las casas vacías, por eso titulé así la novela. El título es un epílogo. Describe las casas que se quedaron vacías después de la guerra.

    –¿Relacionas toda esa maldad con tu niñez?

    –Quizás sí. Me he enfrentado desde muy pequeño a la crueldad humana. Todos los niños traen esa maldad de fábrica y luego tienes que ir educándolos. Yo me preguntaba por qué un niño me pegaba por parecer gay, si no sabía ni lo que era ser gay con ocho años. Aprendí desde chico a defenderme de la gente que, por querer imponer su idea del mundo, iba contra mí.

    –En el libro hay mucha referencia a lo que el autor está pensando de lo que ocurre, un autor que se compadece.

    –Sí, mucho.

    –Y además haces tu propia autobiografía mientras vas contando lo que ocurre. Eso requiere sentido del humor. El humor está muy presente en este libro y es insólito.

    –Sí. Creo que fue Nadal Suau quien escribió : «El autor da un triple salto mortal y no se mata», por haber usado también el humor con un tema tan sensible para nosotros todavía hoy. Como te dije antes, la considero novela total y, como tal, hay sexo, gastronomía, orografía, antropología, muerte, nacimiento, épica… y también humor. Hay de todo, como en la vida. Un humor absurdo, que tengo como casi manchego que soy, pues los jiennenses somos muy manchegos.

    –Muchas veces esa broma es altamente literaria. De modo que un río se puede llamar Ferlosio, como el gran escritor.

    –Yo tenía nueve años cuando mi profesor de plástica me dio un fragmento de su libro Alfanhuí para que lo pintáramos, y así conocí a Ferlosio. Fue mi primer contacto con el realismo mágico. Creo que es lo único que se ha hecho en este país en un realismo mágico salvaje, bruto y continuo, las Industrias y andanzas de Alfanhuí, del que el propio autor decía que era su única obra buena. Hago muchos guiños a todos los escritores que tanto me han aportado.

    Fuente: Clarín.com

  • Invocar la magia de lo lejano: la trayectoria de Ernesto Ballesteros brilla en el MACBA

    Un artista que escapa a las etiquetas, Ernesto Ballesteros podría decirse que es Químicamente impuro. Así se titula la exposición que en el Museo de Arte Contemporáneo (MACBA) presenta un recorrido por su obra desde fines de los años 80 hasta la actualidad. Integrada por dibujos, pinturas, fotografías intervenidas, objetos lúdicos, performances, historietas e instalaciones, la muestra toma el edificio de la calle San Juan sin orden cronológico. Y la selección, a cargo del curador Rodrigo Alonso, responde a la libertad creativa del artista, cuya obra es un caleidoscopio de estilos y medios.

    “Al investigar, noté que la obra de Ernesto es muy ecléctica, nada la define por completo”, confirma Rodrigo Alonso en diálogo con Clarín. “A veces dibuja, otras pinta o hace fotografía, o performances, o bien juega, pero no hay obra suya que no esté contaminada por otros intereses”. Dedicado a la química antes de convertirse en curador, Alonso encontró allí inspiración. “Algo es químicamente impuro cuando no hay nada que lo defina por completo, sino que siempre está contaminado por alguna cosa”, explica. El trabajo de Ballesteros es un continuo proceso de hibridación, donde cada gesto está impregnado de influencias múltiples, de un diálogo con la experimentación y el cambio. Allí está la esencia de su obra.Ernesto Ballesteros frente a Movimiento continuo, 1990. Instalación 200 x 200 cm. Ernesto Ballesteros frente a Movimiento continuo, 1990. Instalación 200 x 200 cm.

    Lejos de las modas

    La exposición comienza por las derivas de la línea. El cuerpo como un compás produce círculos perfectos en las obras exhibidas. Se destaca la serie “Fuentes de luz tapadas” (2004), una instalación de fotografías de fuentes de luz intervenidas por círculos de color negro a los que el artista llama eclipses artificiales.

    Dispuestos en una vitrina, Ballesteros da rienda suelta al ingenio y el sentido del humor con Vito Ver y la pelilarga Vito/Verá, dos bizarros personajes sin brazos que usan remeras a rayas y zapatillas Flecha, surgidos del cómic y publicados en la revista Fierro. Están inspirados en un personaje de la película The Wall –la ópera rock basada en la obra musical de Pink Floyd, que cuenta la historia del músico que se aísla del mundo construyendo un muro psicológico–.Ernesto Ballesteros en MACBA.  Carritos (2011) hierro y ruedas, Medidas variables  Foto: MACBA. Ernesto Ballesteros en MACBA. Carritos (2011) hierro y ruedas, Medidas variables Foto: MACBA.

    Se destaca acrílico sobre tela En la Playa, una de las primeras obras de Ballesteros, de 1983. Una serie de carros de hierro con ruedas del 2011 llama la atención por cierta inutilidad: son vehículos que giran sobre su eje y no cargan nada.

    Un plasma exhibe la performance Vuelos de Interior,en la que el artista hará volar un aeromodelo de interior, fabricado por él mismo, en la Bienal de Lyon de 2011. Sobresale una caja mueble de madera abierta de ambos lados: las personas se sientan en los extremos y desde allí se comunican.Aeromodelo de interior PIR Ci veidamo dopo, 2011, Avión de papel, vitrina 90 x 90 x 180 cm- Foto: MACBA.Aeromodelo de interior PIR Ci veidamo dopo, 2011, Avión de papel, vitrina 90 x 90 x 180 cm- Foto: MACBA.

    Una pequeña caja roja es el espacio que el artista define para guardar cosas inmateriales como sueños, miedos o esperanzas. Surge de su sensibilidad notar que las personas que duermen en las calles no tienen donde guardar sus objetos personales. En esta instancia, la magia, la poesía y el sentido del humor se apoderan de la experiencia.

    Un espacio de juego

    “En mi trabajo muchas veces invito al juego, porque en el arte no hay que seguir reglas ni leyes”, comenta Ernesto Ballesteros en una recorrida por su muestra. “En una época me gustaba hacer dibujos directamente sobre la pared, graduando la atención del espectador: sorprendiéndolo con una acumulación de líneas en algunos sectores, mientras otros quedaban despojados”, detalla.Ernesto Ballesteros en MACBA. Fuentes de luz tapadas 2004 Instalación de fotografías (15-18 módulos) 40 x 40 cm cada módulo. Ernesto Ballesteros en MACBA. Fuentes de luz tapadas 2004 Instalación de fotografías (15-18 módulos) 40 x 40 cm cada módulo.

    Fotografiar el cielo y contar las estrellas marcó otra de sus temporadas creativas. “Estaba en un curso de astrofotografía en Parque Centenario cuando construí una tabla con el seguimiento ecuatorial para tomar fotos de un minuto de exposición, y así lograr que se vean las estrellas de poca luminosidad. Como no logré un buen resultado, ya que en algunos sectores se veía una raya por el movimiento de la tierra y quería saber cuantas estrellas había en el cielo, las tapé para contarlas y así comenzó una serie”. El artista replicó la experiencia en la ciudad, con las luces urbanas. “Es impactante la percepción del espacio, cómo algo que está tan lejos parece tan cercano”.

    Un vínculo esencial

    Su padre fue una figura central. Desde niño, lo apoyó en el camino del arte y le transmitió la magia del universo. “A los 4 años tenía estrabismo, usaba lentes y cuando me operó el doctor Ciancia –que era una eminencia–, estuve dos noches con los ojos muy hinchados”, relata. “A mi viejo le dijeron que no podía tocarme los ojos y alguien tenía que velar por eso mientras yo dormía”, continúa. Era verano y su padre sacó la cama al balcón y le habló de la inmensidad del cielo. “Me contó de las estrellas que ya no existen, cuya luz se sigue viendo. Fue tan solo una noche, antes de dormirme, pero no me la olvido más, y bueno, ¡me interesó la astronomía! De allí nace mi interés por la magia de lo que está lejos”.Sin título, 2016- Mueble de madera, alfombra 131 x 184 x 514 cm. Foto: MACBA. Sin título, 2016- Mueble de madera, alfombra 131 x 184 x 514 cm. Foto: MACBA.

    El hombre que le habló de las estrellas partió a los 67 años y dejó una tristeza profunda en Ballesteros, quien atravesó el duelo transformándolo en arte. Corría el año 1997 y se encerró a dibujar mientras le caían las lágrimas: una línea, dos líneas, mil líneas y las intersecciones, así iba tejiendo las preguntas y las respuestas sobre los misteriosos lazos entre la vida y la muerte, cargados de amor y de recuerdos. Dejó marcas notorias en su obra, que luego fue exhibida en el emblemático ICI de la calle Florida en 2000.

    En sus líneas, sus puntos y sus intersecciones, Ernesto Ballesteros invita a detenerse, a permitir que lo invisible se haga visible y encontrar belleza en lo que no siempre es inmediato. No busca respuestas definitivas; más bien generar un espacio de cuestionamiento y contemplación.Ernesto Ballesteros en MACBA.  Ernesto Ballesteros en MACBA.

    Como aquellos momentos de su infancia en los que descubrió estrellas que ya no existían, pero cuya luz aún seguía llegando, la obra de Ballesteros nos recuerda que el arte, como la luz de esas estrellas, perdura más allá de la observación y se convierte en una forma de salvación. En cada trazo nos invita a mirar más allá de lo obvio, a ver lo que no se ve y a descubrirnos a nosotros mismos en el proceso.

    Químicamente impuro, de Ernesto Ballesteros, se puede visitar en Av. San Juan 328, en el barrio de San Telmo hasta el 2 de marzo de 2025.


    Sobre la firma

    Virginia FabriBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • 22 artistas y 50 años de arte argentino en ‘Lo que la noche le cuenta al día’, ahora en Mardel

    Lo que la noche le cuenta al día es el sugerente título de la muestra de artistas argentinos que viene itinerando desde el PAC de Milán, luego Fundación Proa y, actualmente en el Museo MAR de Mar del Plata, en curaduría conjunta entre Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, y Diego Sileo curador del Padiglione d’Arte Contemporanea.

    Es el título de la novela publicada en 1992 del escritor argentino Héctor Bianciotti, que aborda el tema de una familia de piamonteses radicada en la llanura argentina y un adolescente sensible que se encamina al seminario como forma de evolución social en los años de esplendor del peronismo.

    Ese mismo trasfondo cultural donde los contextos se tiñen de la política o, cuanto menos, se ven rozados por situaciones donde para salir de ciertos momentos oscuros, y tal como ejemplifica la gacetilla que ‘como a la noche le sucede el día, esas contingencias suscitaron respuestas que, desde el arte, exhiben una sociedad incómoda pero movilizada, contestataria y osada, que nunca, ni siquiera en sus momentos más trágicos, ha perdido la inventiva, la capacidad crítica y la ironía’.

    Los 22 artistas que participan pertenecen a generaciones distintas con obras de los últimos cincuenta años. En conversación con Duprat, contó que ‘todos tienen un cuerpo de obra consistente, con una imagen reconocible, y nos parecía que, si bien son poéticas distintas, cada uno tiene la contundencia necesaria para mostrar un panorama absolutamente poderoso del arte argentino’.

    Formas de violencia

    A través de esculturas, instalaciones, fotografías, vídeos y performances, el proyecto curatorial se desarrolla en tres ejes: ironía, literalidad y citación, diferentes maneras de abordar la representación de una cultura a menudo caracterizada, tanto en el pasado como en la actualidad, por formas de violencia.

    La relocalización de la muestra a lo largo de dos años implicó atender no sólo las características arquitectónicas de los diferentes espacios para estimular los diálogos entre artistas y obras, también contó la facilidad de cercanía para acceder a préstamos de obra por parte de coleccionistas o artistas participantes.Obra de Ana Gallardo en Lo que la noche le cuenta al día en el Museo Mar. Foto: gentileza.Obra de Ana Gallardo en Lo que la noche le cuenta al día en el Museo Mar. Foto: gentileza.

    La recepción por parte de públicos tan heterogéneos también es un dato que surgió en la conversación con Duprat: ‘en Milán, Marta Minujín, Alberto Greco, León Ferrari o Liliana Porter han adquirido notoriedad en bienales o colecciones institucionales, pero al pasar a Fundación Proa, el visitante generalmente tiene una gimnasia en relación a recorrer obras y curadurías complejas.

    Finalizar en Mar del Plata, con un público que mayoritariamente accede por curiosidad, sin preocuparse por el conocimiento o no que tengan sobre los artistas. Para el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires y el Museo Provincial de Arte Contemporáneo MAR, la muestra forma parte de la agenda de conmemoración de los 10 años de existencia del Museo y la celebración por los 150 años de Mar del Plata por lo que tendrá un catálogo actualmente en edición.’

    La versión actual tiene obras que repiten, otras que son site especific, y claro, algunas con seguros muy altos, se sustituyeron por otras tan profundas y contundentes. Los espacios de algunos de los artistas marplatenses, se destacan.

    Matías Duville (Bs. As. 1974) y Nicolás Robbio (Mar del Plata, 1975), el primero con un mural de la serie Picadero que presentó en la Bienal de Sídney del 2020, junto a una gran instalación de piso con su colección de anzuelos gigantes esparcidos sobre sal gruesa para favorecer la descarga de óxido a medida que pase el tiempo de exhibición.

    Robbio utilizó la gran pared de la otra sala para desplegar una trama hecha con tramos de líneas de alambre, cada una reproduciendo fronteras del mundo en conflicto. La levedad de las formas en la intervención en pared, obliga al visitante a acercarse para entender lo que de lejos apenas se percibe.

    Los tres espacios de videos aquí se han segmentado aislados con paredes y cortinas negras para facilitar la conexión que implican por su diversidad temática. Tomás Saraceno (Tucumán, 1973) con la película Vuela con Pacha, hacia el Aeroceno, proyecto colaborativo iniciado en 2017 por el artista y las comunidades locales en Salinas Grandes, Jujuy, donde realizó el primer vuelo tripulado impulsado solo por el sol y el aire, en pos de imaginar una era libre de combustibles.

    La historia que descubre la artista Adriana Bustos (Bahía Blanca, 1965) en Ceremonia nacional combina fragmentos del documental de Leni Riefensthal de 1938 durante los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 y la ceremonia inaugural del Mundial de Futbol de 1978, percibiendo las similitudes de la propaganda dictatorial de ambos períodos y la utilización del deporte como plataforma de popularidad.

    El tercer espacio muestra la videoperformance Trilogía pandémica 2021, en realización conjunta de la coreógrafa Mariana Bellotto & Grupo Performático Sur que revela un universo degradado y contaminado mediante ensamblados de carne, piel, plásticos, pantallas, pelos y máscaras que dan cuenta irónicamente de la problemática global de la sociedad de consumo.

    Interesante contrapunto entre las obras de Juan Sorrentino (Chaco, 1978), en diálogo con Liliana Porter (Bs. As., 1941), Jorge Macchi (Bs. As., 1963) y Miguel Rotschild (Bs. As., 1963) porque dan cuenta de algunas inquietudes.Obra de Sorrentino y Duvillei en Lo que la noche le cuenta al día en el Museo Mar. Foto: gentileza.Obra de Sorrentino y Duvillei en Lo que la noche le cuenta al día en el Museo Mar. Foto: gentileza.

    Descascaramientos progresivos

    Sorrentino con su pared conectada a parlantes que emiten una frecuencia especial produciéndole descascaramientos progresivos, Macchi con Confesión (Samsung), 2021, un embalaje de obra que reproduce los calados de un confesionario y una pieza gráfica ploteada con formas de juguetes infantiles que combina noticias donde niños están involucrados en un acto criminal.

    Porter con su zaga de Trabajos forzados, 2024 un plano donde el hombrecito tiene que culminar una tarea titánica superior a sus esfuerzos y Rotschild con sus fotografías de la serie Espectro, 2019-2021, paisajes que son perforados con círculos que producen una vibración especial.

    La mirada social encarnada en varias artistas mujeres muy relevantes como la serie Bocanada de Graciela Sacco (Rosario, 1956-2017) especial señalamiento de la degradación del hambre de finales de los 90, Cristina Piffer (Bs. As., 1953) con la serie Las marcas del dinero que reproducen partes de los billetes de 1869 impresos serigráficamente con sangre de vaca disecada, Liliana Maresca (Bs.As. 1951, 1994) con su cartel publicitario donde se ofrece todo destino, Ana Gallardo (Rosario, 1958) con la impresionante pieza monumental Retén, 2018, tres planos negros que apenas deja leer unas declaraciones lacónicas de mujeres abusadas.

    Alessandra Sanguinetti (NY, 1968) con la serie El sexto día, 1996 – 2004 revela la crueldad normalizada de la vida de campo. Marta Minujín (Bs. A.s, 1941) performance del 63 en pantalla de TV y el despliegue del Partenón de libros montado en Alemania. Mariela Scafatti (Bs.As., 1973) cuelga las piezas del techo creando un sistema donde la pintura ocupa un plano no reclamado, Adrián Villar Rojas (Santa Fe, 1980) con una serie de fotos de sus primeras épocas y Leandro Erlich (Bs. As., 1973) con la eficacia de sus trucos espaciales, Alberto Greco con su performance del 63 en Roma.

    Fuente: Clarín.com

  • Del Renacimiento al presente: La reapertura del Corredor Vasari en los Uffizi

    La Galería de los Uffizi, la pinacoteca más importante de Italia, abrió al público, por primera vez en la historia su famoso corredor vasariano, un puente elevado (o “túnel de aire”) sobre el corazón de la ciudad de Florencia que en el Renacimiento utilizaron los grandes duques para trasladarse con seguridad. Los gobernantes de la dinastía Médici mandaron a construir especialmente este pasadizo para caminar desde su residencia –el Palazzo Pitti– hasta la sede del gobierno –en el Palazzo Vecchio–, todos espacios que hoy conforman las salas expositivas de este impresionante museo.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    Este corredor de 750 metros de largo permite entrar por la Galería de Estatuas y Pinturas del museo, caminar por las entrañas del Ponte Vecchio y salir por los Jardines de Boboli, tal como en el tiempo de los grandes duques, con una vista inigualable de la ciudad de Florencia.

    El “corridoio vasariano” fue construido por el arquitecto Giorgio Vasari en 1565 por orden de Cosme de Médici, lo que le ahorraba al gobernante transitar por una zona “pobre e infame” de la ciudad, y mantenerse a salvo de sus enemigos, ya que sufrió repetidos intentos de asesinato durante su reinado.https://b1b98f676aa1a9380b2773f3f5c285ab.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.htmlhttps://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FMaggieOFarrellBooks%2Fposts%2Fpfbid0pJJyTw73bNR5gz5Se6p7HUxDyGbEpUJHjCmGFHM9k77WgEp56iVZAzDn8UDcX1Yml&show_text=true&width=500

    Por primera vez en la historia, el túnel se volvió accesible al público, desde su reapertura el pasado 21 de diciembre. En las últimas décadas se había abierto solamente para especialistas y en 2016 cerró por razones de seguridad para ser restaurado.

    Ahora, quienes visiten Florencia y compren una entrada de 20 euros podrán acceder a este espacio que ofrece un paseo panorámico único sobre el centro de Florencia, hasta el otro lado del río Arno: un auténtico salto en el tiempo de casi cinco siglos, sobre el corazón de la ciudad.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encarg.ado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encarg.ado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    10 millones de euros

    El proyecto de recuperación para la reapertura del Corredor de Vasari –realizado por los Uffizi y la Superintendencia– demandó 18 meses de estudios e investigaciones que implicaron a decenas de especialistas, más de mil páginas de programación, 200 metros cuadrados de dibujos realizados, 23 informes redactados, 2.435 fotografías, decenas de pruebas y ensayos de materiales, para devolver al pasillo su imagen original, según informó el museo. Las obras rondaron los 10 millones de euros y su última restauración se remontaba a los años 90.

    Este pasadizo con ventanales, que ofrece una impresionante vista panorámica de la ciudad, fue diseñado por Giorgio Vasari por iniciativa de Cosme I de Medici, gran duque de Florencia y Toscana, con motivo de la boda de su hijo Francesco con Giovanna de Austria, en 1565.

    Los invitados de la Casa de Habsburgo que acompañaban a la princesa debían quedar maravillados por este túnel aéreo sobre la ciudad. Las obras de su construcción duraron en aquel entonces cinco meses.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    Esta obra maestra del urbanismo renacentista atraviesa varias calles, bordea el río Arno, cruza el Ponte Vecchio y se integra en edificios históricos como la iglesia de Santa Felicita.

    El regreso de esta maravilla arquitectónica se relaciona literariamente con la última novela de la escritora irlandesa Maggie O’Farrell: El retrato de casada (Libros del Asteroide, 2023), donde la autora rescata la historia de Lucrezia de Medici, hija de Cosme y de la española Eleonora de Toledo: una joven que recorre, de niña, los mismos pasillos y jardines que servían de refugio a sus padres.

    La reapertura de este espacio monumental en Uffizi evoca las intrigas y ambiciones de los Médici y es uno de los escenarios en los que transcurre la novela de O’Farrell, donde sigue la vida de esta joven duquesa que crece en los confines de una poderosa familia, increíblemente privilegiada, pero cuya trágica existencia está llena de misterio.

    Desde el momento en que nació, Lucrezia tenía un único destino: hacer un matrimonio que fuera políticamente ventajoso para su familia.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    O’Farrell reinterpreta desde la ficción la historia de esta niña callada y perspicaz que a los 15 años se unió en matrimonio con el duque Alfonso de Ferrara, un acuerdo ventajoso para el clan Medici, pero ella murió antes de cumplir el primer año de casada, oficialmente por tuberculosis, aunque se rumoreaba que había sido envenenada por su marido.

    «Vi el único retrato que existe de ella y luce preocupada, ansiosa, como si tuviera algo que decir, y supe que quería escribir su historia», contó la autora a esta cronista en una entrevista realizada en 2023.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    Personajes marginados

    O’Farrell sabe cómo darle una voz única a personajes que han sido marginados por la historia oficial, tal como hizo en el bestseller internacional Hamnet (2020) en donde revela la historia del hijo de Shakespeare que murió a los 11 años y que inspiró la famosa obra teatral Hamlet.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    En El retrato de casada –que transcurre en gran parte en lo que es hoy el museo más importante de Florencia– la irlandesa rescata la historia poco explorada de la tercera hija de una de las dinastías más poderosas de Italia.

    Las obras maestras del museo Uffizi, como “La primavera” de Botticelli, o “El nacimiento de Venus” así como como pinturas de Migue Angel, Leonardo da Vinci o Rafael eran la cuadros que adornaban las paredes de la residencia familiar y que la joven Lucrezia podía contemplar cada día, ya que formaban parte de su hogar.

    La historia oficial cuenta que era su hermana mayor, María, quien estaba en principio prometida a Alfonso, pero como esta falleció, la responsabilidad de la boda se trasladó a la «invisible», la «insignificante» Lucrezia.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.

    El único retrato que existe de Lucrezia de Médici –en el que la escritora irlandesa basó su novela– fue realizado por Angelo Bronzino, uno de los pintores más reconocidos en la Florencia del siglo XVI, y se conserva hoy en el museo.

    Sin embargo, si bien hay en Galería de los Uffizi una sala completa dedicada a los retratos de la familia de Cosimo de Medici, de él mismo, de Eleonora y de sus hijos e hijas, el retrato de Lucrezia no está en esa sala sino en la pequeña Galería Palatina, al otro lado del río Arno, y está ubicada muy abajo en la pared.https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FMaggieOFarrellBooks%2Fposts%2Fpfbid0pJJyTw73bNR5gz5Se6p7HUxDyGbEpUJHjCmGFHM9k77WgEp56iVZAzDn8UDcX1Yml&show_text=true&width=500

    “Es muy difícil encontrar su retrato. Y eso me rompió el corazón porque es emblemático de cómo su familia y la historia la han tratado: como alguien insignificante. Espero que algún día los Uffizi la traigan de vuelta a la sala con su familia, a donde ella pertenece”, había dicho O’Farrell (Coleraine, Irlanda el Norte, 1972), que debutó como novelista con After You’d Gone, a los que le siguieron My Lover’s Lover, Instrucciones para una ola de calor, Tiene que ser aquí y el libro de memorias Sigo aquí.

    La reapertura del Corredor de Vasari, aquel pasadizo que alguna vez sirvió como refugio para los poderosos, se abre ahora al mundo, permitiendo a los visitantes no solo contemplar su grandeza arquitectónica, sino también caminar por los mismos pasillos por los que pasean las figuras que O’Farrell rescata en su novela.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gEl legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.entileza.El legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gEl legendario túnel elevado Corredor Vasari en los Uffizi, encargado por Cosme I de Médici en 1565, reabre sus puertas al público. Foto: gentileza.entileza.

    Además, este 21 de enero, el museo reabrió también el Palazzo Pitti que permanecía cerrado desde el año 2020: se trata de 14 salas del primer piso del palacio que han sido restauradas y que funcionaron durante el Renacimiento como la residencia de tres dinastías florentinas, incluida la familia de Cosme.


    Sobre la firma

    Mercedes EzquiagaBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • ‘Memorias en gestación’: arte, ciencia y tecnología en el Centro Cultural Recoleta

    Desde 2021 el Centro Cultural de España en Buenos Aires tiene establecido un MediaLaB, unidad destinada a brindar apoyo a proyectos y experiencias innovadoras en el cruce de lenguajes entre el arte, la ciencia y la tecnología. En el mes de noviembre pasado, abrió en las salas 7,8 y 9 del Centro Cultural Recoleta, la muestra Memorias en gestación, panorama de dos años de trabajo y acompañamiento de tres proyectos por año que brinda un horizonte interesante de grupos e individuos que trabajan en todo el país.

    Artistas formados desde Argentina por carreras que ya tienen entre una o dos décadas de funcionamiento en universidades del país, especialmente la UNA (CABA), la UNTREF (Pcia Buenos Aires) y la Universidad Nacional de Villa María UNVM (Córdoba).https://e180fdf12db9f173767f0dc75791b7f6.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

    Los coordinadores del programa, Emiliano Causa y Matías Romero Costas junto a un comité de expertos, seleccionaron para este programa público y federal, tres proyectos en 2023 y otros tres en 2024. La distinción incluye el seguimiento en la producción además del financiamiento concreto para desarrollar la idea.Leonello Zambón y "Sindicato involuntario 2", en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.Leonello Zambón y «Sindicato involuntario 2», en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.

    Bajo la curaduría de Jimena Ferreiro, se puede disfrutar hasta mediados de marzo, las propuestas de Andrés Belfanti (Villa María, 1985) en dupla con Federico Ragessi (Ciudad de Córdoba, 1985), Penny Di Roma (Ciudad de Buenos Aires, 1988), Indira Montoya (Ciudad de Córdoba,1975), Karen Palacio (Ciudad de Córdoba, 1994), Franco Palioff (Junín, 1988), Leonello Zambón (Ciudad de Buenos Aires, 1970) junto al Sindicato Involuntario (colectivo integrado por Jerónimo Bujman, Estanislao Correa, Inés Laurencena, Carlos Lescano, Dai Natalia Perséfone Miauro, Micaela Pérez, Gimena Utense, Dante Vaccaro Arakaki, Tomás Werth y Leonello Zambón).

    Singularidades y especificaciones

    Cada plan tiene singularidades y especificaciones técnicas que vale profundizar con los cuidadores de sala en la visita, pues los contenidos que aparecen son muy diferentes entre sí y marcan un señalamiento que es importante pensar: actuar frente a la tecnología no como usuario sino como creativo, lo que implica que se toman todas las ventajas posibles para utilizar dentro de cada sistema, sin importar si es lo último en innovación.

    Abre la sala Penny Di Roma con una instalación de cápsulas incubadoras que están producida con biotextiles, aluden ya desde el rojo furioso a la función reproductiva de un útero y albergan ecosistemas vivos como plantas que crecen sobre desechos plásticos, recreando las estructuras de estalagmitas y estalactitas en «Poéticas de la Naturaleza: Memorias en gestación», que por sugerente ha sido utilizado para nombrar toda la muestra.Indira Montoya propone "Te convertirás en sal", en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.Indira Montoya propone «Te convertirás en sal», en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.

    Sigue con una instalación que une dos temporalidades con tecnologías muy distintas adaptadas a un nuevo sistema, «Études (Sobre un rollo de pianola encontrado, 2024)», de Andrés Belfanti y Federico Ragessi. Descripta por sus autores como ‘una instalación sonora que pone en escena una exploración arqueológica realizada por un brazo robótico sobre un rollo de pianola encontrado’.

    Equipado con cámara, el robot –que no tiene forma de humanoide y se desplaza por un riel en el piso– analiza el rollo extendido sobre una estructura a la altura de la vista promedio de un adulto y, mediante algoritmos de computer vision, un campo de la informática que permite a las máquinas identificar y comprender objetos y personas en imágenes y videos muy usado en control de edificios, va identificando ‘marcas y notaciones del papel para producir composiciones sonoras en tiempo real’.

    La belleza del ensamblado de partes encontradas fortuitamente tanto como el rollo de pianola hacen pensar en la inventiva de quienes van buscando soluciones en un tiempo donde lo analógico y lo digital conviven.

    Circuitos experimentales

    Otro de los proyectos seleccionados en 2023 es «Lenguaje frontera. Otros infinitos en las fisuras técnicas de los sistemas», de Karen Palacio, se trata de una videoinstalación con sonido estéreo para pantallas, compuesta de partes desplegadas que visibilizan los distintos estadios de producción, usando circuitos experimentales de creación de sentido a partir de datasets o datos públicos generados, guardados y publicados por organismos de gobierno como la República Argentina.Instalación sonora titulada “Études (Sobre un rollo de pianola encontrado)” en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.Instalación sonora titulada “Études (Sobre un rollo de pianola encontrado)” en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.

    En este caso, los datos fueron construidos por la artista a lo largo de más de diez años de anotaciones, grabaciones de voz y análisis de sueños, lo que produce varias sensaciones asociadas a sistemas de visualización que van desde lo más técnico a lo onírico con cierto toque sensual.

    De los proyectos seleccionados en 2024, una gran sala alberga el despliegue de la pieza «Te convertirás en sal», de Indira Montoya que induce al visitante a interactuar explorando paisajes y ruinas de la Laguna Mar Chiquita, provincia de Córdoba, que sufrió una inundación regional muy severa.

    La obra es un homenaje de la artista a su madre pues pocos conocen la historia del lugar, revelando paisajes recreados a partir de fotografías aéreas, imágenes satelitales y modelos 3D generados mediante fotogrametría y escaneos de la zona con videos producidos con motores de videojuegos y una experiencia de realidad virtual muy recomendable de experimentar.Franco Palioff presenta ElectroChikry en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.Franco Palioff presenta ElectroChikry en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.

    Una sonrisa que activa el sistema

    En otra sala, una curiosa instalación enuncia la transición incompleta entre el trabajo físico y la automatización en la obra «Electrochikry» de Franco Palioff. El visitante se convierte en usuario que debe arrodillarse para activar el sistema mediante su sonrisa sostenida para que sea captada por la máquina.

    Bajo la apariencia de eficiencia y progreso, este sonreír ‘ya no es meramente un gesto de satisfacción, sino un símbolo de cómo las emociones humanas se integran en los algoritmos que controlan las nuevas formas de trabajo’ sostiene el artista.Leonello Zambón y "Sindicato involuntario(1)", en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.Leonello Zambón y «Sindicato involuntario(1)», en Memorias en gestación, que se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta. Foto: gentileza.

    Cierra la muestra una instalación que apela, no ya sueños personales ni evocaciones familiares, sino que trabaja en torno a la memoria colectiva con un proyecto que quedó momentáneamente frenado en Campo de Mayo, partido de San Miguel en provincia de Buenos Aires.

    Se proyectaba la construcción de un «Espacio de Memoria» dentro del sitio desde donde salieron los aviones Fiat G. 222, llamados ‘vuelos de la muerte’ en la última dictadura militar.

    Leonello Zambón junto al Sindicato Involuntario recrean en «La Memoria de un Eco. Espejismos aurales en el desierto fantasma», lo que –a simple vista– parece la instalación más difícil de asociar con tecnología pues se compone de una gran maqueta cedida por Campo de Mayo junto a un desarrollo que potencialmente actuaría como máquina de ecos ‘en complicidad con el viento y la actividad electromagnética del lugar, transformando estas energías invisibles en información sonora transmitida hacia determinados puntos dentro del predio haciéndolos entrar en resonancia con aquellos aviones todavía conservados en el predio’.

    El carácter de una construcción detenida apela no sólo a la continuidad del proyecto sino a visibilizar un entorno donde operan grupos en riesgo ambiental y social.

    Vale la recorrida por un Centro Recoleta que vuelve a tomar protagonismo con muestras muy diversas para todos los públicos.

    Memorias en gestación se puede ver en las salas 7, 8 y 9 del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), de martes a viernes 13.30 a 22, y sábados, domingos y feriados de 11.15 a 22. Hasta marzo 2025


    Sobre la firma

    Pilar AltilioBio completa

    Fuente: Clarín.com

  • Una escritora española creará online una novela junto con 800.000 estudiantes

    La escritora española Muriel Villanueva trabajará durante cinco semanas en la redacción de una novela con 800.000 estudiantes hispanohablantes en la plataforma Fiction Express, utilizada por más de 300 escuelas de la región de Cataluña, 1.500 del resto de España y unas 9.000 de todo el mundo.

    Villanueva escribirá cada viernes un nuevo capítulo de La Última en función de los votos que reciba de los estudiantes, quienes también pueden interactuar con la autora en un foro digital, según un comunicado de la entidad.

    La novela, ambientada a mediados del siglo XXII, muestra una población humana envejecida y reducida por la escasez de nacimientos del último siglo, con Der como el postrer nacido, y a quien se conoce como el ‘Último’.La escritora española Muriel Villanueva trabajará durante cinco semanas en la redacción de una novela con 800.000 estudiantes hispanohablantes en la plataforma Fiction Express.La escritora española Muriel Villanueva trabajará durante cinco semanas en la redacción de una novela con 800.000 estudiantes hispanohablantes en la plataforma Fiction Express.

    Un peligro misterioso

    Vive atrapado en un lujoso palacio de Olympos, lejos de la ‘Una’, una joven escondida por su abuela, que la protege de un peligro del que nunca le habla.

    Cuándo y cómo se cruzarán los caminos de los dos jóvenes será uno de los estímulos para la construcción del relato.

    Con sede en la ciudad española de Barcelona, Fiction Express pretende afianzar el hábito lector de los estudiantes y mejorar su competencia lingüística.

    Publica nueve libros originales, tres en español, tres en catalán y tres en inglés cada dos meses para los estudiantes de los centros que la utilizan, según el comunicado.

    Un peligro misterioso

    Vive atrapado en un lujoso palacio de Olympos, lejos de la ‘Una’, una joven escondida por su abuela, que la protege de un peligro del que nunca le habla.

    Cuándo y cómo se cruzarán los caminos de los dos jóvenes será uno de los estímulos para la construcción del relato.

    Con sede en la ciudad española de Barcelona, Fiction Express pretende afianzar el hábito lector de los estudiantes y mejorar su competencia lingüística.

    Publica nueve libros originales, tres en español, tres en catalán y tres en inglés cada dos meses para los estudiantes de los centros que la utilizan, según el comunicado.

    Además de Muriel Villanueva, que ha escrito unos cuarenta títulos, en esta plataforma han participado otros autores españoles como Jordi Sierra i Fabra y Francesc Miralles.

    Con información de EFE.

    Fuente: Clarín.com

  • George Orwell: 75 años de un legado literario que redefinió el poder y la verdad

    Setenta y cinco años después de la muerte de Eric Blair, más conocido como George Orwell (1903–1950), sus creaciones literarias distópicas, en las que transformaba textos políticos en arte, se han convertido en un manual para entender la realidad social.Vista de la estatua de George Orwell en la sede de la BBC en Londres en la que se puede leer uno de sus lemas «Si Libertad significa algo, es decirle a la gente lo que no quiere oír». EFE/Guillermo GarridoVista de la estatua de George Orwell en la sede de la BBC en Londres en la que se puede leer uno de sus lemas «Si Libertad significa algo, es decirle a la gente lo que no quiere oír». EFE/Guillermo Garrido

    «Algunos le consideran un profeta», afirma el profesor emérito de la Universidad Goldsmith de Londres Tim Crook, estudioso del periodista y escritor británico.

    «Brillante en su capacidad de analizar el poder del lenguaje y su distorsión, con el fin de proyectarlo hacia el poder y distorsionar la comprensión de la gente», considera por su parte Bill Hamilton, albacea literario de George Orwell, ‘George State’.https://d9c95008e50f76b44d7c908acdbe38d7.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

    Según Hamilton, Orwell –Eric Blair– decidió desde muy joven desconfiar de todas las llamadas verdades en las que se crió.

    El escritor (nacido en Motihari el 23 de junio de 1903 y fallecido el 21 de enero de 1950 en Londres) era de origen indio que, tras estudiar en una de las escuelas más elitistas inglesas, Eton, y su periplo en la Policía Imperial birmana, optó por afrontar la realidad del entonces Imperio británico renunciando a sus posibles privilegios, y empezar en el periodismo.Moneda de George Orwell. Foto: archivo Clarín.Moneda de George Orwell. Foto: archivo Clarín.

    Inspiración accidentada

    Orwell, socialista convencido, se enroló en la Guerra Civil española (1936–1939) en el bloque republicano donde «fue disparado por el enemigo; pero fue su propio bando quién casi le asesina, reforzando su odio a cualquier tipo de totalitarismo y su lenguaje abusivo«, explica Hamilton.

    A raíz de ese episodio, su creación literaria fue una lucha contra ello: vivencia personal del conflicto en Homenaje a Cataluña (1938), Rebelión en la granja (1945) y más tarde en 1984.

    «Vemos 1984 como el texto, la Biblia que la gente lleva bajo el brazo que les recuerda cómo se abusa del poder«, dice el albacea literario de Orwell.

    En el primer mandato del presidente Donald Trump en Estados Unidos (2017–2021), 1984 se convirtió en superventas «porque nos recuerda que no existen hechos alternativos. Hay verdad y falsedad. Claridad y mentiras», remarca Hamilton.

    La célebre distopía introduce conceptos como doble–pensamiento o neolengua. «La perversión y corrupción del lenguaje puede controlar sutilmente y, a través de un sesgo inconsciente, cambiar la forma de expresarse, lo que realmente se quiere decir», ilustra Crook.

    Hamilton, como regente del patrimonio literario, observa que «donde sea que hubiera una gran crisis política (…) siempre se ha publicado a gran escala».

    Ambos eligen Rebelión en la granja como su obra favorita. Una parábola para niños y adultos sobre cómo se echa a perder una revolución, «las mentiras y maldades del totalitarismo, la corrupción del socialismo», describe el profesor Crook.George Orwell. Foto: archivo Clarín.George Orwell. Foto: archivo Clarín.

    Una patata caliente para los editores británicos de la época, vista como antiestalinista «en mitad de la II Guerra Mundial, la Rusia soviética era nuestra salvadora, amiga, aliada», contextualiza Hamilton.

    Un ejercicio de antropomorfismo donde «los cerdos querían leche y manzanas. La revolución no es tan divertida comiendo sólo hierba y paja. Los humanos somos iguales.», finaliza el académico.

    Orwell, en el presente

    Setenta y cinco años después su trascendencia sigue vigente, nuevas creaciones aparecen en el mercado literario, como Julia: Una nueva versión de 1984 la perspectiva femenina de la co–protagonista de la distopía, por Sandra Newman y aprobada por ‘George State’.Portada de la novela 1984 de George Orwell, la antiutopía o distopía más célebre de todas cuantas fueron escritas durante la primera mitad del siglo XX. EFE/Juana BenetPortada de la novela 1984 de George Orwell, la antiutopía o distopía más célebre de todas cuantas fueron escritas durante la primera mitad del siglo XX. EFE/Juana Benet

    El profesor Crook conjetura sobre su impacto en nuestros días «si estuviera vivo hoy, y fuera por ahí dando charlas, no tendría plataforma alguna».

    Según el académico, «lo habrían cancelado en muchos entornos universitarios contemporáneos por su crítica y análisis» y es que Orwell en su lucha contra el totalitarismo, blandía que «si libertad significa algo, es decirle a la gente lo que no quiere oír», cómo luce en su estatua homenaje esculpida en bronce en la sede de la BBC en Londres, para la que trabajó (1941–1943), con su típico cigarrillo en la mano.

    Según el profesor, «(hoy) cualquiera que desafíe tu ideología, forma de pensar o te haga querer pensar en otra cosa, te está dañando emocionalmente de alguna manera».

    Con información de EFE.

    Fuente: Clarín.com

  • UGallery abre sus puertas en Buenos Aires y celebra el arte federal con Eduardo Hoffman

    UGallery, una nueva galería de arte ubicada sobre la calle Posadas, a metros de la avenida Callao, se sumó recientemente al ecosistema cultural de la ciudad de Buenos Aires. Con impronta federal, el flamante espacio, que depende de la Universidad de Congreso de Mendoza, busca promocionar la cultura y dar visibilidad a artistas de todas las provincias.

    El estreno de la galería, en diciembre, incluyó la muestra inaugural Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman, una de las figuras más destacadas del arte mendocino.https://4aec9a6bc6441182cb291bc882ef9077.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-40/html/container.html

    El conjunto, compuesto en su mayoría por obras de gran formato –algunas de hasta tres metros de ancho– despliega una paleta colorida y vibrante, pinceladas sugestivas y piezas de estilo abstracto y alguno que otro trabajo figurativo, con reminiscencias a Picasso o a Monet.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.

    “Me encanta la idea del ‘cover’ en el arte, pero no la copia. La copia es una mala interpretación. Si tomo algo de Monet o Picasso, es para integrarlo a una tradición y completar esa cadena, pero siempre desde mi mirada. Es tomar la posta y reelaborar algo y es también una excusa para empezar a trabajar, porque me gustan los colores, me parecen fascinantes. Pero es tomar un eslabón de una tradición, no con obsesión, sino con admiración hacia esas obras magníficas”, cuenta el pintor Eduardo Hoffman a Clarín.

    Más de 8.000 obras

    A lo largo de su carrera, el prolífico artista lleva realizadas más de 8.000 obras, de las cuales una pequeña pero imponente selección, realizada entre 2019 y la actualidad, se presenta en esta muestra. Algunas piezas, creadas sobre Mylar —un material resistente usado en velas de navegación—, destacan por su brillo particular.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.

    Hoffmann está convencido de que es mejor firmar las obras en el reverso y no en el frente, un anonimato que las hace más accesibles al público, algo que va en sintonía con la decisión de no titular sus obras, sino tan solo numerarlas.

    Este artista que estudió en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Cuyo no quiere dirigir ni limitar la interpretación del espectador: “Prefiero no ponerles título a las obras, es un juego lúdico, así evito encasillar las percepciones del público”, relata.

    Una de las obras más llamativas de la muestra se conforma de una pecera en la que flotan, navegan y se arremolinan sus guantes de trabajo, salpicados de colores y pinceladas, iluminados por una luz negra que destaca los tonos fluorescentes y que dan cuenta de la labor minuciosa de cada trabajo.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.

    Sobre esta obra, Hoffman recuerda: “Siempre que terminaba de trabajar, miraba mis guantes y pensaba ‘son tan lindos que algún día los voy a usar en una obra’. Yo espero al momento en que la obra quiere materializarse. Un día los tiré al agua y empezó a funcionar. Entonces trabajé con colores flúor y eso se potenció con la luz negra. Lo curioso es que un día, el director del Cirque du Soleil vio la obra y la llamó ‘El océano del futuro’. Me fascinó cómo transformó algo lúdico en un concepto crítico”.

    Lo cierto es que para Hoffman “una obra puede disparar un montón de percepciones distintas y eso es lo dinámico del arte, por eso prefiero no poner títulos, no encasillar al que observa”.

    Curada por Javier Segura, la muestra toma su título de la canción “La montaña” de Luis Alberto Spinetta (del álbum Pelusón of Milk), que resonaba en el taller del artista mientras preparaba esta exposición.

    “El título coincide con lo que siento cuando vuelvo a Mendoza, un lugar que para mí termina en la montaña, en el límite con Chile. Ese paisaje es mi mi refugio, mi casa natal, a la que siempre estoy volviendo”, comparte el artista que reside actualmente en Buenos AiresTodos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.Todos quieren mi montaña, que reúne cerca de 30 obras de los últimos cinco años del artista Eduardo Hoffman en UGallery. Foto: gentileza.

    Una danza intuitiva

    A la hora de elegir la paleta que va a volcar sobre sus lienzos, el artista dice que es como “una danza intuitiva”: “Vas con un tono y ese tono te va pidiendo otro. Se va componiendo sobre la marcha. Hace mucho tiempo que no boceto. No tengo una tonalidad preferida, me llevo bien con el verde, con el azul, el amarillo, el magenta, el naranja, con todos los colores”, asegura.

    Sus pinturas evidencian salpicaduras, pinceladas y texturas que conforman paisajes imaginarios. En una ocasión, mientras trabajaba en su taller en Mendoza, se dio la vuelta con el repiquetear de un colibrí contra su ventana, que había confundido los colores de sus telas con una verdadera flor.

    Con una destacada trayectoria, Hoffman ha participado en eventos internacionales como la Bienal de La Habana, la Bienal de Venecia, FIAC París, Art Basel y Documenta Kassel en Alemania. Además, sus obras engalanan espacios emblemáticos como la Fundación CajaSol de Sevilla y el hotel Rosewood de Londres.

    En el primer piso de UGallery, el trabajo de la diseñadora mendocina Valentina Musa complementa la exposición al llevar las obras de Hoffman al lenguaje textil. Este diálogo entre arte y diseño se manifiesta en piezas de indumentaria sublimadas, que reinterpretan las pinturas del artista.

    UGallery propone una agenda interdisciplinaria que incluye pintura, escultura, cine, cerámica, textiles, joyería y diseño de objetos. En colaboración con los ministerios de cultura provinciales, desarrollará actividades como visitas guiadas, charlas, talleres y experiencias de difusión internacional.

    La muestra de Eduardo Hoffman puede visitarse gratuitamente hasta marzo, en Posadas 1487, de lunes a viernes de 12 a 19, y los sábados con cita previa.


    Sobre la firma

    Mercedes EzquiagaBio completa

    Fuente: Clarín.com