Autor: Jorge Alfredo Baret

  • Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta liman asperezas y el PRO se debate entre duros y moderados

    Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta liman asperezas y el PRO se debate entre duros y moderados

    Mauricio Macri tuvo sus días de furia. El allanamiento a su secretario privado en el marco de la causa por espionaje que se tramita en Lomas de Zamora, que el sector moderado del PRO condenó de manera tibia, y por lo bajo a regañadientes, y el comunicado partidario por el crimen del ex asistente personal de Cristina Kirchnerque terminó de exponer las diferencias internas, ya habían sido tomados por el ex Presidente casi como una afrenta personal hacia él.

    En su nueva casa de la zona norte del Gran Buenos Aires, que acondicionó después de dejar el poder, Macri incluso llegó a decir por esas horas en conversaciones privadas, mientras Juliana Awada servía el café, que algunos dirigentes del PRO cometían un “parricidio”.

    Pero si la diligencia judicial en el departamento de Palermo de Darío Nieto, y la avanzada de Horacio Rodríguez Larreta y los moderados del PRO tras el asesinato de Fabián Gutiérrez, que forzaron la creación de una mesa ejecutiva para socavar a Patricia Bullrich -es decir, a Macri-, no fueron suficientes, la foto de dos viejos conocidos como Jorge Macri y Néstor Grindetti en Olivos, en compañía de Alberto Fernández y el intendente Juan Zabaleta, fue la estocada final.

    “¿Era necesario?”, les mandó a decir a su primo y al intendente de Lanús tras la reunión en la quinta presidencial, en el momento de mayor efervescencia partidaria y una semana después de que el fundador del PRO sintiera, con el allanamiento a su secretario, cómo la Justicia le soplaba la nuca.

    “Dolido. Se siente dolido”, traducían desde su entorno por esas horas. Un mensaje a aquellos que, por acción u omisión, después de su salida de la Casa Rosada, no reivindicaron públicamente su figura, o al menos no como el ex Presidente hubiera pretendido. Incluido especialmente Rodríguez Larreta, principal promotor del sector moderado y aliado circunstancial del Gobierno en la administración de la cuarentena que, como Macri dejó trascender en reiteradas oportunidades, hubiera abordado desde otra perspectiva.

    El último encuentro de la cúpula del PRO, en febrero, antes de la pandemia El último encuentro de la cúpula del PRO, en febrero, antes de la pandemia

    El lunes 20, ni a Macri ni al jefe de Gobierno se les ocurrió saludarse por el día del amigo, por una sencilla razón: nunca lo fueron. El estrecho vínculo de más de una década no traspasó jamás el límite de la gestión y la política. Pero el morbo por los sucesivos cortocircuitos en la relación, y la oportuna puesta en escena de Alberto Fernández en el acto del 9 de julio, que lo presentó como el “amigo Horacio Rodríguez Larreta”, llevaron al jefe de Gobierno a aclarar que él no era amigo del Presidente, pero tampoco de su antecesor. En igualdad de condiciones.

    Macri y Rodríguez Larreta hablaron un buen rato hace dos viernes, después de la conferencia de prensa de Olivos en la que se anunció la flexibilización de la cuarentena, más de 120 días después de que el Gobierno la impusiera por primera vez y de un hartazgo general que corroe incluso el humor de los propios gobernantes.

    “Siento que es la primera vez que doy una buena noticia en cuatro meses”, se sinceró el jefe de Gobierno frente a sus colaboradores, que coincidió, según relataron en su entorno, con la mirada del ex Presidente. Macri le dijo ese mismo viernes que le había gustado no solo la puesta en marcha de un plan integral y gradual de reapertura de las actividades, sino especialmente el “compromiso con la libertad” que Rodríguez Larreta enfatizó en su discurso.

    Diez días atrás, en su reaparición pública en formato de entrevista con el escritor Álvaro Vargas Llosa, el ex mandatario había machacado con que el Gobierno había intentado “avanzar sobre las libertades”.

    Después de semanas plagadas de tensión, y de meses de recelo mutuo, Macri y Rodríguez Larreta limaron algunas asperezas provocadas primero por el futuro de la coalición y del PRO y por rencillas pendientes de la derrota del año pasado, y después por la clase de vínculo que la oposición debería tener con el Gobierno, que varía según los actores. Intercambiaron de hecho algunas preocupaciones, como el intento del oficialismo de desplazar al procurador interino Eduardo Casal con la amenaza del juicio político. Una presión similar a la que Cambiemos ejerció durante su mandato para forzar la salida de Alejandra Gils Carbó.

    El jefe de Gobierno en Olivos, junto a Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof (Presidencia)El jefe de Gobierno en Olivos, junto a Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof (Presidencia)

    El domingo pasado, el ex presidente y el jefe de Gobierno volvieron a coincidir además en un encuentro virtual, vía Zoom, con los principales referentes de Juntos por el Cambio. La nota distintiva no fue la conversación en sí, si no el descuido que trascendió: cuando se saludaron y empezaron la charla se dieron cuenta de que se habían olvidado de avisarle a la Coalición Cívica. Ya era tarde. Maximiliano Ferraro Maricel Etchecoin todavía se preguntan cómo fue que pasó. Se habrá lamentado Rodríguez Larreta, un cuidadoso del vínculo con la CC de Elisa Carrió.

    “Mauricio y Horacio están mejor. Pueden tener sus bemoles. Horacio quiere ser el candidato de una coalición, pero sabe que es una carrera de obstáculos”, asegura un encumbrado dirigente del PRO que dedica buena parte de su tiempo a la campaña nacional del jefe de Gobierno, que, según él, lleva cinco décadas: “Dice que a los cuatro decidió que quería ser presidente,así que hace 50 años que trabaja para eso”.

    Lo que no aclara el dirigente es si entre los obstáculos figura Macri.

    Promotor de la llamada ala dura junto a la ex ministra de Seguridad y Miguel Ángel Pichetto, entre otros, el ex Presidente sabe que Rodríguez Larreta lo necesita. Y viceversa. Como la fórmula que Alberto Fernández y Cristina Kirchner, aún con diferencias, moldearon para ganar las elecciones: “Con Macri no alcanza, pero sin él no se puede”, reconocen en el seno del PRO moderado.

    La espuma de la puja partidaria entre duros y moderados bajó en los últimos días. La propia Patricia Bullrich se serenó después de la creación de la mesa ejecutiva, que el jefe de Gobierno diseñó durante el fin de semana del asesinato del ex secretario de CFK junto a María Eugenia Vidal, un puñado de diputados encabezados por Cristian Ritondo Álvaro González, y los intendentes del Gran Buenos Aires.

    Patricia Bullrich (REUTERS/Agustin Marcarian)Patricia Bullrich (REUTERS/Agustin Marcarian)

    Las semanas previas habían estado atravesadas por acusaciones y operaciones cruzadas. Colaboró particularmente la comida de los primeros días de junio en la sede porteña de Uspallata -en donde hasta ese momento se incumplía cualquier protocolo sanitario- entre Rodríguez Larreta, la ex gobernadora, el senador Martín Lousteau Emilio Monzó, que la ex ministra de Seguridad, que piensa y habla como Macri, calificó en privado como “el almuerzo de los traidores”.

    “¡Estaban confabulando!”, llegó a advertir Bullrich a su entorno. “Tal vez dice eso porque quería estar”, ironiza ahora uno de los comensales. La ex ministra y el jefe de Gobierno se respetan profesionalmente. Y hasta se aprecian. Y sostienen una alianza en la Ciudad que por momentos pende de un hilo. Bullrich es una de las dirigentes que el Gobierno local mide sistemáticamente.

    Antes de esa comida, el jefe de Gobierno había invitado a almorzar a su oficina del tercer piso a Marcos Peña, que habla fluido con Macri desde su confinamiento en el country Chacras de Murray y que hace meses se propuso tratar de recomponer vínculos. Rodríguez Larreta es un experto en el arte de acumular relaciones.

    El ex jefe de Gabinete, de todos modos, no tiene pensado por ahora volver a pisar en terreno electoral, consagrado en ese rubro como infalible hasta el año pasado. Peña está abocado a la consultoría política y económica ad hoc junto a Nicolás DujovneFernando De Andreis, otro de los incondicionales del ex Presidente, sigue en el día a día desde el campo familiar en Balcarce, en la provincia de Buenos Aires. En los últimos tiempos, Ernesto Sanz, cofundador de Cambiemos junto a Carrió, volvió a acercarse activamente a Macri: hablan seguido.

    El ex jefe de Estado no adelante por ahora nada sobre su futuro. En la entrevista con Vargas Llosa, solo se limitó a decir que estaba dedicado a la “unificación” de Juntos por el Cambio. Pero en su entorno dejaron trascender entonces que podía buscar una candidatura, como una respuesta al avance del sector moderado.

    Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Maximiliano FerraroHoracio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Maximiliano Ferraro

    Hay en el PRO una duda que los atraviesa, más allá de los nombres. Y es si el Gobierno al final avanzará, o no, en la eliminación de las PASO, a pesar de que en Casa Rosada juran que, por ahora, no hay nada bajo estudio. Las primarias funcionan como factor ordenador de poder. De eliminarse -la excusa del elevado costo inhabilita el rechazo de la oposición-, ¿quién se erigiría con la autoridad suficiente como para pararse por encima del resto y manipular la lapicera? ¿Macri? ¿Rodríguez Larreta? ¿Los aliados?

    Hace algunas semanas, Monzó, que trabaja en la construcción de un espacio de centro y auspicia la candidatura del jefe de Gobierno, recibió a solas a Pichetto en su departamento porteño. Le habló de la necesidad de buscar consensos y de ampliar el diálogo. El ex senador, flamante auditor, le contestó que estaba comprometido con Macri. Y volvió a exhibir su rechazo visceral con el kirchnerismo, que comparte con el ex Presidente, y en especial con Cristina Kirchner.

    Es paradójico porque Pichetto fue, durante la administración de Cambiemos, el principal defensor parlamentario de la ex presidenta ante el avance judicial que el propio oficialismo propiciaba mediáticamente.

    Eran otros tiempos. No existía el coronavirus. El ex mandatario pensaba que sería reelecto. Y Rodríguez Larreta no imaginaba, por entonces, que se transformaría después en un aliado circunstancial del Frente de Todos, aunque excusado con la administración de la pandemia. Por momentos, incluso con mayor afinidad con Alberto Fernández que con Macri.

    Fuente: Infobae.com

  • ¡Basta de justificar el delito! El pueblo argentino acompaña a Jorge Ríos

    ¡Basta de justificar el delito! El pueblo argentino acompaña a Jorge Ríos

    Es muy común en nuestro país buscar justificaciones al accionar de los criminales: “llevaban armas de juguete”, “lo golpearon pero no lo mataron”, “iban a robar una bicicleta”, “la situación económica es la causa”. Lo cierto es que no hay justificación válida para la acción delictiva. Es común escuchar que se justifican asesinatos explicando que si la víctima no hubiese reaccionado, quizás no la hubieran matado. Y lo peor es que esto termina atenuando la condena del victimario. Estas concepciones están cediendo frente a otras más racionales, más justas, basadas en la ley, y no en la ideología. Por eso hoy mayoritariamente el pueblo argentino comprende a Jorge y se pone de su lado.

    Estamos hablando de un jubilado y herrero que dormía en su casa de Quilmes. Dos veces durante esa misma noche habían entrado a robarle. A la banda de delincuentes todavía le quedaba algo más que sustraer y volvieron a entrar por tercera vez. Ahí Jorge opuso resistencia y cinco barras bravas lo golpearon salvajemente. Jorge está vivo, y lo que le ocurrió arruinó su vida; si hubiera sido asesinado, hubiese pasado a ser un número más de una estadística sombría.

    La agresión que sufrió fue injusta, ilegitima, violenta y criminal. Este es el marco en el que debe entenderse el ataque que recibió. Nadie se defiende de un abstracto, de acciones inexistentes. Jorge se defendió de un ataque que nunca buscó. Es importante entender esto para ir a un concepto básico de la legítima defensa consagrada en nuestra doctrina jurídica. La agresión que padeció es ilegítima, pues pone en peligro la vida y los bienes de una manera inesperada y tortuosa, que altera y genera una reacción en quien la recibe.

    Que cinco personas entren tres veces en una misma noche a robar en una casa habitada no tiene atenuante ni justificación. Terminemos con las justificaciones si queremos vivir en una sociedad donde la ley nos rija a todos por igual de manera que la valoremos como justa.

    Que vulneren la seguridad de los hogares es quizás una de las situaciones más temidas por la población. Es el lugar donde uno debería sentirse más seguro, y cuando esto sucede la víctima se aterra pensando en que podrían llegar a pegarle, robarle lo poco o mucho que tenga, o matarla. Por eso la ley protege la propiedad, porque allí residen la intimidad, los bienes, los afectos y la familia.

    Termina resultando funcional a la delincuencia que quien es agredido, lesionado y vejada su propiedad sea condenado por homicidio. Esto lo único que consigue es que quienes comenten un delito sientan que su acción ilegal, agresiva y violenta está amparada por la ley.

    Si el victimario comprende que tiene margen, que algún juez o fiscal va a darle la razón, que ya las cosas no son tan claras, y no siempre el que las hace las paga, consagraremos la impunidad.

    Por eso es tan importante el análisis de instancias judiciales que puedan entender la circunstancia completa de los hechos para proteger a las víctimas y a la sociedad. Inclinar la balanza a favor de los victimarios es dejar en soledad a una sociedad que, en este caso, lleva el nombre de Jorge.

    Hoy pierden las víctimas: los criminales matan más de dos mil ciudadanos cada año. Esos muertos no tienen debate y no siempre tienen justicia. Terminemos con la doble moral, aquella que genera una incertidumbre crítica del ciudadano que se defiende de una agresión violenta. Jorge pasó una noche de terror que lo marcará de por vida. Quienes entraron a su casa buscaron el riesgo y la violación de la ley. Ellos lo sabían, Jorge no. Por eso, es necesario preguntarnos: ¿de qué lado estamos? Yo, del lado de la víctima.

    La autora es doctora en Ciencias Políticas y presidenta de PRO.

    Fuente: Infobae.com     Patricia Bulrich

  • Municilpio de Vicente Lopez: NUEVOS PROTOCOLOS EN LAS DELEGACIONES DE VICENTE LÓPEZ

    Municilpio de Vicente Lopez: NUEVOS PROTOCOLOS EN LAS DELEGACIONES DE VICENTE LÓPEZ

    Durante la cuarentena, la Municipalidad de Vicente López mantiene abiertas las 5 delegaciones que tienen mayor afluencia de vecinos: Florida Este, Martelli, Carapachay, Puente Saavedra y Munro.

    Los espacios fueron preparados para atender a todos los vecinos que se acerquen tomando en cuenta el protocolo de prevención del COVID-19. Los puestos de atención fueron adecuados con una mampara para evitar el contacto interpersonal y se adquirieron termómetros para realizar toma de temperatura a toda persona que ingrese.

    En las delegaciones nombradas, el horario de atención es de 8 a 16hs. Se realizan reimpresiones de boletas, pagos, asesoramientos en general, extensión de ABL, y cualquier tipo de trámite o consulta.

    Adicionalmente, sumaron la atención telefónica a través de un call center, que funciona en horario extendido entre las 14 y las 20hs, para evitar que los vecinos se movilicen de sus hogares.

    Se habilitaron sacar un turno de atención a través de la web de Municipalidad de Vicente López y por vía telefónica llamando a la línea 147, de manera de que el vecino que requiera ir a la delegación lo haga de forma ordenada y controlada.

  • El dilema del Gobierno: los tres factores que condicionan la continuidad de una cuarentena flexible

    El dilema del Gobierno: los tres factores que condicionan la continuidad de una cuarentena flexible

    El presidente Alberto Fernández se encuentra en una verdadera encrucijada ante la nueva etapa de la pandemia COVID-19: por ahora no piensa en dar marcha atrás la cuarentena del AMBA porque entiende que los datos de contagios que llegaron en los últimos días son prometedores. Pero al mismo tiempo en el Gobierno temen que una flexibilización social del aislamiento desate un pico no deseado del virus y ven escaso margen de maniobra para controlar el peligro de una circulación masiva de gente.

    Con los números en mano el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, evaluó ayer que la tasa de letalidad en descenso y el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva hablan de una “cuarentena estricta de julio exitosa porque ralentizó la ocupación de camas”. “Esa curva se aplanó. Y los parámetros prioritarios están estabilizados gracias al esfuerzo de las familias, a los cuidados que se toman, los argentinos y las argentinas estamos haciendo un buen trabajo”, explicó. No quiso arriesgar más que eso.

    Hasta anoche, en la Casa Rosada eran de la idea de seguir adelante desde el 2 de agosto con un esquema de cuarentena como se dio hasta ahora y no volver a fase 1. “Sólo si vemos que sube la ocupación de camas y aumenta exponencialmente el índice de contagios volveremos atrás”, graficó un ministro en diálogo con Infobae.

    Desde esta perspectiva, el Gobierno cree que con los niveles de letalidad de entre el 1,66 y el 1,96% sumado a los niveles de ocupación de camas en el AMBA del 64,3% hay una situación “crítica pero controlable”.

    Sin embargo, los ánimos no son equidistantes en el AMBA: mientras que la administración de Horacio Rodríguez Larreta coincide con la mirada de la Nación en función de no dar marcha atrás en la cuarentena que viene, desde la gobernación de Axel Kicillof están “alertas” y aún no dan nada por cerrado. Incluso hablan de volver atrás pero bajo el marco de un “amplio consenso social” con la oposición, los empresarios y los movimientos sociales.

    Los datos de estas miradas diversas hablan por sí solos: en la provincia de Buenos Aires hay 88.709 casos confirmados de COVID y 1.471 muertos mientras que en la CABA hubo hasta ayer 51.977 contagios y 1.017 fallecidos.

    Ante este panorama Cafiero insistió: “No hay que tomar decisiones con una foto, sino evaluar un período de 7 o 10 días para ver cómo se fueron confirmando las curvas”.

    De cara a las definiciones que se vienen habrá al menos tres factores sensibles para el Gobierno a la hora de ordenar la nueva estrategia de una extensión de cuarentena como la actual en el AMBA o bien volver atrás en la fase 1 más restrictiva:

    Ocupación de camas. En el gobierno porteño aseguran que los niveles de ocupación de camas de terapia intensiva no representan hoy un inconveniente. Es más, la semana pasada había 290 camas UTI ocupadas y ayer se habían contabilizado 269. Esto implica un 54% de camas ocupadas en la CABA.

    “Con este panorama de camas ocupadas y un nivel de contagios más lento no hay posibilidad alguna de volver la cuarentena atrás”, explicó a Infobae un allegado a Rodríguez Larreta.

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    En el conurbano la situación es más compleja. Hay un 54% de las camas ocupadas aunque el crecimiento de contagios se ve acelerado y hay municipios con un escenario cercano al colapso sanitario en los hospitales.

    “Cuanto más cerca del primer cordón del conurbano nos ubicamos mayor es la cantidad de contagios y más complicada es la situación de camas UTI”, refirió un funcionario del Ministerio de Salud bonaerense.

    El intendente de Florencio Varela, Andrés Watson, lo explicó sin vueltas. “Si seguimos a este ritmo de contagios, habrá que volver a una cuarentena estricta. Hoy lo tenemos bajo control, pero no podemos jugar al límite. Si seguimos así, a partir del 2 de agosto creo que el presidente puede decretar medidas más restrictivas”, dijo. En Florencio Varela hay una ocupación de camas UTI en un 65%. Hay otros distritos que transitan la misma situación.

    A la vez, existen municipios en rojo por el nivel de incidencia de casos cada 100.000 habitantes. Por ejemplo, en Avellaneda ese dato es de 524,54 contagiados cada 100 mil; en Hurlingham 244,43; en Lanús 356,44; en Quilmes 403,98 y en Tres de Febrero 299,98, por poner algunos ejemplos.

    El transporte público. El otro eje de debate interno entre el Gobierno nacional, la administración porteña y Kicillof es el control del transporte público en el AMBA.

    Si bien aquí hay coincidencias entre las tres administraciones en que en la nueva etapa de cuarentena no se podrán flexibilizar los controles en el transporte de pasajeros y que se deberá mantener el servicio sólo para los trabajadores esenciales, el tema habla de una falta de estrategia aún ante esta problemática.

    Según el último informe que emitió ayer el Ministerio de Transporte que lidera Mario Meoni, hasta el viernes hubo un 23% de circulación de pasajeros en el AMBA.

    Ayer circularon 981.129 usuarios de transporte público en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Esto representa una reducción del 77% frente a los pasajeros que en promedio utilizaban el transporte público en días hábiles previos al aislamiento (4.242.450).

    A la vez, el último viernes circularon un promedio de 193 usuarios por colectivo y esa cifra significa una baja de 67% de pasajeros por colectivo en comparación a un día hábil promedio previo al aislamiento en el que el promedio era de 582 usuarios por unidad. En tanto, el promedio diario de la semana (20 al 24 de julio) fue de 944.381 pasajeros. Es decir, que no hubo grandes picos de pasajeros que hayan roto el protocolo de aislamiento en el transporte.

    Meoni llevó adelante un plan de controles fuertes en las estaciones de trenes y subtes. También se implementó el sistema “Reservá tu Tren” en los ferrocarriles Sarmiento, Mitre y San Martín. La semana que viene este sistema se aplicará también en la línea Roca.

    Sin embargo, en la Casa Rosada y en la provincia de Buenos Aires admiten que aún no le encontraron la vuelta al tema del transporte público de pasajeros. Si se relaja la cuarentena podría aumentar el nivel de pasajeros y ello automáticamente se traducirá en un incremento de contagios de COVID-19.

    No hay receta clara a la vista: en los ferrocarriles no se puede aumentar la cantidad de formaciones porque ya están trabajando al límite. Lo mismo ocurre con los subtes y los colectivos. “En el caso de que haya una apertura o cierto relax en la cuarentena los horarios picos serán incontrolables”, admitió un funcionario de la Casa Rosada que ve con preocupación este tema sensible.

    Personas circulan en la Estación Ferroviaria de Constitución en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni Personas circulan en la Estación Ferroviaria de Constitución en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

    En el Ministerio de Transporte sostienen que habrá que ordenar un esquema de ingresos laborales muy rígido en el futuro porque el nudo de botella de la mañana o de la tarde podría ser letal. Sin embargo, aun no hay nada previsto en carpeta y nadie logra definir si habrá un ajuste en el sistema SUBE. En Transporte aseguran que está descartado por ahora la idea de un bloqueo en la SUBE para aquellos que no tienen permiso. Pero también admiten que no hay una salida muy clara al respecto.

    Relajamiento y economía. En el Gobierno son conscientes de que replegar la cuarentena a fase 1 sería un gran problema para el humor social por el impacto económico que ello implicaría. La caída de la economía del 26%, sumada a los niveles de pobreza que superan el 45% en algunos distritos hacen pensar de que una cuarentena estricta profundizará esta grave situación socioeconómica. Pero en el Gobierno sostienen que a Alberto Fernández no le temblará el puso si tiene que regresar a una cuarentena estricta porque se disparan los casos de COVID-19.

    El punto es que de persistir en un esquema de cuarentena como el que se vio hasta ahora hay un temor tanto en la Casa Rosada como en La Plata y en la CABA ya que, evalúan, se podría dar un natural relajamiento ciudadano y el aislamiento será cada vez más difícil de cumplir.

    En el conurbano la impresión generalizada que hay entre los intendentes es que será muy difícil volver a una cuarentena estricta por el impacto económico que ello implicaría.

    “No podemos volver atrás salvo que haya hospitales desbordados y las imágenes de muertos en las calles. Pero en la actual situación cómo le explico a los comerciantes de mi distrito que desde el 2 de agosto deberán cerrar otra vez sus persianas”, dijo a Infobae el jefe comunal de uno de los municipios más poblados del primer cordón del GBA.

    El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, repite cada vez que se lo consulta que en el conurbano la situación “es crítica pero estable”. La mención admite problemas graves en la caída del ingreso, un incremento fuerte de la pobreza y la necesidad de inyectar más fondos para alimentos.

    Más simple: la ecuación que hacen en la Casa Rosada es que en el eventual caso de tener que volver a la fase 1 esa medida deberá ir acompañada por un fuerte desembolso de fondos para atender a los sectores más vulnerables para evitar un desborde social.

    Ayer, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco, destacó ayer que están viendo un “repunte en el nivel de actividad”, en indicadores como consumo de energía eléctrica y de tarjetas de crédito. Algo similar observan en el Ministerio de Economía y en Producción. Pero en el análisis se admite también que sólo persistirá ese repunte económico si no se vuelve atrás con la cuarentena. En el caso contrario, el derrumbe de la economía podrá ser mayor.

    No opinan lo mismo de ese “repunte” de la economía los movimientos sociales, incluso de aquellos alineados al Gobierno. Desde la Corriente Martín Fierro, que adhiere al cristinismo puro, revelaron que “en los barrios se ve menos plata por falta de changas, hay una fuerte caída del consumo en los negocios barriales, un alto nivel de endeudamiento en los comercios y la demanda mayor de comedores escolares y ollas populares”.

    La secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, manifestó que el país se encuentra en una etapa de “aumento contenido de los casos” y que “estamos entrando en el momento de más tensión”. Esto es la puerta abierta al debate que se viene: volver a fase 1 o persistir en la actual cuarentena con los riesgos sanitarios que ello implicaría.

    Fuente: Infobae.com

  • Las peores 48 hs. del Gobierno: el enojo de Cristina kirchner y el plan contención

    Las peores 48 hs. del Gobierno: el enojo de Cristina kirchner y el plan contención

    El 9 de julio no salió como se esperaba. No sólo el de 1816, en el que los patriotas se juntaron a decidir una forma de gobierno y, cuatro meses de discusión mediante, apenas pudieron ponerse de acuerdo en dos escuetos párrafos que no decían demasiado, sino el de la semana pasada. En ambos hubo desinteligencias varias, y en el último ya la jornada había arrancado rara: los empresarios y sindicalistas que fueron hasta la Quinta de Olivos habían acordado una reunión mano a mano con el Presidente, pero se llevaron la sorpresa de que los situaran al frente de un acto por la fecha patria del que nadie les había dicho nada. CFK también se sorprendió.

    Desde su hogar en Recoleta, la vicepresidenta de la Nación se enteró por los medios de lo que estaba sucediendo. Nadie le había avisado, y menos la habían invitado. Sólo las paredes del departamento de Juncal en donde vive saben lo que habrá dicho Cristina Kirchner al notificarse de lo que para ella significó un feo destrato, pero su respuesta llegó en plato frío, en público y en tono belicoso.

    Es que tres días más tarde compartió una nota del periodista de Página/12, Alfredo Zaiat, en la que este criticaba duramente el encuentro del Presidente con “la derecha empresaria, el poder económico conservador, ideologizado al extremo y contaminado”, y le pronosticaba que se iba a llevar una “decepción” con estos hombres y mujeres de negocios. El texto podría haber sido una editorial dominical más, pero el mensaje que le adjuntó CFK cuando la compartió -“el mejor análisis que leí en mucho tiempo, imprescindible para no equivocarse”- lo remontó a la estratósfera de la interna oficial. El dardo de la política más importante del país provocó un tsunami en Olivos, el primero en lo que va del Gobierno que realmente penetra la coraza dura de negociador que lleva puesta el Presidente. Significó el primer cortocircuito real y contundente entre ellos dos.

    LOS EMPRESARIOS Y SINDICALISTAS QUE FUERON HASTA LA QUINTA DE OLIVOS HABÍAN ACORDADO UNA REUNIÓN MANO A MANO CON EL PRESIDENTE, PERO SE LLEVARON LA SORPRESA.

    “No nos hace bien esto, que haya diferencias entre la cúpula principal. Hay que regar la planta de la unidad, divididos nos fue muy mal”, se sinceró Eduardo Valdés ante el periodista Pablo Duggan. Algunos, como Sebastián Galmarini, intentaron poner paños fríos. “Es una gran noticia el disenso interno, a nivel estrategia y comunicación sirve para copar la centralidad del escenario, que hoy está en discusión, y capturar al moderado”.

    Equilibrio. De cualquier manera, Alberto Fernández quedó desconcertado cuando vio el tuit de su coequiper. No fue el único: desde el domingo al mediodía el círculo más alto del Ejecutivo se puso como misión intentar comprender el sorpresivo enojo de CFK y pacificarlo. El propio Presidente habló por teléfono con ella en varias ocasiones, el martes y el miércoles, pero ninguno de los dos quiso o intentó sacar el tema a la luz. Fueron 48 horas de zozobra, y escaló hasta tal punto que, por primera vez en lo que va del Gobierno, la Vicepresidenta felicitó a un ministro nacional en público. El elogiado fue Martín Guzmán.

    También fue llamativo ver a Máximo Kirchner en el bando de los sorprendidos. El reclamo de CFK también le cabe a él: el jefe del bloque del Frente de Todos, junto a Sergio Massa y “Wado” de Pedro, venía de reunirse en la primera semana de julio con el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, con Marcelo Mindlin, de Pampa Energía y otrora enemigo K, y otros popes empresariales a los que la vice dice no tenerles ninguna simpatía. De hecho, Máximo estuvo hasta casi las 12 de la noche del martes reunido con Alberto en Olivos, intentando comprender la situación y buscarle una solución.

    LA HIPÓTESIS MÁS ACEPTADA EN LA QUINTA ES QUE CFK SE SINTIÓ DESTRATADA POR NO HABER SIDO INVITADA.

    Hasta ahora, la hipótesis más aceptada en la Quinta es que CFK se sintió destratada por no haber sido invitada -aunque probablemente no hubiera ido- al acto del 9 de julio, y que, además, no se haya incluido en esa mesa a figuras de los Derechos Humanos o de los movimientos sociales. Pero hay otro tema también: ¿A CFK le habrá dolido ver a su hijo y a “Wado” haciéndose carne de la lógica albertista de tender puentes a personas que a ella jamás le agradaron? Es decir: ¿Máximo está más cerca del pensamiento de Alberto que del de Cristina? Por ahora es una pregunta sin respuesta, aún cuando la profecía de Massa -“Máximo es más Néstor que Cristina”- empieza a tomar forma.

    Grietas. El mensaje de CFK abrió una grieta en aquel lado de la grieta, y por ella se filtraron podredumbres e internas. Hebe de Bonafini, que ya había criticado duramente al Presidente a principios del año, aprovechó el envión y le espetó a Alberto aquel encuentro, polémica a la cual se sumaron Julio De Vido, que a su vez fue replicado con dureza por Juan Grabois. El dirigente social, que empieza a acumular enemigos en los ministerios de Justicia y de Desarrollo Social, publicó un texto en un libro recién estrenado de la editorial Siglo XXI -“La vida en suspenso”- que suena premonitorio: “La unidad nacional parece difícil, con una dirigencia narcotizada por las aspiraciones individuales y las pujas de facción”.

    De todos los antes mencionados, salvo, claro está, la excepción de la jefa, empiezan a estar abiertamente hastiados en Olivos. Sin embargo, como recomendaría el Papa Francisco, quien no pierde el contacto directo con Alberto ni la influencia en el oficialismo, el Gobierno mostró la otra mejilla, y el Presidente publicó una respuesta a Bonafini en tiempo récord. “La respuesta a Hebe fue una respuesta a dos bandos, al tuit de CFK”, admiten en el albertismo, y habría que sumarle una más: Alberto también habla e intenta contener a todo el cristinismo duro, sin el cual no le dan los votos para gobernar.

    “LA RESPUESTA A HEBE FUE UNA RESPUESTA A DOS BANDOS, AL TUIT DE CFK”, ADMITEN EN EL ALBERTISMO.

    De hecho, también se sumaron al operativo contención los ministros Agustín Rossi y el bonaerense Andrés Larroque. La presencia de este último, camporista de la línea dura, fue otra señal en sí misma: en este round jugó en el bando albertista. Sorpresas da la vida, aún cuando en lo que no dicen ni Rossi ni Larroque hay también información: a apenas siete meses de Gobierno los funcionarios tienen que salir a sostener al Presidente en público.

    Los problemas de la coalición, en la que el kirchnerismo tiene más votos y por lo tanto más representatividad, empiezan a mostrarse sin tapujos. Eso ocurre aún cuando Jefatura de Gabinete se desgañita intentando tapar los baches: desde que el bando cristinista duro, con Aníbal Fernández, Sergio Berni, Roberto Navarro y Daniel Tognetti a la cabeza, empezaron a exigirle al Gabinete que “pongan más sangre”, en palabras del ex candidato bonaerense, Cafiero y los suyos levantaron el perfil como nunca. “Quieren radicalizar la situación, quieren sangre y quieren enfrentamiento, y no es lo que pide hoy la sociedad. Para eso ya va a llegar el 2021, y tenemos los fierros y la gente para eso, pero ellos no lo saben porque la ven de afuera y no la entienden”, razonan en Jefatura.

    A pesar de la lógica antigrieta, que es la que catapultó a Fernández a lo más alto de las encuestas, en los pagos de Cafiero parece que están empezando a poner en práctica la clásica táctica de “haz lo que digo y no lo que hago”: el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, cruzó con dureza a Mauricio Macri en las redes tratándolo de “inútil”, saga a la cual se sumaron los tuits de Cafiero ridiculizando al periodista Diego Leuco. Además, aunque en un tono muy distinto, Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete, dio por primera vez desde que asumió una entrevista televisiva. En Jefatura parece que se están probando el casco.

    Fuente: Revista Noticias

  • El hilo cada vez más finito por donde se desplaza el Presidente equilibrista

    El hilo cada vez más finito por donde se desplaza el Presidente equilibrista

    En el Estado de Colorado hay un pueblito llamado Gunnison, de apenas dos mil habitantes, que figura en los libros de historia por un mérito extraño: fue el único lugar de los Estados Unidos que no sufrió ni siquiera una sola víctima por la violentísima epidemia de 1918. El método utilizado por los habitantes de Gunnison fue sencillo: decidieron que ninguna persona entraría al pueblo hasta que el peligro no se hubiera disipado. Su estación de trenes era muy transitada porque proveía de madera a toda su región. Sin embargo, si algún pasajero se atrevía a bajar allí, era inmediatamente arrestado. Así fue cómo ese virus letal, que diezmó inclusive a poblaciones de apenas cien esquimales en Alaska, no pudo entrar a Gunnison. Al final de esta nota, se cuentan detalles interesantes de esa gesta, que ubican en un rol central al periodismo local.

    Tal vez Alberto Fernández no conociera la historia de ese pueblito de Colorado cuando el 20 de marzo intentó una aventura dificilísima: transformar a la Argentina, una sociedad de casi 50 millones de habitantes, en Gunnison, un pueblito de 2000. Pese a las dificultades, esa experiencia tuvo resultados notables porque ahorró muchas vidas. Mientras en los países vecinos, los muertos se contaban por miles, o decenas de miles, la Argentina sufría, pero infinitamente menos. A medida que transcurrían las semanas, fue quedando clara la eficiencia del método Gunnison aun para una sociedad tanto más compleja. En casi toda América y Europa Occidental, ningún país de las dimensiones de Argentina había sufrido tan poco. Solo dos estados, mucho más pequeños, Uruguay y Paraguay, tenían mejores resultados: pero estos eran similares a los de provincias argentinas de su mismo tamaño.

    Alberto Fernández (Presidencia)Alberto Fernández (Presidencia)

    Esta semana aparecieron claros indicios de que el sueño empieza a desvanecerse. En los últimos días, la Argentina figuró en el pequeño grupo de diez países que han sufrido más de 100 muertos por día. Esos números son más terribles si se mira la tendencia, porque la semana anterior el promedio, para días hábiles, había sido de 70. Las preguntas que surgen de estos datos son terribles: ¿hasta dónde trepará esa cifra la semana que viene? ¿Cuánto tiempo durará este proceso? Es como haber entrado en un túnel cuya salida no se divisa: parece que todo será más doloroso y más largo de lo planeado. Desde el comienzo de la cuarentena, era lógico preguntarse si el encierro atenuaba el inevitable dolor o, apenas, lo postergaba. La vigencia de esta pregunta es ahora más lacerante.

    La Argentina llegó a este punto como resultado de una dinámica propia. A diferencia de lo ocurrido en otros países, como los Estados Unidos, México o Brasil, aquí las autoridades registraron rápido la magnitud del problema, confiaron en el enfoque de los mejores científicos y establecieron medidas restrictivas elaboradas en consenso entre las diferentes fuerzas políticas gobernantes.

    Mientras se derrumbaba la economía, las autoridades de todo el país debieron conseguir en tiempo récord barbijos, camisolines, camas, tests, respiradores, comida para los barrios humildes, instrumentar mecanismos de asistencia y cobro para millones de personas, y para decenas de miles de empresas, asegurar el abastecimiento y los operativos de control frente a los desafíos de la cuarentena, garantizar atención a la población más afectada e instrumentar mecanismos de información transparentes y confiables.

    Personal de la policía realiza controles el 29 de junio de 2020 en un ingreso a la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo Personal de la policía realiza controles el 29 de junio de 2020 en un ingreso a la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

    Dada la historia de nuestro país, y las evidentes fragilidades del estado argentino, los resultados hasta aquí fueron bastante respetables. Pero lo que viene parece peor que lo que pasó, con todo lo duro que fue.

    En otros países, fue el mismo poder político el que dudó demasiado o militó directamente en contra del probado método Gunnison. Aquí, en cambio, ese rol lo jugó un conglomerado de políticos opositores, periodistas que consideraban la cuarentena como una afrenta a su libertad personal, enardecidos tuiteros o simples ciudadanos. Los integrantes de esa improvisada alianza, en distintos momentos, convocaron a una sorda rebelión, aplaudieron pequeños gestos de desobediencia, denunciaron a los infectólogos, minimizaron los riesgos, participaron de marchas opositoras donde miles se mezclaban sin demasiado cuidado, celebraron esas barbaridades o, simplemente, necesitaron salir a trabajar, compartir un cumpleaños, o tomar juntos una cerveza el día del amigo.

    Alguien podría enojarse con tal o cual actitud. Pero, aun cuando algunas de esas conductas sean reprochables, es lógico que, varios meses después de iniciada la aventura, se produzcan dudas y trasgresiones. En los países libres no existe la unanimidad, ni siquiera ante una amenaza tan tremenda, y mucho menos cuando la única solución posible tiene costos altísimos. Tarde o temprano, la sociedad, con sus múltiples actores, va decidiendo qué costos decide pagar. Eso no lo puede digitar ni un presidente que respalda una cuarentena ni un periodista que convoca a la gente a salir a la calle: millones de personas toman sus decisiones y de allí surgen mejores o peores resultados.

    Cuando las cosas van bien, los presidentes se benefician de ello, aun cuando tengan poco que ver con los resultados. Y cuando van mal, se perjudican, aun cuando tampoco hayan sido los artífices. Como cualquier otro presidente, a Alberto Fernández le tocan las ganancias y las pérdidas que se desprenden de esas reglas.

    Las tristes noticias que, cada día, llegan desde los centros de salud, se agregan a un panorama económico desolador. Antes de marzo, la Argentina ya había sido golpeada por dos crisis muy duras. La primera arrancó en 2011, el año en que el país dejó de crecer y empezó a consumir vorazmente sus divisas. La segunda llegó en marzo de 2018, cuando se acabó el financiamiento externo, producto de esos largos años de recesión y luego de un endeudamiento récord en sus magnitudes y en su velocidad. Cuando todavía estaba sufriendo esos dos cachetazos, llegó el tercero: la pandemia.

    Esos antecedentes explican por qué la Argentina es de los países que invierten menos dinero en atenuar el desastre económico, y dispondrá de tan poco para impulsar la recuperación cuando la tragedia termine. Los mejores economistas saben que no hay magia posible. Alberto Fernández deberá gobernar en un país con el dolor a cuestas de una tragedia sanitaria que él no produjo, y con la fragilidad de una estructura económica que él heredó. Pero ambas cosas marcarán su destino.

    A todo esto se le agrega una dinámica de funcionamiento de su Gobierno que lo obliga a hacer equilibrio cada minuto ante conflictos surgidos del frente interno. Sergio Berni puede mostrar un arma larga, defender el asesinato de un delincuente indefenso y herido, desautorizar violentamente a la ministra de Seguridad o al mismo Presidente, reincoporar agentes policiales sumariados por corrupción o irrumpir en un operativo de seguridad de fuerzas federales, pero Alberto Fernández no puede echarlo porque Berni se respalda en la vicepresidenta. La embajadora designada en Rusia, Alicia Castro, puede cuestionar al canciller por su denuncia de que existen presos políticos en Venezuela. Pero el Presidente no puede sancionarla porque la respalda la vicepresidenta. En el momento en que se está cerrando la delicada negociación de la deuda externa, desde el entorno de la vicepresidenta se instala una campaña para estatizar Edesur.

    El gobernador Axel Kicillof y la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina FredericEl gobernador Axel Kicillof y la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic

    Y todo esto es solo la punta visible de un fenómeno que atraviesa a toda la administración. Es lógico que en una coalición haya conflictos. Pero, ¿no sería razonable que, ante un desafío sanitario y económico tan gigantesco, el comando fuera más coherente?

    Algunas personas, hace unos meses, temieron que, de la pandemia, surgiera un régimen totalitario e invencible. Más bien parece que toda esta gestión será un martirio traumático para sus protagonistas, que deberán demostrar un temple gigantesco ante la adversidad. Ni el mejor de los equilibristas puede sobrevivir indemne a un tsunami.

    Cien años atrás, Gunnison, ese pequeño pueblito de Colorado, resistió un desafío mucho más peligroso que este. Todos los pueblos cercanos se aislaron al comienzo de la pandemia. Pero, ante el éxito, se descuidaron y resultaron literalmente diezmados. Gunnison resistió hasta el final. En The Great Influenza, un fantástico libro escrito en 2004, el periodista John Barry narró con lujo de detalles la manera en que la prensa norteamericana contribuyó al desastre, al minimizarlo o editorializar en contra de las medidas restrictivas o cantar victoria antes de tiempo. Eso sucedió, en gran parte, porque el gobierno de Woodrow Wilson no quería que cayera la moral de un país que estaba en guerra.

    La prensa de Gunnison resistió ese clima junto al resto del pueblo. The Gunnison News Chronicle, “a diferencia de casi cualquier otro diario en el país”, decidió no jugar con fuego y advirtió, contundente:

    “Esta enfermedad no es un juego, por decirlo de manera liviana, sino una terrible calamidad”.

    Fuente: Infobae.com

  • «Las apariciones de Macri fundamentan el fanatismo y la legitimidad del kirchnerismo»

    «Las apariciones de Macri fundamentan el fanatismo y la legitimidad del kirchnerismo»

    No saludó a Mauricio Macri por el Día del Amigo. —Conservo amigos de la vida, amigos que he ganado en política y amigos de las actividades académicas y deportivas. A ellos fue que los saludé. Me preguntaron por Macri en particular y no, no nos saludamos. Era la verdad. Es un título que no nos saludamos por el Día del Amigo, pero es absolutamente descontextualizado. No somos amigos, pero sí compartimos la coalición de gobierno. Y actualmente compartimos la coalición de oposición. —Usted fue el más crítico cuando eran gobierno. —Así es. —Le marcaba diferencias a Macri con mucha dureza. Él lo llamaba a veces enojado. —Tuve una visión crítica en general sobre la estrategia política del gobierno y la circunscribo dentro de una mirada más estructural. La Argentina necesitaba en los tiempos de Macri un acuerdo gobierno-oposición sobre un modelo productivo, sobre los fundamentos de la economía. En la cultura populista que vive buena parte del mundo actualmente y de la cual la Argentina no es ajena, los acuerdos gobierno/oposición son claves para construir una economía razonable y sensata. Pactar el equilibrio fiscal, la circulación de la moneda, los aranceles externos, la política exterior y comercio exterior debería ser parte de esos grande acuerdos. Las democracias exitosas se dan con el acuerdo de oficialismo y oposición. Esa concertación no sucedió por errores propios de nuestro gobierno, del gobierno de Mauricio Macri, pero también porque tuvimos una oposición bloqueadora y muy salvaje: el kirchnerismo. El país antes de la pandemia necesitaba un gran acuerdo así. Y con posterioridad a la cuarentena, remedio de la pandemia en Argentina, vamos a necesitarlo aún más. Lo veo difícil, pero creo que vamos a tener que ir hacia ese lugar. Las críticas de entonces siguen vigentes hoy. No veo incoherencia en mi planteo, al contrario, Los incoherentes son los que eran chupamedias de Mauricio y hoy toman distancia. Fui crítico y lo que debatía es lo mismo, en términos estructurales, que planteo hoy. La coyuntura hizo cambiar muchas cosas. Algunas muy difíciles de procesar para el pensamiento tradicional del radicalismo, como el atropello a la Justicia, a la independencia de poderes y a la República. Son cosas que estamos viviendo incipientemente. “En este momento, Mauricio Macri no fortalece a la coalición, aunque sí garantiza su unidad.” —En 2019, cuando Macri era presidente, lo visitó en sus vacaciones de Villa La Angostura para insistirle en que no fuera candidato, que si persistía en la idea perdería la coalición gobernante. —Así es. —¿Para las elecciones de medio término de 2021 le recomendaría también que no sea candidato? —La figura de Mauricio Macri debe estar en nuestra coalición y es una contribución. Nadie puede perderse la experiencia de alguien que fue presidente de la Nación en los últimos cuatro años. Es un activo que esté ahí. Pero sus apariciones fundamentan buena parte del fanatismo y de la legitimidad del kirchnerismo. Es probable que Mauricio no contribuya en este tiempo al fortalecimiento de la coalición, pero sí contribuye estando dentro de la misma y garantizando su unidad o comprometiendo su unidad. Esa sería la medida justa. “Las democracias exitosas se dan con el acuerdo de oficialismo y oposición.” —¿Hay paralelismo entre él y Cristina Kirchner? —Lo que resume este tiempo es lo que dijo Alberto Fernández: “Con Cristina sola no alcanza, sin Cristina no se puede”. —¿Podríamos decir, análogamente, que “con Mauricio solo no alcanza, sin Mauricio no se puede”? —Hay un paralelismo, en el sentido de que Macri debe colaborar con la coalición de oposición. Pero en lo que no lo hay, y existen diferencias sustanciales, es en que Macri no tiene ningún interés ni vocación por llevarse por delante la República y la independencia de poderes, y cambiar el Poder Judicial por jueces amigos. En eso no hay paralelismo. En ese sentido, Macri está en el lugar correcto. Es republicano y respetuoso de la Constitución: ahí no hay paralelismo. Es algo mucho más sustancial. “La salida pasa por fomentar la inversión y construir un capitalismo de riesgo con un sólido consenso político y social. Hay muchísima gente que siente que pone más de lo que saca en pos de la unidad nacional”. (Foto: Pablo Cuarterolo)  —¿Cómo imagina el acuerdo entre oficialismo y oposición? —El acuerdo está impedido por los errores del pasado, errores políticos del Poder Ejecutivo, de Mauricio Macri en particular. Macri quería ir ley por ley en el Congreso y no un programa definido y concreto acordado con la oposición. Un acuerdo con los gobernadores peronistas y probablemente con Sergio Massa. Fue un error, porque había que acordar un paquete completo de reformas estructurales de la economía que nos sacara de esa situación y que otorgara resultados económicos virtuosos y de éxito. “La crisis social será de una magnitud inigualable, superior a la de 2001.” —Quizá Macri no tenía ese plan. —Es probable que no. Pero sí esbozaba reformas previsionales, laborales e impositivas. —¿Es probable que Alberto Fernández tampoco lo tenga? —Es muy probable. También hay un paralelismo. La Argentina necesita un buen gobierno y necesita una buena oposición. Durante el gobierno de Macri, tenía alrededor de setenta diputados, el primer bloque de oposición era el kirchnerismo. Y Agustín Rossi y Héctor Recalde, cada vez que conversaban con Emilio Monzó o con Mario Negri, planteaban que si se conseguía el quórum ellos bajarían a votar en contra. “No se preocupen por convencernos”, decían. Esa minoría es bloqueadora, porque si bien tenían alrededor de setenta diputados, influían sobre el resto del peronismo no kirchnerista, sobre el resto de los bloques a la hora del bloqueo de reformas. Esto pasaba porque los corrían por izquierda y los gobernadores y el resto del peronismo no se atrevía a pactar, o bien porque se entraba en una competencia al interior del peronismo acerca de quién es más opositor al gobierno. Había un bloqueo institucional en el Congreso, pero también había un bloqueo en la calle. La reforma previsional tuvo un bloqueo en la calle de los movimientos sociales que en ese tiempo controlaba el kirchnerismo. Hoy sigue el kirchnerismo controlando la calle. Hoy por hoy ese mismo grupo minoritario bloquea la posibilidad de un acuerdo. Si Alberto Fernández quisiera hacer un acuerdo con la oposición sobre reformas previsionales, laborales o impositivas, este grupo minoritario también lo bloquearía en el plano institucional. En el Congreso tienen más peso que el que tenían con Macri. También actuarían en la calle por el control sobre los movimientos sociales. Entonces, cualquier acuerdo de ese tipo termina siendo bloqueado por esa minoría kirchnerista, que está mejor organizada que la mayoría argentina. Ahí está la verdadera grieta. “La coalición de oposición está más unida que la coalición de gobierno.” —Eduardo Duhalde plantea que hay situaciones similares a la de 2002: después de la pandemia, con una crisis económica que va a ser igual o superior que en 2002, ¿será imprescindible un acuerdo de nuevas formas de gobernanza entre el oficialismo y la oposición, incluso con la posibilidad de que hubiera participación en ciertos cargos ministeriales, como el acuerdo de Duhalde con Raúl Alfonsín? En simultáneo, ¿sería la solución para Alberto Fernández que le permitiría construir una alianza superadora de la alianza de gobierno y que diluiría ese 25% de base kirchnerista? Y de ser posible, ¿comparte esa idea? —Sí. Me llamó el ex presidente Duhalde y coincido. Lo que no sé y no se intuye es que haya vocación en Alberto Fernández por ese acuerdo. Cada vez que hay un conflicto público o privado, Alberto Fernández se abraza a Cristina. Recomiendo ver cómo fue el debate en la semana de la comisión del Senado sobre un proyecto de fibrosis quística. Es un tema muy coyuntural, pero se perciben las dificultades para lograr un acuerdo. —¿La magnitud de la crisis social puede ser tal que anime al Presidente a reformular su coalición de gobierno? —La crisis social será de una magnitud inigualable, superior a la de 2001/2002. De eso no me cabe la menor duda. Las fórmulas para enfrentarla constituyen la verdadera grieta. La grieta es entre un sector que produce, que crea riquezas, que quiere progresar a través del esfuerzo individual y colectivo, y la de un sector que pretende un Estado multipresente, sin importar cómo se lo financie. Este segundo financia un sistema parasitario, que no propende al incremento de la productividad. El primero se siente amenazado todo el tiempo por este último. Esa grieta no es peronismo/antiperonismo: hay una serie de dirigentes de cultura peronista, republicana, que se afirma mucho más en esa mirada productiva. Pero hoy no muestran ningún atisbo de rebelión frente a la cultura kirchnerista. En ese marco no se sabe en qué lugar está parado Alberto Fernández. Y es para responder lo de 2001/2002 concretamente, la fórmula de la recuperación es un capitalismo de riesgo construido sobre un consenso social y político. No seguir de la misma forma, financiando un sector parasitario con un Estado que se apropia cada vez más vía impositiva del sector productivo. La salida de la pandemia tiene que ir por fomentar la inversión y construir un capitalismo de riesgo con un sólido consenso político y social. Así era antes de la pandemia. Y mucho más después de ella. “La Argentina necesita soluciones que no siempre miden bien en las encuestas. —¿Que no se pueda financiar ese Estado ominipresente del que usted habla facilitará un cambio de paradigma? ¿Que lo imponga la realidad? —Es muy probable que eso ocurra. Soy moderadamente optimista y creo que podemos estar frente a una oportunidad. La salida de la cuarentena va a ser una oportunidad para las ideas del verdadero progreso social. La oportunidad de cambiar relaciones laborales, de crear una legislación impositiva pro inversiones. También sé que el grupo bloqueador del kirchnerismo tiene una tremenda voluntad política y una impresionante organización. Puede que la sociedad argentina se esté cocinando como la gallina en el agua fría y que no se perciba que se está yendo hacia un callejón sin salida que no se pueda financiar. Que las personas mantenidas parasitariamente por el Estado no terminen de darse cuenta de que su subsidio no va a poder ser financiado, que cuando se den cuenta ya sea tarde. También puede suceder esto. La moneda está en el aire. La sincronización entre narrativa del poder político y realidad social que perciba la mayoría de los argentinos hará que caiga de un lado u otro. —Cuando Alberto Fernández fue jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, fue el artífice de la transversalidad que cooptó a dirigentes radicales. ¿Ve ahora un esfuerzo de él por conquistar a la parte más cercana al centro de la oposición? ¿Desea crear una nueva alianza que equilibre el poder “bloqueador” o su transgrieta es algo retórico y el verdadero Alberto Fernández es más cercano a las ideas del kirchnerismo? —Es la pregunta neurálgica. Conocí a un Alberto Fernández que tenía sobre él el poder político de Néstor Kirchner, que era un paraguas político importante. Ahora sobre él en teoría no hay nadie. Es el presidente de la nación, el diseño constitucional le otorga múltiples facultades, está empoderado. Deberíamos ver quién es el verdadero Alberto Fernández. Pero las ambigüedades son permanentes. No solo son los dichos, como los del memorándum con Irán, como las ideas locas de Fernanda Vallejos o contra el intento de expropiación de Vicentin por el kirchnerismo. “Durante la pandemia el Gobierno defendió más a las personas que a las empresas, a diferencia de lo que hizo Europa o Uruguay”. (Foto: Pablo Cuarterolo) —¿Esas ambigüedades son propias de una etapa previa a una definición o será algo permanente? —Otro ejemplo es lo que pasó con la negociación con los acreedores. Dijo primero: “Tenemos un plan, pero no lo vamos a formular hasta que no terminemos la negociación”. Y ahora: “No tenemos un plan”. Esas declaraciones tratan de no condicionar el futuro y resolver lo que sigue de una manera pragmática. Hay que analizarlo más por lo que hace que por lo que dice. Los hechos dirán si la reforma judicial es para remover jueces y cambiar y para controlar las causas Hotesur, Los Sauces y Cuadernos o para mejorar el funcionamiento de la Justicia. Los hechos van a hablar más que las palabras. En estos siete meses fue más que para el lado de promover inversión y una economía sana, para el otro: en los hechos fue hacia instrumentos más populistas. En la cuarentena, la asistencia no es a las empresas, sino a las personas. No hay propensión a que no mueran las empresas, a diferencia de lo que hicieron los gobiernos europeos o el uruguayo, u otros países. Los hechos hablan más que las palabras. —Néstor Kirchner le dijo alguna vez a George Bush: “Júzgueme por lo que yo hago y no por lo que digo”. ¿Dice algo el hecho de que Alberto Fernández haya estado más de una hora escuchando la idea de Eduardo Duhalde? —Es un hecho. Pero también es un hecho que estuvo tres horas con Cristina un poco antes. —¿Estamos frente a un statu quo indefinido? —La coalición de oposición está más unida que la de gobierno. A ellos los unifica el poder del Estado y son muy respetuosos de ese poder. Seguramente no quieren perderlo, con lo cual van a intentar mantener la unidad a como dé lugar. La Argentina necesita un acuerdo ahora de oficialismo y oposición, pero no creo que se pueda dar en el marco de tensión de la coalición de gobierno. No veo que Alberto quiera hacer ese consenso ahora. Una derrota del Frente de Todos en más de diez provincias en las elecciones de medio término quizás abra una posibilidad de un acuerdo de gobernabilidad y de sensatez. “A Alberto Fernández hay que juzgarlo más por lo que hace que por lo que dice.” —Si la oposición está más unida verdaderamente y el Gobierno se mantiene unido solo por su deseo de continuar con el poder, ¿tendremos un Gobierno híbrido, que no vaya ni a un lado ni a otro en los próximos tres años? —Mi pensamiento se basa más en la intuición que en informaciones. En estos siete meses, antes de la pandemia, el gobierno se enfocó en el tema de la deuda: si no se resolvía, no se podía hacer nada. Dieron muchas vueltas, cambiaron bastante su propuesta original, que presentaron como “última”. Pero no: se modificó un par de veces y todavía no se llega a un acuerdo, cuando es evidente que otros países en circunstancias similares con los mismos asesores financieros, como Ecuador, ya tienen su acuerdo. Se dilató innecesariamente, e incluso en esa dilación se pagó deuda. Tengo entendido que pagó más de 4 mil millones de dólares. No definir los temas impacta sobre la economía del país. Por todo eso, creo que va a ser bisagra la elección de medio término. “Me encantaría que Alberto Fernández tenga otra actitud, su papel es el de la unión nacional.” —Usted marcaba la posibilidad de que hubiese una derrota en más de una decena de provincias. ¿Cómo afecta o cómo va a afectar la crisis económica post pandemia el resultado electoral del año próximo, teniendo la historia de que en general los oficialismos con crisis económica pierden? —Si bien se define como progresista y de izquierda, el kirchnerismo ganó elecciones durante los mayores picos de consumo. El consumo no es un valor precisamente de izquierda. La salida de la pandemia será más o menos similar a la de 2001. Pero no será con el mismo mundo, que va a estar también en recesión. Pero la salida va a ser con la misma fórmula de 2001: un tipo de cambio real alto, y deterioro de los salarios y de los ingresos del sector público y privado. Eso llevó a que en los primeros años hubiera inflación baja. Aquí es probable que sea inflación alta, no creo que hiperinflación. Inflación alta más deterioro de los ingresos es mal humor de los sectores productivos y de los sectores asistidos. No es el mejor clima para el oficialismo. Pero tienen una enorme voluntad política y una enorme capacidad de organización, y suelen encontrar la manera de explicar lo inexplicable. Los gobernadores peronistas no deben estar cómodos con la cultura K. Pero no se ve ningún atisbo de rebelión ni de plantear otro proyecto. El oficialismo va a tener dificultades para mostrar éxitos económicos. Probablemente cuente con algunos indicadores de crecimiento interanual respecto al año anterior y eso le construya una narrativa. Pero las elecciones… —Alfredo, usted varias veces se refirió a 2021 como 2001. —Hablaba de 2021, perdón. Fue un lapsus. —Me parece que es un acto fallido que refleja la simetría que encuentra entre 2001 y lo que se está viviendo. Hace unas semanas, el intendente de uno de los municipios con más necesidades del Conurbano, José C. Paz, Mario Ishii, pronosticó una explosión social para fin de agosto. ¿Usted cree que existen posibilidades de que se repitan situaciones como las de hace veinte años? ¿Alcanzará con la contención de los planes sociales? —La minoría kirchnerista tiene control sobre los movimientos sociales. Esa influencia en la calle es importante a la hora de levantamientos sociales. Pero no descarto algún cisne negro en el tema social. No solo en el Conurbano, en los grandes centros urbanos de Rosario, de Córdoba, de Mendoza, existen problemas de pobreza, de exclusión, de marginalidad. Ése cisne negro puede aparecer en barriadas pauperizadas con un grupo, no de movimientos sociales sino de un lumpenaje revestido en la mística de movimiento social. La salida 2: “Va a ser con la misma fórmula del 2001: un tipo de cambio real alto, y deterioro de los salarios y de los ingresos del sector público y privado. Pero aquí se agregará inflación alta”. (Foto: Pablo Cuarterolo) —Fue ministro de Seguridad de su provincia antes de ser gobernador. Los resultados de su gestión fueron una base importante para que luego pudiera ser gobernador de Mendoza. ¿La inseguridad del delito y no la crisis alimentaria podrá ser ese cisne negro? —Es probable. Es el talón de Aquiles de la minoría kirchnerista. Construyeron un relato zaffaroniano que afirma que la exclusión social es la que genera el delito, hipótesis que ya está en desuso en el mundo. Es algo que pasa en todos los grandes centros urbanos. Los que más sufren la inseguridad son los sectores pobres laburantes.El ultragarantismo o abolicionismo más bien no es progresista. Por el contrario, los ciudadanos más pobres son quienes necesitan un Estado fuerte, que haga cumplir el Código Penal. Es otra de las cuestiones que cubren con relato. Y ahí tienen un alfil puesto en la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, que cubre la ideología abolicionista y de Zaffaroni que tienen los K con relato. “Las declaraciones de Berni van en una dirección, pero la política carcelaria del Gobierno va en otra.” —Patricia Bullrich y Sergio Berni coinciden en su opinión respecto de la seguridad. —Repito: hay que juzgar a los dirigentes políticos en general, pero al peronismo kirchnerista en particular, más por lo que hacen que por lo que dicen. Las declaraciones de Berni van en esa dirección, pero la política carcelaria del propio gobierno de la provincia de Buenos Aires va para otro lado. Por eso baten el parche con el discurso de mano dura. Es notable cómo salió Sergio Berni a defender al jubilado Jorge Ríos. —¿Berni cumple un papel acordado? —No me consta. Pero es muy llamativo. Son las antípodas. Una parte de los de los organismos que se autodenominan de derechos humanos está liderada por el kirchnerismo. Su posición es que la represión es la represión ilegal. Para ellos, la represión es mala palabra, incluso la legal. Sin embargo, Berni asienta su discurso en la represión legal, lo cual es razonable, dado que es una facultad del Estado. No sé si es algo acordado a pie juntillas, pero en la práctica lo hacen funcionar: uno patea con la pierna izquierda y el otro con la derecha. Los bonaerenses del Conurbano, y en general los mendocinos, por dar un ejemplo, están más de acuerdo con lo que dice Berni que con lo que dicen los dirigentes kirchneristas de los organismos de derechos humanos. Esos dos discursos intentan llegar a los dos extremos de la grieta. Una derrota en las elecciones de medio término quizás le dé sensatez y abra un marco de consensos.” —¿Sería un reflejo de una estrategia general: Cristina Kirchner diciendo una cosa y Alberto Fernández otra? Una estrategia a lo Mao Zedong, que acepten las contradicciones secundarias en la medida en que no se caiga en contradicciones primarias? —Sirvió en la PASO y en la general de 2019. Fue un experimento exitoso. Entre los dos, el que más tiene tendencia a desdibujar su papel es Alberto. Se percibe a medida que pasa el tiempo. —¿Sergio Berni interpreta mejor su rol que Alberto Fernández? —Sí —Lo veo pesimista respecto al futuro. —Me encantaría ver otra actitud de Alberto Fernández. No de ruptura con Cristina, pero sí de logro de acuerdos y demostrando su poder político. Especialmente, cada vez que le corren el arco. La economía necesita un acuerdo y está llamado a cumplir ese papel con el que lo premió la ciudadanía. Los oficialismos son quienes pierden las elecciones. Nosotros perdimos por nuestros sucesivos errores. No la ganó el Frente de Todos, pero reconozcamos que tuvo mucha mayor ductilidad y mejor estrategia a la hora de cambiar el candidato. El papel de Alberto Fernández es el de la unión nacional. Logró ganar con el apoyo de Cristina pero lo que necesita la Argentina es un sistema económico fiable, estable, productivo, que genere oportunidad para los más de 40 millones de argentinos. Eso no se consigue con populismo K. Se llega a esa situación por consenso. Su imagen se va desdibujando y puede que se le pase su cuarto de hora. “La verdadera grieta es entre quienes quieren producir y progresar y los que esperan todo del Estado.” —¿Le transmitió Duhalde lo que dice en los medios de que ve al Presidente “atosigado”, como decía Isabel Perón? El ex presidente dice que en siete meses se envejece siete años. —No estoy autorizado a contar una conversación privada telefónica. No me gustaría hablar en su nombre, no sería correcto. Debería pedirle autorización para eso. —¿Usted percibe deterioro físico en Alberto Fernández? —No lo conozco tanto. Sí lo percibo ambiguo y refugiado en el ataque a un grupo de opositores, entre ellos yo, en vez en profundizar los acuerdos necesarios. La ambigüedad le juega en contra. Deteriora su poder. Se refugia en el ataque a los que criticamos, a los periodistas. Nos atacan en vez de escucharnos. A Juntos por el Cambio lo complicaría más una llamada a un acuerdo que el ataque a sus dirigentes. “Cada vez que hay un conflicto público o privado, Alberto Fernández se abraza a Cristina.” —Mi pregunta era más general. Se la formulo de otra manera. Cuando iba a ver a Mauricio Macri y le decía primero que estaban haciendo mal las cosas y luego que debía correrse. ¿No percibió algo que recurrentemente sucede, porque ser presidente de Argentina es algo tan difícil que muchas veces los presidentes quedan aturdidos? —Lo percibí con Macri. Siempre tuvimos una relación mutua de mucho respeto. Francamente, no siempre fui escuchado. Con Alberto no hablé en los siete meses, salvo en una reunión que tuvimos por Zoom en la primera quincena de julio. Pero éramos casi treinta personas. Tiene un trabajo agobiante. Me pongo en su lugar. Los argentinos necesitamos estadistas más que políticos. Su agobio descansa en el éxito en las encuestas. El razonamiento es que se debe seguir así mientras las encuestas den bien. La Argentina necesita soluciones que no siempre miden bien en las encuestas. —A eso iba: quizás el rol de presidente sea menos agobiante en un contexto de consensos. —Exacto. —Se equivocó en eso Mauricio Macri y también podría equivocarse Alberto Fernández. —Lo ratifico 100%. Un acuerdo daría gobernabilidad. No es lo mismo hacer cambios laborales para que se tome más empleo con el acuerdo de oficialismo y oposición y con la venia de algunos sindicatos y algunas cámaras empresariales que sin esos acuerdos. Eso genera muchísimo menos tensión. A menos de seis meses o de un año, como han hecho otros países, se empieza a notar un aumento de la cantidad de empleo si se hacen las reformas. ¡Miércoles, si eso brinda legitimidad! Un acuerdo político con resultados económicos. Desde el punto de vista de la psicología individual del presidente, del agobio se pasa a una situación menos tensionante y estresante. No sé si es alivio, pero sería un gran avance. Y lo laboral es solo un ejemplo. —¿El agobio de los presidentes es directamente proporcional a la crisis? —Yo creo que sí. Más de uno me pregunta si yo quiero ser presidente. Mi respuesta es que no, pero que deseo que Juntos por el Cambio tenga un candidato a presidente con un plan. En 2023 ese plan debe consensuarse con la oposición. Cuando hay ideas fuerza razonables y sensatas, las campañas electorales se hacen mucho más llevaderas y los ciudadanos soportan mejor los cambios. En Mendoza hice un programa diciendo que había que equilibrar los gastos del Estado. Me dijeron: “¡Eso es ajuste! ¡Salvaje! ¡Neoliberal!”. Llegué al gobierno y reduje la planta de personal, fui el primer gobernador que dejó 9 mil empleados menos en la planta; en los cuatro años tuvimos equilibrio fiscal, nunca tuvimos que tomar deuda para gastos corrientes, a diferencia de lo sucedido en la década anterior a mi gobierno. Se habían originado problemas estructurales del Estado mendocino que no se resuelven en una sola gestión. Pero lo dije al principio. En materia de seguridad dije que se necesitaba organizar mejor el Estado: en la provincia estaba mejor estructurado el crimen organizado que el Estado para combatir el crimen. Y eso a pesar de que no existían actos criminales fuertes. Organizamos el Ministerio Público, se establecieron códigos procesales penales, se fortaleció el sistema penitenciario. Hicimos trabajar y estudiar a los presos. Tenemos una baja sustantiva en todos los indicadores de Mendoza en homicidios cada 100 mil habitantes y en robos agravados. Son hechos, no palabras. Y todo lo dijimos en la campaña, pese a que nos acusaban de neoliberales y de no respetar los derechos humanos. Los ciudadanos lo entendieron perfectamente cuando se hizo. En la Nación también hay que ir hacia un programa concreto. Paralelamente a ese programa concreto, la ciudadanía va a ir amoldándose a esos cambios. Sin duda, tiene que haber un acuerdo oficialismo-oposición en los principales puntos. “Tuve una visión crítica en general sobre la estrategia política del gobierno de Cambiemos.” —Hay encuestas que dicen que el 35% de los ciudadanos de la provincia estaría de acuerdo con una separación de Mendoza del resto del país. Usted habló de que lo que se planteaba era una autonomía económica y no una escisión. Me gustaría que describiera mejor qué es el Mendoexit. —Todo surge de un reportaje en una radio de Mendoza, donde dije que estábamos atacados en cuestiones como la de Portezuelo del Viento (N de R: se refiere al proyecto de lo que será la principal obra hidroeléctrica de la provincia). Le recomiendo mirar el informe, es muy breve y muy concreto, y tomado de datos oficiales. La Oficina de Presupuesto del Congreso acaba de mostrar en su balance de los seis meses que Mendoza es la más perjudicada de las provincias argentinas en la asistencia durante el Covid-19 y en general en los primeros meses del año. En ese contexto fue que se me preguntó. Me preguntaron si no tenía razón el movimiento que se llama Mendoexit. Dije lo que es lógico. Que somo una federación, no una confederación: la Constitución no lo permite, pero deberíamos empezar a pensar nuestra autonomía. Tenemos energía, tenemos recursos. Dije que hoy no es viable pero quizás en el futuro sí. Ratifico cada uno de los ejemplos que brindé en ese momento. La reputación en materia de deuda de Mendoza es muy superior a la de la Argentina. Cuando cae, no es mejor que la de la Argentina por el costo, por el riesgo país, pero mi provincia junto con Córdoba fueron las únicas que no entraron en default y pagaron su deuda. Nuestra reputación en deuda sería distinta si estuviésemos afuera de Argentina. Se renegocia la deuda de Argentina con los bonistas internacionales y los bonistas les preguntan a los negociadores por lo bajo de la ratio de deuda muy baja, un poco por encima del 10% del producto bruto geográfico. Nos preguntan si no estaremos usando la excusa del Covid-19. Hay que explicarles que nosotros producimos pesos y que la deuda es en dólares. —En los estudios de mercado, Mendoza siempre se comporta muy parecido a la Ciudad de Buenos Aires. Hay una zona centro del país que se comporta electoralmente de la misma manera. ¿Podríamos decir que el Mendoéxit refleja parte de la grieta entre sectores que producen y sectores que no producen? —Sí. Por eso tuvo tanta repercusión. Si bien lo expliqué, el título fue “Mendoexit”. Expliqué que esa grieta se refleja en las provincias del centro, pero que también se refleja en bolsones de productividad de provincias del norte y del sur del país. Hay muchísima gente que siente que pone más de lo que saca en pos de la unidad nacional.

    Fuente: Perfil.com         Jorge Fontevecchia

  • Renta básica universal: el Gobierno avanza en las características del sistema que sustituirá al Ingreso Familiar de Emergencia

    Renta básica universal: el Gobierno avanza en las características del sistema que sustituirá al Ingreso Familiar de Emergencia

    El Gobierno ya está analizando distintas alternativas para implementar un programa de renta básica o ingreso básico universal luego de la cuarentena. La idea es que reemplace al Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), el programa que ofrece un bono de $10.000 a trabajadores informales, monotributistas sociales y empleadas domésticas, y que en agosto iniciará su tercera ronda de pago.

    En las alternativas para implementar el programa están trabajando la Jefatura de Gabinete, tres ministerios -Economía, Desarrollo Social y Trabajo- y la Anses que por su capilaridad será la encargada de llegar a los futuros beneficiarios. Hasta ahora, en lo que coinciden es que el beneficio reemplazará al pago del IFE, pero no a otras prestaciones como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o embarazo, que se mantendrán como hasta ahora.

    Hasta ahora en lo que coinciden los organismos que analizan el cambio es que se reemplazará al pago del IFE, pero no abarcará a otras prestaciones como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o embarazo

    “Se está pensando en un beneficio para personas en mayor estado de vulnerabilidad luego de la cuarentena. El IFE dejó un mapa claro de la situación”, comentaron fuentes cercanas al Gobierno. En ese mapa, por ejemplo, quedó en evidencia que 4 millones de personas nunca habían tenido un trabajo en blanco o una cuenta bancaria. Ese número sería el piso de beneficiarios a los que está pensando llegar el Gobierno con la renta o el ingreso universal.

    Una de las opciones más avanzadas es que el programa estará también orientado hacia el empleo. Por ejemplo, una de las posibilidades en estudio es que las personas que lo reciban tengan además un proceso de capacitación y de inserción laboral en el sector privado. Por ejemplo, que las empresas puedan emplear a los beneficiarios, en una primera instancia, con fondos del Estado.

    Se analiza que el programa tenga alguna forma de inserción laboral para los beneficiarios (EFE)Se analiza que el programa tenga alguna forma de inserción laboral para los beneficiarios (EFE)

    Otro aspecto importante en el que se trabaja es que no haya intermediarios entre el Estado y los beneficiarios. “Que el registro y el criterio de elección esté en manos del Estado y no de organizaciones intermedias”, destacaron los informantes.

    “En el mundo ya hay un debate sobre el ingreso universal, a la luz de la inequidad y de las vulnerabilidades desnudadas por la pandemia. Más aún en países en desarrollo, donde el 50% de los trabajadores son precarios con ingresos inestables que caen a pique en las crisis. Pero no hay que confundir los términos: pocos países en desarrollo tienen los recursos fiscales para un ingreso universal”, señaló el economista Eduardo Levy Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.

    Pocos países en desarrollo tienen los recursos fiscales para un ingreso universal (Eduardo Levy Yeyati)

    “Lo que hoy se discute son extensiones de los programas existentes, como la AUH para menores o la PUAM para adultos mayores o el reciente IFE. En este sentido, las propuestas apuntan a un piso de ingreso para eliminar la pobreza extrema y el hambre, más que a una renta universal para la que deberíamos ver primero un fuerte crecimiento del ingreso per cápita y una recomposición de las cuentas públicas”, agregó.

    Aunque aun no hay precisiones sobre la implementación, podría considerarse como un ingreso mínimo universal a una transferencia equivalente a la línea de indigencia, no por hogares como el IFE, sino por persona, a los mayores de 18 años que no perciban ingresos. En ese caso, cada beneficiario debería tener una cuenta bancaria gratuita.

    El Gobierno busca que todos los pagos sean bancarizados, como se hizo con el IFE (Foto NA: JUAN VARGAS)El Gobierno busca que todos los pagos sean bancarizados, como se hizo con el IFE (Foto NA: JUAN VARGAS)

    Antecedentes internacionales y limitaciones

    Sin embargo, Levy Yeyati alertó sobre las dificultades que suelen tener los programas de inserción laboral. “Hoy los programas sociales ya piden esa contraprestación laboral, que suele reducirse al filtro de las organizaciones sociales, sin creación genuina de trabajo. Es ingenuo pensar que los beneficiarios de estos programas conseguirán un empleo en relación de dependencia: la Argentina, como muchos países en desarrollo, no crea suficientes empleos ni siquiera para su clase media formada, por eso los únicos trabajos que crecen son los precarios, independientes o informales”.

    “Pedir una contraprestación laboral suena bien pero en la práctica es una invitación a inventar trabajos ficticios y solo fortalece el rol de los intermediarios. Tiene más sentido que el programa sea universal, es decir, no condicionado, acompañado de un programa serio de formación y certificación laboral”, opinó Levy Yeyati.

    Tiene más sentido que el programa sea universal, es decir, no condicionado, acompañado de un programa serio de formación y certificación laboral

    La financiación del programa, en tiempos de aumento del gasto público, será una de las claves. “Esos programas requieren aumento de gasto permanente, no de única vez. Por lo tanto hay que saber que, a menos que reemplaces otros programas, el gasto total aumentará. La Argentina tiene déficit crónico que no puede financiar”, advirtió Juan Luis Bour, director de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

    A nivel global, hubo varios intentos en Europa de implementación programas de renta básica. En Finlandia, entre 2017 y 2018, estuvo dirigido a desempleados a los que se les dio 560 euros, pero no fue continuado. En Barcelona, en 2018, hubo un proyecto (B-Mincome) para familias de barrios pobres. Y en Suiza se realizó un referéndum para ver si la población estaba de acuerdo, pero fue rechazado. Ahora, con la crisis pospandemia, el tema se vuelve a debatir.

    Los países avanzados llegan a pensar en un ingreso universal porque todo el mundo genera ingreso y la mayoría altos ingresos. La Argentina es un país muy empobrecido

    “En la Argentina se podría hacer un ingreso universal reemplazando a todo el gasto asistencial que está muy superpuesto y desordenado, con repartos de dinero del Misterio de Desarrollo Social hacia las organizaciones sociales. Se puede llegar a pensar en unificar todo el gasto asistencial en una renta universal, pero no sería una solución a la pobreza“, detalló Jorge Colina, de Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

    “Los países avanzados llegan a pensar en un ingreso universal porque todo el mundo genera ingreso y la mayoría altos ingresos. La Argentina es un país muy empobrecido, donde la gran mayoría es pobre. Es muy inconsistente en la Argentina”, agregó Colina.

    Fuente: Infobae.com

  • La política exterior argentina: jugando en el bosque con el Dragón, el Águila y el Oso

    La política exterior argentina: jugando en el bosque con el Dragón, el Águila y el Oso

    Alberto Fernández ingresa a la Casa Rosada (Presidencia de la Nación)

    Una antigua canción, que acompañaba a un juego de velocidad y astucia para niños sirve para graficar el particular momento que se cierne sobre la Argentina en relación a su defensa externa y política exterior. “Juguemos en el bosque” nos recuerda que siempre hay un espacio de maniobra para movernos con cierta libertad hasta que un condicionante externo pone fin a dicho margen. Ser atrapado o perder la silla conllevaba siempre costos, que en nuestra inocencia significaba quedar momentáneamente- fuera de juego.

    Desde la finalización del mundo unipolar por el ascenso del Dragón, China, en los ámbitos políticos y académicos argentinos fueron tomando forma dos ideas. La primera, entiende que el margen de maniobra de nuestro país se incrementará a medida que avance el proceso de desobediencia hacia el poder del Águila, los Estados Unidos de América, y la construcción de una alianza sólida con Beijing, desafiando el statu quo vigente. La segunda idea, propone un ejercicio de equidistancia entre ambas potencias, y la consiguiente búsqueda de opciones. La primera expresa una idea de “guerra fría” y de bipolaridad; la segunda, es más acorde con un mundo multipolar.

    En el ámbito nacional, rápidamente se asumió que nos adentramos en una “segunda guerra fría”, a partir de los ataques de la administración de Donald Trump al orden liberal por su concepción política antiglobalista, y a casi dos años de iniciada la guerra comercial internacional.

    La reiteradas referencias locales a la existencia de dos proyectos de globalización competitivos, uno americano y otro chino, embarcados en expandir su influencia mediante una posición económica predominante, como señalan Blackwill y Harris en su trabajo “War by other means: geoeconomics and statecraft”, vuelcan el humor público hacia concepciones bipolaristas, sin atender a la existencia de un contexto de interdependencia global que previene de una formación similar presente en la segunda mitad del Siglo XX.

    El proyecto de política exterior de la administración de Alberto Fernández parece retomar el énfasis que se había expresado durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a favor de un potenciado alineamiento con China y en menor medida con el Oso, Rusia.

    Conocemos el tipo de grieta que produjo en la experiencia argentina la “Guerra Fría 1.0”. Quienes añoran ese período tan particular de la historia global deberían recordar que, lejos de aumentar el margen de maniobra, se incrementaron los condicionantes externos de nuestro país.

    Veamos qué pasa del otro lado del planeta. China enfrenta a una potencia fenomenal en el plano marítimo como es los EE.UU. junto a una miríada de aliados compuesta por la Armada Real Británica, la Armada Real Australiana, la Armada Real Neozelandesa y la de Canadá (país que también tiene un importante litoral oceánico en el Pacífico), todos unificados detrás de la imagen de la Reina Isabel. A ellos se suman Francia, y finalmente -como parte de ese conglomerado de “mil buques”- la fuerza naval y aérea de Japón, país que incrementa y moderniza sus capacidades a un ritmo equilibrado pero efectivo que se traduce -por ejemplo- en la adquisición de 100 unidades del moderno avión F-35 para desplegar en los buques clase Izumo.

    A pesar de la fuerte mirada naval que se tiene sobre este espacio, el Asia Pacífico sigue siendo un escenario eminentemente de poderes “continentales” o terrestres, como se los denomina en la jerga geopolítica. Al adentrarnos en la intrincada geografía regional, los ejércitos tienen un peso importante como se puede apreciar en Rusia, India, China y Pakistán. Si bien China y Rusia realizan una ejercitación tras otra, su acción coordinada en pos de enfrentar de manera directa a los EE.UU. continua siendo limitada. El Ejército Popular de Liberación chino sigue siendo el principal comprador de armas a Rusia, por lo tanto los ejercicios son una buena oportunidad de puesta a punto y de introducción a nuevos sistemas de armas, pero no son muestras de defensa mancomunados. De hecho, Rusia y China solo entrenan en el teatro de Asia central y el Pacífico. En el contexto europeo, China brilla por su ausencia. Por su parte, India, mientras afina su armada, continua incrementado su potencial misilístico aéreo con Occidente y su componente terrestre con Rusia. Como bien señala Robert Kaplan en su libro “La Venganza de la Geografía”, a pesar de la globalización la geografía sigue siendo la pesadilla de los líderes políticos.

    El paraguas nuclear es otro indicador relevante. La proliferación de misiles de mediano y corto alcance, que provocó la terminación del acuerdo de fuerzas nucleares intermedias (INF), demuestra que la región Asia Pacífico es inestable. Los problemas no son los misiles intercontinentales o ICBM en posesión de Rusia o de EE.UU., sino toda la gama de misiles nucleares existentes en el Asia-Pacifico. Razón sobrada para rediscutir los términos y condiciones del acuerdo INF, mientras se afinan las defensas balísticas.

    América Latina no se encuentra exenta de los coletazos de la creciente competencia geopolítica y económica en el mundo. A pesar de la preeminencia norteamericana en la región, es evidente que tanto Rusia como China operan cada vez con mayor intensidad en Sudamérica. Socios comerciales en múltiples proyectos, encuentran un área donde poder obtener los recursos que necesitan. A partir de la creciente militarización del espacio ultraterrestre, la presencia en Neuquén de una estación espacial controlada por China Launch and Tracking Control (CLTC), que reporta directamente al People’s Liberation Army (PLA), muestra hasta qué punto estamos enlazados con la dinámica que sucede del otro lado del mundo.

    En este sentido, el artículo publicado en 2019 por Ryan Martinson en el RUSI Journal considera a China como un poder creciente en el Atlántico Sur, en especial en el sector africano, que es donde operan con mayor frecuencia y rango de unidades. El Jefe de Operaciones Navales de la Armada Británica mencionó que la Armada de la República Popular China y su creciente actividad militar y económica en áreas navales de interés del Reino Unido necesitan ser “monitoreadas”. Corolario, vivimos en un mundo donde las tensiones producidas se acrecientan; por lo tanto, la “Guerra Fría 2.0” nada tiene que ver con la primera, sobre todo por el número creciente de los grandes poderes involucrados. Para un país como la Argentina, el desafío actual y para los próximos años es desentrañar de manera realista, sin voluntarismo ni prejuicios, cuál es la composición de fuerzas que se está dando en el mundo. En este sentido, la peor de las opciones sería comportarnos como si el sistema internacional fuese bipolar cuando es multipolar, o viceversa. La bipolaridad conlleva el riesgo de la sobrerreacción, y la multipolaridad, la desatención. Ambos tienen costos directos y externalidades que un país medio, como el nuestro, sentirá sin dudas en todos sus sectores. Estos errores pueden costar muy caro.

    Otro elemento importante es definir qué tipo de relación necesitamos con Brasil, con sus más de 200 millones de habitantes, un poderoso parque industrial y de servicios (con más de 15 millones de empresas), un PBI levemente superior al ruso, con amplios recursos naturales, y mega productor de alimentos. Los datos abruman: Los gastos en defensa de Brasil son ocho veces que los de la Argentina (nuestro vecino del norte tiene el onceavo presupuesto militar del planeta), la relación en población es de 4 a 1 y en PBI es de 6 a 1. En materia de reservas de los respectivos Bancos Centrales, la ecuación es 8 a 1. Brasil mantiene su objetivo de ser parte de la liga de los grandes poderes mundiales, un consenso que se mantiene a pesar de los cambios de gobierno, y que se expresa, por ejemplo, en las sucesivas incorporaciones militares realizadas por las distintas administraciones y su adscripción general a tener un entendimiento político con EEUU y un acercamiento económico con China.

    Cabe subrayar que, mientras las otras potencias con mayores recursos bélicos y económicos que Brasil tienen concentrados sus intereses en otras áreas del mundo, Brasilia los focaliza básicamente en nuestra región, una realidad que debe ser tenida en cuanta al momento de comparar a nuestro vecino con otras naciones poderosas extra-regionales.

    Un segundo escalón clave para un adecuado diseño de la política exterior es asumir que no se negocia o interactúa con los gobiernos y personas que resultan más afines en términos ideológicos con el propósito de dar respuesta a las minorías internas, las cuales distan de ser decisivas en términos de votos. Por el contrario, la práctica de la política internacional sigue siendo guiarse por los intereses nacionales de mediano y largo plazo, sin entrometerse en la política interna de los otros Estados, en especial cuando tienen más fortalezas económicas y militares que el propio. El eje principal gira sobre qué tenemos para ofrecer al mundo en relación con lo que necesitan de nosotros, qué queremos de ese mundo, y cómo esta ecuación articula con nuestros intereses de mediano y largo plazo, mientras todos “jugamos en el bosque” con el Dragón, el Águila y el Oso. Pero cuidado, porque ahora que la música comienza a apagarse y varios se preparan para salvaguardar sus intereses, otros se dirigen a paso redoblado a quedar fuera del juego, y antes de que aparezca el lobo.

    Fuente: Infobae.com

  • Rencores en el PRO

    Rencores en el PRO

    El peor regalo del Día del Amigo lo recibió Mauricio Macri: Horacio Rodríguez Larreta, en público, lo desconoció como entrañable, ni lo incluyó como “hermano del alma”, apenas si lo integró a una lista amplia de relaciones políticas, laborales, comerciales.   Preciada, claro. Justo le pasa a Macri que, por actividades varias (del deporte a la noche pasando ligeramente por el trabajo), debe haber sido el presidente con mayor cantidad de vínculos en su vida. Al menos, en comparación con los Kirchner, sea Néstor o Cristina, casi monjes ermitaños tibetanos en esa materia de confiabilidad. Hay quienes suponen que lo de HRL fue una respuesta a un acto de Macri que uno desconoce, mientras los más íntimos del jefe de Gobierno estiman que su concepto de amistad es tan limitante y añejo  que solo ha tenido dos exponentes en su vida: uno ya muerto, un nieto de la Fortabat, y otro que hace poco dejó la administración de la Ciudad, Gonzalo Robredo. Sin embargo, nadie imagina esa declaración desapegada cuando lo acompañaba al ingeniero como su colita rutera en la alcaidía porteña, menos cuando el boquense era presidente. Algo parecido a las fruslerías legislativas de esta semana en el Senado, cuando Martín Lousteau en su máxima belicosidad le demandó a Cristina que dejara de tutearlo: en rigor, que no lo tratara de vos, ese hábito que para él era un orgullo al momento de acompañarla como ministro de Economía hasta la infeliz 125, aunque sin alcanzar la cumbre cariñosa de Kicillof, al que ella premió con otra concesión: “A ver vos, chiquito, contame lo que vamos a hacer”. Mejor olvidarse. Hace menos de un mes, la grieta se cargaba a Macri. Hoy los números son otros. La indisimulable andanada oral de Rodríguez Larreta también incluye como portadora a María Eugenia Vidal, según algunos más indignada con Macri que el propio jefe de la Ciudad. A su vez, el viajero repentino a Paraguay a un almuerzo en la casa del ex mandatario Horacio Cartes en la calle España, cuyo mobiliario y decoración jamás hubiera elegido Juliana Awada, almacena rencores con quienes negocian con el oficialismo, alternan sesiones fotográficas conjuntas y suponen que habrán de superar una nefasta grieta. O sea, Rodríguez Larreta y la Vidal. Como se advertirá, la descripcion elude los ardorosos términos de tribuna futbolera que suelen acompañar estas expresiones. Pero la refriega actual no significa una ruptura del PRO, tampoco de la coalicion opositora –de la UCR, solo se trasvasó Ricardo Alfonsín con la embajada en Madrid–,  se empareja en menor intensidad al entuerto de Alberto Fernández con su segunda, Cristina, batallas de distinto porte que desgastan al otro pero evitan su aniquilación: en los dos bloques, cualquier quiebre o desprendimiento interno les arrebata el acceso o la continuidad en el poder. Y nadie olvide que la cabeza de los políticos está aceitada para 2021 y 2023, con o sin pandemia. Como la porfía de los Fernández cosecha más rating, también sus rabietas y reproches, transcurrió menos advertida la crisis del jefe de gobierno porteño con Macri. Pero tiene volumen y la piedra del escándalo, tal vez, se asienta en el espionaje denunciado a la administración pasada sobre opositores, asociados y parientes, que ha convertido en querellantes a Rodríguez Larreta, Santilli y la Vidal, entre otros. En ese tablero judicial y político, el ex mandatario en cuarentena tropieza con una doble dificultad: 1) si es cierta y conocía la tarea de inteligencia, razonablemente hay muchos amigos que negarán ese cálido vínculo y ahora agradecen la existencia del Zoom para no tratar esa situación en forma personal, hasta se recoge un imaginativo y pacífico diálogo por esa vía: “Bueno, si vos pensás así, mejor cortamos”; 2) si desconocía esa trapisonda, y esta se ejercía como parece, queda resentida su figura como conductor de gobierno. En su cercanía debe rumiar el disgusto por lo que le atribuyen con fieles como Dietrich o D’Andreis, y cada tanto alguna comunicación con Marcos Peña (quien le organizó el reportaje del hijo de Vargas Llosa). Del otro lado, Rodríguez Larreta y Santilli padecen un dilema semejante: ¿la policía que ellos dirigían jamás se enteró ni informó sobre ese núcleo de chapuceros espías que se entretenía con el mundo privado de sus propios mandantes? Y si así fue, cuesta entender la distracción. En esa confusión de dudas privan otras cuestiones. Vidal ya anunció que no hay que esperar más las encuestas para saber quién está mejor posicionado y que su destino, de nuevo, está en la provincia de Buenos Aires como candidata a diputada. No a la Capital para sustentar a Larreta, aunque es su referente en jefe. Y el titular porteño –quien esperara los resultados electorales del año próximo para lanzar más tarde su candidatura presidencial–, el que se considera un meritorio superviviente de la vida política argentina,  añora ahora no tener rulos para desentrañar la conveniencia o no de que Macri encabece la lista capitalina. Importa su deseo: controla como un cacique de provincia el aparato partidario. Hasta hace menos de un mes, la grieta se cargaba a Macri y hundía a voceros suyos como Patricia Bullrich. Hoy los números han cambiado. Y el alcalde revisa su táctica: la conciliación con Fernández (y hasta con Kicillof) no produce brotes verdes en el campo electoral. Tampoco lo estimula una pugna con Macri, aunque haya litigios personales o reconozca que el ingeniero solo pretende una sinecura legislativa –como su colega Cristina– para estar más protegido judicialmente de la artillería kirchnerista.   Complicación no menor el vacío de las primeras figuras del PRO en la Capital Federal: si hasta ya empezaron a medir a Quirós, el ministro sanitarista, como un eventual postulante. El virus seguramente habrá de participar en la elección como vector, su daño no alcanza limites.

    Fuente: Perfil.com      Roberto Garcia