Los datos están en todas partes. De hecho, los seres humanos en el siglo XXI nos hemos vuelto prácticamente máquinas de producir datos. Podríamos afirmar que casi todas las acciones que realizamos, desde elegir una película hasta scrollear en una red social mientras esperamos nuestro turno en un consultorio médico, genera algún tipo de dato, que luego será utilizado de tal o cual forma. La famosa enunciación que secunda el título de esta columna y que suele atribuirse a Thomas Hobbes, no es una simple frase hecha más. La información es poder, y los datos, pueden (o no), convertirse en valiosa información.
Recurrente. La idea del poder detrás del poder o el poder en las sombras, suena un poco a teoría conspirativa, pero es algo recurrente en la historia de la humanidad. Los masones, los templarios, las sociedades secretas, el poder económico, las grandes empresas, o los servicios de inteligencia, siempre han sido señalados como “el verdadero poder”, por su capacidad de influir en la toma de decisión, tanto o más que los gobernantes de turno.
La película norteamericana “The Post”, estrenada en 2017, relata uno de los hechos más significativos en la historia reciente de la prensa estadounidense. El film, dirigido por Steven Spielberg, se concentra en el escándalo político que provocó la filtración en la prensa de documentos secretos sobre la Guerra de Vietnam durante la década de 1970, y los esfuerzos del gobierno para evitar esas filtraciones. No es ni la primera ni la última película que tendrá como uno de sus temas destacados “El poder de los medios de comunicación”, temática por demás recurrente en el siglo XXI.
La idea del poder detrás del poder es recurrente en la historia de la humanidad
Pensemos ahora en la dimensión individual de esta frase. Cuando, por alguna razón, contamos un secreto muy personal a alguien, esta persona pasa a tener una suerte de poder sobre nosotros. Claro que, en una situación ideal, nunca contaremos un secreto a alguien en quien no confiáramos. Pero, lamento decirles que la vida está llena de situaciones no-ideales. Pensemos por ejemplo ahora en alguien que sabe cuáles son tus preocupaciones, tus gustos, tus miedos, tus amigos, tu ubicación en tiempo real de manera constante y tus conversaciones personales. Definitivamente tiene que ser alguien de muchísima confianza… ¿o no?
Dinero. Un estudio del instituto científico español Imdea Networks, realizado en 2017, reveló que siete de cada diez aplicaciones móviles comparten los datos de sus usuarios con terceros, generalmente con el objetivo de segmentar a los usuarios y personalizar mensajes de marketing digital. Diversos cálculos han estimado que, en un teléfono promedio, los usuarios contamos con alrededor de 25 aplicaciones, lo que querría decir que 18 de esas 25 apps están recopilando tus datos y haciendo dinero con ellos.
Otro estudio, pero de la Universidad británica de Oxford, descubrió que casi el 90% de las empresas que compartieron sus datos lo hicieron con empresas de Alphabet Inc., como Google o YouTube. Otras de ellas fueron Facebook o Twitter. Ahora bien. Seamos sinceros con nosotros mismos: ¿Cuántas veces hemos leído los términos y condiciones de alguna red social? Según un estudio de la consultora Visual Capitalist, el 98% de las personas entre 18 y 34 años no lee los famosos términos y condiciones. Es decir que prácticamente nadie está al tanto del contrato que acordamos respetar con las aplicaciones con las que convivimos casi todo el día.
Pero no pensemos que solo es una cuestión de falta de interés. De acuerdo al mismo estudio, para leer todos los términos y condiciones de Spotify, una persona promedio necesita 31 minutos, mientras que para hacer lo propio con TikTok necesitaría 35 minutos. Para graficarlo, el artista y diseñador Dima Yarovinsky realizó una muestra en 2018 que bautizó como “I agree”. En ella, imprimió en rollos de colores tamaño A4 estándar los distintos contratos de términos y condiciones de uso de empresas como Snapchat, Facebook o Tinder, y los pegó en la pared de la Academia de artes y diseño Bezalel en Jerusalén. La mayoría de esos rollos, se extendían también por el suelo, y tenían una altura dos o tres veces superior a la media de los visitantes.
Para leer todos los términos de aceptación de Spotify se necesitan 31 minutos
Sin coacción. Lo más curioso en este caso, y a diferencia de lo que podría suceder con un “secuestro digital”, es que aceptando los términos y condiciones (que no leemos), nosotros no estamos entregando todos nuestros datos por coacción, sino que más bien lo hacemos por propia voluntad. O, mejor dicho, por nuestra propia voluntad, hasta ahí. Esa voluntad surge muchas veces de una necesidad imperiosa de pertenecer (a una determinada red social, a un grupo de amigos, o a un entorno laboral). Podríamos decir entonces que estamos prácticamente ante un destino inevitable: ¿Estamos obligados a compartir nuestros datos personales?
Esto nos permite plantearnos un primer interrogante: ¿Tendríamos entonces que borrar todas las aplicaciones para proteger nuestros datos personales? ¿La forma de volver a tener control sobre nuestra privacidad es volviendo a una realidad en la que no existan las redes sociales?
No es extraño que ante las características negativas que experimentamos por los avances tecnológicos, nuestra primera reacción sea intentar evitar su uso, como si eso solucionara el problema. Así, una vez que nos enteramos de todo esto, para cuidar nuestros datos personales o los de nuestros hijos, nuestra primera reacción puede ser desinstalar Facebook, Instagram y Spotify por unos días, hasta darnos cuenta de que ya nos acostumbramos demasiado a esas comodidades del siglo XXI. Probablemente esta no sea la solución, de la misma forma que para evitar las muertes por accidentes de tránsito tampoco se optó por prohibir la circulación de automóviles.
Mecanismos. El gran desafío de nuestra generación será entonces pensar mecanismos que permitan resguardar la privacidad de los individuos, reduciendo la vulnerabilidad de personas, compañías y gobiernos ante ciberataques, y permitiendo que estos modelos económicos basados en los datos continúen existiendo.
La verdad es que ya nos acostumbramos a estas comodidades del siglo XXI
La información (y no los datos), es poder. La diferencia es sutil, pero sumamente importante. Los datos “puros”, sin ser tamizados y analizados, no son más que un conjunto casi infinito e incomprensible de números.
En su libro “Borges, Big Data y yo”, Walter Sosa Escudero ilustra este concepto de manera muy sencilla utilizando un cuento del célebre escritor argentino. En el relato en cuestión, Borges cuenta la historia ficticia de Ireneo Funes, un joven uruguayo que tenía el don (o más bien, la maldición) de recordar absolutamente todo, lo que le valió el apodo de El memorioso. Para responder a la pregunta sobre qué había hecho en un día, Funes no tenía más opción que pasarse 24 horas relatando cada detalle de lo realizado, revelando una cantidad innecesaria y absurda de datos que no servían para nada. La gran moraleja de este cuento es que pensar es olvidar diferencias, es generalizar y abstraer. Si no abstraemos, somos solamente un conjunto de detalles. De datos. La capacidad de vincular esos datos y transformarlos en un insumo valioso: de marketing, de estrategia militar, de extorsión, o de comunicación política, es un factor fundamental de lo que llamamos Poder, con mayúscula. Funes no era poderoso, pero Google sí. Y la diferencia entre ambos, es que Google utiliza los datos para transformarlos en información que resulta valiosa para empresas y gobiernos.
Cuando decimos “Google”, no estamos hablando solamente de la compañía subsidiaria de Alphabet Inc. solamente, sino más bien del modelo económico que representa, y que se extiende a muchas otras (Spotify, Snapchat, Facebook, Netflix, entre otras): la monetización de los datos. O, mejor dicho, de la información. Es decir, aquel modelo que ha depositado cada vez más poder de manera silenciosa en un conjunto no demasiado grande de compañías que han hecho de los datos de todos los habitantes del mundo su mina de oro.
Un muy querido amigo me contó el otro día que había conseguido una placa Peltier para enfriar su celular, “porque en verano recalienta mucho”. Una placa Peltier usa el efecto homónimo para producir frío o calor, depende de para qué lo quieras usar, por medio de electricidad. ¿Viste esas cavas para pocas botellas que no usan compresor? Se las llama cavas eléctricas (aunque las profesionales también funcionan con electricidad) precisamente porque se basan en el efecto Peltier. Son menos eficientes que una cava con compresor (que es básicamente una heladera, aunque con otro rango de temperaturas), pero también son mucho más económicas para poca cantidad de botellas.
Vuelvo. Mi amigo me comentó esto en medio de una conversación sobre otros temas más urgentes, y el tema me quedó dando vueltas. Luego, esa misma semana, estuve usando mucho el teléfono para hablar (¿recuerdan lo que era eso?), y al cortar noté el equipo caliente, recordé la conversación mencionada arriba y le mandé un WhatsApp para que se fijara qué aplicación estaba consumiendo más batería. Eso puede verse en general en Ajustes> Mantenimiento (o Cuidado) del dispositivo.
¿Por qué fijarse en el dato de la batería? Porque por la ley de conservación de la energía, cuanto más electricidad consume, más calor disipa. Además, algunos de los principales culpables del calentamiento de un teléfono no aparecen listados en estos monitores; típicamente, el GPS. También la conexión de datos puede poner el teléfono a temperaturas peligrosas. Por eso, Maps en el auto en un día de mucho calor es un combo explosivo.
Las llamadas de voz calientan el teléfono, así es. Pero eso es normal y cada vez hablamos menos. La cuestión es que el equipo no empiece a tener, llamémosla así, una conducta térmica errática, como le ocurre a mi amigo. En ese caso, hay que buscar al responsable, no solo porque el calor es malo para la batería (y para la electrónica, aunque los circuitos la toleran mejor), sino porque además va a tener la misma autonomía de un fósforo. Con un adicional: el calor daña a las baterías de iones de litio. Así que a la poca autonomía diaria tenés que sumarle (restarle, en realidad) que esa autonomía va a ir degradándose con el tiempo.
Dicho simple: salvo que tengas clarísima la razón por la que el teléfono se puso en modo estufita, hay que buscar al culpable. Y para eso hay que actuar como un detective. Se los digo por experiencia, para encontrar una respuesta no alcanza con una app que bajás y te arregla todo con un toque. Lo más importante (si esto es posible) es estar atentos a lo que hacemos con el teléfono. Hay aquí dos posibles escenarios.
Uno: el equipo se pone a la temperatura de Betelgeuse cada vez que hacemos algo específico con él. Filmar videos, por ejemplo.
Dos: lo hace a veces, hagamos o no algo con él.
El problema es el segundo escenario. Los que tienen una vida de resolver problemas técnicos (de todo tipo, no solo informáticos) saben perfectamente que no hay enemigo más temible que la falla que ocurre al azar. Pero cuidado. El segundo escenario no incluye la frase “al azar”.
O sea, una cosa es que el teléfono sirva para planchar camisas cada tarde a las 17, siempre, invariablemente, sin que vos hagas nada. Eso es malo, porque todavía hay que descubrir qué pasa. Pero sabemos que sea lo que fuere, ocurre a las 17 todos los días. Podría ser una tarea programada, por ejemplo. Incluso un malware.
Lo realmente difícil es el fenómeno que ocurre erráticamente, a cualquier hora, sin que hagamos nada, al azar. Lo primero que habría que hacer en esos casos es estar alerta y, cuando el teléfono levanta temperatura, mirar quien está consumiendo más batería, ciclos de procesador o datos. Acordate, el teléfono solo va a recalentar porque la electrónica está consumiendo energía. No hay ninguna otra razón (salvo que lo dejes al sol, ya llegamos a eso). Saber este dato nos evita usar apps automágicas, que en general son una mala idea; casi todo lo automágico es una mala idea en computación.
Los posibles escenarios son innumerables. Pero, en general, al mirar el listado de las apps que usan más batería, te vas a encontrar con dos situaciones. La que más usa batería es la app que usás con más frecuencia. Eso es previsible. Está OK, y casi seguramente tu teléfono solo recalienta cuando hablás o usás el GPS. La otra situación es que en el tope de la lista aparezca algo que no usás nunca o, con más frecuencia, un widget. Me ocurría a menudo con una app del clima, que en las sucesivas actualizaciones de Android dejó de responder correctamente y se tildaba, para usar el término de moda. En esos casos, lamento decirlo, muchas veces no queda más remedio que eliminar la app hasta que la actualicen. O buscar otra.
Uso de la batería; las apps que aparecen se corresponden con el uso. Eso está bien. Si en la lista ves un porcentaje alto en una app, widget o servicio que nunca usás, es probable que sea el responsable del exceso de temperaturaAriel Torres
¿Tu teléfono recalienta al usar la cámara? Si es cuando filmás videos largos, es normal. No es mala idea darle un respiro cada tanto, sobre todo en estos días tan bonitos de clima apocalíptico.
La cuestión acá es siempre determinar si estás frente a un escenario normal o a algo que no debería estar ocurriendo. Dejar el teléfono al sol no es buena idea, por ejemplo, y no porque va a empezar a consumir más batería, sino por otro motivo. Pensalo. Es un objeto oscuro, absorbe por lo tanto todas las longitudes de onda de la luz visible, posiblemente le pusiste una carcasa protectora. ¿Qué podría salir mal?
Así que el teléfono, lejos de la luz solar directa. Salvo que realmente sea indispensable. Y no por mucho tiempo.
¿Te llamó la atención lo de la carcasa? Me imaginé. Yo no las uso. Y como soy torpe mis teléfonos terminan siempre todos estropeados. Por lo tanto, son una buena idea para protegerlos (pero en mi caso tengo una fuerte debilidad estética que me impide ponerles esas cosas, lo siento). Ahora, si el equipo empieza a recalentar, sacarle la carcasa no es ninguna mala idea. Hay que disipar ese calor, y la carcasa es un obstáculo.
Genial, pero qué hacemos si nada funciona y el teléfono sigue en el peor de los escenarios. Es decir, recalienta sin que lo usemos y al azar. Mi mejor consejo, en este caso, es en dos pasos.
Primero, fijate si te acordás cuándo empezó a ocurrir. Lo más probable es que no. Pero si por esas cosas de la vida te acordás de que justo instalaste varias apps cuando empezó a recalentar, desinstalalas. Todas. Y reinstalalas una por una, dejando uno o dos días en el medio. Es muy probable que ahí aparezca la culpable.
Si no te acordás y el asunto se pone tórrido, entonces lo más simple, rápido y expeditivo es hacer backup de tus fotos y documentos, bases de datos de apps de ejercicio, dieta o salud, y reiniciarlo al estado original de fábrica. He visto muchas cosas en 40 años de tratar con computadoras. Muchas de verdad. Y algo es indudable. A veces lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva.
Con el fin de ser una plataforma de comunicación más accesible para las personas y permitir reuniones con equipos ubicados en todo el mundo, Google ha empezado a implementar subtítulos traducidos en tiempo real a través de la web y dispositivos móviles.
Después de anunciar la función en su conferencia de desarrolladores el año pasado, el gigante tecnológico empezó a probar la función con públicos reducidos, y ahora ha decidido implementarla de manera oficial, aunque aún tiene limitaciones, pues solo transmite reuniones en inglés a cuatro idiomas por el momento: francés, alemán, portugués y español.
La herramienta busca no solo ser útil en espacios de trabajo sino que también le apunta a entornos educativos, pues según Google, dicha característica funcionaría “permitiendo a los educadores conectarse e interactuar con estudiantes, padres y partes interesadas de la comunidad con diversos antecedentes”.
Para hacer uso de la función, los usuarios deberán abrir Google Meet, cuando estén en una reunión deberán hacer clic en el botón de ‘Más opciones’ (el ícono con los tres puntos ubicados de manera vertical), luego ir a ‘Configuración’ y por último en ‘Subtítulos’, allí deberán activar la opción y establecer el idioma inglés para posteriormente activar la opción de ‘Subtítulos traducidos’ y seleccionar uno de los idiomas disponibles.
“Los subtítulos traducidos ayudan a que las videollamadas de Google Meet sean más inclusivas y colaborativas al eliminar las barreras del dominio del idioma. Cuando los participantes de la reunión consumen contenido en su idioma preferido, esto ayuda a igualar el intercambio de información, el aprendizaje y la colaboración y garantiza que sus reuniones sean lo más efectivas posible para todos” escribió la compañía en una entrada de su blog de Workspace.
Actualmente, la traducción de subtítulos está disponible solo en las versiones beta de computadora para las versiones de pago Google Workspace Business Plus, Enterprise Standard, Enterprise Plus, Teaching & Learning Upgrade y Education Plus, además, cabe aclarar una vez más que el servicio se está implementando de manera gradual, por lo que algunos usuarios deberán esperar por lo menos 15 días para empezar a disfrutar de dicha herramienta.
Google anunció que los teléfonos Android podrán abrir el automóvil y más
Según informó Google en una de sus conferencias del CES 2022, en las próximas semanas llegará la tecnología de Fast Pair a los Chromebooks, con ella se podrá utilizar Android para configurar la portátil, de ese modo obtendrá rápidamente toda la información como contraseñas del móvil e inicios de sesión.
También ayudará al emparejamiento de dispositivos Bluetooth compatibles con Android. Asimismo, el sistema operativo Chrome OS detectará cuando el usuario encienda los auriculares permitiendo el emparejamiento con un solo clic y de forma ágil.
La modalidad no se limita ahí, pues estará disponible en Google TV y Android TV en los siguientes meses. Al mismo tiempo, permitirá conectar de forma más cómoda los dispositivos inteligentes a la red del hogar como Google Home.
Para ampliar su catálogo Google está trabajando con Windows para que de forma nativa se puedan emparejar dispositivos Android a computadoras, también transmitiendo información de emparejamiento Bluetooth para que ya no se tengan que configurar uno por uno manualmente.
Otra de las novedades que tiene preparado Google es la extensión de desbloqueos de dispositivos. Similar a como los usuarios de Chromebook pueden desbloquearla desde su teléfono con Android, ahora también se podrán desbloquear tabletas con Android con relojes con Wear OS cercanos y emparejados.
Aunado a ello se podrán utilizar smartphones Samsung o Pixel compatibles con la llave digital de automóviles BMW habilitados para abrirlos, cerrarlos y hasta hacer que arranquen. Esto llegará a finales del 2021 para que la banda ultra ancha UWB permita que ni siquiera sea necesario sacar el teléfono del bolsillo para abrir el auto.
Como Ícaro, el sueño de los seres humanos fue, desde tiempos inmemoriales, llegar lo más alto en el cielo. La posibilidad de que el ser humano volara fue mejorando hasta llegar a los globos y luego a los aviones, que se convirtieron en una realidad recién a comienzos del siglo XX. Por otro lado, desde la invención de la rueda el ser humano buscó crear algo que le permitiera poder ir de un lado a otro de manera más rápida, y es así como el desarrollo de los automóviles evolucionó -un poco más temprano que los aviones- hasta tener vehículos cada vez más sofisticados y veloces. Y desde hace bastante tiempo, combinar estas dos invenciones para crear un único vehículo que pueda andar tanto por la tierra como por el aire ronda por la mente de muchos innovadores.
Desde hace más de una década que los autos voladores dejaron de ser una utopía propia de libros o películas de ciencia ficción para transformarse en una promesa cercana. Pero los años fueron pasando y, un poco porque la tecnología todavía no estaba lista o porque su precio era demasiado elevado, los modelos desarrollados no pasaron nunca de la etapa de prototipos.COMPATIBLE CON ALEXA: ESTAS MANCUERNAS INTELIGENTES PUEDEN CAMBIAR DE PESO CON UNA ORDEN DE VOZ
Pero ninguno logró despegar más allá de los prototipos presentados a los medios o en demostraciones a potenciales inversionistas. Las principales trabas que encontraban era que algunos requerían el uso tanto de nafta común como de la especial para el formato avión; que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos ni las de otros países no terminan de dar el visto bueno para que estos vehículos surquen los aires, además de resolver dónde y en qué momento se desplegaban las alas, porque varios de ellos las tenían. Con el paso de los años, la tecnología siguió evolucionando. Las complejas propuestas de hace más de una década ahora se simplificaron. En la reciente feria CES 2022 que se llevó a cabo en Las Vegas, varias compañías volvieron a insistir con la posibilidad de hacer realidad el sueño de los autos voladores, pero ahora con muchas menos complejidades.
Los prototipos de los autos voladores actuales los asemejan más a grandes drones que a un auto convencional. La mayoría están encasillados dentro de la categoría eVTOL (aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical, por sus siglas en inglés), utilizan motor eléctrico (en algunos casos combinado con gas) y ya no despliegan alas, sino que utilizan hélices para el vuelo. No alcanzan grandes velocidades ni tienen mucha autonomía, pero sí la suficiente para hacer un viaje de hasta (depende el modelo) unos 300 km.
El simulador del Aska en la CES 2022
La prueba
Con San Francisco como lugar de origen, la startup NFT presentó a ASKA, un modelo de 4 asientos, eléctrico y capaz de andar por tierra a unos 110 km/h y de ir por los cielos hasta unos 400 km. Su precio ronda los 800.000 dólares y la empresa sigue buscando inversionistas para hacer realidad la fabricación masiva de estos vehículos, así como abaratar su precio. En el stand ubicado en el West Hall o Salón Oeste de Las Vegas Convention Center, fue difícil rechazar la invitación a tener la experiencia de manejar un auto volador, aunque fuera en un simulador.
Una vez sentado al mando del ASKA, lo primero fue saludar al piloto e instructor, Robert, que tuvo la suficiente paciencia para explicar todo lo que vendría a continuación. “Esto es obviamente una simulación, pero brinda una sensación bastante aproximada de lo que es utilizar nuestro vehículo”, sostuvo.Default Mono Sans Mono Serif Sans Serif Comic Fancy Small CapsDefault X-Small Small Medium Large X-Large XX-LargeDefault Outline Dark Outline Light Outline Dark Bold Outline Light Bold Shadow Dark Shadow Light Shadow Dark Bold Shadow Light BoldDefault Black Silver Gray White Maroon Red Purple Fuchsia Green Lime Olive Yellow Navy Blue Teal Aqua OrangeDefault 100% 75% 50% 25% 0%Default Black Silver Gray White Maroon Red Purple Fuchsia Green Lime Olive Yellow Navy Blue Teal Aqua OrangeDefault 100% 75% 50% 25% 0%Una prueba en el simulador del auto volador Aska
Delante de mí, tres pantallas. Una con un mapa satelital en 3D, otra mostrando los comandos básicos de un avión, pero simplificados al extremo y una tercera del lado del acompañante, destinada al entretenimiento, para poder ver películas o poner música.
Al poner la mano en el volante (que no es un círculo completo, sino más bien parecido al de un Fórmula 1) se podía notar su extrema sensibilidad, ya que respondía dócilmente. Cuenta con dos pedales: acelerador y freno; y la palanca de empuje o aceleración (autothrottle) para el modo avión. Lo último en cuanto a controles: una botonera, para intercambiar entre el modo auto y el modo avión.
“Oprimí este botón -el de auto- y vamos hacia la pista”, me dijo el instructor. Activé así el modo Drive (conducir) y al presionar el acelerador el vehículo respondió (siempre mirando la pantalla principal, claro) sin problemas. Al llegar a la pista, doblé a la izquierda siguiendo las instrucciones y luego frené. Mi instructor me indicó que oprimiera el botón que ponía a ASKA en modo avión. Así lo hice y, al mover suavemente la palanca de empuje las hélices -virtuales- se pusieron en movimiento y lentamente ASKA empezó a tomar altura.
“¿Es la primera vez que volás?” Ante mi respuesta afirmativa, Robert continuó: “este es el altímetro: lo azul es el cielo y lo marrón es el suelo. Acá te marca la altura a la que estás. En la otra pantalla podés ver la bahía de San Francisco. Vamos a dar una vuelta por ahí”, dijo, y empezó el viaje. Ante tanta pantalla y, obviamente, el saber que no estaba realmente “en el aire” la sensación de estar en un simulador de vuelo no se va nunca, y de hecho el experimentado piloto sostuvo que uno estaría mirando el paisaje a través del vidrio y no en una pantalla, pero de esto se trataba la prueba, de poder sentir lo que es volar en un auto.
Así se verá el Aska con los rotores desplegados
Una de las cosas que faltaron para tener una experiencia más completa fue que el prototipo se moviera, tal como lo hacen muchos simuladores de Realidad Virtual. Tirando del volante hacia mí, tenía la sensación de que ASKA subía; haciendo el movimiento opuesto, bajaba. Al mirar los controles de altitud podía tener una idea de cómo se estaba desarrollando el vuelo.
Luego de aprender a mantener el horizonte nivelado, Robert me desafió a hacer un “loop”, es decir, elevar el aparato hasta dar una vuelta sobre sí mismo y luego volver a nivelarlo. Para eso solo fue necesario tirar del volante hacia mí con todas mis fuerzas y mantenerlo derecho. Parece sencillo, pero no lo es tanto, incluso en el simulador. Luego de haberlo logrado, el siguiente desafío fue hacer unos giros, volviendo a quedar nivelado tras haberlo completado. De esa manera, todo se hizo mucho más entretenido aún.
Con un ojo en el altímetro, otro en la pantalla del mapa y las manos en los controles, los oídos atentos a las indicaciones, todos los sentidos están alertas, a pesar de saber que se está cómodamente sentado en un prototipo que está en el medio del salón del Centro de Convención de Las Vegas. De hecho, varios visitantes sacaron fotos o grabaron videos, pero realmente es necesario estar concentrado para llevar a cabo la demo sin perder el control del vehículo.WHATSAPP PERMITIRÁ ESCUCHAR LOS AUDIOS MIENTRAS USAMOS OTRA APLICACIÓN
Unos 20 minutos después de recorrer toda la bahía de San Francisco, pasar cerca de los renderizados Alcatraz, Sausalito, Berkeley y otras áreas cercanas, fue tiempo de volver al aeropuerto de SF para el aterrizaje. Siempre bajo la guía del piloto, fui bajando la altitud y guiando al vehículo hasta la pista indicada para después reducir la velocidad al máximo y llevar la palanca de empuje hacia el lado contrario del despegue, hasta que en la pantalla se mostrase que ASKA ya estaba en tierra.
“Buen trabajo” me dijo Robert. “Veo que te gustó. Si me fuera y volviera mañana seguramente seguirías volando”, acotó. No estaba muy alejado de la realidad, porque si hubiese dependido de este cronista, el vuelo virtual no hubiese concluido tan pronto. Ahora, el próximo desafío es poder probar el vehículo real. Pero para eso aún falta un poco.
La compañía japonesa Sony busca suplir la escasez de componentes que sufre la producción de su nueva consola PlayStation 5 con un incremento en la fabricación de la PlayStation 4. De esta forma, la firma tecnológica planea suplir la falta de consolas en el mercado con una mayor disponibilidad del modelo anterior, según un reporte publicado por Bloomberg.
Por su parte, Microsoft asegura que esta escasez provocada por el sector de los semiconductores no afecta a sus consolas Xbox X/S, y dijo que son difíciles de conseguir en las tiendas debido a que son un éxito de ventas. “Es la demanda la que está superando la oferta para todos nosotros”, dijo Phil Spencer, director de la división Xbox en una entrevista de The New York Times.
Con diferentes estrategias, las dos compañías dominantes en el sector de las consolas de videojuegos buscan resolver los problemas de demanda que tienen en el mercado. Sony se había planteado una producción de 16 millones de unidades para marzo de este año, pero tuvo que ajustar las previsiones a 14,8 millones, según Bloomberg, debido a las complicaciones provocadas por la pandemia y la falta de partes.
A su vez, la PlayStation 5 es el modelo que más rápido alcanzó las 10 millones de unidades vendidas en todo el mundo en julio de 2020. Sin embargo, Sony sigue sin poder resolver el problema de la demanda que tiene en el mercado, que aún sigue superando a la oferta de equipos.
Debido a estas complicaciones, Sony busca reactivar la PS4, un modelo que planeaba dejar de producir en 2021. Según Bloomberg, el antiguo modelo ofrece dos grandes ventajas: es más barata y fácil de fabricar, y por este motivo se mantendrá activa durante todo este año.
Por su parte, el máximo responsable de la división de Xbox, Phil Spencer, dijo que los problemas de stock de la nueva generación de la consola de videojuegos están causados por la alta demanda que enfrenta la industria. “Conseguir una consola de última generación es muy difícil, y no significa que la oferta sea pequeña, sino que la demanda nos está superando a todos”, dijo el ejecutivo en una entrevista brindada a The New York Times.
Aunque no niega que los problemas causados por los faltantes de chips, este sigue siendo uno de los principales desafíos que enfrenta el sector de los videojuegos y muchas otras industrias. Microsoft está enfocada en abastecer los componentes necesarios, pero también en llegar de forma directa a los usuariospara evitar la especulación generada por los revendedores.
Muchos de nosotros estamos familiarizados con el consejo de que debemos cepillarnos los dientes dos veces al día y durante al menos dos minutos cada vez.
Muchos también sobrestimamos cuánto tiempo nos cepillamos los dientes, hasta un minuto entero en algunos casos. Y, sin embargo, existe cierta evidencia de que incluso dos minutos de cepillado pueden no ser suficientes.
Según algunas investigaciones, para eliminar la mayor cantidad de placa posible, más es mejor, logrando los mejores resultados con tres o cuatro minutos. ¿Significa esto que deberíamos duplicar nuestro tiempo de cepillado?
Los dentistas comenzaron a recomendarnos que nos cepilláramos los dientes durante dos minutos en la década de 1970 y, más tarde, que usáramos un cepillo de dientes con cerdas suaves.
Sin embargo, el consenso actual se basa principalmente en estudios publicados desde la década de 1990, que analizaron los tiempos de cepillado, las técnicas y el tipo de cepillo de dientes.
Estos estudios mostraron que dos minutos de cepillado condujeron a una buena (pero no excelente) reducción de la placa.
Pero, aunque se ha demostrado que cepillarse más de dos minutos elimina más placa, todavía faltan investigaciones que analicen si más de dos minutos de cepillado están relacionados con una mejor salud bucal a largo plazo en comparación con dos minutos.
Sin embargo, según lo que sabemos sobre los daños de la acumulación excesiva de placa, es probable que eliminar más cada vez que nos cepillamos esté relacionado con una mejor salud bucal.
También es importante señalar que esta falta de evidencia se debe a que los estudios a largo plazo pueden ser difíciles de realizar.
Placa
Cuando nos cepillamos los dientes, lo hacemos con el objetivo principal de eliminar los microbios (conocidos como placa dental) de su superficie.
Esta placa es una acumulación de bacterias, hongos y virus que viven juntos en una comunidad conocida como biopelícula microbiana. Las biopelículas son muy pegajosas y solo se pueden eliminar con un cepillo.
En la periodontitis, las bacterias de la placa dental pueden llegar a otras partes del cuerpo y causar complicaciones
Muchas cosas pueden facilitar el crecimiento de estos microbios, incluidas las áreas ásperas de la superficie del diente (por ejemplo, de algunos empastes), la imposibilidad de llegar a ciertas áreas con un cepillo como los espacios entre los dientes) o el uso de frenillos.
De hecho, las biopelículas de placa vuelven a crecer en nuestros dientes pocas horas después del cepillado, por lo que se nos aconseja cepillarnos dos veces al día.
No cepillarnos los dientes correctamente o durante el tiempo suficiente puede conducir a niveles más altos de placa, lo que en última instancia puede activar la respuesta inmunitaria de nuestro cuerpo, lo que eventualmente conduce a inflamación y afecciones como la gingivitis.
La inflamación no suele ser dolorosa, pero a menudo provoca sangrado de las encías al cepillarse los dientes y, a veces, mal aliento. Las películas biológicas también pueden causar caries.
Técnica adecuada
El objetivo de cepillarnos los dientes es reducir la mayor cantidad posible de placa en cada diente.
La evidencia actual sugiere que dedicar más tiempo a cepillarse los dientes (hasta cuatro minutos cada vez que se cepilla) conduce a dientes más limpios.
Este mayor tiempo de cepillado significa que podemos limpiar nuestros dientes de manera más efectiva y llegar a los lugares difíciles de alcanzar.
Pero ten cuidado de no cepillarte los dientes con demasiada frecuencia (por ejemplo, más de dos veces al día) y evita cepillártelos con fuerza o usar pastas y cepillos dentales abrasivos, ya que esto también puede dañar nuestros dientes y encías, especialmente cuando se usa un cepillo de cerdas duras o pastas dentales abrasivas.
Existen muchas técnicas de cepillado diferentes que puedes utilizar para cepillarte correctamente. Una de las más recomendadas es la técnica modificada de “Bass”, que está destinada a limpiar en la línea de las encías y debajo de esta, el área donde se forma primero la placa y es más probable que cause inflamación.
Siempre debes cepillarte los dientes con una fuerza suave, aunque no hay evidencia concluyente sobre qué tan fuerte debe ser. Se prefiere un cepillado suave para no dañar los tejidos duros y blandos de nuestra boca.
Muchos factores pueden afectar el tipo de técnica, cepillo y pasta de dientes o hilo dental que uses. Por ejemplo, las personas que pueden haber dañado la superficie de sus dientes por beber demasiadas bebidas gaseosas ácidas pueden tener dientes más débiles.
Esto puede significar que son más susceptibles a más daños en los dientes si usan pastas dentales abrasivas y cerdas más duras. Vale la pena consultar con tu dentista para saber qué debes usar para cepillarte los dientes.
Limpieza interdental
La limpieza interdental, que la mayoría de nosotros conoce simplemente como pasarse el hilo dental, también se recomienda junto con el cepillado de los dientes.
¿Es realmente necesario para la salud bucal el hilo dental?Shutterstock
Estudios han encontrado que tanto la caries como la gingivitis pueden reducirse usando hilo dental.
La forma más eficaz de usar hilo dental es deslizar el hilo entre las encías y el diente y sujetarlo firmemente contra el diente, de modo que el hilo dental lo “abrace”, y frotar a lo largo de la superficie del diente con un suave movimiento hacia arriba y hacia abajo, avanzando suavemente el hilo dental debajo de la línea de las encías.
Los cepillos interdentales, que se pueden empujar entre los dientes al nivel de las encías, pueden ser aún más efectivos. Se sabe menos sobre otros métodos de limpieza, incluidos los palillos de dientes, los chorros de agua o los limpiadores de lengua.
Si bien podemos estar acostumbrados al consejo de que debemos cepillarnos los dientes dos veces al día durante dos minutos cada vez, es importante que también nos concentremos en usar la técnica adecuada para asegurarnos de que nos los cepillemos de manera completa y adecuada.
El cepillado durante más de dos minutos también puede ayudarnos a asegurarnos de que eliminamos más placa de nuestros dientes, lo que probablemente dará como resultado una mejor salud dental.
Josefine Hirschfeld
Profesora de Odontología Restauradora de la Universidad de Birmingham, Reino Unido.
Los multimillonarios ya están volando al espacio y la computación cuántica está a la vuelta de la esquina.
Y a pesar de ello, uno de los aspectos más familiares de la naturaleza humana continúa siendo una frustración para el estudio científico: los sueños.
Hay muchas teorías, pero la verdad es que realmente no sabemos mucho sobre los motivos y la forma en que soñamos.
Un obstáculo importante para los científicos ha sido el hecho de que cuando las personas sueñan, en gran medida están aisladas del mundo.
Al menos esa ha sido la suposición durante mucho tiempo.
Así que investigadores recurrieron a preguntar a las personas, al despertar, qué estaba haciendo su mente mientras dormían, pero es un enfoque incompleto y poco fiable.
“Las memorias sobre los sueños pueden ser incompletas, distorsionadas e incorrectas. Así que si eso es todo lo que tenemos, construir una ciencia sólida sobre los sueños será difícil”, dice el doctor Ken Paller, psicólogo e investigador de la Universidad Northwestern, en Illinois, Estados Unidos.
Lo que cambiaría todo el panorama de la investigación de los sueños sería si hubiese alguna forma de comunicarse e interactuar con alguien mientras duerme.
Suena algo difícil de alcanzar, como Inception (“Origen”), la película de Christopher Nolan.
A pesar de muchos avances científicos, lo que sucede en nuestras mentes cuando soñamos sigue siendo un terreno ampliamente desconocido para la ciencia.Getty Images – BBC Mundo
Sin embargo, eso es exactamente lo que un equipo internacional de investigadores, liderados por Paller y Karen Konkoly de la Universidad Northwestern, se las ingenió para conseguir.
Este importante descubrimiento fue publicado en la revista Current Biology en abril de 2021, y “abre las oportunidades de la exploración científica de los sueños de forma considerable”, explica Paller.
“Ahora tenemos más formas de aprender sobre los sueños”.
Suyo es uno de varios proyectos nuevos que han comenzado a explorar las oportunidades de investigación que ofrece el “sueño lúcido”, un estado relativamente raro en el que el soñador, durante la fase de movimientos oculares rápidos (REM), es consciente de que está soñando.
Esta es una nueva frontera de investigación, pero los sueños lúcidos se conocen desde hace miles de años.
Esta ola de nuevos trabajos sobre sueños lúcidos no solo abre oportunidades emocionantes para investigar la naturaleza y función de los sueños, sino que también plantea interesantes posibilidades prácticas para las intervenciones clínicas y el autodesarrollo, incluido el impulso del aprendizaje y la creatividad.
¿Qué son los sueños lúcidos?
Si alguna vez has sido consciente de que estabas soñando, es muy probable que hayas vivido un estado de sueño lúcido.
Se estima que aproximadamente la mitad de nosotros cae en esta categoría, con alrededor del 20% de nosotros experimentando el fenómeno mensualmente y el 1% teniendo varias experiencias de este tipo cada semana.
A veces, las personas en estado de lucidez pueden incluso comenzar a elegir deliberadamente lo que sucede en su sueño, como si fueran el director de su propia película.
Las investigaciones están en avance.Getty Images – BBC Mundo
Este grado de control consciente es importante para los científicos, porque plantea la posibilidad de que el soñador pueda elegir comunicarse con el mundo exterior.
En cuanto a lo que sucede en el cerebro durante los sueños lúcidos, la investigación se encuentra en una etapa relativamente temprana.
Varios estudios midieron las ondas cerebrales de las personas a través de un electroencefalograma durante los sueños lúcidos, pero solo se han capturado en un escáner cerebral moderno de alta resolución un puñado de veces.
“En resumen, todavía no sabemos qué cambios localizados en la actividad cerebral están asociados con los sueños lúcidos”, dice Benjamin Baird, doctor del Instituto de Wisconsin para el Sueño y la Conciencia de la Universidad de Wisconsin-Madison, que ha estudiado los correlatos neurales de los sueños lúcidos.
“Hay algunos datos preliminares de neuroimagen que sugieren un papel de la red frontoparietal (una red de regiones conectadas que abarcan la parte frontal y posterior del cerebro que participan en la atención y la resolución de problemas)”, agrega, aunque señala que se necesita más investigación para confirmarlo.
Algo que parece claro, según Baird, es que los sueños lúcidos parecen ocurrir en los períodos de activación cerebral más intensa durante la fase REM.
“Nos volvemos lúcidos en las subidas de la activación cerebral durante la fase REM, cuando estamos en el estado mental de tratar de reconocer que estamos soñando, o algunas veces por casualidad si algo nos impulsa a considerar si estamos soñando”, señala Baird.
Según estudios, las mayores subidas de actividad cerebral de los sueños lúcidos se producen durante la fase REM.Getty Images – BBC Mundo
Comunicándose con soñadores lúcidos
Si nunca has tenido un sueño lúcido, puede que te preguntes qué se siente.
Dave Green, un comediante británico, está muy familiarizado con el tema y empezó a tener sueños lúcidos desde niño.
“Tener un sueño lúcido es como estar encarnado en tu imaginación”, dice.
“Estás navegando por un entorno creado por completo por tu mente, pero parece y se siente como si estuvieras despierto”.
Incapaz de trabajar como comediante durante la pandemia, Green redescubrió los sueños lúcidos y comenzó a usar la experiencia para evocar obras de arte que luego crea al despertar.
“Además de crear obras de arte, lo que más me gusta hacer en un sueño lúcido es volar”, expone.
Para su revolucionario estudio sobre los sueños lúcidos, Konkoly y Paller, junto a colegas de otros laboratorios en Francia, Alemania y Países Bajos, explotaron la conciencia residual que disfrutan los soñadores lúcidos.
Los sueños lúcidos es algo que puede entrenarseGetty Images – BBC Mundo
Para ello reclutaron a varios soñadores lúcidos experimentados, así como a algunos novatos, a quienes entrenaron para experimentar sueños lúcidos.
Después utilizaron un procedimiento desarrollado por la también científica de los sueños, la doctora Michelle Carr y sus colegas.
En este, pitidos y luces parpadeantes se combinan repetidamente durante la vigilia con una instrucción para volverse lúcido. Es decir, ser consciente de los pensamientos y sensaciones y poder considerar si se trata de un sueño o no.
El equipo de Konkoly y Paller luego usaron estos mismos sonidos o luces mientras sus participantes dormían (como lo confirma objetivamente una medida de sus ondas cerebrales) para inducirlos a volverse lúcidos mientras soñaban.
Si los participantes del estudio entraban en un estado de sueño lúcido, estaban entrenados para indicarlo haciendo movimientos horizontales amplios con los ojos.
En este punto, los investigadores habían utilizado los movimientos oculares de los soñadores para establecer la comunicación desde sus sueños hacia el mundo exterior.
Es algo que se ha hecho con frecuencia en el pasado, en particular por el psicofisiólogo estadounidense Stephen LaBerge a principios de la década de 1980, como una forma de verificar objetivamente el fenómeno del sueño lúcido; es decir, que los soñadores lúcidos realmente son conscientes y pueden responder.
Si avanza la ciencia sobre cómo controlar los sueños, expertos confían en que pueda reducirse la angustia que sentimos cuando experimentamos pesadillas.Getty Images – BBC Mundo
Pero Konkoly, Paller y sus colaboradores internacionales fueron más allá, para crear una situación de verdadero “sueño interactivo”, como lo llamaron.
Después de que los participantes indicaron que estaban en un sueño lúcido, los científicos les dieron preguntas básicas de matemáticas, como ‘ocho menos seis’, que los participantes respondieron con éxito usando movimientos oculares, de acuerdo con un código acordado anteriormente (por ejemplo, en este caso, la respuesta ‘dos’ se comunicó mediante un movimiento de ojos de izquierda a derecha).
A estas alturas, los investigadores habían abierto nuevos caminos emocionantes, logrando con éxito una comunicación bidireccional con los participantes mientras soñaban.
Habían tenido éxito en su objetivo que, como lo expresaron en su artículo, era “similar a encontrar una manera de hablar con un astronauta que está en otro mundo, pero en este caso el mundo está completamente fabricado sobre la base de los recuerdos almacenados en el cerebro”.
Los beneficios del sueño lúcido
El estudio de Konkoly, Paller y sus colegas se centró en establecer una comunicación bidireccional entre un soñador y el mundo exterior.
Durante un estudio, algunos voluntarios fueron capaces de responder con éxito a sencillos ejercicios matemáticos mientras dormían.Getty Images – BBC Mundo
Fue un estudio de prueba de concepto que promete allanar el camino para muchos proyectos nuevos y emocionantes, tanto para descubrir más sobre la naturaleza del cerebro que sueña como para intervenciones prácticas que mejoren el aprendizaje y la creatividad, por ejemplo.
Sin embargo, incluso sin la capacidad de comunicación bidireccional, otros investigadores ya han probado el potencial de los sueños lúcidos de varias formas.
Por ejemplo, existe la terapia del sueño lúcido, que consiste en enseñar técnicas de sueño lúcido a quienes padecen pesadillas, para que puedan elegir despertarse o incluso cambiar la narrativa para que su contenido sea menos angustiante.
Otros investigadores han explorado la posibilidad de que los sueños lúcidos puedan utilizarse para practicar las habilidades motoras.
Daniel Erlacher, de la Universidad de Heidelberg, y el doctor Michael Schredl del Instituto Central de Salud Mental en Mannheim, asignaron a un grupo de soñadores lúcidos la tarea de lanzar repetidamente una moneda en una taza en sus sueños.
En comparación con su desempeño de línea de base en la vida real, la precisión de los participantes al día siguiente mejoró en una cantidad mayor que la de un grupo de control que no realizó ninguna otra práctica de lanzamiento de monedas en la vida real o durante el sueño.
También podría ser posible explotar los sueños lúcidos para ayudar a resolver problemas de manera creativa.
Por ejemplo, Tadas Stumbrys y Michael Daniels, de la Universidad John Moores de Liverpool, descubrieron que los soñadores lúcidos podían recurrir a la ayuda de los personajes de los sueños para que les ayudaran a idear metáforas más creativas.
Fundamentalmente, la interacción bidireccional entre el soñador y el mundo exterior establecida por Konkoly y Paller y otros podría aprovechar y expandir estas diversas formas de explotar el estado del sueño lúcido.
Por ejemplo, su modelo de sueño interactivo sugiere que las señales sensoriales podrían asociarse con el contenido deseado del sueño de antemano y luego reproducirse durante el estado de sueño lúcido, lo que hace más probable que el sueño lúcido incluya características que podrían ayudar a la creatividad o contribuir al aprendizaje.
En el pasado, Coors, el fabricante de cerveza estadounidense, experimentó con inducir deliberadamente los sueños de su producto entre los voluntarios.Getty Images – BBC Mundo
Anuncios mientras duermes
Dicho esto, no es probable que el camino que tenemos por delante sea sencillo.
“La técnica para comunicarse con los soñadores lúcidos no funciona siempre que lo intentamos”, dice Paller.
“Estamos en el proceso de mejorar nuestros métodos, así que no sé qué tan confiables podrían ser a la larga”.
De hecho, Paller advierte que no debe dejarse llevar demasiado.
“Tengo la mente abierta sobre el potencial de que este método sea útil en el futuro”, dice.
Otro reto son los problemas éticos de esta línea de trabajo.
Si los investigadores pueden llegar a nuestros sueños y afectar lo que soñamos, eso presenta la posibilidad de que otras personas también puedan hacerlo, como los anunciantes que podrían comunicarse con nosotros mientras dormimos a través de parlantes inteligentes u otros dispositivos.
De hecho, eso ya comenzó a suceder: a principios de 2021, la compañía cervecera estadounidense Coors experimentó con inducir deliberadamente los sueños de su producto entre los voluntarios.
Los avances recientes sobre lo que sucede en nuestros cerebros cuando dormimos tienen dilemas éticos, como la posibilidad de que estas investigaciones sean utilizadas por anunciantes para inducirnos publicidad.Getty Images – BBC Mundo
Esto llevó a que, recientemente, un amplio grupo de científicos del sueño, liderados por el doctor Robert Stickgol de la Escuela de Medicina de Harvard y el doctor Antonio Zadra de la Universidad de Montrea, escribieran una advertencia sobre los peligros éticos de los anunciantes explotando los avances de las investigaciones.
“La ciencia del cerebro ayudó a diseñar varias tecnologías adictivas, desde teléfonos celulares hasta redes sociales, que ahora dan forma a gran parte de nuestra vida despierta. No queremos que suceda lo mismo con nuestro sueño”, escribieron.
Paller y Konkoly se encontraban entre los autores de esta misiva y también son conscientes de las importantes implicaciones éticas de su trabajo.
“Los mensajes entregados durante el sueño a una persona que no lo desea pueden considerarse una forma de publicidad inapropiada y convertirse en ilegal”, dice Paller.
Como explica Zadra, “si bien las tecnologías en sí son neutrales y prometen fomentar la creatividad y tratar los trastornos psicológicos, su uso para alterar y motivar el comportamiento de compra a través de la piratería de sueños es preocupante”.
Así como la ciencia nos ha llevado a territorios inexplorados en el espacio y en la Tierra, planteando nuevas cuestiones éticas en el camino, lo mismo ocurre ahora con una nueva frontera a medida que los investigadores aceleran la exploración de nuestras mentes dormidas.
El juego permitirá que en cada uno de los seis intentos un casillero en verde señale qué letra está en la posición correcta. En amarillo indicará que el carácter forma parte de la palabra, pero está en otro lugar, mientras que en gris la letra ingresada no forma parte del desafío que hay que adivinar. Visto así, podría decirse que es simple, pero hay que reconocer que está bien pensado.
Una imagen de un barco repleto de contenedores que simula un cuadro de WordleTwitter
Este “sencillo” juego es el primer gran éxito del 2022 y ya causa sensación en todas partes porque, con su simpleza, consiguió atraer a miles de personas de todo el mundo. En las redes sociales, muchos internautas comenzaron a compartir los resultados finales, así como los puzles sin resolver, o parte del “logro” que cosecharon y propone la plataforma para hacer más interactivo el momento.
Una imagen que refleja el nivel de adicción que causó el juegoTwitter
De esta forma, Twitter se llenó de memes y cuadros amarillos, grises y verdes con la imagen de la partida que muestrael paso a paso con los casilleros. En la mayoría de los casos se realiza en seis intentos, pero también hubo algunos tuits que lograron acertar en el primer ingreso. Si bien el desafío es bastante sencillo, resulta muy adictivo para quienes anhelan rellenarlo.
Uno de los memes del juegoTwitter
Wordle es un juego de palabras que fue creado por un programador dedicado a su pareja, según una entrevista de The New York Times a Josh Wardle, un ingeniero de software de Brooklyn.
Como parte de la premisa del entretenimiento y, a tono con su apellido, su creador decidió bautizar su creación como Wordle. Fue lanzado en octubre como un pequeño entretenimiento para familiares y amigos; al principio albergaba solo 90 jugadores en línea, pero dos meses más tarde su pequeña creación se convirtió en el pasatiempo de más de 300.000 personas. Uno de los “atractivos” que ofrece es que está libre de publicidad, ya que empezó como un proyecto secundario para el ingeniero y su familia.
A partir de la masificación comenzaron las comparativasTwitter
“Creo que las personas aprecian que exista algo entretenido y que no intenta hacer nada sospechoso con tus datos personales. Solo se trata de un juego divertido”, manifestó el creador sobre el éxito que tuvo Wordle.
«Yo, intentándole explicar a las nuevas generaciones lo que era Twitter antes del Wordle»Twitter
A diferencia de otros juegos casuales y propuestas que suelen demandar mucho tiempo, Wordle solo ofrece una partida por día y si no se pudo adivinar la palabra correcta, habrá que esperar hasta el día siguiente. Además, como todos los jugadores están con el mismo desafío online al mismo tiempo, una vez que alguno descubre el acertijo, la interacción gira en torno a la resolución de la partida.
El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg en uno de los memesTwitter
Esta opción fue la clave del éxito viral de Wordle, con miles de jugadores que comenzaron a tuitear sus partidas. Vale aclarar que las imágenes compartidas no revelan la palabra secreta sino los distintivos colores de la atracción virtual.
Uno de los memes para reflejar el nivel de adicción que produce el juegoTwitter
Tratándose de nuestra vista, uno podría razonablemente esperar que la compra de anteojos de sol fuera algo seguro, sin matices, libre de toda duda, apto para todo público. Es exactamente al revés.
El martes fui a una óptica en un conocido centro comercial; ya había comprado otras gafas antes ahí, con receta, y me habían ofrecido toda la documentación de rigor. Ahora bien, con los años dejé de necesitar lentes para ver de lejos, así que ahora solo necesitaba unos simples anteojos de sol. Nada es simple en esta vida, anoten, y este párrafo contiene un número de complicaciones. Comprar anteojos de sol puede parecer un trámite menor. Es algo que filtra la luz, y ya. ¿O no?
No tan rápido. La realidad es complicada, así que no la compliquemos más con simplificaciones. Hay que filtrar la luz visible, claro, para que el sol no moleste. ¿Y qué hará la pupila cuando el ojo reciba menos luz? Se dilatará. ¿Qué ocurriría si esos anteojos de sol no bloquearan correctamente la luz ultravioleta? Exacto, te vas a llevar un bonito bronceado de retina. Antes de que lo pregunten, no, no es una buena idea.
¿O sea que unos anteojos de sol sin buen filtro UV pueden ser más dañinos para la vista que no usar anteojos de sol en absoluto? Exactamente; me lo dijo esta semana uno de los varios expertos con los que hablé.
Con mis anteojos recetados, los cristales me llegaban con un filtro UV certificado; me costaban una fortuna, pero bueno, la alternativa era bastante peor, a largo plazo. Ahora, sin embargo, al recurrir a una óptica y preguntar cuál era el tipo y grado de bloqueo UV de los anteojos de sol que estaba por comprar (de unos 17.000 pesos; anoto el valor por un motivo, que enseguida se develará), los tres jóvenes empleados me miraron como si estuviera consultando sobre estados cuánticos. Solo una de las empleadas se tomó el trabajo de mirar el folleto adjunto del modelo que había elegido, pero no supo encontrar la información correspondiente; tampoco en el armazón ni en la caja. La situación empezó a parecerme estratosférica en ese momento. Se trata del bloqueo de la luz ultravioleta que ingresa en los ojos, no del talle de unos jeans. Nos cubrimos con protector solar para estar una hora en la pileta, pero en este comercio no sabían informarme otra cosa que (y cito) “por ley todos los anteojos de sol que vendemos tienen que tener bloqueo UV”. Sí, en este periplo me enteraría que había algo así (con matices), pero seguían sin poder decirme el grado y tipo de bloqueo de esas gafas. No, no todos los filtros UV son iguales. Así que decidí que era mejor seguir soportando el solazo de enero que comprar algo tan sensible para mi salud sin la información suficiente. Incluso cuando, como supuse en el momento y confirmaría más tarde, esos anteojos posiblemente fueran adecuados. Pero ya me conocen. Me gusta saber.
Mientras seguía caminando por el centro comercial, consulté en varios locales de ropa si conocían otra óptica en la zona. “Acá, no”, me respondieron. Cuando subí a mi auto, resignado, se me ocurrió buscar óptica en Google Maps. Y, como pueden imaginarse, sí había otra, solo que un poco más escondida, aunque a una cuadra de donde había estacionado. Pulsé Llamar en Maps. Me atendió una chica que no entendió nada a partir de UV 400 en adelante, pero me pidió que esperara y me pasó con Yanina. Antes de seguir perdiendo el tiempo (ya estaba bastante enojado con todo el asunto), le pregunté si era óptica. Me respondió que sí. Entonces le dije:
–Voy para allá, Yanina.
Esta profesional no solo me explicó todas las opciones y hasta midió con un aparato el grado de bloqueo del par de anteojos que decidí comprar (21.000 pesos). También me comentó algo que no había tomado en consideración, pero que les ruego que anoten: si los chicos van a ponerse anteojos de sol, en la pileta o en la playa, con más razón hay que asegurarse de que tengan el bloqueo UV adecuado. El daño causado por la radiación ultravioleta es acumulativo, no olviden eso.
¿Y entonces, dónde comprar?
Por esas coincidencias raras de la vida, mi amigo Sergio Mohadeb (mejor conocido como Derecho en Zapatillas) había organizado un Space en Twitter sobre el tema gafas de sol, del que participó Darío Bártoli, que es consultor médico del laboratorio Essilor Argentina. Hablé con Bártoli al día siguiente, y después de conversar sobre un montón de tecnicismos, me dio la primera buena noticia de la jornada: “Se pueden comprar con confianza anteojos de sol en una buena óptica, en una óptica habilitada”, me dijo. Tal vez por eso, los anteojos no tienen un sello en rojo así de grande, como a mí me gustaría, con una leyenda que diga UV400 en tipografía cuerpo 70. (Hay más sobre esto; tengan paciencia.)
El mismo día hablé también con Walter Bakir, gerente de desarrollo de negocios y relaciones profesionales de Zeiss Cono Sur, que me explicó la diferencia entre esos números que van de 0 a 4 (y que suelen ser los que más mencionan en las ópticas) y el bloqueo UV. De 0 a 4 significa cuánto filtran la luz visible, grosso modo. Para sol fuerte (playa, pileta y así), tiene que ser 3. El 4 se reserva para alta montaña y ese tipo de situaciones extremas, y son tan oscuros que no resultan aptos para conducir. El valor UV400, que es el que los anteojos de sol deben tener para proteger bien la retina, se refiere a la longitud de onda de la luz ultravioleta. Durante bastante tiempo se tomó como seguro bloquear hasta 380 nanómetros (nm), pero ahora se sabe que en el orden de los 400 nm está el 40% de la radiación UV que reciben los ojos, y que además es más agresiva.
Sergio me comentó que en 2019 la Anmat había emitido una disposición (la 562/19) para regular el mercado de los anteojos de sol. Buen dato, ¿pero ya había entrado en vigencia? Llamé a la Anmat, donde me atendieron muy cortésmente y me pidieron que mandara la consulta por mail, cosa que hice de inmediato, el mismo miércoles. Al cierre de esta edición, es decir ayer a la tarde, todavía no habían respondido. Cuando lo hagan, añadiré la actualización aquí.
En todas estas charlas aparecieron además un número de interrogantes (como suele ocurrir; nada es simple, insisto). Por ejemplo, hay regulaciones (disposiciones, leyes o como se llamen, no entré en esos detalles) locales, además de lo que imponga la Anmat. En algunas jurisdicciones hay colegios de ópticos; en otras, no. ¿Quién fiscaliza y calibra las máquinas para medir el bloqueo UV de las gafas? No llegué a eso, pero es un tema. Le pregunté a Bakir si había alguna forma de medir en casa la eficiencia del filtro UV de los anteojos. Me dijo que no (lógico). ¿Entonces –pregunto–, a la larga, tenés que confiar en un sticker pegado en un producto? Exacto. Y no es el único caso. Lo mismo pasa con los medicamentos y los alimentos, que es donde entra la Anmat, y el trabajo que hacen es tan fundamental como loable.
Espero con los días poder responder al menos algunas de estas preguntas, pero hay todo un mar de fondo en este asunto. ¿Quieren más? Las peores horas para la vista son precisamente las que nos aconsejan para tomar sol, porque el astro ya no está en el cenit, y entonces la luz incide más directamente en la retina, según me explicó una de las fuentes que consulté. ¿Más? El artículo 19 de la disposición 562/19 de la Anmat establece que debe ser comunicada a doce organizaciones: Dirección General de Aduanas, CACm, CADIE, CADIEM, CADIME, CAEHFA, CAEME, CAPRODI, UAPE, CADEO, CAPDEV y CADIOA. Que los anteojos de sol te queden lindos no quita el hecho de que en su seguridad sanitaria hay al menos doce organizaciones involucradas.
¿Pero entonces tenemos un problema?
En 2019, según la Cámara Argentina de Industrias Ópticas y Afines (Cadioa, una de de las mencionadas en el párrafo anterior), cada verano se comercializaban dos millones de anteojos. ¿Y saben qué descubrió Cadioa? Que uno de cada cinco no cumplían con las normas. Así que no es para tirar todas nuestras gafas a la basura ni para entrar en pánico. Pero sí hay que dejar de usar lentes de sol cuyo bloqueo UV no esté garantizado o no conozcamos. O sea, tomar consciencia de que si nos cubrimos con protector solar para evitar el cáncer de piel, lo mismo tenemos que hacer con la retina. Y, de ahora en más, comprar buenas marcas en ópticas serias. Aunque cuesten un poco más. No es una promoción de verano, créanme. Me han dicho que los anteojos de ciertas marcas son falsificados con tanto esmero que ni el ojo experto puede distinguir los originales de las copias, así que lo mejor es confiar en la documentación, el código QR y otros certificados exhibidos en el comercio.
Lo otro que le toca a la industria es que en el punto de venta haya al menos una persona que entienda estas preguntas elementales. Cierto: lo que cuento aquí ocurrió en verano, en medio de una pandemia y tal vez fue simplemente un mal día para un comercio que en otras oportunidades había contado con personal más preparado; prefiero no generalizar, pero ocurrió, y ocurrió en el mes en el que se venden más gafas de sol. Sin un óptico que nos atienda, podemos tener toda la información teórica, pero no podremos elegir con entera certeza. Como dice Bartoli, en una óptica habilitada podemos comprar con confianza. Pero el comprar bien informado también es un derecho.
Además, las marcas no siempre son claras al momento de etiquetar el bloqueo UV; calculo que dan por sentado que sus productos se venden en minoristas oficiales y que por lo tanto el cliente sabe que puede confiar. Pero la razón por la que no siempre son claras es que no hay ninguna regulación que les imponga un etiquetado UV bien visible, me dice una de mis fuentes. En efecto, la disposición de la Anmat que mencioné antes habla de “cumplimiento de protección UV” y en el Anexo 1 hay un formulario que el fabricante o el importador deben llenar para poder vender gafas de sol en la Argentina. Uno de cuyos campos es “Filtro UV”. El campo más interesante, sin embargo, es el que exige ensayos que validen el grado de bloqueo UV declarado, lo que presupone que el campo “Filtro UV” no puede completarse con un simple “Sí o No”, sino con un grado. Pero la norma no habla de longitudes de onda ni mucho menos de que el consumidor debe encontrarse con un etiquetado claro que permita de un vistazo entender que esos anteojos protegerán su confort y también sus retinas. Tal vez, no llegué a averiguarlo, estos detalles no caen dentro de su jurisdicción.
En todo caso, la radiación UV causa problemas de salud; la luz visible solo causa incomodidad. En mi opinión, esto de elegir anteojos de sol debería ser tan lineal, claro, elocuente y apto para todo público como comprar un remedio de venta libre; debería haber también opciones seguras y accesibles, aunque no tuve la oportunidad de investigar seriamente sobre precios en esta ocasión. Los ojos son asunto serio, el daño de la radiación UV es acumulativo y las consecuencias se van a advertir muchos años después de haber comprado anteojos con un mal asesoramiento o un etiquetado confuso. Para entonces, ya será tarde.
Dos expertos españoles estuvieron a comienzos de noviembre en la Casa Blanca, en Washington, convocados por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El neurocientífico Rafael Yuste, catedrático de la Universidad de Columbia, y el ingeniero Darío Gil, director mundial del área de investigación de IBM, alertaron en la residencia del presidente estadounidense de la inminente llegada de un mundo en el que los ciudadanos se conectarán a Internet directamente con el cerebro, mediante gorras o diademas capaces de leer el pensamiento.
En ese hipotético porvenir, un algoritmo podrá autocompletar la imaginación, como ya hacen los programas informáticos de procesamiento de textos con las palabras. Los primeros dispositivos, todavía rudimentarios, podrían estar en 10 años a la venta en las tiendas de electrónica, según los cálculos de estos expertos que dialogaron con el diario español El País.
Yuste, madrileño de 58 años, y Gil, madrileño nacido en Murcia hace 46, son dos de los protagonistas del último documental del cineasta alemán Werner Herzog, un recorrido por las asombrosas fronteras de la neurotecnología y la inteligencia artificial.
– ¿Cuáles son las implicaciones de estas tecnologías?
Rafael Yuste. La implicación más importante es que va a cambiar la naturaleza del ser humano. Nos vamos a convertir en híbridos. Esto es una cosa que va a ocurrir sí o sí. No tengo ni la más mínima duda.
– ¿Qué es ser híbrido?
R. Y. Ahora dependes de tu teléfono móvil para hacer cada vez más cosas: encontrar una calle, llamar, usar el calendario, la agenda telefónica, la calculadora… En realidad, lo único que hace el teléfono es conectarte a la red. Esta conexión, en vez de estar en el teléfono en el bolsillo, la vamos a tener directamente en la cabeza, por una interfaz cerebro-computadora. Estas interfaces serán posiblemente no invasivas y serán distribuidas de manera masiva a toda la población. Y esto trasladará una parte cada vez mayor de nuestro procesamiento mental al exterior. La memoria, por ejemplo. Una externa nos mandará la información de vuelta. Y eso va a ser beneficioso en el sentido de que va a dar un acelerón a las capacidades cognitivas y mentales de los humanos. Ahora hay una brecha entre la gente que tiene acceso al mundo digital y la gente que no. Si no tienes teléfono móvil, empieza a ser complicado hacer cosas tan simples como ir al médico o hacer una transferencia de dinero. Pues esto va a ser una brecha mucho mayor. Habrá gente que estará aumentada y gente que no lo estará. Y eso cambiará la especie humana.
– ¿De qué año estamos hablando?
R. Y. Depende. Será una cosa gradual. Primero, llegarán dispositivos y aplicaciones que nos permitirán registrar y descifrar la actividad mental. Estamos hablando de 10 años.
– ¿Con diademas o cómo?
R. Y. Con diademas, con gorras o con cascos. Las primeras aplicaciones importantes pueden ser, por ejemplo, para escribir mentalmente o para traducción simultánea. Imagina que llegas a un país con tu diadema: piensas en tu idioma y tienes un altavoz que habla el otro idioma. Y, por supuesto, como la humanidad es lo que es, lo primero serán juegos y porno. Y luego, 10 años más tarde, yo creo que vendrán las tecnologías para introducir información en el cerebro, que siempre es más difícil. Y ahí ya será de verdad la aumentación mental. Si tú quieres acabar la frase en la que estás pensando, un algoritmo te la acabará, igual que ahora cuando estás escribiendo te la autocompleta. Imagina que te la autocompleta no solo con lo que quieres escribir, también con qué tienes que comprar en el supermercado, qué pareja quieres buscar, qué decir a la gente con la que estás hablando. Si ahora hablase con una persona y tuviera acceso a todo lo que ha hecho durante su vida, podría contarle otra cosa que le interese. Y, por supuesto, podría conducir o manejar mentalmente cualquier tipo de maquinaria. Yo digo que va a ser un nuevo renacimiento, porque la especie humana de repente salta hacia arriba, se conecta a computadoras cuánticas [ordenadores con una capacidad de cálculo muchísimo mayor]. Imagina una computadora cuántica ayudándote a decidir dónde tienes que invertir o qué carrera tienes que escoger. Estamos hablando de una especie humana muy distinta.
– ¿Todavía con gorra o diadema o ya sería un dispositivo implantado en el cerebro?
R. Y. Depende. Un equipo de la Universidad de Stanford ha conseguido este año que pacientes paralíticos, que no pueden hablar, escriban como si estuvieran escribiendo a mano, pero a base de pensar, con tecnología implantada. Ese problema, técnicamente, ya está solucionado. De aquí a 10 años, si hablamos de tecnología implantada, se podrá meter información de ida y vuelta. La tecnología implantada es muchísimo más potente, pero no la puedes vender en un supermercado, porque necesitas que un neurocirujano te la ponga. Siempre estará en el ámbito médico. El problema ético y social más gordo es la tecnología que no está implantada, la que no es invasiva, porque se puede comprar como si fuese electrónica de consumo, no está regulada, y puede llegar a toda la población.
– En la Casa Blanca están interesados en los riesgos de este futuro.
Darío Gil. Hay un deseo de avanzar en la neurotecnología en sí misma, para usos muy positivos: en personas con discapacidad, paralíticos, gente que tiene una necesidad desde el punto de vista médico. Y luego puede haber también aplicaciones que no son tan controvertidas, pero hay que pensar en cómo las vamos a gestionar y regular, sobre todo la parte que es un producto electrónico de consumo. Uno se puede imaginar consecuencias muy negativas: en la libertad de expresión o en la libertad de conciencia, por ejemplo. Podemos imaginar interrogatorios en países sin ninguna protección de derechos, con la posibilidad de extraer conocimiento directamente de ti. Puede ocurrir en los años venideros. Nosotros creemos que tiene que haber un diálogo, no solo social, también a nivel de gobiernos, que defina el uso de este tipo de tecnologías, para guiarlas por un camino positivo.
– ¿Ustedes creen que se van a leer los pensamientos sí o sí?
D. G. Sí, es cuestión de tiempo. Desde el punto de vista invasivo, sabemos que es posible.
-¿Y con una gorra también?
R. Y.Antes o después. La neurociencia avanza imparablemente y el pensamiento está generado por el cerebro. Cuanto más descodifiquemos el cerebro, más descifraremos la actividad mental. La cuestión no es blanco y negro, es un continuo. Ahora mismo con una gorra puedo averiguar si estás despierto, si estás dormido, si estás atento. Con un casco, mejor. Podría saber qué partes de tu cerebro se están activando: la visual, la de las emociones, la sensorial. Eso, hoy. En 10 años, posiblemente podrás escribir a máquina [con la mente].
– ¿Cómo sería esa hipotética unión cerebro-ordenador cuántico? ¿Qué podría hacer un humano?
D. G. Vamos a conectar el cerebro a sistemas de computación externos. No es solo qué va a pasar con la inteligencia artificial o qué va a pasar con la computación cuántica o con el mundo de cálculos precisos, sino qué va a pasar con la combinación de todo ello. Si tienes una hiperaceleración de la capacidad de computación y la conectas de manera muy simbiótica con el ser humano, es una explosión cámbrica. La computación te va a ayudar a expandir tu conocimiento, tu memoria, tu capacidad de cálculo, de hablar diferentes idiomas, de entender procesos físicos. Imagínate que quieres diseñar una nueva batería para el coche eléctrico: va a expandir tu capacidad de imaginar nuevas moléculas, por poner un ejemplo.
“Tener un sensor en la cabeza será de rigor en 10 años, igual que ahora todo el mundo tiene un teléfono inteligente”Shutterstock – Shutterstock
R. Y. Los humanos siempre tenemos miedo a lo que no conocemos. Cuando entras en una habitación oscura, siempre estás un poco preocupado por si hay un monstruo. En este caso, yo tranquilizaría a la gente. Lo que viene es una revolución positiva. La ciencia y la tecnología son las mejores herramientas que tiene la humanidad para solucionar cualquier problema. Yo pienso sinceramente que esta será otra herramienta que han hecho los humanos, igual que el fuego, la rueda, el carro, la imprenta y la energía nuclear: herramientas que nos han dado un empujón hacia el futuro y hemos acabado en una situación mucho mejor que antes. Yo creo que esto será igual. Miraremos hacia atrás y pensaremos que antes éramos un poco primitivos.
– Un experimento en EE UU en 2016 logró averiguar que una persona estaba pensando en una cuchara. ¿Eso ya se puede hacer hoy?
R. Y.La respuesta es sí. No es fácil, te tienen que meter en un buen escáner de hospital. Pero, desde hace ocho años, si piensas en una imagen, se quedan cada vez más cerca de averiguar esa imagen. Te van enseñando fotos y con cada una te hacen un escáner del cerebro, para ver qué partes se activan. Y luego te piden que pienses en una de las fotos que te han enseñado. Piensas en la foto de la cuchara y, como ya saben cómo responde el cerebro, saben que estás pensando en una cuchara. Si te piden que pienses en un cuchillo, aunque no te hayan enseñado un cuchillo, se activa una zona que puede ser la de la cuchara y otra zona de un arma. Entonces pueden averiguar que estás pensando en una cuchara que no es una cuchara. Se van acercando cada vez más. Y eso es hoy.
D. G. Si tienes miles de millones de frases y buscas las correlaciones entre las palabras, puedes empezar a hacer sistemas de predicción del lenguaje con muchísima fidelidad gracias a la inteligencia artificial. Las señales que existen en nuestro cerebro tienen una complejidad extraordinaria, pero podemos utilizar redes neuronales [modelos artificiales que intentan emular el procesamiento de la información del cerebro humano] para extraer las correlaciones, aunque no lo entendamos de manera causal. Conforme mejore la computación, la capacidad de cálculo, la fabricación, los semiconductores, los sensores y demás, seremos capaces de descifrar cosas cada vez más sofisticadas en el cerebro. Y luego está la estadística. Si hay muchas personas conectadas a este tipo de sensores —algunos más invasivos y otros menos—, al final puedes predecir cosas, aunque sea un sensor más rudimentario.
– ¿Podría existir un dispositivo que pasa como un detector de metales por detrás de tu cabeza y lee lo que estás pensando? ¿O es inconcebible?
R. Y. Físicamente, las señales son tan débiles que tienes que tener el sensor justo pegado al cráneo, por ahora. No digo que no pueda ser así en el futuro. En los próximos cinco o 10 años tendrá que ser una gorra o una diadema. Tener un sensor en la cabeza será de rigor en 10 años, igual que ahora todo el mundo tiene un teléfono inteligente porque, si no lo tienes, te quedas atrás. Será una cosa muy común. Tener el sensor en la cabeza te permitirá hacer grandes cosas, pero en principio perderás también el control de los datos mentales.
– Facebook y Google están en ese negocio de conectar el cerebro a computadoras.
R. Y. Están todas las grandes compañías tecnológicas y muchas otras nuevas. Están surgiendo como setas, porque piensan que va a ser el nuevo salto tecnológico. Están metiéndose también [los empresarios estadounidenses] Elon Musk, Bryan Johnson… Quieren ser los primeros. En el rodaje del documental de Herzog, cuando estuvimos en Seattle, cenamos con el vicepresidente y jefe de inteligencia artificial de Google. Nos enseñó una demostración de su nuevo asistente personal, que según él pasa el test de Turing: no puedes saber que no es una persona. Estuvimos conversando con este programa y fue asombroso. Fue como una conversación con una persona inteligente y, además, cultísima, porque tiene acceso a toda la información del mundo. Yo me quedé de piedra, porque me dio la impresión de que vamos a tener un asistente de estos en la mesa, a la hora de cenar con la familia. Y, por un lado, será buenísimo, porque será como una ventana al mundo.
D. G. Ahora se está haciendo mucho. Generas sistemas de lenguaje natural. En los últimos años, trabajábamos con las redes neuronales para temas de clasificación, como el reconocimiento de imágenes. Pero ahora se están creando modelos generativos: crean un texto, crean diálogos, pueden crear imágenes. La reflexión es: ¿qué es un lenguaje? Un lenguaje es, por supuesto, el idioma, pero también puede ser los sistemas de la química o los entornos de programación. Nosotros hemos utilizado estos modelos para crear moléculas químicas. En el futuro, la inteligencia artificial te va a ayudar a escribir el software, igual que estamos viendo sistemas de autocompletar una frase.
R. Y. Es la tormenta perfecta. Por un lado, viene la inteligencia artificial con estos algoritmos que pasan la prueba de Turing y los vas a tener diciéndote lo que tienes que hacer. Y esto lo conectas con el cerebro. La conexión que tenemos ahora con el algoritmo de inteligencia artificial, en el teléfono móvil, es todavía torpe: con mis deditos, mirando. Imagínate conectar esto con el cerebro humano. Es un estallido con repercusiones fortísimas y muy profundas: científicas, médicas, sociales, económicas y también de seguridad nacional. Por eso nos llamaron desde la Casa Blanca. Es inevitable que ocurra, sinceramente. Es el progreso y será para bien, en general, pero tendrá unas consecuencias profundísimas.
– Cuando hablan de implicaciones para la seguridad nacional, ¿qué están imaginando?
R. Y. Nosotros nunca pensamos en esto, pero los del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos nos llamaron por primera vez hace un año, porque se habían enterado de que China estaba intentando fusionar la inteligencia artificial con la neurotecnología y querían una reunión para informarles sobre todo lo que sabemos sobre neurotecnología en China. Yo no soy un experto en seguridad nacional, pero he oído que les preocupa que los analistas tengan interfaz cerebro-computadora para conectarse directamente a bancos de datos. Si tienes acceso a todo lo que se está diciendo hoy en Afganistán o en Siria, ¿cómo puedes identificar lo que te interesa? Es un problema gordísimo. Y es muy posible que sea solventado con mayor rapidez si conectas a la persona directamente a la red. Otras implicaciones, por supuesto, son las armas robóticas, los conductores de dron conectados entre sí…
– ¿Directamente cerebro-dron?
R. Y. Varios cerebros con un dron. Sería una posibilidad que podría mejorar la precisión. También están las armas hipersónicas, que se están fabricando en Rusia y en China y acortan el tiempo de reacción para una guerra nuclear a 15 segundos. La respuesta a ese riesgo es tener unos sistemas de inteligencia artificial que, en menos de 15 segundos, puedan decidir si [el ataque] es de verdad o no.
D. G. La convergencia de tecnologías multiplica el progreso y las consecuencias. No hay que hacer solo un análisis de la progresión lineal de cada tecnología de manera independiente: los semiconductores van por ahí, la miniaturización va por ahí, la inteligencia artificial va por ahí, la neurotecnología va por ahí, la computación cuántica va por ahí. Lo que la gente percibe menos es lo que pasa con la intersección, cuando combinas una tecnología con otra y con otra. Eso es menos fácil de predecir. Ahí es cuando se ven avances exponenciales sin que la gente lo anticipe. Estamos intentando que se entienda la importancia de estas tecnologías, que el mensaje llegue al mayor nivel de decisión. Son áreas importantísimas a la hora de invertir y estar en la vanguardia. Y las sociedades democráticas tenemos que decidir qué queremos. La tecnología tiene unas tendencias y va avanzando, lo cual no quiere decir que sea imposible de guiar. Ya ha habido ejemplos en tecnologías anteriores, como la nuclear o la biotecnología, con las que se han desarrollado todo tipo de normativas y sistemas de autogestión para decir: “Por este camino, menos, y si vas tienes que pasar un comité ético”. Que no sea todo el salvaje Oeste.
– La dictadura china y la norcoreana fabrican bombas atómicas y no pasa nada, aunque haya comités.
R. Y. Yo creo que no es verdad que no pase nada. Hay consecuencias muy graves. Algunos estados están aislados. Y no todo el mundo que quiera se puede hacer las bombas en el garaje. Se han establecido muchísimas limitaciones y hay consecuencias muy serias, lo cual no quiere decir que sea un sistema perfecto. Nosotros no luchamos por la perfección. En el mundo de la ciencia y la tecnología, si vas solucionando más problemas de los que vas generando, por lo menos es un vector de progreso. Nosotros lo que defendemos es que haya un diálogo mucho más activo sobre estas tecnologías, con científicos, empresas, universidades, con el Gobierno, para planificar escenarios y anticiparnos. Los gobiernos no controlan la tecnología. Esa es la realidad. Tenemos que inventar otra manera de colaborar con los diferentes actores que son responsables de la creación de esta tecnología. ¿Cuál es el G7 de la tecnología? No van a ser solo ministros y presidentes hablando unos con otros. Necesariamente, va a involucrar al sector de ciencia y tecnología que no es parte del Gobierno.
– Podrían estar IBM, Google, Facebook…
D. G.Muchas compañías tecnológicas, universidades, centros científicos. Requiere otra serie de actores alrededor de la mesa, dialogando y aportando ideas. Y eso hay que inventarlo, igual que hemos inventado otras instituciones en el pasado. Nosotros creemos que la neurotecnología es un buen ejemplo a la hora de empezar a definir por qué es necesario este tipo de diálogo. Con las cosas tecnológicas, la gente muchas veces no sabe de lo que hablamos. La neurotecnología puede leer lo que está en tu cerebro y también escribir algo en tu cerebro. Tiene unas implicaciones que todo el mundo puede sentir. Si somos capaces de iluminar un área con claridad, seremos más capaces de iluminar otras áreas.
R. Y. Proponemos que la neurotecnología sea la punta de lanza para una discusión más profunda sobre cómo encajar la tecnología en el mundo. Como la neurotecnología toca la fibra del ser humano directamente, muchos pensamos que lo lógico es que la respuesta social sea encajar la neurotecnología en unos derechos humanos existentes o por diseñar. Y, con esta pieza más o menos encajada, puedes mirar con una nueva perspectiva las otras tecnologías, como la inteligencia artificial, que ahora mismo están muy embarradas y es difícil lidiar con ellas.
– Un día de 2018 la humanidad se desayunó que ya se habían creado niñas modificadas genéticamente con la técnica CRISPR en China y se creó un comité internacional sobre manipulación genética para decidir qué estaba bien y qué estaba mal. Ustedes sugieren hacerlo con la neurotecnología antes de que ocurra una salvajada.
D. G. Sí, yo creo que uno se puede imaginar el futuro. No es imposible anticipar qué cosas se pueden hacer.
– Anticipen. ¿Cuál será el escenario en 20 años?
D. G. Sabemos que existen unas señales en nuestro cerebro que se pueden descifrar y también que se pueden inyectar nuevas señales. Sabemos que eso se puede hacer de manera invasiva. La gente conduce coches pensando. Es impresionante lo que puedes hacer. Uno puede anticipar una serie de progresos científicos y tecnológicos por los que lo que a día de hoy es invasivo ya no lo sea.
– ¿Hablamos de medio siglo? ¿20 años? ¿10 años?
D. G. Algunas cosas importantes pueden pasar de aquí a 10 años. Hay muchas empresas trabajando en ello. Es algo que vamos a ver en nuestras vidas. Y antes de llegar a ese camino hay que empezar a pensar de manera sofisticada sobre este tema. Con [la técnica de edición genética] CRISPR hay comités éticos, para ver qué tipos de experimentos se pueden realizar. Pero nadie habla de la neurotecnología. Al principio será un videojuego o se utilizará para escribir más rápido, pero conforme pase el tiempo se agregarán datos de millones o miles de millones de personas. La privacidad de tus pensamientos puede que esté en cuestión y puede que haya oportunidades de manipulación. Anticipando ese futuro, hay que ver cómo guiarlo.
R. Y. Es lo que llaman el dilema de Collingridge: cuando sale una tecnología nueva no sabes bien para qué se va a utilizar, pero es muy fácil regularla. En cambio, cuando ya se ha implantado en la sociedad conoces perfectamente bien las consecuencias negativas, porque ya llegas tarde. En el caso de la neurotecnología, sobre todo fusionada con la inteligencia artificial, está clarísimo lo que nos viene. Son cosas que ya sabemos hacer en animales. Y si se puede hacer en animales hoy, antes o después se va a hacer en humanos. ¿Por qué esperar a que sea demasiado tarde? Esto va al corazón de lo que es un ser humano, a nuestra mente.
– Si se sentaran directamente con el presidente estadounidense, Joe Biden, o con el español, Pedro Sánchez, ¿qué leyes nuevas les sugerirían? Ustedes han propuesto tratar los datos cerebrales como si fueran un órgano más, como un riñón.
R. Y. Yo les diría a Biden y a Sánchez que de vicepresidente tengan a un científico o a una científica. Si la mano derecha de un presidente del Gobierno es la economía, la mano izquierda tiene que ser la ciencia. Borges decía que es muy importante pensar no solo en lo que ocurre, sino en lo que no ocurre. Así te das cuenta de lo que falta. Y yo echo en falta una vicepresidencia científica.
D. G. La tecnología está avanzando a tal velocidad y sus consecuencias son tan amplias que debería ser una parte fundamental de cómo se gestionan los gobiernos, de cómo se hacen alianzas entre países. Hay alianzas comerciales o militares entre países. A mí no me cabe ninguna duda de que la siguiente generación de alianzas va a ser científico-tecnológica. Eso va a tener una serie de consecuencias muy importantes: qué haces tú, con quién colaboras, con quién no, quién tiene acceso y quién no. ¿Qué consecuencias hay si violas un acuerdo de tecnología y te pasas de la raya siete pueblos? Todo esto va más allá de aprobar esta ley o esta otra. Hay que incorporarlo como un elemento central en las preocupaciones de cada una de nuestras instituciones. Ya está pasando en las empresas. Hoy las empresas son las que hacen más la tecnología. Puedes estar en el sector del automóvil, pero es que en el futuro los coches van a ser ordenadores con ruedas. Esto que ya está transformando a las industrias también va a transformar a los gobiernos.