WhatsApp presenta nuevas funciones periódicamente para consolidar su dominio dentro de las aplicaciones más descargadas. Y si bien hubo muchos avances, como videollamadas multitudinarias y la nueva forma de agregar contactos, todavía no hay una forma ofical de enviar respuestas automáticas. Así podés leer el nuevo libro para niños de J.K. Roling en español Asesinaron de varios disparos a un famoso cantante de trap Cómo medir la velocidad de conexión a Internet Sin embargo, hay aplicaciones de terceros que permiten esta útil posibilidad y que no son riesgosas a la hora de instalarlas en nuestro teléfono celular. Se trata de Autoresponder for Wa para Android, creada por el mismo autor que hizo cosas similares para otras Apps como Telegram o Instagram. Es necesario que la aplicación tenga acceso a las notificaciones, ya que desde ahí registrará el momento en el que llegué alguna alarma del servicio de mensajería. Una vez que tenga ese acceso, sólo quedará añadir tu primer mensaje programado. AutoResponder for Wa te da la posibilidad de responder mensajes concretos o absolutamente todos. Luego de tildar la que quieras, en el cuadro Mensaje de respuesta, escribe el texto que quieres que se envíe al chat. ¡Y listo!
Debido a la crisis sanitaria por el COVID-19, estudiantes comenzaron a tomar clases en línea y muchas empresas públicas y privadas enviaron a su plantilla de trabajadores a realizar sus labores vía remota, con la finalidad de que se quedaran en casa y así mitigar los contagios que hasta este día han dejado 10,637 fallecidos en México.
Sin embargo, a diferencia de las empresas o universidades, los ciudadanos, además de usar sus propios equipos electrónicos, no tienen conocimientos ni están preparados para posibles ataques cibernéticos, por lo que expertos en ciberseguridad junto a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), han creado una guía de protección digital.
Los ciberataques registrados han ido incrementado a la par de las personas que realizan su trabajo vía remota. Al estar más tiempo en línea, los ciudadanos quedan expuestos a los piratas informáticos quienes pueden robar sus contraseñas, redes y datos, “a menudo sirviéndose de herramientas de ingeniería social y de temas y tendencias populares para tentar a los usuarios a tener comportamientos inseguros en línea”.
Además, los piratas informáticos han aprovechado el temor y confusión generada por el SARS-Cov-2, para difundir virus y hacer fraudes en línea.
El malware, también conocido como código malicioso, es un programa informático que se coloca de forma oculta en un dispositivo con la intención de comprometer la confidencialidad, integridad o disponibilidad de los datos, las aplicaciones o el sistema operativo.
Los malware más comunes incluyen virus, gusanos, troyanos, rootkits y spyware. Estos pueden infectar cualquier dispositivo por medio del correo electrónico, los sitios web, las descargas y el uso compartido de archivos, el software punto a punto y la mensajería instantánea.
También hay otros tres tipos de amenazas, las cuales intentan que las personas revelen datos importantes como contraseñas o bien descarguen archivos maliciosos. Son llamados de la siguiente manera:
– Phishing, es un método de ataque a través del correo electrónico enviado por un delincuente pretendiendo ser otra persona, compañía o sitio de confianza, para robar la contraseña o información sensible. También pueden buscar tomar el control del dispositivo o computadora.
– Smishing, ocurre cuando se recibe un mensaje de texto corto (SMS) al teléfono celular, por medio del cual se solicita al usuario llamar a un número de teléfono o ir a un sitio web.
– Vishing, es la estafa que se produce mediante una llamada telefónica que busca engañar, suplantando la identidad de una persona o entidad para solicitar información privada o realizar alguna acción en contra de la víctima.
Debido a la vulnerabilidad de los ciudadanos que trabajan desde casa, se recomienda, que mantengan actualizados los sistemas operativos tanto de sus computadoras personales, teléfonos inteligentes y tabletas.
Activar el cortafuegos (firewall), incorporadas en los sistemas operativos más comunes, con este evita que cualquier persona se conecte a los equipos personales vía remota y ayuda a establecer conexiones seguras.
Usar antivirus, el cual ayudará a bloquear el malware del equipo de trabajo, por lo que además es importante que esté actualizado.
Verificar que la red wi-fi sea segura, así como que cuente con parámetros de seguridad. En este ámbito no se recomienda usar redes abiertas o sin cifrado, es decir, las que no tienen contraseña, ni las que son WEP, ya que es poco segura.
En cambio se recomiendan las cifradas como WPA (Protected Access, por sus siglas en inglés) y WPA2. También da mayor seguridad el cambiar la contraseña predeterminada del router o módem y escribir alguna que incluya mayúsculas, minúsculas y números.
Otras de las recomendaciones generales es no abrir mensajes o atender llamadas que no se estaban esperando, ya que podrían ser una trampa.
Además de que en cuentas y perfiles buscar en la configuración el acceso a dos pasos, es decir, no solo requieren una contraseña, sino una confirmación por otro medio en donde el usuario reitera que es él quien quiere ingresar.
Para cuidar las cuentas, también se recomienda que el usuario tenga diferentes contraseñas y que las cambie periódicamente, así como asegurarse de cerrar sesión cuando finalice sus actividades, así como navegar en sitios seguros.
Seguridad durante teleconferencias
Con el aumento de trabajos y clases en línea por la pandemia del coronavirus, las demanda de servicios de videoconferencias han incrementado, pero no todas las salas han resultado ser seguras, pues en varias ocasiones las personas han reportado que hay usuarios ajenos que se integran.
Por ello, la primera recomendación es que el interesado baje la aplicación correspondiente desde la página web oficial del desarrollador o use las tiendas oficiales de aplicaciones, además de bajar las actualizaciones recomendadas.
En el caso de reuniones privadas, lo ideal es compartir el enlace con los participantes usando la función de compartición propia de la aplicación, evitando redes sociales u otros canales de comunicación abierta.
Proteger la conferencia con una contraseña robusta, para restringir el acceso a ésta a personas no autorizadas, y si la plataforma lo permite, activar una función que permite al organizador verificar y aprobar el acceso de los participantes.
Los integrantes en teleconferencias deben evitar compartir su escritorio de forma predeterminada ya que esto podría provocar fugas de información. Debe cuidar el encendido del micrófono y la cámara de video y si la teleconferencia es grabada, el organizador debe comunicarlo a los participantes.
Con esta guía, tanto quienes trabajan desde casa, como quienes tienen clases virtuales o incluso se comunican con su familia o amigos, podrán estar protegidos de posibles ataques cibernéticos, mientras se mantienen en casa y guardan sana distancia.
El último registro de la Secretaría de Salud (SSa) informó que los contagios por COVID-19 acumulados son 97,326. Además, desde el inicio de la epidemia, México ha sufrido 10,637 fatalidades.
Hay 16,940 casos confirmados activos, los cuales representan la epidemia activa en el país. Hay 153,601 casos negativos, 42,151 sospechosos, y un total de 293,078 personas estudiadas.
Ante el fin de la Jornada Nacional de Sana Distancia este lunes 1 de junio, los expertos afirmaron que no se deben relajar las medidas para evitar la propagación del coronavirus.
Esta nota provee un recorrido por algunos cursos gratuitos de programación online y gratuitos que se dictan a través de las plataformas de eLearning Coursera y Udemy. Cabe señalar que en algunos casos el curso es gratis pero se ofrece una certificación que sí tiene un costo. De todos modos, si no se desea abonarlo, también existe la alternativa de inscribirse gratis y realizar la cursada de igual manera.
La mayoría de los cursos mencionados aquí se dictan en castellano. En algunos casos, sin embargo, los videos están en inglés, pero suelen tener disponibles subtítulos en diferentes idiomas. Eso se aclara al ingresar a cursar.
1. Lógica de Programación
El nombre completo del curso es Lógica Programación: Aprende a Programar en Cualquier Lenguaje y se dita sin curso por medio de Udemy. Está orientado a los principiantes, y busca que el usuario comprenda las bases de programación. “Al acabar no te faltará ningún conocimiento y podrás entender perfectamente lo que es la programación y cómo se programa en cualquier lenguaje (Java, C++, SWIFT, SQL, Python etc)”, indica la descripción. Para acceder a este taller online hay que ingresar aquí.
2. Fundamentos de los lenguajes de programación
Una guía introductoria para aprender la base de la programación, teniendo en cuenta el concepto de variables y flujos de programa. Es un taller introductorio y para acceder hay que ingresar aquí.
3. Introducción a la programación
El curso se llama ¡A Programar! Una introducción a la programación. Es dictado por la Universidad ORT Uruguay y a través de la plataforma Coursera. En el curso se enseña a programar usando Scratch, un lenguaje de programación visual muy sencillo de utilizar. Para acceder al curso, ingresar aquí.
4. PHP curso de programación desde cero
Tal como su nombre lo indica, se trata de un curso de programación en PHP para el cual no se necesitan conocimientos previos en este lenguaje ya que se comienza desde cero. Para acceder al curso hay que ingresar aquí.
5. Introducción a Data Science: Programación Estadística con R
Este curso, ofrecido por la Universidad Nacional Autónoma de México, proporciona las bases del lenguaje de programación estadística R, que permite escribir programas que leen y analizan datos cuantitativos. “Te explicaremos la instalación del lenguaje; también verás una introducción a los sistemas base de gráficos y al paquete para graficar ggplot2, para visualizar estos datos. Además también abordarás la utilización de uno de los IDEs más populares entre la comunidad de usuarios de R, llamado RStudio”, se menciona en la descripción del taller. Para acceder, hay que ingresar aquí.
6. Programación en Python
Se enseñan conceptos básicos de programación en Python. El usuario también deberá resolver problemas prácticos donde deberá aplicar los conocimientos adquiridos en el curso. Para comenzar este taller hay que ingresar aquí.
7. Programación en Java Script
El nombre completo del curso es Ciencia de la Computación y Programación: Java Script nivel principiante. Se le enseñará al alumno a pensar de forma lógica para resolver problemas, desde el punto de vista de la programación en general y poniendo el foco en el desarrollo de conocimientos básicos del lenguaje Java Script. Para acceder al curso, ingresar aquí.
8. Programa especializado: Desarrollo de aplicaciones móviles con Android
Es un curso de la Universidad Nacional Autónoma de México que enseña a desarrolla aplicaciones móviles usando Android Studio. Es un curso de nivel intermedio. Para acceder, ingresar aquí
En el curso se utilizará una placa arduino para realizar dos prototipos que muestran el funcionamiento de dispositivos, como un chaleco para ciclista y un pastillero. Si bien no se requieren conocimientos previos de programación, se advierte que, en el trascurso de la cursada, es posible que el estudiante necesite investigar algunos aspectos. Para acceder al curso, ingresar aquí
10. Diseño de Videojuegos: Una Introducción
Este curso es parte del Programa desarrollo y diseño de videojuegos, de la Universidad de lo Andes, Colombia. Se enseñan las bases del diseño de videojuegos, y las aplicarán para el diseño de juegos de acción y de plataformas en 2D. Al final habrá que presentar un prototipo funcional en Unity del juego. Para acceder al juego, ingresar aquí.
Ella tardaba casi diez horas en llegar a su escuelita, montada en un burro. Se desbarrancó y quedó moribunda. Poco después, el autor de esta crónica estuvo con ella.
Todo empezó una tarde de marzo de 1977, cuando yo hacía “El programa es usted” en Radio Belgrano.
Ese día comenté una noticia que venía de Tucumán: en Tafí del Valle había aparecido una mujer joven tirada en el fondo de un profundo barranco.
Estaba viva, pero en muy malas condiciones. Si hubiesen pasado un par de horas más, habría muerto. Pero gracias a que unos lugareños encontraron su mula, que deambulaba sin cabalgadura, pudieron rescatarla.
Como en esa época no había internet ni teléfono celular ni WhatsApp, puse en el aire dos canciones seguidas y pegué una tanda, para tener tiempo de llamar a mis colegas de LV 12, que me dieron más detalles:
-La chica es maestra, Julio… Trabaja en Mala Mala, en la escuelita de allá arriba, en el cerro… Estaba yendo a trabajar y se ve que la mula se desbarrancó…Ella quedó inconsciente un día y una noche allí tirada…
A medida que transcurría el programa se fueron agregando más datos. Pude saber que la maestra se llamaba Aída Miriam Gómez,que tenía 25 años, que efectivamente trabajaba en Tucumán, pero en realidad era jujeña.
Y que para recuperarse de las magulladuras y del susto, cuando saliese del hospital, iba a ir a la casa de su familia.
Fue entonces que mi operador, el legendario Frank Boga, me dijo por el talkback:
-Tenés una llamada en el pasillo…
Salí del estudio, levanté el auricular y una voz masculina me dijo:
-Buenas tardes, escuché lo que contó de esta maestra… Me gustaría hablar con usted hoy mismo… ¿Podrá venir a mi oficina?
Me dio su nombre y su dirección. Y quedamos en que luego del programa iría a verlo.
A las seis de la tarde entregué la transmisión.
Y un rato después empecé a vivir una aventura inolvidable.
El tipo era grandote, alto, semicalvo. Le calculé más de 60 años. Tenía voz grave, con cierto aire provinciano. Y se notaba que estaba acostumbrado a mandar:
-Yo lo escucho siempre a usted… Y hoy me interesó mucho la noticia de la maestra. Por eso le voy a encomendar una misión. Pero eso sí, debe ser absolutamente secreta. No es para que lo comente por la radio, nadie se tiene que enterar. ¿Está de acuerdo?
Nunca me hubiera imaginado lo que vino después:
-Le voy a dar a usted un cheque para esa chica y su escuela, para que vaya a verla y se lo entregue personalmente… Lo que ella hace es patriotismo puro y merece apoyo… Pero le repito, esto es confidencial… Ella no tiene que saber quién se lo envía. Si usted está de acuerdo, ya mismo hago que le consigan los pasajes y se va para allá.
El paraje Mala Mala está cerca de Tafí del Valle, Tucumán
Ir “para allá” significaba alterar mi ritmo familiar, de joven papá, entonces de 32 años, con varios hijos. Y además salir del aire durante todo el tiempo que durase el viaje, dejando un programa de cuatro horas diarias en una de las radios más escuchadas del país.
La lógica era que le contestara que no, que muchas gracias por el ofrecimiento, pero que no era posible por razones personales y profesionales.
Eso era lo que debía responderle.
Pero por supuesto le dije que sí, que aceptaba.
Rápidamente, le ordenó a su secretaria que me tramitara los pasajes. La ida, para la mañana siguiente. Y el regreso abierto.
Y entonces me hizo el cheque.
En nuestro querido país hay pocas cosas más difíciles que comparar magnitudes económicas de diferentes épocas. Ni siquiera la conversión a dólares es confiable, porque un dólar de 1977 no es lo mismo que uno de 2020. Ni en Argentina ni en Estados Unidos. Además, a lo largo de los años hemos tenido Peso Argentino, Peso Ley 18.188, Patacones, Austral y convertibilidad, de modo que tan sólo puedo evocar la cifra: el cheque era de 10 millones de pesos.
Ni por asomo yo ganaba esa plata por mes.
Y el hombre, que me veía por primera vez en su vida, me extendió ese papelito para que yo se lo llevara a una maestra rural que no conocíamos.
Pero había asumido el compromiso, por varias razones. Primero, porque el tipo me parecía sincero. Luego, porque ese dinero iba a ser providencial para esa escuelita perdida en los cerros tucumanos.
Y además, porque siempre tuve facilidad para meterme en situaciones complicadas.
Un rato antes yo estaba en el estudio de la radio, haciendo mi programa. Y ahora un señor desconocido me daba un cheque por una cifra descomunal y un par de pasajes para volar inmediatamente.
Atiné solamente a decirle:
-Vea, me está dando un montón de plata… Hagamos un recibo, para que usted tenga un comprobante…
Jamás olvidé su respuesta:
-Vea m´hijo… Si usted hace una macana, si se queda con la plata… el problema va a ser para usted con su conciencia… No para mí… Vaya, vaya tranquilo.
Al día siguiente, tempranito, fui al Aeroparque. En el mostrador de Austral ya estaban los pasajes a mi nombre.
Y volé a Jujuy, porque la información era que Aída Miriam Gómez había ido allí, a la casa de su familia.
Pero las cosas nunca son tan fáciles. Cuando llegué a su domicilio, me dijeron que la maestra no estaba en Jujuy:
-No, no vino aquí… Se fue a Salta, a la casa de unos tíos…
43 años después, frente al teclado de la Mac, la frase apenas tiene un cierto rigor anecdótico. Pero en aquel momento, con la presión de la tarea encomendada y el cheque de diez millones en el bolsillo de la campera, la situación fue catastrófica. ¿Y ahora? En fin, no había muchas alternativas. Así que con la misma ropa puesta, me tomé un micro y viajé a Salta.
Y por fin estuve ante la protagonista de esta historia.
Sonrisa fácil, en los labios y en la mirada. Carita redonda, morocha, de pelo revuelto. Muy conversadora:
-¡No me diga que vino de Buenos Aires especialmente para verme! Por favor, esto le pudo pasar a cualquiera que tenga ganas de trabajar… Lo importante de esto es que se conozca el trabajo de los maestros rurales, de los maestros del interior… Es bastante feo, a veces es difícil, una tiene que luchar porque a veces los chicos tienen un bajo nivel mental, pero no porque sean tontos de nacimiento, sino porque esos chicos están abandonados, porque nadie les da una mano…
Dos cosas me sorprendieron en cuanto me puse a hablar con ella. Primero, su arrolladora humildad. Y luego su inocultable formación, que le permitía analizar su trabajo con llamativa madurez:
-Toda la zona de Mala Mala es muy quebrada, muy abrupta… Difícilmente encuentre allí llanuras o mesetas… Es muy monótono, bastante feíto y pedregoso, ¿no?…
La cadencia tenía acento tucumano, más que jujeño, seguramente producto del contacto lugareño:
-Ese lugar hacia el año 1870 fue comprado a la familia Colombres, que era muy arraigada en Tucumán, por un señor Cruz y un señor Romano… Ellos fueron los primeros que habitaron esa zona y ahora en Mala Mala hay más de una docena de familias Romano, descendientes de la primera… Se casan entre primos, incluso se han dado casos de incesto que yo los he comprobado… Pero lo hacen porque no tienen conocimiento…
Algún gesto revela que aún perduran los dolores. Sin embargo, la caída y los golpes pasan a segundo plano:
–Cuando la mula me tiró recé… recé hasta quedar inconsciente… me acordé de todos los recitos que me enseñaron cuando hice la comunión… Yo que estaba medio a las patadas con Dios… y me ayudó tanto…
Cuando le pregunté cuánto tardaba en llegar a su escuelita, me dijo con toda naturalidad:
-De siete a nueve horas, según cómo esté el tiempo… Eso si hace un sol espléndido y los ríos no están crecidos… Pero de lo contrario se echan de doce a veinte horas… Y a veces se echan dos días…
Los chicos en la escuelita donde en la década del ’70 enseñaba Aída Miriam Gómez
El “se echan” bien norteño adorna un lenguaje pulido, con el que me describió su escuelita:
-La escuela es demasiado pobrecita, como toda escuela del cerro… Son dos ambientes, que los llamamos pomposamente aulas…. No tienen revoque no tienen piso, el techo es de cinc, tiene un espacio de diez o doce centímetros entre la pared y el techo, falta que se complete eso… Hay un aula que tiene dos agujeros, uno que sirve de ventana y otro que sirve de puerta. El agujero de la ventana no se tapa, no hay con qué… En lo que sería la puerta se pone una chapa de cinc, con el peligro para las criaturas porque cuando corre viento hay que arrimarle un banco…
-¿Y por qué se llama Mala Mala?
-Ah… por esta zona antes se hacía el camino del Inca… los reseros llevaban la hacienda al norte, a Salta, a Bolivia, más arriba… Y era una zona muy fea, poblada de leones, tigres, víboras… Y cuatreros, gente de mal vivir, asesinos. Y si alguien se quería echar a dormir por ahí, bajo un árbol, o lo devoraban los leones o lo mataban los cuatreros… La fama tremenda del lugar, de esa tierra “mala”, le dio el nombre de Mala Mala…
Resultaba raro que una chica joven eligiese semejante lugar para vivir y trabajar:
-Tengo ganas de volver a la escuelita de Mala Mala… Esa gente necesita que alguien los ayude… Mi madre suele reprocharme porque ella me ha dado varios estudios, soy maestra y bachiller, y además llegué a cuarto año de medicina… Y ella me dice que voy a perder mi juventud en esos lugares… pero yo no voy a perder, yo voy a ganar… Esa gente me ha enseñado mucho, así como yo les pude haber enseñado… Me gusta esa gente porque es de un estado de pureza de alma tremenda, que yo no lo he logrado ver ni vivir en ninguna otra parte…
Aquella conversación con Aída Miriam Gómez la registré en mi pequeño grabador portátil. Los oyentes pudieron escuchar las palabras de esa joven mujer, que con toda naturalidad hablaba de su trabajo:
-Cada cual cumple con su responsabilidad en el lugar en el que esté… Si el río estaba crecido, yo me iba igual a la escuela… Son ríos de montaña, muy bravos… Y si estaba muy crecido, daba la vuelta, cruzaba otro cerro y llegaba lo mismo. Faltar por faltar no me gusta. No pienso en mí, sino en los chicos, que son los que se atrasan… Por desgracia para ellos, si son faltones es porque los padres los hacen faltar… Los padres los usan a los chicos, los chicos tienen que ayudarlos a sembrar, a cosechar, a regar, a desgranar el maíz, a moler, ayudarlos en un montón de cosas… hasta en la esquila de las ovejas… ¿Y por qué razón yo maestra voy a seguir aumentando las faltas para que este chico no aprenda? No puede ser, yo voy igual…
Todo esto salió al aire a los pocos días, por Radio Belgrano.
Y Marcos Cytrynblum, por entonces secretario general de redacción de Clarín, me invitó a escribir una crónica para su diario.
Pero en ninguno de esos testimonios periodísticos se reveló lo del cheque. Eso quedó como un secreto, de acuerdo a lo convenido.
Y a la propia Aída, al entregárselo, le oculté el nombre de la persona que se lo enviaba. Ella no lo podía creer:
-¿Todo este dinero me manda?… ¡Va a ser para la escuelita!… ¡Lo bien que nos viene!… Que Dios lo bendiga…
Como les dije, esto sucedió en marzo de 1977. Hace 43 años.
Creo que el tiempo transcurrido me absuelve del compromiso contraído. Y por eso puedo revelar el nombre de quien se conmovió ante la odisea de una joven maestra y además confió en alguien que era para él sólo una voz de la radio.
Aquel empresario se llamaba César Cao Saravia y era el dueño de una empresa metalúrgica.
El empresario César Cao Saravia, benefactor de la escuelita de Mala Mala
Cuando volví de Salta lo fui a ver a su oficina del barrio de Once y le conté todo esto.
Me abrazó y nos despedimos.
Después me enteré que con frecuencia hacía cosas parecidas. Por ejemplo, regalarle en secreto autos 0 km. a varios taxistas de Buenos Aires.
De la escuela de Mala Mala he visto algunas fotos hace poco. Se la nota muy distinta, ampliada, con nuevas construcciones. Hasta con paneles solares.
¿Y Aída? ¿Cómo habrá seguido su vida?
Querría reencontrarla, saber qué fue de ella.
Quizás haya otro capítulo de esta historia de radio, que unió a una maestra rural y a un bienhechor anónimo.
Entender cómo muta y se propaga el coronavirus es clave para encontrar formas efectivas de lidiar con la pandemia y en última instancia desarrollar una vacuna así como medidas de tratamiento efectivo para la enfermedad.
En este sentido, recopilar datos epidemiológicos de todo el mundo, procesarlos y analizarlos es clave para llegar a este objetivo. Y ésa es la misión de Nextstrain, un proyecto de código abierto que rastrea la evolución de diferentes patógenos, entre ellos el SARS-Cov-2 causante del Covid-19.
Nextstrain es de acceso público y se nutre con información de una base de datos internacional llamada Gisaid ( las siglas en inglés de “Iniciativa Global para Compartir Datos sobre Influenza”), que fue creada en 2008 para compartir datos sobre el virus de la influenza y ahora para hacer lo mismo sobre el nuevo coronavirus.
Científicos de todo el mundo aportan datos a esta plataforma y se convirtió en una referencia muy importante a nivel epidemiológico porque favorece el trabajo colaborativo que permite diseñar estrategias de intervención en materia de salud. En este sitio hay información sobre 27 mil secuencias genómicas virales de SARS-CoV-2 y se suman cientos de datos nuevos a diario.
“Proporcionamos una vista continuamente actualizada de los datos disponibles públicamente junto con potentes herramientas analíticas y de visualización para uso de la comunidad. Nuestro objetivo es ayudar a la comprensión epidemiológica y mejorar la respuesta al brote”, se lee al ingresar a Nextstrain que, como se mencionó, es una herramienta para visualizar los miles de datos recopilados por Gisaid.
Qué es un genoma
El genoma de cualquier organismo son las instrucciones genéticas necesarias para su funcionamiento y reproducción. En el caso del coronavirus las instrucciones están codificadas en 30 mil letras de ARN (A, C, G y U).
Cuando una célula es infectada por el coronavirus, se reproducen millones de copias del genoma original. A medida que la célula copia ese genoma, a veces se generan “errores” que consisten en la variación de una letra (puede, por ejemplo, cambiar la U por la G).
Esos errores tipográficos que se producen al azar son conocidos como mutaciones y se van acumulando a medida que el virus se propaga.
La importancia de secuenciar los genomas
“Estudiar la secuenciación es importante, para ver si hay mutaciones”, analiza el médico infectólogo Pedro Cahn, en diálogo con Infobae. Y subraya que tiene mucha importancia para el desarrollo de una eventual vacuna.
Por su parte, Julio Caramelo, doctor en química e investigador del Conicet en el Instituto Leloir,donde se desarrolló el test argentino para detectar anticuerpos de Covid-19, explicó a este medio que conocer la tasa de mutación “ es importante a la hora de diseñar una vacuna que sea efectiva a lo largo del tiempo. También es importante en el diseño de los kits de diagnóstico, para que detecten todas las variantes que circulan del virus. Si el virus mutara mucho puede llegar un momento en que los métodos de diagnóstico dejen de detectar a todas las variantes del virus. Eso haría que suba la tasa de falsos negativos, con lo cual habría que recalibrar lo métodos para evitarlo”.
No todas las mutaciones dan origen a una nueva cepa. Se habla de una nueva cepa cuando las modificaciones (mutaciones) generan cambios relevantes en la capacidad del virus de generar la enfermedad, en su estabilidad o en la capacidad de virus de ser bloqueado por el sistema inmunológico.
“Los cambios observados son más bien puntuales. Creo que es correcto por ahora hablar de una sola cepa”, analiza Caramelo. Por su parte, Vincent R. Racaniello, docente del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Columbia, explica lo siguiente en su blog Virology.ws
“Solo hay una cepa de SARS-CoV-2. El primer virus aislado, tomado de un paciente de Wuhan en diciembre de 2019 es la misma cepa que el virus aislado más reciente tomado en cualquier otro lugar del mundo en mayo de 2020. Hasta ahora nadie ha demostrado que ninguno de estos virus aislados difieran en ninguna propiedad fundamental”.
Cabe señalar que esta es la situación actual pero como todo es dinámico podría variar. De ahí la importancia de identificar las secuencias de los miles de genomas del virus que hay en el mundo para ver si en algún caso hay alguna variación que sí permite hablar de una nueva cepa y por ende implique la necesidad de hacer cambios en los testeos de diagnóstico así como en los proyectos de investigación para buscar una vacuna efectiva.
El recorrido del virus
En Nextstrain el análisis muestra una aparición inicial del virus en Wuhan, China, en noviembre-diciembre de 2019, seguida de una transmisión sostenida de persona a persona que se fue diseminando por el mundo.
En el caso de Nueva York, según datos aportados por dos estudios que aún no fueron revisados por pares, el virus ingresó a esa zona principalmente desde Europa. En tanto que en la costa Oeste habría ingresado directamente desde Asia.
En América Latina se puede registrar los primeros ingresos del virus a la región tanto desde Asia como desde Europa. Todo esto se puede ver en el mapa de visualización que aporta Nextstrain donde también se da cuenta de la cantidad de genomas secuenciados así como de las mutaciones halladas.
Un grupo de investigadores de las universidades de Harvard y del MIT están diseñando un barbijo capaz de producir una señal fluorescente cuando una persona con coronavirus respira, tose o estornuda. Esta herramienta permitiría realizar diagnósticos de manera casi instantánea y rápida, lo cual podría ser de gran ayuda en el marco de la pandemia.
Este desarrrollo, que aún está en un estadío muy incipiente, parte de un proyecto anterior que el investigador Jim Collins inició en el laboratorio de bionigeniería del MIT, en 2014. En aquel entonces, junto con su equipo, comenzó a desarrollar sensores que podían detectar el virus del Ébola en papel. Dos años más tarde, los investigadores de esa universidad y Harvard publicaron su investigación donde explicaban el uso de esa tecnología para aplicarla al virus del Zika.
La tecnología es capaz de identificar los virus que causan SARS, sarampión, influenza, hepatitis C y otras enfermedades. El objetivo ahora es llevar esa tecnología para producir un barbijo que, a partir de ese mismo concepto, sea capaz de identificar el Covid-19, según se menciona en un artículo de Business Insider.
Los investigadores están evaluando si añadirán los sensores directamente en unos barbijos especiales o si desarrollarán un módulo separado capaz de ser incorporado a cualquier tapabocas de venta libre. Los sensores están conformados por material genético que es capaz de unirse al virus. Luego, ese material se liofiliza (deshidratación por medio de congelación) sobre la tela utilizando una máquina, que absorbe la humedad del material genético.
Para que los sensores se activen y funcionen necesitan humedad que en el caso del cuerpo se produce, por ejemplo, a través de la saliva o la mucosidad y luego identifican la secuencia genética del virus. De identificarlo emiten una señal que, como no se puede identificar a simple vista, los investigadores proponen que se emplee un dispositivo llamado fluorímetro que ya existe en el mercado y podría ser utilizado por las autoridades, médicos o quien corresponda para medir el nivel de fluorescencia en los barbijos y así saber si la persona tiene coronavirus o no.
Esta solución sería una propuesta de diagnóstico fácil, una alternativa a otros tests que ya existen y se están utilizando. Los beneficios son la rapidez y sencillez. Y el otro punto a favor es que trabaja sobre el material genético lo cual permitiría identificar el virus incluso cuando la persona no haya desarrollado síntomas.
Los diferentes métodos de diagnóstico
En la actualidad se realizan, por un lado, los test de PCR (Reacción en Cadena de la Polimersa), que permite detectar un fragmento del material genético de un patógeno o microorganismo, en este caso el coronavirus. Hacerlo demora unas cuantas horas y los resultados se tienen a las 24 o 48 horas, a veces más. Son los más precisos y utilizados hoy en el mundo por su efectividad diagnóstica.
Por otro lado, se realizan los llamados test serológicos también conocidos como “test rápidos” que identifican la presencia de anticuerpos en la sangre. Hay que destacar aquí que una persona puede estar transitando la enfermedad y no haber desarrollado anticuerpos aún. Se puede demorar 7 u 8 días en desarrollar anticuerpos aproximadamente.
«Es importante saber que la PCR del genoma viral es el único sistema que tenemos actualmente para identificar, en un momento dado, la presencia del patógeno. Por tanto, esta prueba diagnóstica informa de si la persona, aunque sea asintomática, puede ser contagiosa.
En cambio, la serología o test rápido permite saber si una persona tiene anticuerpos contra el virus, es decir, si su organismo ha reaccionado contra él, ya lo ha combatido. Los anticuerpos IgM aparecen inicialmente y duran poco tiempo –semanas–, mientras que los anticuerpos IgG aparecen un poco más tarde y permanecen altos un tiempo largo, aportando protección frente esa cepa de virus», se subraya en un artículo de Naomi Schalit publicado en The Conversation.
Cuando la vida era normal, mis estudiantes y yo nos reuníamos en salones de clase.
Mis favoritos son los pequeños y acogedores donde nos sentamos de frente alrededor de una mesa de seminario y la conversación fluye con facilidad. Los grupos de tamaño mediano se reúnen en un aula cuadrada con ventanas a lo largo de un costado. Más o menos por esta época del año, hace un calor insoportable por la tarde, a medida que entra la luz primaveral. Mis alumnos se encorvan soñolientos en esos incómodos mesabancos, dispuestos en hileras desordenadas, mientras yo camino en la parte frontal del aula, tratando de despertar su interés en algún tema antropológico oculto. En ocasiones tengo éxito. Las clases introductorias se imparten en un salón de conferencias grande y, desde mi perspectiva privilegiada al fondo del salón, veo hileras de estudiantes sentados organizadamente ante mí. Hace poco empecé a utilizar gafas oftalmológicas para poder distinguir sus rostros, que habían empezado a verse borrosos a consecuencia de mi entrada a la mediana edad.
Cada tipo de aula presenta distintos desafíos y placeres, pero todos tienen una cosa en común. En estas aulas, los estudiantes son iguales entre sí en apariencia. Se sientan en las mismas sillas.
Ahora hemos perdido nuestros salones de clase y me temo que, con ellos, también perdimos algo vital.
En la entrada del edificio del campus de Queens College en Flushing, Queens, donde he impartido clases durante 14 años, lo primero que veo es una cita de la crítica cultural bell hooks: “La academia no es el paraíso. Pero el aprendizaje es un lugar donde se puede crear el paraíso”. En el libro del que se han tomado estas palabras la autora continúa: “El aula, con todas sus limitaciones, sigue siendo un lugar de posibilidades”.
Cuando la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY, por su sigla en inglés) cerró sus campus, empecé rápidamente a convertir en videos las conferencias restantes de mi curso de Introducción a la Antropología Cultural que tiene 130 alumnos inscritos. Con el cambio radical de horarios, un acceso limitado a las computadoras, wifi intermitente y otros obstáculos, las clases virtuales simultáneas para grupos de este tamaño son imposibles. Los estudiantes ahora pueden ver mis conferencias en sus teléfonos.
En el grupo reducido de mi seminario, usamos la plataforma de Zoom para recrear la experiencia del aula lo más posible. Mientras hablamos sobre nuestras lecturas, observo los carteles, las fotografías y los tapices que decoran las paredes de mis estudiantes. Observo a sus parejas y mascotas moviéndose como sombras en el fondo. Veo áreas de trabajo improvisadas en espacios estrechos e incómodos. Cuando un estudiante abre su micrófono para hablar, escucho ruidos de fondo que distraen.
Con frecuencia, estas intimidades de Zoom son entrañables y, en ocasiones, agradezco las extrañas e inesperadas formas en que este periodo de aislamiento forzoso trae nuevos tipos de cercanía con los demás. Me gusta saber que un estudiante bebe té de una gran taza de cerámica, mientras que otro parece tener buena mano con las plantas de interior, pero también soy consciente de que estos vistazos a los hogares de mis alumnos violan el contrato implícito del aula, donde los estudiantes tienen cierto control sobre los aspectos de sus vidas que se ven fuera de la escuela.
No es que el salón de clases esté siempre aislado del mundo exterior… tampoco debería estarlo. Cuando los estudiantes exponen sus diferentes experiencias de vida durante nuestros debates, hacen conexiones profundas y presentan ideas abstractas vívidamente concretas. Una de mis partes favoritas de la enseñanza es ver a los estudiantes relacionar los conceptos que enseño con las vidas que llevan. A menudo siento que mi papel principal es proporcionarles un vocabulario para pensar en lo que ya saben y expresarlo en palabras.
A veces su vida personal se filtra en el aula de maneras menos gratas. Un estudiante se disculpa por quedarse dormido en clase; ha aumentado las horas de su trabajo nocturno como conductor de Uber porque su padre fue despedido. Otro falta a clases, y más tarde explica que tuvo que fungir como intérprete de su madre en su cita con el médico. Una estudiante pide permiso para tener su teléfono sobre el escritorio durante la clase y poder recibir los mensajes de su hijo, que está en casa enfermo. Otra entra a mi oficina llorando, preocupada por la posibilidad de reprobar mi curso. No ha podido estudiar desde que su familia fue desalojada de su apartamento.
Estos son sucesos comunes cuando uno imparte clases en una escuela pública, como Queens College. Ahora se presenta la pandemia, que revela y empeora las desigualdades en nuestra ciudad y nuestro país, provocando que las personas de color de menores ingresos —la mayoría de los estudiantes de CUNY— sean más vulnerables en términos de salud y sustento. Lo veo claramente en mi bandeja de entrada, que ha sido inundada con correos electrónicos de estudiantes que están enfermos o cuidando a familiares afectados. Un estudiante se perdió un examen porque tuvo que llevar a su abuela al hospital; unos días después me escribió para decirme que había muerto. Algunos estudiantes trabajan más horas como “trabajadores esenciales”, mientras que otros se han quedado sin trabajo. Los que más me preocupan son aquellos de los que no he tenido noticias.
La igualdad en el salón de clases es una ficción… sería absurdo sugerir lo contrario. Es dolorosamente evidente que solo algunos de mis estudiantes tuvieron el beneficio de una sólida educación preparatoria. Otros empiezan la universidad sin tener una preparación adecuada en aspectos fundamentales de lectura y escritura. Muchos son inmigrantes que batallan con el inglés académico y se pierden las referencias culturales que harían nuestras lecturas más accesibles. La raza, el género, la clase, la sexualidad, el estatus migratorio y otros factores determinan quién se siente seguro de hablar en clase y quién tiene miedo de decir algo equivocado.
Cuando fingimos que esas desigualdades no existen, dejamos que persistan sin ser cuestionadas, pero como otros sueños utópicos, la ficción de la igualdad (cultivada por esas habitaciones genéricas con mesabancos uniformes) también tiene su valor.
A diferencia de muchos de sus homólogos de clase media y alta en universidades con alojamiento, la mayoría de mis estudiantes viven en su casa. El cierre de los campus y el repentino cambio a la enseñanza en línea es quizás menos impactante para ellos, porque la universidad nunca ha sido una experiencia enclaustrada lejos de las complicadas exigencias de la vida familiar y las presiones de poner comida sobre la mesa.
No obstante, eso es exactamente por lo que el aula es tan fundamental. No es un espacio alejado del mundo dañado e injusto en el que vivimos, sino un lugar en el que los estudiantes se encuentran, en primer lugar, como compañeros de aprendizaje. Como profesora, no puedo nivelar un campo de juego profundamente desigual, pero, dentro del aula, mis alumnos y yo podemos intentar forjar una comunidad en la que nos escuchemos unos a otros con respeto, en la que todos tengan derecho a la palabra, y en la que los alumnos compartan sus experiencias gracias a la confianza que hemos construido juntos, y no porque sus vidas privadas estén expuestas a través de Zoom.
Los estudiantes y el cuerpo docente de CUNY son resilientes; sabemos cómo salir adelante con recursos más limitados de lo que merecemos. Por ahora, mis estudiantes y yo nos las arreglamos como podemos, enseñando y aprendiendo desde nuestros hogares atestados y, en ocasiones, caóticos, pero tan pronto como sea posible, queremos volver a sentarnos en esas sillas incómodas, en búsqueda de nuestro paraíso de aprendizaje.
Karen Strassler, profesora adjunta de Antropología en Queens College y el Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, es autora de Demanding Images: Democracy, Mediation, and the Image-Event in Indonesia (Imágenes desafiantes: Democracia, Meditación y el suceso de la imagen en Indonesia).
El sistema fue implementado por la comisión de Modernización y consiste en una plataforma digital, que es un software desarrollado por la propia Cámar. Se trata de un sistema de reconocimiento de datos biométricos vinculados con la base de datos ReNaPer para verificar la identidad de los usuarios, una aplicación de videollamada y el hosting de la base de datos está a cargo de Arsat.
Por empezar, hay que entender que las sesiones se realizarán a través de una plataforma telemática a la cual ingresarán los legisladores con un usuario y contraseña. Para ingresar al sistema, cada diputado accederá al sistema desde su computadora utilizando una VPN, es decir, una red virtual privada, que añade una capa extra de seguridad a la conexión.
Luego, el sistema pedirá una segunda verificación que se basará en datos biométricos para lo cual se le tomará tres fotografías: una con rostro neutral, otra haciendo una mueca que indique el sistema y otra con los ojos cerrados.
Esta información es validada con la base de datos del Registro Nacional de las Personas (ReNaPer). Se trata de un mecanismo de seguridad, implementado por Arsat, y que también se emplea en otras aplicaciones gubernamentales para validar la identidad de los usuarios.
Al momento de la votación, el sistema solicitará una tercera verificación de identidad con una nueva revisión biométrica instantánea por medio de fotografía y también se deberá rectificar esa decisión a viva voz
“Armamos un manual de uso y soporte. En estos 45 días hubo más de 18 comisiones, 15 Ministros pasaron por el Congreso y más de 200 Diputados participaron por teleconferencia. Ya hay un entrenamiento previo”, explicó Juan Manuel Cheppi, Secretario General de la Cámara de Diputados de Nación, por medio de su cuenta de Twitter.
Se preparó el recinto con 10 pantallas donde se verán las imágenes de cada uno de los diputados de forma simultánea.
La plataforma de videollamada que utilizarán es Webex Meetings, de Cisco, que “cuenta con tecnología de punta y segura, que garantiza cifrado de extremo a extremo. Adicionalmente la Cámara de Diputados desarrolló esquemas propios de seguridad que se suman a los ya mencionados”, subrayaron desde la compañía.
¿De qué otro modo se cuidará la seguridad de la sesión? Además de los mecanismos ya mencionados, la web cuenta con otros protocolos de seguridad pensados para minimizar las chances de que haya algún ciberataque.
En este sentido, se llevaron adelante pruebas de penetración, que son ataques informáticos con la intención de encontrar debilidades de seguridad en el sistema. Este es un mecanismo que se emplea para poder identificar posibles vulnerabilidades y subsanarlas.
¿Y qué ocurrirá en caso de que haya un problema con la conexión? “En caso de que se produzca un corte, los usuarios pueden transferir los datos del celular a la computadora. Apelamos a la conexión móvil. Tuvimos un entrenamiento de cada diputado”, explicó Cheppi, en diálogo con Infobae y añadió: “Hicimos una encuesta (a los diputados) y sabemos qué compañía de telefonía tienen, que sistema operativo y qué dispositivo. Además, mandamos speedtest para evaluar el ancho de banda en donde se conecta”.
Recordó que los diputados recibieron un manual de procedimiento, como ya se mencionó anteriormente, para que sepan que al momento de conectarse hay que asegurarse de que la red no esté sobre exigida, es decir que no haya otros usuarios conectados a la misma red utilizando servicios de streaming de video, por ejemplo, que demanda muchos recursos.
A su vez, Cheppi remarcó que, en caso de que haya una caída masiva de internet “ va a haber peritos informáticos con cada secretario parlamentario de cada bloque en el Congreso para responder en caso de que se dé esta situación y se prevé también tener ventanas de tiempo para esperar, en caso de que ocurra algo así”.
Este fin de semana más de 1 millón de personas disfrutaron de nuestra primera función online.PRÓXIMAS FUNCIONES:
FILOSOFIA DE VIDA con Alfredo Alcón – desde el SÁBADO 18/4, 20.30 hs.
Disponible por 24 hs MÁS CANCHERO – desde el SÁBADO 18/4, 23.59 hs.
Disponible por 24 hs
Poco a poco muchas empresas y oficinas gubernamentales de México se han visto obligadas a operar bajo el modelo “home office”, o trabajo a distancia, con el fin de frenar la propagación del Covid-19 y cuidar a sus empleados y familiares.
Aunque para algunos esta nueva modalidad laboral, que apunta a convertirse en cotidianidad en las próximas semanas, es mucho más cómoda. No obstante, para otros ha representado una problemáticaal no contar con un equipo de cómputo ni una señal de conectividad adecuada.
Además, los principales servicios de internet pudieran verse afectados conforme aumente la gente en confinamiento por tiempos prolongados, al grado de no garantizar los accesos a la red.
En entrevista con Infobae México, Rafael Pazarán, especialista en tecnología y seguridad de la Información de la Universidad La Salle, habla sobre las consecuencias y desafíos que tendrán los servicios de internet en el país durante los próximos días:
Estamos ante un escenario inédito, no hay un precedente de ésto en México, pero podemos teorizar de acuerdo con algunas crisis de colapso de la red que han pasado por eventos masivos, como el Super Bowl e, inclusive, durante la emergencia del sismo de 2017
China y varías naciones de Europa ya experimentaron problemas de conexión (Foto: Pixabay)
Con el incremento de personas laborando desde sus hogares a lo largo del día, las sobrecargas de contenido perjudicarán el comportamiento de la red de la empresa que sea.
Si pensamos que en estos momentos hay hogares con hasta cinco personas, que al día utilizan ya sea una laptop, celulares o videojuegos, claro que eventualmente habrá una sobrecarga al servicio
Aunado a ello, el especialista señala que el servicio que cuenta la mayoría de personas en casa fue contratado para ocio y trabajo esporádico, a diferencia de los que hay en oficinas y negocios. Pero entonces ¿cuánto nos afectará si necesitamos trabajar diario desde el hogar?
No se va caer el internet como tal, pero sí habrá lentitud en cualquier servicio. Vamos a tener problemas al hacer videoconferencias, al enviar correos electrónicos pesados, al subir archivos a la nube, etcétera
Facebook e Instagram optaron por reducir la velocidad de bits a cambio de garantizar el servicio (Foto: Reuters)
Pazarán pone como ejemplo lo que ha sucedido en China, donde las empresas disminuyeron la velocidad de navegación y descarga con el objetivo de no sobrecargar sus redes y garantizar la conectividad para toda la población.
Mismo caso en Italia y España, dos de los países con confinamiento total, donde firmas como Netflix, Facebook-Instagram y Youtube, optaron por reducir la resolución en bits de los videos que se publican en sus plataformas.
Tomando en cuenta que la infraestructura en estos países es más sólida, ya utilizan una red 5G, sería normal que en México y América Latina hicieran lo mismo con el paso de los días
Si bien en nuestro país no hay un desarrollo de colectividad ad hoc a estas circunstancias, Rafael asegura que los servicios son aceptables y por el momento no presentan riesgos de colapsos.
Muchas empresas iniciaron la migración paulatina de sus operaciones (home office) desde hace varios días, antes de la implementación de la fase 2. En una fase 3, el aumento no va a ser tan significativo
Una de la recomendaciones es evitar el uso prolongado de servicios de streaming (Foto: Archivo)
No obstante, el tecnólogo enfatiza que las empresas y sus trabajadores deben estar conscientes de que en algún momento sus funciones pueden verse afectadas por medidas extraordinarias de las compañías de servicios de internet para garantizar el acceso en sectores que más lo necesiten. Aseveró que una estrategia de home office no sólo debe ser mandar a sus trabajadores a la casa, sino contar con un plan de trabajo y organizar tiempos de entrega razonables.
Todos necesitamos internet. Pero también necesitamos que las infraestructuras estén disponibles, especialmente, para los hospitales y los centros de salud. Que tengan todas las telecomunicaciones para que puedan atender a los infectados. Y para eso será necesario racionar la banda ancha. Por eso es muy importante invitar a la sociedad a que tengamos un uso responsable del internet
Al respecto, Rafael Parezán da algunas recomendaciones para evitar contratiempos al momento de trabajar con tu servidor de casa:
– Si vas a ver una película de servicios streaming, descargarlas por la noche, o en horas donde no trabajen. De igual forma con las listas de música.
– Evitar el uso de YouTube constantemente.
– No enviar demasiados mensajes de whatsapp con video, a menos que sea necesario
– No dejar aplicaciones abiertas en nuestros smartphones, pues consumen bites aunque no las utilicemos.