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  • Falleció el gran artista Daniel Rabinovich, integrante de Les Luthiers

    El integrante del grupo humorístico musical Les Luthiers Daniel Rabinovich, murió esta mañana luego de sufrir desde hace un tiempo una delicada situación cardíaca que lo mantenía fuera de la actividad artística.

    Él junto con el gran Marcos Mundstock, generaban en el escenario una magia impresionante. El liderazgo de la dupla se fue asentando con los años; Mundstock y Rabinovich eran «el arco y el violín», formaban una dupla impresionante y generaban enormes carcajadas del público que los acompañaba en todos lados.

    Desde hace algún tiempo se sabía que la salud del músico-actor no era de todo buena, pero nadie imaginaba que las cosas llegaran a mayores: Les Luthiers tiene dos miembros alternativos, Horacio Turano y Martín O’Connor, que sustituyeron a Rabinovich en su gira por Islas Canarias a principios de marzo, mientras el grupo presentaba «Lutherapia».

    La llegada de Rabinovich, nacido en Buenos Aires el 18 de noviembre de 1943, a Les Luthiers se produjo en San Miguel de Tucumán, antes que ese equipo fuera tal, cuando un puñado de universitarios -él era licenciado en Derecho y escribano público- presentó un espectáculo de humor dentro de un festival de coros.

    Esa novedad de 1965 era la inclusión de los llamados «instrumentos informales», con los que habían creado una parodia de concierto ideada por el estudiante de arquitectura Gerardo Masana -muerto prematuramente en 1973- que causó sensación.

    Ya con el nombre de I Musicisti -versión jocosa del conjunto italiano I Musici- el grupo se presentó con un éxito notable en la sala Planeta de Buenos Aires y en el Instituto Di Tella, que por ese momento pertencía a la vanguardia artística.

    Una vez finalizado I Musicisti, en 1967 nace Les Luthiers con el concurso de Ernesto Acher, que realizó presentaciones cada vez más populares en los café concert y en pequeñas salas teatrales de Capital y Mar del Plata.

    Su capacidad actoral excedió los shows del grupo y apareció en el cine desde la lejana «Espérame mucho» (1983), de Juan José Jusid, hasta «¿Quién dice que es fácil?» (2007), de Juan Taratuto, «Mi primera boda» (2011), de Ariel Winograd, «Extraños en la noche» (2012), de Alejandro Montiel, y «Papeles en el viento» (2015), también de Taratuto.

    Según sus propias palabras, aparecidas en el sitio web de Les Luthiers, «me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años”. “Allí había varios folcloristas que me dejaban asistir a sus reuniones y fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra”, añadía.

    En la página se puede leer también que la música había estado presente en su hogar desde su nacimiento: su madre había estudiado piano y su padre –un abogado penalista que defendió a personalidades como Hugo del Carril y Tita Merello- tenía el hábito de cantar y silbar tangos.

    Pertenecía a Les Luthiers desde su fundación en 1967 y era uno de los miembros más populares junto a Marcos Mundstock y sus dotes musicales de ejecutar la guitarra y el violín, junto a otros instrumentos informales. El grupo cómico también lo componían Carlos Núñez Cortés y los músicos Carlos López Puccio y Ernesto Acher.

    Este es uno de los momentos más inolvidables de su carrera artística en donde realiza un monólogo desopilante.

  • La Floralis volverá a funcionar

    Desde hoy a las 18hs. va a estar abriendo y cerrando sus pétalos nuevamente luego de haber estado seis años en reparación.

    Según el gobierno porteño la estructura metálica no funcionaba por un desperfecto mecánico. La Floralis, icono de la ciudad, se reinagurará hoy por la tarde en donde habrá un show libre y gratuito en la plaza de las Naciones Unidas. La obra del arquitecto Eduardo Catalano la cual mide 22 metros de alto y pesa 24 toneladas fue arreglada entre una empresa privada y el gobierno de la ciudad.

    El ministro de Ambiente y Espacio Público, Edgardo Cenzon, dijo: «Para nosotros constituye un orgullo recuperar este ícono de Buenos Aires. Fue un desafío de gestión e imaginación, y es un gran honor devolverle a la ciudad un sofisticado monumento que combina la mecánica, el arte y un mensaje por la naturaleza».

    Para permitir que la impresionante estructura vuelva a funcionar se debió arreglar un pistón subterráneo que permite a los pétalos abrirse con un diámetro de 32 metros. También se hizo un apuntalamiento preventivo de los pétalos los cuales pesan 3 toneladas y media cada uno. Se debieron controlar y reparar los sensores de viente y agua que hacen que la flor se cierre cuando hay fuerte lluvia y ráfagas de viento. Por ultimo se reforzó la estructura para que pueda soportar tormentas.