{"id":138661,"date":"2026-07-07T12:16:18","date_gmt":"2026-07-07T15:16:18","guid":{"rendered":"https:\/\/100xd.com.ar\/?p=138661"},"modified":"2026-07-07T12:16:18","modified_gmt":"2026-07-07T15:16:18","slug":"cuando-la-excepcion-se-vuelve-rutina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/100xd.com.ar\/en\/cuando-la-excepcion-se-vuelve-rutina\/","title":{"rendered":"Cuando la excepci\u00f3n se vuelve rutina"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Una sentencia judicial puede ser jur\u00eddicamente correcta y, al mismo tiempo, poner en evidencia&nbsp;<strong>un serio problema institucional<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eso parece haber ocurrido con el reciente fallo que rechaz\u00f3 la demanda promovida por el&nbsp;<strong>gobierno de la Ciudad de Buenos Aires&nbsp;<\/strong>contra la madre de una alumna que hab\u00eda participado en una de&nbsp;<strong>las tomas de escuelas secundarias ocurridas en 2022<\/strong>. La decisi\u00f3n provoc\u00f3 reacciones encontradas. Algunos la celebraron como una victoria del derecho a la protesta; otros la consideraron una claudicaci\u00f3n frente a la ocupaci\u00f3n ilegal de establecimientos educativos. Sin embargo, una lectura detenida del fallo conduce a&nbsp;<strong>una conclusi\u00f3n diferente<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s all\u00e1 de la controversia pol\u00edtica, el caso constituye un ejemplo de instituciones que, en l\u00edneas generales, funcionaron como deb\u00edan. La&nbsp;<strong>Procuraci\u00f3n de la Ciudad<\/strong>&nbsp;promovi\u00f3 la acci\u00f3n judicial buscando obtener el resarcimiento de los perjuicios que entend\u00eda sufridos por el Estado. El&nbsp;<strong>Ministerio P\u00fablico de la Defensa<\/strong>&nbsp;asumi\u00f3 la representaci\u00f3n de la demandada y sostuvo su posici\u00f3n con los argumentos que estim\u00f3 pertinentes. Finalmente,&nbsp;<strong>un juez independiente resolvi\u00f3 el conflicto aplicando las reglas generales del derecho de da\u00f1os<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese funcionamiento institucional merece ser destacado. En una Rep\u00fablica no todas las demandas del Estado deben prosperar. Lo importante es que existan organismos p\u00fablicos dispuestos a promoverlas cuando las consideran fundadas, defensores oficiales encargados de garantizar el derecho de defensa y jueces independientes que decidan conforme a derecho, aun cuando el resultado no agrade a quien inici\u00f3 el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente por ello, la cr\u00edtica \u2014si la hubiera\u2014 no deber\u00eda dirigirse contra la sentencia.&nbsp;<strong>El juez no sostuvo que la ocupaci\u00f3n de escuelas fuera leg\u00edtima ni que las tomas constituyeran una forma jur\u00eddicamente aceptable de protesta<\/strong>. Lo que afirm\u00f3 fue algo mucho m\u00e1s sencillo: la Ciudad no logr\u00f3 demostrar la existencia del da\u00f1o patrimonial cuyo resarcimiento reclamaba. Y, desde esa perspectiva,&nbsp;<strong>el razonamiento resulta dif\u00edcil de objetar<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los principales rubros invocados por la Ciudad consist\u00eda en los salarios abonados a docentes y personal no docente durante los d\u00edas en que los establecimientos permanecieron ocupados. Sin embargo, esos salarios deb\u00edan abonarse de todos modos. Constituyen, utilizando la terminolog\u00eda econ\u00f3mica habitual,&nbsp;<strong>un costo hundido<\/strong>. No representan una erogaci\u00f3n adicional provocada por la toma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El fallo tambi\u00e9n observa otro dato revelador:&nbsp;<strong>la Ciudad tampoco acredit\u00f3 haber incurrido en gastos extraordinarios destinados a recuperar las horas de clase perdidas<\/strong>. No demostr\u00f3 haber organizado jornadas adicionales, reforzado actividades educativas ni adoptado otras medidas que permitieran compensar el tiempo durante el cual los alumnos permanecieron sin clases.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed aparece el verdadero problema, puesto que el mayor costo de una toma escolar dif\u00edcilmente pueda medirse por los salarios de quienes igualmente deb\u00edan percibirlos.&nbsp;<strong>El da\u00f1o m\u00e1s serio recae sobre la educaci\u00f3n de los propios estudiantes<\/strong>. Cada jornada de clases perdida representa una disminuci\u00f3n del capital educativo de toda una generaci\u00f3n. Ese perjuicio resulta mucho m\u00e1s dif\u00edcil de cuantificar en t\u00e9rminos patrimoniales, pero no por ello deja de existir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Precisamente por esa raz\u00f3n sorprende que las autoridades educativas parezcan<strong>&nbsp;haber incorporado las tomas al funcionamiento normal del sistema escolar<\/strong>. Si las horas perdidas no se recuperan, si no se reorganiza el calendario acad\u00e9mico, si la interrupci\u00f3n de las clases se acepta como una contingencia m\u00e1s del ciclo lectivo, el mensaje que inevitablemente se transmite es que la ocupaci\u00f3n de establecimientos constituye un recurso ordinario de negociaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las protestas estudiantiles forman parte de una sociedad democr\u00e1tica y merecen respeto. Tambi\u00e9n lo merece el derecho de los dem\u00e1s alumnos a recibir una educaci\u00f3n continua y de calidad. La funci\u00f3n de las autoridades consiste precisamente en armonizar ambos intereses, evitando que el ejercicio de uno termine anulando el otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El verdadero problema, entonces, no consiste en que la Ciudad haya perdido este juicio. Consiste en que lo ocurrido parece revelar una preocupante resignaci\u00f3n institucional frente a un fen\u00f3meno que deber\u00eda ser estrictamente excepcional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando una ocupaci\u00f3n ilegal de edificios escolares deja de ser una anomal\u00eda para convertirse en un episodio previsto del calendario educativo, la discusi\u00f3n ya no gira alrededor de la responsabilidad civil ni del monto de un eventual resarcimiento. Gira alrededor de algo mucho m\u00e1s importante:\u00a0<strong>la capacidad del Estado para preservar la normalidad de uno de los servicios p\u00fablicos esenciales sobre los que descansa el futuro de toda sociedad<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente<a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/\">: La Naci\u00f3n<\/a><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una sentencia judicial puede ser jur\u00eddicamente correcta y, al mismo tiempo, poner en evidencia&nbsp;un serio problema institucional. 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