{"id":138194,"date":"2026-07-01T12:11:00","date_gmt":"2026-07-01T15:11:00","guid":{"rendered":"https:\/\/100xd.com.ar\/?p=138194"},"modified":"2026-07-01T12:11:00","modified_gmt":"2026-07-01T15:11:00","slug":"el-derecho-a-discrepar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/100xd.com.ar\/en\/el-derecho-a-discrepar\/","title":{"rendered":"El derecho a discrepar"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">enteno &#8211; LA NACION<em><\/em><em><\/em>4<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em><\/em><em><\/em><em><\/em><em><\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda democracia reconoce el derecho a discrepar. Esa es una de sus fortalezas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los ciudadanos pueden cuestionar una ley, una decisi\u00f3n administrativa, una pol\u00edtica p\u00fablica o incluso hasta una sentencia judicial. Pueden protestar, manifestarse y expresar su desacuerdo. Pero&nbsp;<strong>lo que ninguna democracia puede admitir es que la validez y legitimidad de las instituciones dependa exclusivamente de la simpat\u00eda que inspira la persona afectada por sus decisiones<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el \u00faltimo tiempo han vuelto a multiplicarse los actos, movilizaciones y consignar reclamando la liberaci\u00f3n de&nbsp;<strong>Cristina Kirchner<\/strong>. Quienes participan de ellos sostienen que la condena es injusta, que existe persecuci\u00f3n pol\u00edtica o que el proceso estuvo viciado. Tienen todo el derecho del mundo a pensarlo. A lo que no tienen derecho es&nbsp;<strong>a exigir que el sistema jur\u00eddico deje de funcionar&nbsp;<\/strong>cada vez que sus conclusiones resultan inconvenientes para sus propias preferencias partidarias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque la verdadera prueba del Estado de Derecho no consiste en respetar las decisiones que nos gustan. Consiste principalmente en respetar aquellas que no nos gustan. Y&nbsp;<strong>esa diferencia es fundamental<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si la legitimidad de una sentencia dependiera de la popularidad del condenado, los tribunales dejar\u00edan de administrar justicia para convertirse en simples encuestadoras de opini\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y si la ejecuci\u00f3n de las sentencias dependiera de la capacidad de movilizaci\u00f3n de los afectados, los derechos dejar\u00edan de estar protegidos por la ley para quedar sometidos a la ley del n\u00famero. La historia argentina ofrece innumerables ejemplos de este fen\u00f3meno.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Si la legitimidad de una sentencia dependiera de la popularidad del condenado, los tribunales dejar\u00edan de administrar justicia para convertirse en simples encuestadoras de opini\u00f3n p\u00fablica<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada sector pol\u00edtico \u2012y en particular uno de ellos, el kirchnerismo, que se distingue por la cantidad de sus integrantes sometidos y condenados en procesos penales por corrupci\u00f3n\u2012 suele defender apasionadamente la independencia judicial cuando sus adversarios son investigados, pero descubre repentinamente los defectos del sistema cuando los investigados son los propios.&nbsp;<strong>La coherencia institucional rara vez sobrevive al cambio de camiseta<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay algo todav\u00eda m\u00e1s preocupante. Durante a\u00f1os se nos dijo que la corrupci\u00f3n rampante durante los sucesivos gobiernos de la familia Kirchner era una construcci\u00f3n medi\u00e1tica, una exageraci\u00f3n de la oposici\u00f3n o una excusa para disciplinar dirigentes populares. Sin embargo, mientras se discut\u00edan las intenciones de quienes denunciaban los hechos, estos segu\u00edan all\u00ed: licitaciones ama\u00f1adas, contratos incumplidos, certificados falsos, obras inconclusas, incrementos patrimoniales desmesurados, pruebas irrefutables, recursos infundados, revisiones y confirmaciones. Y una larga, casi interminable, secuencia de decisiones contundentes adoptadas por jueces en instancias distintas y a lo largo de muchos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puede discutirse una sentencia. Lo que no puede hacerse es negar la existencia misma de la realidad procesal que la produjo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Existe adem\u00e1s una paradoja dif\u00edcil de ignorar:&nbsp;<strong>quienes hoy reclaman la liberaci\u00f3n de una dirigente condenada suelen afirmar simult\u00e1neamente que las instituciones democr\u00e1ticas est\u00e1n en peligro.<\/strong>&nbsp;Pero olvidan, con descaro, que la primera condici\u00f3n para la supervivencia de una democracia es que las decisiones institucionales sean respetadas, aun cuando resulten inc\u00f3modas.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>La primera condici\u00f3n para la supervivencia de una democracia es que las decisiones institucionales sean respetadas, aun cuando resulten inc\u00f3modas<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De otro modo, toda sentencia se convierte en provisional y toda ley queda subordinada a la presi\u00f3n pol\u00edtica de quien tenga mayor capacidad de movilizaci\u00f3n. El resultado de esa l\u00f3gica no es m\u00e1s democracia;&nbsp;<strong>es menos, mucho menos<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las rep\u00fablicas no mueren cuando los ciudadanos ejercen su derecho a discrepar. Mueren cuando dejan de aceptar que la ley tambi\u00e9n rige para quienes ellos consideran imprescindibles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una sociedad verdaderamente libre no es aquella en la que nadie es condenado, sino en la que nadie est\u00e1 por encima de una condena cuando la ley dispone lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente:<a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/\"> La Naci\u00f3n<\/a><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>enteno &#8211; LA NACION4 Toda democracia reconoce el derecho a discrepar. Esa es una de sus fortalezas. Los ciudadanos pueden cuestionar una ley, una decisi\u00f3n administrativa, una pol\u00edtica p\u00fablica o incluso hasta una sentencia judicial. 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