{"id":122674,"date":"2025-07-27T12:32:09","date_gmt":"2025-07-27T15:32:09","guid":{"rendered":"https:\/\/100xd.com.ar\/?p=122674"},"modified":"2025-07-27T12:33:27","modified_gmt":"2025-07-27T15:33:27","slug":"malas-practicas-malogran-buenas-intenciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/100xd.com.ar\/en\/malas-practicas-malogran-buenas-intenciones\/","title":{"rendered":"Malas pr\u00e1cticas malogran buenas intenciones"},"content":{"rendered":"<p class=\"wp-block-paragraph\">Para que una naci\u00f3n funcione es necesario que haya un m\u00ednimo de confianza rec\u00edproca entre los ciudadanos. El orden jur\u00eddico liberal otorga certezas a la acci\u00f3n humana mediante principios b\u00e1sicos como&nbsp;<mark>el respeto a la propiedad, la firmeza de los contratos y la sanci\u00f3n penal<\/mark>. En ese contexto, el Estado es indispensable como garante de esos derechos. Un Estado probo y ejemplar, simbolizado por&nbsp;<mark>la bandera, el himno y el escudo de manos enlazadas<\/mark>. De ese modo, los esfuerzos de unos se coordinan con los de otros, como trapecistas que, aun desconoci\u00e9ndose, se atreven a confiar en extra\u00f1os sabiendo que esos principios compartidos y la garant\u00eda de un Estado insobornable y ejemplar, evitar\u00e1n que caigan al vac\u00edo. Sobre la base de esos intercambios provechosos se construyen sociedades que ofrecen vidas dignas, sin indigencia ni inseguridad. Y esa reiteraci\u00f3n fortalece la confianza rec\u00edproca,&nbsp;<mark>construyendo el valioso capital social que cimenta lazos en forma duradera<\/mark>.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Quienes no se cansan de predicar las virtudes del \u201cEstado presente\u201d y de reclamar derechos cuando hay necesidades, no advierten las distorsiones que provoca su expansi\u00f3n al crear incentivos perversos para medrar con la billetera p\u00fablica en lugar de usarla para el bien com\u00fan<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante d\u00e9cadas, en la Argentina ese fundamento esencial de la prosperidad colectiva&nbsp;<mark>se fue socavando hasta provocar la crisis que a\u00fan nos aqueja<\/mark>. Como ense\u00f1a el refr\u00e1n, \u201cpueblos y pescados se pudren por la cabeza\u201d. El descalabro comenz\u00f3 cuando el Estado se fue desvirtuando hasta transformarse en instrumento para transferir ingresos en provecho de sectores organizados, incluyendo la pol\u00edtica,&nbsp;<mark>a costa del bien com\u00fan<\/mark>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La forma m\u00e1s aparente y burda han sido los conocidos casos de corrupci\u00f3n que caracterizaron las dos d\u00e9cadas de gesti\u00f3n kirchnerista. Pero ese desv\u00edo de la gesti\u00f3n estatal tambi\u00e9n perme\u00f3 toda su estructura, ya fuera nacional, provincial o municipal. Afect\u00f3 a las empresas p\u00fablicas, a los entes aut\u00e1rquicos, los fondos fiduciarios y distintos canales de gastos sufragados por tesorer\u00edas sin due\u00f1os. Es decir, estatales.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Las buenas intenciones que engalanan los nombres de los ministerios, los rutilantes t\u00edtulos de organismos, de programas o los rectos prop\u00f3sitos de sus creadores se malogran por los incentivos torcidos que generan las cajas p\u00fablicas administradas por quienes no son sus due\u00f1os<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La corrupci\u00f3n de la cabeza, como en el pescado, habilit\u00f3 la propagaci\u00f3n de sus hermanos menores, como el oportunismo, la picard\u00eda y la ventaja indebida en aquellos programas u organismos que otorgan subsidios, ofrecen empleos, contratan obras o requieren servicios. Como han sido creados y existen para satisfacer necesidades colectivas,&nbsp;<mark>se mimetizan los intereses de quienes los aprovechan con los objetivos de su creaci\u00f3n<\/mark>. Sus nobles finalidades los blindan ante intentos por escudri\u00f1ar sus organigramas, auditar sus cajas, fisgar sus pr\u00e1cticas, cuestionar sus gastos y objetar sus menesteres. Para impedirlo, se agitan banderas y pancartas emotivas que benefician tambi\u00e9n a sus polizones, quienes viajan sin boleto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo ello tiene actual vigencia al debatirse los haberes jubilatorios, la emergencia en discapacidad, los gastos del hospital Garrahan, las autarqu\u00edas del INTI, el INTA y el Conicet, la disoluci\u00f3n de Vialidad Nacional, el sistema de residencias o los presupuestos universitarios. O cuando los gobernadores reclaman fondos para sus provincias en nombre de la salud, la educaci\u00f3n y la seguridad que deben sufragar,&nbsp;<mark>sin dar detalle de los meandros y recovecos por donde se pierden los que ya tienen.<\/mark><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>Cuando la poblaci\u00f3n advierte que la bandera, el himno y el escudo de manos enlazadas son utilizados en provecho de quienes est\u00e1n pr\u00f3ximos al poder, se hace dif\u00edcil recomponer el capital social indispensable para lograr una sociedad pr\u00f3spera, justa y promisoria<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes predican las virtudes del \u201cEstado presente\u201d y reclaman derechos cuando hay necesidades, no advierten las distorsiones que provoca su expansi\u00f3n al crear incentivos perversos para medrar con la billetera p\u00fablica en lugar de usarla para el bien com\u00fan. Olvidan que la naturaleza humana siempre estar\u00e1 alerta para malograr, con malicia calculada o por simple picard\u00eda, las mejores intenciones de quienes la dejan sobre la mesa estatal, por descuido o con mala intenci\u00f3n.&nbsp;<mark>Como aprendices de brujos, gestan Golems del despilfarro, que luego no podr\u00e1n controlar<\/mark>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Argentina siempre habr\u00e1 un intermediario que permita obtener una jubilaci\u00f3n sin aportes, una pensi\u00f3n no contributiva, un certificado de discapacidad, un permiso de libre circulaci\u00f3n o una medida cautelar a quien no le corresponde. Con la misma habilidad con que se ubican parientes en reparticiones nacionales, provinciales o municipales ya cargadas de burocracias redundantes o que se ama\u00f1an pautas publicitarias a cambio de retornos o se acumulan vi\u00e1ticos indebidos, licencias sin justificativo u horas extras evanescentes, en complicidad con los superiores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los entes aut\u00e1rquicos tienen recursos propios, que fluyen de manera independiente a los vaivenes de la recaudaci\u00f3n fiscal para asegurar la continuidad de las tareas para los que fueron creados. Por esa raz\u00f3n pueden mantener estructuras supernumerarias, en contraste&nbsp;<mark>con las premuras del sector privado, verdadero soporte final de esas autarqu\u00edas<\/mark>. En un pa\u00eds ca\u00f3tico e imprevisible, todas las reparticiones p\u00fablicas desear\u00edan tener cajas propias y no depender de las carencias presupuestarias. Sin embargo, cuando las cuentas se desmadran y la pobreza se expande, no hay m\u00e1s soluci\u00f3n que volver al sabio principio de la caja \u00fanica para distribuir los pocos fondos genuinos conforme a prioridades b\u00e1sicas. Pues la salud, la educaci\u00f3n y la seguridad est\u00e1n en la cola presupuestaria, en el fondo de la olla, sin ingresos preferenciales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas cuestiones han tomado relevancia en virtud de la regla fiscal impuesta por el gobierno libertario que procura el d\u00e9ficit cero. Hay una queja repetida referida a que los costos han subido y la plata no alcanza. Para los industriales expuestos a la competencia externa y para los exportadores que deben vender afuera, se plantea igual problema. Ocurre que&nbsp;<mark>el trabajo argentino es de baja productividad, con tantos empleados en el Estado y tantos beneficios que sufragar<\/mark>. No requiere mucha ciencia entender que esos costos no se pueden trasladar al extranjero y son una pesada mochila que deben pagar los argentinos, v\u00eda impuestos, v\u00eda precios o v\u00eda desocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><mark>Hay 4 millones de empleados p\u00fablicos y dos tercios est\u00e1n en las provincias y sus municipios<\/mark>. Hay 1525 legisladores, de los cuales 329 son nacionales y 1200 de las legislaturas locales. Hay 10 millones de jubilados y pensionados en el pa\u00eds, de los cuales los de&nbsp;<strong>Anses<\/strong>&nbsp;(6.1 millones) insumen el 60% del presupuesto nacional y m\u00e1s de la mitad corresponden a moratorias y pensiones no contributivas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es indispensable plantearse cuanta improductividad existe en los entes aut\u00e1rquicos, en las universidades y en tantos organismos que cumplen funciones loables pero cuyos gastos corrientes est\u00e1n completamente disociados de sus equivalentes del sector privado. En aquellos impera la laxitud de la conveniencia pol\u00edtica; en los segundos, la estricta vara del costo-beneficio. Pero&nbsp;<mark>cuando \u201cno hay plata\u201d, es necesario que ese metro patr\u00f3n mida la productividad de todos por igual<\/mark>. Es la \u00fanica forma de reducir el costo argentino: dar empleo y mejorar el salario real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfHay que destruir al Estado? La respuesta es negativa. Es indispensable para asegurar los derechos privados que generan prosperidad colectiva. Sin embargo, cuando se expande m\u00e1s all\u00e1 de sus servicios esenciales, su dimensi\u00f3n ampliada lo expone al oportunismo, la picard\u00eda, la ventaja y el provecho indebido, sobre todo cuando la moral colectiva ha sido da\u00f1ada y ya no existe condena social. Las buenas intenciones que engalanan los nombres de sus ministerios, los rutilantes t\u00edtulos de sus programas o los rectos prop\u00f3sitos de sus creadores se malogran por los incentivos torcidos que generan las cajas p\u00fablicas administradas por quienes no son sus due\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para que una naci\u00f3n funcione es necesario que haya&nbsp;<mark>un m\u00ednimo de confianza rec\u00edproca entre los ciudadanos<\/mark>. Cuando la poblaci\u00f3n advierte que la bandera, el himno y el escudo de manos enlazadas son utilizados en provecho de quienes est\u00e1n pr\u00f3ximos al poder, se hace dif\u00edcil recomponer el capital social indispensable para lograr una sociedad pr\u00f3spera, justa y promisoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fuente: <a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/\">La Naci\u00f3n<\/a><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para que una naci\u00f3n funcione es necesario que haya un m\u00ednimo de confianza rec\u00edproca entre los ciudadanos. El orden jur\u00eddico liberal otorga certezas a la acci\u00f3n humana mediante principios b\u00e1sicos como&nbsp;el respeto a la propiedad, la firmeza de los contratos y la sanci\u00f3n penal. 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